domingo, 8 de mayo de 2011

LA QUEMA DE CONVENTOS

El convento de los jesuitas de la calle de la Flor ardiendo el 11 de mayo de 1931. En la fotografía vemos la fachada de la iglesia que daba a la Gran Vía. (Haga clic en cualquiera de las imágenes para ampliarlas, al final de esta crónica pueden ver una amplia galería fotográfica sobre aquellos sucesos).


LA EFEMÉRIDE (III):
LA QUEMA DE CONVENTOS


Hace menos de un mes publicamos una crónica sobre la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, hace ahora 80 años, con la que dimos inicio a una serie de crónicas agrupadas bajo el título de “La Efeméride”. Hace unos días publicamos la segunda entrega de esta serie bajo el título de “el Dos de Mayo” y hoy les presentamos la tercera entrega.

El fuego destruye el colegio y convento de Maravillas en la calle Bravo Murillo.

Como comentábamos en nuestra anterior crónica sobre la proclamación de la Republica, el 14 de Abril provocó una euforia generalizada en gran parte de la población, de manera destacada en las grandes ciudades españolas, para muchos se abría un nuevo periodo de esperanzas e ilusiones. Sin embargo tras esa imagen de felicidad y euforia, la situación real era mucho más compleja, y esa sensación de unidad entre todas las corrientes políticas republicanas, y la inexistencia de una oposición al brusco cambio político producido, no se correspondía ni mucho menos con la autentica realidad del momento. Seguramente el momento álgido de la euforia republicana se produjera el primero de mayo de 1931, concretamente en Madrid, ese día una multitudinaria manifestación unitaria recorría las calles de la ciudad encabezada por los principales líderes políticos. Además ese mismo día el gobierno hacía entrega de la Casa de Campo, una gran zona verde perteneciente anteriormente a la monarquía, al pueblo de Madrid para su uso y disfrute. Un gran regalo, para una gran celebración. El nuevo parque se llenaría con miles de personas, que vivían intensamente aquel momento histórico, con todo el simbolismo que aquella entrega conllevaba. Sin embargo poco habría de durar la alegría y los hechos que se producirían pocos días después vendrían a confirmar que la andadura de la Republica no iba ser nada fácil, por una parte debería enfrentarse a los que se oponían al nuevo sistema político instaurado, y por otra debería bregar con las enormes diferencias entre las diferentes opciones políticas (una auténtica amalgama de ideologías y siglas) que apoyaban el modelo republicano, así como los objetivos de cada una de ellas y los plazos y forma de conseguirlos, sin olvidar otras organizaciones, como la CNT, que sin mostrar una hostilidad manifiesta, tampoco demostraban ningún entusiasmo ante lo que consideraban una republica burguesa.

Solemne momento de la entrega de la Casa de Campo al pueblo de Madrid el 1 de mayo de 1931. Podemos distinguir al alcalde Pedro Rico y a Indalecio Prieto.

Los partidarios del antiguo sistema monárquico, recibirían un duro golpe inicial tras los acontecimientos de abril, pero pronto comenzarían a reorganizarse y a prepararse para hacer frente y adaptarse a la nueva situación. Una de las instituciones a las que el brusco cambio más había afectado era sin lugar a dudas la Iglesia, que tras siglos de preponderancia tanto social como política, comenzaba a ver tambalearse su poder, teniendo en cuenta entre otras cosas que alguno de los primeros objetivos, y de los que más consenso suscitan entre las diferentes fuerzas republicanas, son por ejemplo la creación de un estado laico, y la universalidad y gratuidad de la enseñanza, así como la laicidad de la misma, en contraposición al cuasi monopolio que la Iglesia mantenía en este área. Sin olvidar el asunto del divorcio, entre otros. A nivel popular la iglesia no gozaba de muchas simpatías sobre todo entre las clases más populares y desfavorecidas, que veían en la institución una prolongación del sistema establecido, un sistema que les ha condenado a la pobreza generación tras generación.

El general Queipo de Llano, el Cardenal Segura y el Rector de la Universidad de Sevilla en una foto de 1937.

