lunes, 16 de marzo de 2020

EL MISTERIO DEL BUNKER DE ALCALA-ZAMORA

Portada del diario ABC del 23 de febrero de 1978. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)
EL MISTERIO DEL
BUNKER DE
ALCALÁ ZAMORA

Por Florentino Areneros

Durante el mes de marzo de 2020 la asociación Gefrema como en otros años ha programado diversas actividades con motivo del Día de la Mujer que se celebrará domingo el 8 de Marzo. El día 9 se celebró la III Jornada Mujer y Guerra Civil organizada por Gefrema, con una conferencia de la historiadora Almudena Rubio quien nos habló de dos extraordinarias fotógrafas que desarrollarían su actividad durante la Guerra Civil Española: Kati Horna y Margaret Michaelis. En esta conferencia Almudena Rubio nos dio a conocer alguna de las las fotografías que de ambas se conservan en el Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, unas fotografías inéditas que aportan una nueva dimensión a la obra de estas dos extraordinarias mujeres.

Conferencia sobre las fotógrafas Kati Horna y Margaret Michaelis en las III Jornadas Mujer y Guerra Civil organizadas por Gefrema. En la imagen vemos a la ponente Almudena Rubio (izda.) y a Eulalia Ramírez, coordinadora de estas Jornadas. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Otra imagen del mismo acto. En esta ocasión podemos ver a la derecha al famoso cantante melódico griego Tikis Mikis momentos antes de comenzar su actuación con la que deleitó a los presentes tras la conferencia. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Posteriormente a esta conferencia se realizarán dos recorridos urbanos en los siguientes fines de semana de ese mes, y en exclusiva para los socios de Gefrema, que serán guiados por Eulalia Ramírez Nueda. Estas dos rutas, denominadas “LA REVOLUCIÓN DE LAS INVISIBLES”, seguirán los pasos por la ciudad de algunas de las mujeres que en el primer tercio del pasado siglo y durante los años de la II República y la Guerra Civil, lucharían por reivindicar la importancia del papel de la mujer en la nueva sociedad española, algo por lo que muchas de ellas tendrían que pagar un alto precio finalizada la guerra.

Todas las rutas que organiza Gefrema tienen tras de ellas un documentado y detallado proceso de elaboración por parte de la persona que guiará esa ruta, y siempre se realizan recorridos previos preparatorios con otros miembros de la asociación, casi siempre con los componentes de la benemérita Agrupación de Comandos Modesto, para calibrar tiempos, dificultad, o introducir posibles mejoras durante el recorrido. Durante la preparación de la primera ruta de LA REVOLUCIÓN DE LAS INVISIBLES, uno de los puntos de paso coincidía con el lugar donde vivió el que fuera primer presidente de la II República Española, don Niceto Alcalá Zamora, lo que nos deparó una extraordinaria sorpresa como podrán comprobar si continúan leyendo esta crónica.

Don Niceto Alcalá Zamora, primer Presidente de la II República Española. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Niceto Alcalá Zamora nació en Priego (Córdoba) en 1877. Como jurista desarrolló una brillante carrera profesional. De ideología liberal y monárquica, iniciaría una no menos brillante carrera política en el Partido Liberal, llegando a ocupar importantes cargos, entre ellos el de ministro con diferentes gobiernos. Con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera, Alcalá Zamora se convirtió en un firme opositor de la misma, y se fue distanciando de la monarquía de Alfonso XIII que había apoyado el golpe, acercándose a las ideas republicanas. Su distanciamiento de la monarquía le convertiría en uno de los políticos que participaría en el pacto de San Sebastián de 1930, siendo nombrado Presidente del Comité Ejecutivo nacido de ese encuentro, germen de lo que meses más tarde se constituiría en el Gobierno Provisional de la República.

Tras la proclamación de la II República en abril de 1931 ocuparía el cargo de Presidente del Gobierno Provisional, y sería nombrado Presidente de la República en diciembre de 1931. Alcalá Zamora ocuparía el cargo desde esa fecha hasta mayo de 1936, cuando fue sustituido por Manuel Azaña. Durante este periodo se tendría que enfrentar a innumerables retos, problemas y vicisitudes, el relato de este periodo daría no solo para un artículo mucho más extenso, sino para muchos libros, lo que supera con mucho el objetivo de esta crónica y de este blog.

Imagen del Gobierno Provisional de la II República formado tras las elecciones del 14 de abril de 1931. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Durante los años de su mandato como Presidente de la República Española, Don Niceto Alcalá Zamora no quiso trasladar su residencia al Palacio Nacional, anteriormente Palacio Real, como correspondería a su cargo, y prefirió continuar residiendo en su anterior domicilio, desplazándose a Palacio solamente para los actos oficiales y protocolarios. Nada que ver con su sucesor, Manuel Azaña, quien si que supo disfrutar de la magnificencia del Palacio Nacional, o de otros lugares no menos lujosos como el Palacio de la Granja donde gustaba de retirarse a practicar una de sus grandes aficiones como era pasear por la montaña, o la Quinta de El Pardo, donde le sorprendería el golpe militar de julio de 1936.

Alcalá Zamora vivía en un palacete u hotelito situado en la actual calle de Martínez Campos, concretamente en el número 32, que en tiempos de la República era conocida popularmente como Paseo del Obelisco, aunque había ya cambiado su nombre oficialpor Francisco Giner, muy cerca del hotel que mando construir el pintor Joaquín Sorolla, hoy convertido en incomparable museo. Se trataba de una bella casa en la que se mezclaban diferentes estilos arquitectónicos, con una influencia muy marcada en la arquitectura tradicional andaluza, con rejas y celosías, y tejado de teja árabe, destacando un torreón central coronando el conjunto. Una arquitectura regionalista, mezclada con otros estilos, muy del gusto de la época y de la que todavía se conservan algunos extraordinarios ejemplos en Madrid. El hotelito contaba con un jardín en la parte posterior, algo bastante común en este tipo de viviendas unifamiliares del ensanche madrileño.

Imagen de la residencia de Don Niceto Alcalá Zamora en el número 32 del Paseo del Obelisco, actual General Martínez Campos. Fotografía de Alfonso cortesía de Andrés Molina González “Anmogon” publicada en el grupo de Facebook de Historias Matritenses. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Niceto Alcalá Zamora sería apartado del cargo tras una votación en las Cortes el 7 de abril de 1936, siendo sustituido por Manuel Azaña el 11 de mayo de 1936. Una realidad que no aceptaría de muy buena gana, convirtiéndose en un gran crítico del Frente Popular, llegando a cuestionar la legitimidad del nuevo gobierno.

El golpe militar de julio de 1936 que desencadenaría la Guerra Civil cambiaría radicalmente su situación. El golpe le sorprendió fuera de España, y ya nunca más regresaría a España, falleciendo en 1949 en Buenos Aires. Su casa de Francisco Giner, o Paseo del Obelisco, sería asaltada durante la guerra, sustrayéndose gran parte de la documentación que Don Niceto guardaba, entre la que se incluía sus diarios, en los que se mostraba muy crítico con el Frente Popular y cuestionaba su forma de llegar al poder tras las elecciones de febrero de 1936, llegando a acusar al Frente Popular de haber cometido fraude. Pero como decíamos anteriormente, la figura de Alcalá Zamora es de tal calado que sobrepasa con creces el alcance e intención de este artículo.

Don Niceto Alcalá-Zamora y Don Manuel Azaña, los dos Presidentes de la II República. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Finalizada la guerra los “vencedores” se harían con las posesiones y bienes de los “vencidos”. Un expolio que sería moneda común con los políticos y otras personalidades que apoyaron a la II República y fueron ejecutados, condenados, o empujados al exilio finalizada la contienda, y que verían como todas sus posesiones y pertenencias pasaban a otras manos con la complicidad del nuevo régimen. Un episodio poco estudiado y poco conocido de nuestra Historia, el del expolio de los vencidos, que con toda seguridad nos depararía grandes sorpresas si se conocieran los nombres y apellidos de los que fueron agraciados a la hora de apropiarse estos bienes ajenos, así como de sus descendientes y herederos, que en la actualidad siguen disfrutando de aquellos bienes, o bien han hecho ya suculenta caja con ellos. Desde aquí animo a los jóvenes historiadores en busca de nuevos retos, a bucear en los registros de la propiedad para conocer la “trazabilidad” de los bienes robados al finalizar la guerra.