Tras unos días de desconcierto, se producen las primeras opiniones publicas de algunos destacados miembros de la Iglesia. El día 7 de mayo el cardenal de Toledo y primado de España Pedro Segura, redactaba una pastoral dirigida al resto de los obispos en la que consideraba la proclamación de la Republica como una desgracia que exponía a España a la anarquía y el desorden, y aprovechaba para expresar su agradecimiento a la monarquía y al Rey. En la misma pastoral requería a las mujeres españolas a organizar una cruzada de oraciones y sacrificios para defender a la Iglesia.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

De igual modo las fuerzas monárquicas y conservadoras, comienzan a reorganizarse tras recuperarse del inesperado desenlace de los acontecimientos tras las elecciones municipales, y a adaptarse a la nueva situación, superados en algunos casos, los temores a alguna represalia de los primeros momentos, recuperando nuevamente su actividad política. Y será en uno de estos actos donde se produzca el primer incidente serio de la corta vida de la República hasta ese momento.

El Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI) en la calle de Alberto Aguilera, también acabaría siendo pasto de las llamas.

El domingo 10 de Mayo de 1931 se inaugura el Centro Monárquico de Madrid, ubicado en el número 67 de la calle de Alcalá, al que acuden algunos destacados políticos y personalidades monárquicas. El ambiente se encuentra muy enrarecido, incluso algunas voces han pedido al ministro de la Gobernación Miguel Maura, que prohíba el acto. No era necesario mucho para encender la llama, una multitud se concentra en el exterior del local, y según algunas versiones desde una de las ventanas del mismo se hace sonar en un gramófono la Marcha Real, hecho que es tomado como una provocación, lo que unido al falso rumor de que un taxista de ideología republicana ha sido asesinado por un grupo de monárquicos, hace que comiencen los tumultos y enfrentamientos, produciéndose la quema de varios vehículos de los conservadores, así como diversas agresiones a estos últimos al intentar abandonar el local.

El público se agolpa a la puerta del Centro Monárquico inaugurado ese mismo día.

Posteriormente una multitud enfervorecida se dirige hacia las cercanas oficina y talleres del diario de orientación monárquica ABC, en la cercana calle de Serrano, la actuación de las fuerzas del orden impide el asalto, pero en los disturbios resultan muertas dos personas por herida de bala, un niño de 13 años llamado Edito Alonso y el portero de una finca de la misma calle Serrano, frente al periódico, de nombre Martín Ulloa. Por la tarde se reunió el Gabinete, mientras que en el exterior se aglomeraban un gran numero de personas que exigían la dimisión del Ministro de Gobernación Miguel Maura. Este solicitó permiso para ordenar a la Guardia Civil que disolviera la concentración, sin embargo el resto de ministros, temerosos de que aquello pudiera degenerar en un enfrentamiento con dramáticas consecuencias se opuso. Un Maura contrariado amenazó con dimitir. A la mañana siguiente el Gobierno volvió a reunirse, se estaban debatiendo y analizando los acontecimientos cuando se recibió una noticia que inquietó todavía más a los miembros del gabinete: el convento de los jesuitas de la calle de La Flor estaba ardiendo.

La Guardia Civil protege la entrada al edificio del diario ABC en la calle de Serrano.

Durante la mañana del lunes 11 grupos de incontrolados habían prendido fuego a la Casa Profesa de los jesuitas de la calle de la Flor, así como la iglesia cuya fachada da a la actual Gran Vía, aunque no se produjeron daños personales, se perderían para siempre entre las llamas una de las bibliotecas más importantes de España. Pero este no sería el único incendio que se produciría ese día en edificios religiosos, también serían incendiados el Instituto Católico de Artes e Industrias, ICAI, también de los Jesuitas y ubicado en la calle de Alberto Aguilera, el convento de los Carmelitas en la Plaza de España, el colegio del Sagrado Corazón en Chamartín o el colegio Maravillas de la calle Bravo Murillo, entre otros. La noticia de los sucesos que estaban ocurriendo en Madrid rápidamente llego a todos los lugares de España, donde se produjeron hechos similares, quemándose edificios religiosos en varias localidades como Cádiz, Valencia, Málaga, Sevilla o Granada entre otras. Ante el cariz que iba tomando la situación, el Gobierno decidió finalmente declarar el estado de guerra y sacar el ejército a las calles, tras lo cual la situación pudo por fin ser controlada.

Una vez declarado el Estado de Guerra fuerzas militares se apostarían por toda la ciudad.

Las informaciones que tenemos de cómo se desarrollaron los hechos basándonos en la prensa de la época no aportarían mucho a lo que hemos expuesto hasta ahora, sin embargo si que nos gustaría mostrarles en testimonio de un testigo directo de aquellos acontecimientos con una visión muy particular. Nos estamos refiriendo a Josep Pla, que por aquella época se encontraba en Madrid como corresponsal parlamentario de “La Veu” dirigido por Francesc Cambó. Josep Pla se encontraba ese día hospedado en plena Gran Vía, muy cerca de donde se desarrollaron los hechos y este es su relato: “Sale la primera bocanada de humo por el rosetón de la iglesia del convento de los jesuitas de la Flor. Ese establecimiento no está muy lejos de la pensión en la que vivo. La señora de la casa me grita descompuesta y alterada y me invita a subir a ver el fuego desde la azotea. Arriba en la azotea hay bastante gente. Un orador trata de informar a los que nos encontramos en el lugar. Debe ser -sospecho- un inquilino de la casa. Según ese ciudadano, una docena de críos, tres o cuatro descamisados, dos o tres furias, lo han hecho todo. Con unos tablones que había en la Gran Vía han derribado una ventana baja. Ya dentro de la iglesia, han hecho un montón con sillas y bancos, que han rociado de petróleo, y todo ha prendido como la paja. Detrás del rosetón de la iglesia se ve una larga llama, altísima, que se estremece y llega hasta el techo. Afuera, en la Gran Vía, la guardia civil a caballo, mano sobre mano, pasa el rato fumando cigarros a escondidas. Ante el incendio, la reacción de la gente es realmente curiosa.

Poco después de haberse iniciado el fuego, se acerca por ambos tramos de la Gran Vía una riada de gente que viene sin duda a contemplarlo. Las azoteas cercanas están llenas de gente. En la nuestra, la gente comenta el hecho como si tal cosa. Una nube de vendedores ambulantes se ha colocado muy cerca de la acera del convento previendo que una gran muchedumbre desfilaría ante la popularísima iglesia mientras se quema. De esta manera, una parte de los madrileños ha podido contemplar el espectáculo comiendo churros, buñuelos y esos helados que aquí se llaman polos. También se ofrecen cordones de zapatos, tres corbatas por una peseta, gomas para llevar bien sujeto el varillaje de los paraguas, matasuegras, romances de cordel, retratos de Galán y García Hernández y no sé cuántas cosas más.Es curioso realmente ver al pueblo de Madrid con un churro en la boca, los ojos llenos de curiosidad, una sonrisa de fiesta en la cara, mirando cómo sale la humareda del convento. De vez en cuando, se oye el estrépito de un techo que se hunde, con gran estruendo, levantando una nube de polvo y de humo. La gente se mira entonces con una especia de sombra de terror extraño. La gente se quita de encima como puede el remordimiento por la quema. A veces parece que la gente se olvida observando que el día es espléndido, que no se mueve ni una brizna de viento. A veces, en Castilla, se dan días así: estáticos, encantados, inmóviles. Realmente, el día es ideal para quemar conventos sin drama, viendo cómo las columnas de humo siguen una admirable verticalidad, que parece a propósito. Pensando en los estragos que habría podido producir de haber hecho viento, la calma de aire parece una concesión humanitaria -casi diría providencial- para estos incendios. Una gran parte de la población de Madrid desfila mientras tanto por la Gran Vía. Los vendedores hacen su agosto. Una fila de ciudadanos, apoyados en la pared, aprovechan el tiempo y se hacen limpiar los zapatos. Durante muchas horas, no ha habido en Madrid mejor distracción que la quema de los conventos. Sería un error, sin embargo, creer que todo el mundo la ha visto igualmente. Muchos ciudadanos la han contemplado con caras largas y tristes. No sé si resignados. Casi me atrevería a decir que el terrible desatino ha agradado muy poco en Madrid, por no decir ni pizca -quiero decir entre las personas conscientes.”
Otra imagen del incendio de la residencia de los padres jesuitas en la Gran Vía.