Una imagen de Don Niceto Alcala-Zamora y tras él su consuegro Gonzalo Queipo de Llano, con gorra de plato y fajín, durante una visita a San Sebastián en 1932. El hijo primogénito de Alcalá-Zamora estaba casado con una hija de Queipo de Llano. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Sin embargo el palacete de Alcalá Zamora permaneció en poder de la familia finalizada la contienda, y eso que Don Niceto permaneció exiliado en la Argentina hasta su fallecimiento. Seguramente el hecho de que su hijo Niceto Alcalá-Zamora y Castillo estuviera casado con Ernestina Queipo de Llano, hija del general Gonzalo Queipo de Llano, pudo ayudar a que el patrimonio permaneciera en manos de la familia.

Como curiosidad destacar que en el año 2009, durante las tareas de derribo de la casa de Alcalá Zamora en Priego, apareció oculta tras una pared una lata de película cinematográfica 35 milímetros adornada con la bandera republicana, que contenía un noticiario de Fox Movietone de 21 minutos con extraordinarias imágenes inéditas tomadas en las primeras semanas de andadura de la República en 1931, entre ellas las de algunos políticos del momento como el propio Alcalá Zamora, o de Victoria Kent, una de las protagonistas destacadas de esta ruta de “LA REVOLUCIÓN DE LAS INVISIBLES”, entre otros. Esta cinta tiene un grandísimo valor documental añadido como es el tener registrado el sonido de las imágenes con altísima calidad, algo poco habitual en aquellas fechas en las que el cine sonoro comenzaba su andadura.

Pero volvamos a la finca de General Martínez Campos número 32, sabemos que permaneció en poder de la familia gracias al testimonio de Don Antonio Casas Miranda, uno de los fundadores de la Casa de Córdoba de Madrid, institución que a partir de 1956 tendría como domicilio social el palacete de Alcalá-Zamora hasta que el edificio fue derruido. No hemos podido encontrar ningún dato sobre la utilización del edificio desde el comienzo de la guerra hasta 1956, solo podemos afirmar siguiendo el testimonio de Antonio Casas que en esa fecha, cuando se traslada allí la Casa de Córdoba, se encontraba sin ningún tipo de mobiliario.

En la imagen superior podemos ver una imagen de la calle General Martínez Campos con el palacete de Alcalá- Zamora a la derecha señalado con una flecha (Fotografía de Ragel publicada en el grupo de Facebook de Historias Matritenses).
En la imagen inferior vemos la misma fotografía coloreada que se utilizó en la portada del libro de Almudena Grandes “Las tres bodas de Manolita”. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)


La Casa de Córdoba había sido creada meses antes por un grupo de ciudadanos de aquella provincia afincados en Madrid, con el objetivo de mantener su identidad y tradiciones pese a estar lejos de su tierra. Pronto su modesta sede social se les quedaría pequeña, y comenzaron la búsqueda de una nueva ubicación. Se les presentó la oportunidad de alquilar el palacete de Martínez Campos 32, un extraordinario edificio que cumplía con creces sus necesidades, y que además por su singular arquitectura de influencia andaluza, aportaba un plus de identidad difícil de encontrar en una ciudad como Madrid.

Una vez superado el problema económico gracias a las aportaciones de los socios y diferentes personalidades desde alcaldes al Gobernador Civil, la Diputación Provincial, o miembros del régimen como José Solis Ruiz. Pero se presentaba otro importante inconveniente, según el relato de Antonio Casas Miranda “La familia Alcalá-Zamora no se decidía a alquilarla, habían sufrido mucho. La casa había estado requisada por el ejército, se la habían devuelto tarde y en mal estado. Prácticamente no querían ni hablar de la casa”. Uno de los socios de la casa, Don Bernabé Pérez, Magistrado del Supremo, se desplazó hasta la finca familiar de “La Gineta” en Priego, donde se entrevistó con la hija de Don Niceto, Isabel Alcalá-Zamora, consiguiendo finalmente que les alquilaran el edificio por 17.000 pesetas de la época.