Aunque las aguas habían vuelto a su cauce, el golpe recibido por la naciente República fue importante y de alguna forma fue reflejo de episodios similares que habrían de producirse en el futuro. Por un lado quedó demostrado que las fuerzas contrarias al nuevo régimen no iban a permanecer de brazos cruzados, y que intentarían desestabilizar por cualquier medio al nuevo sistema de gobierno. De igual modo también se puso de manifiesto el peligro que suponían las acciones de los grupos de incontrolados, que muchas veces actuarían sin una orientación política definida y al margen de las directrices de cualquier organización o partido. La luna de miel que comenzó el 14 de abril entre los partidarios de la República había terminado, y el sólido bloque republicano comenzaba a mostrar sus primeras grietas.

Florentino Areneros.

GALERIA FOTOGRÁFICA:A continuación pueden contemplar una serie de fotografías relacionadas con los acontecimientos de aquellos días de mayo de 1931. Todas ellas fueron publicadas en la prensa madrileña de aquella época.





Diferentes fotografías de los disturbios que tuvieron lugar en el exterior del recién inaugurado Centro Monárquico. (Haga clic en cualquiera de ella para verla ampliada en otra pestaña y poder leer el pie de foto original).

Don Leopoldo Matos, que fue ministro durante el reinado de Alfonso XIII abandona el lugar de reunión de los monárquicos.

Una vez reconocido por las personas concentradas en el exterior del edifico, el ex ministro fue perseguido, agredido y obligado a refugiarse en el vecino palacio de su amigo el Conde de Bernal.

Diferentes imágenes de los destrozos causado en los vehículos de los asistentes al mitin que tuvo lugar en el Centro Monárquico. Momento en que algunos de los miembros de la multitud congregada a las puertas del convento de los jesuitas de la calle de La Flor empiezan a hacer hogueras que acabarían prendiendo todo el edificio.

Otra toma del edificio ardiendo.

Las monjas del convento anexo tuvieron que abandonar el edificio antes de que este fuera pasto de las llamas.

Otra de las monjas que se vio obligada a salir del edificio, abandona el lugar auxiliada por algunas personas.

También sería pasto de las llamas el convento de las Mercedarias en las proximidades de Cuatro Caminos.

En la Plaza de España también el convento de la Carmelitas sería incendiado.





Cuatro imágenes del convento de la Maravillas en Bravo Murillo durante y después del incendio.



En la tarde del día 11 el Gobierno desbordado por los acontecimientos declararía en Estado de Guerra, con lo que retomaría el control de la situación en las calles.



Una imagen del entierro de las dos personas que perderían la vida en los disturbios producidos a la puerta del periodico ABC en la calle Serrano.

lunes, 2 de mayo de 2011

EL DOS DE MAYO

Los fusilamientos del 3 de Mayo, cuadro en el que Francisco de Goya reflejó los fusilamientos que tuvieron lugar en la montaña del Príncipe Pío la madrugada de ese día. (Haga clic en cualquiera de las imágenes para verla ampliada).


LA EFEMÉRIDE(II): EL DOS DE MAYO

Si hay una efeméride que destaque por encima de todas en la ciudad de Madrid no cabe duda de que esta es la conmemoración del Dos de mayo de 1808. Son innumerables las páginas que sobre aquellos acontecimientos se han escrito, y nos limitaremos a hacerles un breve resumen de lo acontecido como introducción a lo que veremos posteriormente.


La Carga de los Mamelucos en la Puerta del Sol, otro de los cuadros del pintor de Fuendetodos donde plasma los acontecimientos de aquel día.

En 1807 España, donde detenta el poder en la sombra el todopoderoso Manuel Godoy valido de Carlos IV, y la Francia de Napoleón, firman el tratado de Fontainebleau por el que acuerdan el reparto del Reino de Portugal, país aliado de Gran Bretaña.. Al final de ese mismo año los ejércitos de España y Francia habían ocupado gran parte del país vecino y el General Junot ocupaba Lisboa, obligando a la familia Real Portuguesa a escapar hacia Brasil. Sin embargo a pesar de haberse conseguido el objetivo del tratado, las tropas francesas continuaban aumentando su número en España, acantonándose en las ciudades más importantes y controlando las principales vías de comunicación. En marzo de 1808 se produciría el Motín de Aranjuez y Carlos IV abdicaría, forzado por las circunstancias, en su hijo Fernando VII. La intrigas continuarían entre los Borbones (cría cuervos...) , y al final Napoleón convoca a padre e hijo en Bayona y los obliga a abdicar en su persona, cediendo la corona de España inmediatamente a su hermano José Bonaparte que pasaría a la posteridad con el sobrenombre de Pepe Botella.


En el cuartel de Monteleón se vivieron también momentos heroicos en la jornada del 2 de mayo de 1808.

Mientras tanto en Madrid, en un ambiente ya caldeado anteriormente por los alardes de la tropas francesas y los desmanes incontrolados de la soldadesca, la noticia de que los dos infantes reales que quedan en Madrid va a ser sacados de España, provoca que un gran número de personas se congregue junto al Palacio Real, los acontecimientos se precipitan y el general Murat decide cortar por lo sano reprimiendo brutalmente a la muchedumbre congregada junto a la Plaza de la Armería, lo que acabaría de prender la mecha del descontento, la venganza y la ira, provocando una insurrección generalizada en la capital. Lo que ocurrió posteriormente es de sobra conocido, y no entraremos en detalles, la violencia se adueño de las calles, así como los actos heroicos, como la resistencia en el cuartel de Monteleón, y la represión fue brutal. Buena muestra de ello quedaría plasmada en los lienzos del genial Francisco de Goya.



Fotogafías de la demolición del antiguo cuartel de Monteleón en 1869.

Aunque la represión como decimos fue tremenda en toda la ciudad, y los fusilamientos indiscriminados también, la imagen que nos queda como símbolo de ello es la del cuadro de los fusilamientos del Tres de Mayo que pintara Goya. En esa noche serían fusilados 43 ciudadanos en la montaña del Príncipe Pío, donde permanecerían insepultos nueve días hasta que secretamente fueron enterrados en el cercano cementerio situado junto a la ermita de San Antonio de la Florida.

En la actualidad este cementerio todavía se conserva, aunque su tamaño es menor al que tuvo, y en el mismo, en una pequeña cripta, se encuentran los restos de estos 43 héroes. Este pequeño, y desconocido por muchos, rincón es otro de los muchos tesoros del distrito de Moncloa, y se encuentra ubicado en el Parque del Oeste, junto a la Escuela de Cerámica, y es el lugar elegido desde hace algunos años para conmemorar esta efeméride por las autoridades regionales, al igual que ha sucedido este año, en el que hemos tenido el privilegio de recibir en nuestra redacción un impresionante reportaje gráfico del inigualable maestro de reporteros, el matgistral FOTO JAZ, el brujo del diafragma, que cámara en mano cubrió en primera línea esta primicia noticiable, que ustedes pueden contemplar a continuación, y tras ellas hablaremos un poco de toros y guerra civil, como no podía ser de otra forma en esta publicación

GALERÍA FOTOGRÁFICA:


Una escuadra de soldados ataviados con trajes de época aguarda la llegada de las autoridades.


El oficial al mando del escuadrón rinde honores a la Presidenta de la Comunidad.


Esperanza Aguirre Presidenta de la Comunidad de Madrid pasando revista a las tropas.


La Presidenta recibe un ramo de flores de el benjamín de los soldados.


La llama votiva que Esperanza Aguirre había encendido momentos antes, junto a mural cerámico realizado por Juan Manuel Sánchez Ríos, que reproduce el cuadro de Goya.


Algunos miembros de la asociación Los Castizos (www.loscastizos.es) que visten sus mejores galas goyescas para la ocasión.


Aunque los miembros de esta asociación (a los que aprovecho para felicitar desde aquí por su excepcional trabajo) cuidan hasta el último detalle, siempre hay tiempo para una foto digital.


Terminado el acto oficial, la Presidenta fue aplaudida y saludada efusivamente por algunas de las personas que se encontraban en el exterior del recinto.