Del palacete solo hemos conseguido imágenes del exterior, pero gracias a la detallada descripción que del interior nos hace Antonio Casas Miranda nos podemos hacer una idea de la belleza y de los cuidados detalles decorativos que se podían encontrar en sus estancias. Leyendo la descripción, no cabe la menor duda de que Niceto Alcalá-Zamora puso un gran interés e ilusión a la hora de construir su vivienda. A continuación reproducimos algunos párrafos del relato de Antonio Casas Miranda, que ustedes pueden leer completo: ir al texto completo (clic aquí).

«La puerta de entrada estaba centrada en el edificio y era de cerrajería artística. El portal, con escalinata central de mármol, conducía a un amplio hall. Previamente, a dicha escalinata, había dos puertas, una a cada lado, que conducían a las cocina y a la vivienda de la servidumbre, situadas en el semisótano. De la escalinata para arriba, a la izquierda, una ventana con reja de hierro artística. Que comunicaba con uno de los salones de la planta baja, a la derecha, en azulejos, la Virgen de la Candelaria patronímico de la dueña de la casa Dna. Purificación Castillo, esposa de D. Niceto.

Doña Purificación Castillo, esposa de Niceto Alcalá-Zamora, ambos dirigirían la construcción del palacete en 1910. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Del centro del amplio hall, arrancaba una preciosa escalera de mármol, que se inclinaba a la derecha, para comunicarse con la planta alta. La escalera era protegida por una balaustrada de madera noble tallada. El techo estaba formado por una amplia y preciosísima vidriera de colores que aportaba luz natural al hall o patio. A la izquierda se encontraba un gran salón que era el comedor de la casa. Zócalo de azulejos arábigo-andaluces a la derecha; en el centro, una monumental chimenea de azulejos y cerámica, donde se mezclaban los grises azulados con el amarillo y el verde. En la parte anterior de la campana de la chimenea, dos escudos enlazados con las iniciales del matrimonio AZ, Alcalá-Zamora y CP, Purificación Castillo.

En el otro ángulo izquierdo del patio, el ascensor, que comunicaba con las tres plantas y otra puerta que daba acceso a otro gran salón, con una hermosísima consola de mármol verde y gran espejo con mármol del mismo material. A la derecha del salón una rotonda acristalada que daba al jardín. Este vestíbulo de mármol blanco y azulejos arábigo-andaluces, rematado con un friso de escayola con inscripción árabe que traducido al español decía: “Dios proteja esta casa”. En un rincón de la derecha, una chimenea de mármol blanco labrado y, a los dos, grandes puertas de corredera, en madera noble con dibujo árabe; el techo, también de madera, con el mismo dibujo.

Una imagen de Niceto Alcalá-Zamora sentado en un banco de obra. La tipología anzaluza de los azulejos nos hace pensar que se tratara del jardín del palacete. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

La puerta izquierda comunicaba con el salón de la consola verde, ya descrito y, a la derecha, con otro gran salón de bellísima chimenea dorada de estilo barroco, que había sido hornacina de la capilla privada de D, Niceto en su fina de “La Gineta”, de Priego de Córdoba, su pueblo natal. A la izquierda de la chimenea, se extiende el salón, formando como una salita, a diferente nivel y acceso mediante dos amplios escalones de madera con grandes ventanales al jardín.


Otra vista de la residencia de Don Niceto Alcalá Zamora. Fotografía de Alfonso cortesía de Andrés Molina González “Anmogon” publicada en el grupo de Facebook de Historias Matritenses. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

A la derecha del patio, al otro lado de la escalera, una habitación con balcón; a la entrada de la escalera, otro gran salón con balcones a la calle y otra habitación pequeña con balcón, también a la calle.

Al subir a la planta alta, un corredor circulaba todo el patio con un pasillo protegido por una balaustrada de madera noble tallada continuación de la de la escalera. En la derecha del hall (parte alta), una habitación de mármol blanco y zócalo del mismo material en rojo. Este era el despacho privado de D. Niceto…

Fotografía de Don Niceto Alcalá-Zamora, muy probablemente se trate de la biblioteca o de su despacho en el palacete. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

…A la izquierda del despacho una gran habitación comunicaba con una terraza que daba al jardín. Esta la utilizábamos como Sala de Juntas. A la derecha, otra gran sala con balcones a la calle; comunicaba a la derecha, con un gran salón con tres balcones corridos, con vistas a la calle…. ».