Los soldados se dirigen hacia el interior del cementerio.


Los miembros de la asociación Los Castizos realizan su particular ofrenda floral a los madrileños fusilados el 3 de mayo de 1808.


¡¡¡PREPAREN…!!!


¡¡¡APUNTEN…!!!





¡¡¡FUEGO…!!!


Tras los disparos, la escuadra forma frente al lugar donde se encuentran los restos de las 43 personas fallecidas ese día junto a este lugar.


Tras las salvas de honor, los soldados abandonan el recinto en perfecta formación.


Los soldados desfilan frente a la puerta del cementerio.


Una maja aguarda entre el humo de la pólvora.


Algunas mujeres contemplan el lugar y la lápida donde inicialmente fueron enterrados, en la actualidad sus restos descansan en la cripta que se encuentra a escasos metros de este lugar.


La placa original y una reproducción cerámica del cuadro de Vicente Palmaroli que reproduce el momento en que los familiares asisten al enterramiento de los cadáveres.


Una cruz de hierro sobre una columna a la entrada del recinto donde se encuentra la cripta y una pequeña capilla.


Junto al cementerio, se colocaron cuatro megalíticas planchas de cemento con las letras de la palabra GOYA que impiden contemplar el cementerio, que de esta forma queda encajonado entre la medianería de la Escuela de Cerámica y estas ciclópeas losas.

No podíamos cerrar esta crónica sin hablar de tauromaquia y guerracivilmaquia, dos acontecimientos que a poco que se rasque siempre aparecen relacionados de alguna u otra forma con cualquier tema de actualidad, y la efeméride del Dos de Mayo no podía ser menos. En cuanto a los toros todos los años desde hace ya unos cuantos, se celebra la tradicional corrida goyesca, como no podías ser menos, en la que los toreros acuden ataviados a la usanza que plasmara en sus lienzos y grabados Francisco de Goya. Así mismo durante la guerra civil el episodio de la resistencia del pueblo madrileño frente al invasor extranjero no podía pasar desapercibido a efectos propagandísticos, y si en 1808 España y Madrid se encontraban amenazadas por el francés invasor, en 1937 Madrid, una ciudad prácticamente sitiada, y también España veían como otras fuerzas foráneas de italianos, alemanes y rifeños hacían peligrar su identidad, como queda de manifiesto en el ejemplo del cartel que les mostramos a continuación


Cartel de propaganda republicano que equipara los acontecimientos de 1808 con los de 1936. Observen también la estética taurina del mismo.

En cuanto a la guerra civil, la ubicación de cementerio en pleno frente de Madrid, justo enfrente de las posiciones del ejército franquista, dejaría sus huellas en el recinto como podemos contemplar todavía si observamos la medianería de la Escuela de Cerámica que da al cementerio. Donde se aprecian infinidad de impactos de metralla y fusilería, así como las huellas que dejaron diferentes proyectiles que impactaron contra el muro de ladrillo. También se distinguen lo que debieron ser o bien troneras o posiblemente también huecos para observar la zona enemiga. Los daños causados por los combates en el recinto del cementerio de los Héroes del Dos de Mayo, también serían utilizados con fines propagandísticos, acusando al enemigo de falta de respeto a los símbolos patrios.



Fotografías de la medianería de ladrillo de la Escuela de Cerámica, donde se pueden observar en la actualidad un buen número de impactos originados en los combates de la guerra civil

Florentino Areneros.

martes, 26 de abril de 2011

LA MAESTRANZA

La Puerta del Príncipe de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, una de las plazas con más encanto de España. (Haga clic en cualquiera de las fotos para ampliarlas).