Esta es solo parte de la detallada descripción que Don Antonio Casas Miranda realiza en su relato del interior del palacete, y que se puede leer y descargar completo pinchando sobre este texto . Gracias a este texto nos podemos hacer una idea muy aproximada de la extraordinaria belleza y singularidad del edificio, la cuidada estética interior refleja el interés y pasión que pusieron los propietarios en la creación de un espacio que habría de ser único para ellos. Leyendo el relato se entiende que Don Niceto prefiriera permanecer en la comodidad e intimidad de un hogar hecho a su medida, que el tener que residir en un lugar frío e impersonal como el Palacio Real, entonces Palacio Nacional.

A partir de 1956 la Casa de Córdoba viviría sus años de mayor esplendor y gloria en el palacete que mandara construir el que fuera Presidente de la II República Don Niceto Alcalá Zamora. Las actividades, reuniones y fiestas se sucedían aquel marco incomparable, un lugar único que se había convertido por derecho propio en un auténtico rincón de Andalucía en el centro de Madrid, a lo que contribuía de manera notable aquel palacete de aromas cordobeses que con tanto mimo y cariño construyeron sus propietarios.



Este romance entre la Casa de Córdoba y el palacete de Alcalá-Zamora finalizaría en 1978, cuando se decide demoler el edifico para levantar en la finca un moderno bloque de viviendas. A día de hoy nos resulta incomprensible que un edificio de estas características arquitectónicas y artísticas, y tan ligado a la Historia de España, pueda acabar convertido en pasto de la piqueta, y ser destruido en aras de un suculento beneficio económico. Y resulta más increíble que administraciones como el Ayuntamiento de Madrid u otras que pudieran tener relación con la conservación del patrimonio español, permitieran esta aberración. Lamentablemente desde la finalización de la Guerra Civil hasta nuestros días, con especial relevancia durante el periodo del franquismo donde algunos gozaban de total inmunidad, los madrileños hemos visto desaparecer notables edificios de un extraordinario valor artístico, urbanístico, y patrimonial en aras de la especulación, la lista sería interminable, incluidos no solo palacetes y edificios representativos, también muchos edificios propiedad de la Iglesia. Tal vez muchos de los que presumen de patriotismo algún día se den cuenta que el patrimonio también es patria, aunque lo más seguro es que ya lo sepan, pero en realidad su patria no esté aquí, sino en algún banco de Suiza, por muchas banderitas que lleven en las pulseras, los retrovisores, o el collar del perro.

De aquella decisión que condenó a aquel maravilloso palacete a su destrucción, también tenemos el indignado testimonio de Don Antonio Casas Miranda, quien en el relato anteriormente citado afirmaba: «Aquí manifiesto mi tristeza, por las personas que, años más tarde, pudiéndolo evitar, consintieron la inexorable demolición de este bello edificio; por los familiares de Alcalá-Zamora, que lo vendieron consintiendo su derribo; por los miembros de la Junta Directiva de la Casa de Córdoba, que no hizo todo lo posible por adquirirlo; y por las autoridades de Córdoba que no nos prestaron su ayuda para la adquisición. Que cada uno acepte su cuota de responsabilidad y cargo de conciencia.

Poco tiempo después de este hecho, se conseguía una orden de protección del edificio».


Como podemos comprobar por el testimonio de Antonio Casas Miranda, nuevamente el interés económico de unos pocos, pesó más que el interés patrimonial de todos, y nuevamente también triunfó la política de hechos consumados, un clásico en el urbanismo madrileño, y se procedió al derribo del edificio antes de que se decidiese sobre su protección, supongo que con total impunidad para los que perpetraron y consintieron el derribo.