LA MAESTRANZA


(OTRAS PLAZAS: CARTAGENA II)


Hay pocas plazas de toros en el mundo con la historia y tradición que tiene la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, conocida popularmente como La Maestranza. Su historia se remonta a la conquista de la ciudad por Fernando III El Santo en 1248, cuando los caballeros que acompañan al beatificado monarca en la toma de la ciudad fundan una cofradía o hermandad caballeresca bajo el patrocinio de San Hermenegildo, que serán conocidos como los caballeros maestrantes. Esta entidad tiene como objetivos el que sus miembros practiquen y se adiestren, tanto en el dominio de las armas como en el manejo de los caballos y las practicas ecuestres, con la finalidad de servir a la corona en sus campañas militares. Con el tiempo este ardor guerrero fue decayendo, y aunque en 1670 durante el reinado de Carlos II se funda el Real Cuerpo de Maestranza de Caballería de Sevilla heredero del anterior, la institución fue adquiriendo un carácter mucho más civil centrándose en otras prioridades, entre ellas la cría de caballos y su adiestramiento, así como su utilización en festejos taurinos. Los caballeros maestrantes se pondrían del lado del aspirante Borbón, y a la postre vencedor Felipe V, en la Guerra de Sucesión, adquiriendo más privilegios a partir de ese momento, obteniendo el título de “Real” y pasando a ocupar el cargo de “Hermano Mayor” un miembro destacado de la Casa Real (en la actualidad este título lo ostenta el Rey), además obtendrían en 1730 el privilegio de poder celebrar corridas de toros. Unos años más tarde comenzaría la construcción de una plaza de toros, una de las primeras construidas con forma circular (o casi), y que tras diferentes ampliaciones y reformas es la que ha llegado hasta nuestros días, convirtiéndose en una de las plazas más importantes del mundo, de tal forma que todo torero que se precie no puede presumir de tal sin haber salido a hombros por la Puerta del Príncipe tras haber cortado al menos tres orejas en una misma tarde (en otras plazas, entre ellas Las Ventas, con dos orejas es suficiente para salir por la Puerta Grande). También, y con la misma finalidad y similar origen que en Sevilla, encontramos más Maestranzas, como las de Ronda o Antequera, entre otras.


Entrada al Real Parque y Maestranza de Artillería de Cartagena, sede del Museo Militar y del Archivo Municipal de Cartagena.
En estos días vacacionales nos hemos desplazado con la redacción a cuestas nuevamente hasta la histórica localidad de Cartagena, a la que ya el pasado año dedicáramos " una crónica" en la sección de “Otras Plazas”, y nos ha sorprendido el encontrar entre sus calles otra Maestranza, pero en este caso la Maestranza de Artillería. Pero aunque coinciden en el nombre su significado y origen es diferente, como podemos comprobar consultando el diccionario de la Real Academia, que en su primera acepción recoge: “Sociedad de caballeros cuyo objeto es ejercitarse en la equitación, y que en su origen fue escuela del manejo de las armas a caballo.”, mientras que en la segunda acepción podemos leer: “Conjunto de los talleres y oficinas donde se construyen y recomponen los montajes para las piezas de artillería, así como los carros y útiles necesarios para su servicio.”, como pueden ver dos significados para una misma palabra.

La Maestranza de Artillería de Cartagena, o para ser más exactos El Real Parque y Maestranza de Artillería de Cartagena, que ese es su verdadero nombre, se ubica en un edifico histórico construido durante el reinado de Carlos III, al igual que otras muchas construcciones de la ciudad que tuvo un momento de esplendor en aquel periodo. Se comenzó su construcción el 7 de marzo de 1777 finalizando el 25 de agosto de 1786, bajo la dirección del Ingeniero Militar D. Mateo Vodopich. En la actualidad el edificio no tiene utilidad militar, aunque en su interior podemos encontrar tanto el Archivo Municipal como el Museo de Artillería de la ciudad. Este Museo es uno de los muchos que podemos encontrar en esta histórica ciudad, la gran mayoría de ellos de gran interés y con una gran calidad en sus fondos, aunque por desgracia son bastantes desconocidos del gran público. Junto al citado también tenemos el Museo Naval (muy interesante), el Arqueológico Municipal (excepcional), el Teatro Romano (Moneo de por medio, no digo más), los refugios de la guerra civil (lugar inigualable, exposición discutible) o el Museo Nacional de Arqueología Subacuatica, entre muchos otros.


Acceso desde el patio interior al Museo Militar, observen en el pasadizo un paso procesional de la Semana Santa. Desde este cuartel sale la imagen y trono de San Juan Evangelista, de gran tradición entre los militares de esta institución.