Pero la demolición del palacete deparó una inesperada sorpresa. Bajo el edificio se encontró un extraordinario refugio antiaéreo, una sólida construcción de hormigón escondida bajo el suelo del jardín. La prensa se hizo eco de este singular descubrimiento, y el jueves 23 de febrero de 1978 la noticia ocupaba a toda plana, la portada del diario ABC. En la portada se podía leer:

Portada del diario ABC del 23 de febrero de 1978 donde podemos observar el detalle de la galería central del bunker, y una de las entradas desde el jardín. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

EL «BUNKER» DE ALCALÁ ZAMORA
En las obras de demolición de la finca número 32 de la madrileña calle del General Martínez Campos, donde tuvo su domicilio Don Niceto Alcalá Zamora, presidente de la II República, ha sido descubierto un refugio subterraneo, construido en hormigón, en forma de Z. Tiene unos doce metros de largo, dos y medio de alto y unas paredes de casi dos metros de espesor. Estaba protegido con chapas metálicas y disponía de respiraderos, luz eléctrica y servicios. Tenía capacidad para 24 personas que podían sentarse en bancos de hormigón.


En las páginas interiores encontrábamos una pequeña reseña con unos pocos detalles más que pueden leer en la siguiente imagen:

Texto publicado en el diario ABC el 23 de febrero de 1978, donde se hacen eco de la noticia del descubrimiento. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Por las fotografías y datos que encontramos en ABC suponemos que se trataba de un refugio subterráneo en galería, con bancos corridos de obra a todo el largo y a ambos lados de la galería, en los que se aprecia una especie de respaldo sobre la pares que podrían ser las chapas metálicas que se citan en la noticia. Tendría el techo formando una especie de falsa bóveda de forma trapezoidal, en vez de la habitual bóveda de cañón que podemos encontrar en la mayoría de los refugios.

Seguramente tuviera dos entradas perpendiculares a esta galería central, una hacia la derecha y otra hacia la izquierda de la misma, de ahí la forma de “Z” que se menciona en la noticia. No se menciona sin embargo la profundidad a la que se encontraba el refugio, ni si se accedía por unas escaleras, como seguramente ocurriría. La presencia de respiraderos, y el gran grosor de las paredes, cercano a los dos metros, nos inclina a pensar que el refugio se encontrara a una profundidad de cómo mínimo unos tres metros.

La finca de la calle General Martínez Campos en la actualidad, se conserva el paso de carruajes a la derecha de la parcela, y al fondo se distingue un jardín. ¿Podría seguir allí el bunker?. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Otra incógnita es la fecha de construcción. Dado que al comenzar la guerra Alcalá-Zamora ya no ocupaba ningún cargo, y tampoco residía en este domicilio durante la contienda, ya que como hemos mencionado anteriormente el golpe militar de julio de 1936 le sorprendería fuera de España, y nunca más regresaría a nuestro país, todo apuntaría a que el refugio se construyera en el periodo durante el que ocupó la Presidencia de la República, un periodo en el que como señalábamos al principio del artículo, siguió residiendo en este domicilio. De ser así se habría construido para garantizar la seguridad del presidente, pero llama la atención las dimensiones y tipología de la construcción, tal vez algo desproporcionado para los peligros que podían acecharle. Entre las amenazas que se podían esperar no creo que se contemplara un bombardeo aéreo con bombas de gran capacidad destructiva. Aunque no descartamos ninguna hipótesis.

Otra hipótesis sería su construcción durante la contienda, algo más acorde con la sólida tipología del refugio. Es muy probable que la casa fuera ocupada durante la guerra, pero no sabemos por quién, si se trataba de un personaje concreto, o bien que se convirtiera en sede de algún organismo, o bien cuartel general, o puesto de mando de alguna unidad militar, o sede de alguna organización política.

El misterio sobre el Bunker de Alcalá-Zamora está ahí para quien quiera profundizar más, las incógnitas son muchas. ¿Cuándo se construyó el refugio y para qué o quién?, tal vez en algún archivo se conserve documentación sobre su construcción. ¿Se conserva todavía ese refugio?, es bastante improbable, ya que la nueva finca ocupa la práctica totalidad de la parcela que ocupaba el palacete de Alcalá-Zamora, y además tiene un garaje bajo la superficie, aunque bien es cierto que en su lateral derecho se conserva el espacio de la entrada de carruajes, y tras el nuevo edificio queda algo de jardín. Lo mismo algún entusiasta lector de Sol y Moscas nos pueda aportar algún dato más, o quizás alguien se quiera acercar a preguntar al portero de la finca si sabe algo. Toda información será bien recibida para tratar de aclarar este interesante misterio.

Imagen del convento de las Damas Apostólicas del Paseo de la Habana de Madrid. Pese a gozar de protección, parte del mismo fue derribado antes de que se paralizaran los trabajos de demolición. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Tal vez alguno de nuestros lectores piense que estas cosas pasaban hace 40 años, y que ahora todo esto está ya superado. Sin embargo no hay que irse muy lejos para recordar el derribo de un histórico cuartel en Campamento, o más cercano en el tiempo el intento de derribo de un convento en el Paseo de la Habana, paralizado cuando ya se había tirado gran parte del edificio gracias a la acción de los vecinos y asociaciones de defensa del patrimonio, o el desaparecido Taller de Precisión de Artillería de Raimundo Fernández Villaverde, que albergaba también un refugio antiaéreo. Hechos que justifican y dan sentido a la existencia de asociaciones como GEFREMA, que desde su fundación tiene como uno de sus principales objetivos conservar y dar a conocer el extraordinario patrimonio arqueológico relacionado con la Guerra Civil que todavía se conserva en la Comunidad de Madrid. Afortunadamente poco a poco las diferentes administraciones, y cada vez muchas más personas, van tomando conciencia del gran valor que todo ello tiene, y de la importancia de legarlo a las generaciones futuras.

Florentino Areneros.

viernes, 31 de enero de 2020

LA MUERTE DE DURRUTI

LA MUERTE DE DURRUTI
EN EL HOTEL RITZ

Buenaventura Durruti herido en una cama del Hotel Ritz. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El 20 de noviembre de 1936 fallecía en una habitación del madrileño hotel Ritz el líder anarquista Buenaventura Durruti, quien había sido herido horas antes en las proximidades del hospital Clínico. Las circunstancias en las que fue herido de muerte de Durruti todavía siguen rodeadas de un halo de misterio. Este artículo firmado por Javier Egido nos acerca a aquellos momentos, y sirve de presentación a la ruta que el autor guiará próximamente por el barrio de Salamanca (CLIC AQUÍ PARA MÁS INFORMACIÓN), donde el Hotel Ritz es una de las paradas obligadas del recorrido.


Por Javier Egido

El interior del hotel Ritz, de la Plaza de la Lealtad (Madrid), se desplomó el 18 de septiembre de 2018 durante las obras de reforma que se estaban realizando en ese momento. En el accidente murió un trabajador, de 41 años, y otros siete obreros resultaron heridos. La habitación en la que falleció Durruti, es más que probable que se haya perdido para siempre.

El hotel Ritz debe su nombre a César Ritz, un empresario suizo de la Belle Époque, que partiendo de un origen humilde consiguió triunfar. Su madre le mandó a estudiar a los jesuitas de Sion (Suiza) donde aprendió francés, inglés y perfeccionó el alemán lo que le resultó muy útil en el futuro. Pronto dejó los estudios para colocarse como aprendiz de camarero en el hotel Couronnes et Poste en Brig. Ritz daba el perfil laboral pues era extrovertido y le agradaba el trato con los clientes. Con motivo de la Exposición Universal de 1867 se traslada a París encontrando trabajo en el restaurante del hotel de la Fidelitè alcanzando el puesto de maître. Luego pasó al elegante Voisin, uno de los mejores restaurantes de París, donde aprendió todo sobre fogones, vinos y etiqueta. Estudió los hábitos de la alta sociedad parisina, era hábil memorizando los nombres de los comensales y sus preferencias, anticipándose siempre a sus requerimientos. Su carrera profesional da un importante salto cuando le ofrecen la dirección del Gran Hotel Nacional de Lucerna. Estuvo allí once años y lo convirtió en uno de los hoteles más modernos y elegantes de Europa con una serie de medidas novedosas como la instalación de cuartos de baño privados en cada suite, así como su cuidada decoración. Perfeccionó la atención al cliente centralizando el servicio de habitaciones desde la recepción y estableció un código de conducta para el personal basado en la máxima “el cliente siempre tiene razón”. El siguiente elemento que añade seducción para los clientes del hotel es la cocina, es decir, la excelencia gastronómica. Constituyó una novedad pues en esa época no era habitual ir a comer a un hotel, salvo los que se alojaban en él. Contrató al muy innovador chef Auguste Escoffier, formando un tándem triunfador, que se consolidó en lo más alto trabajando juntos en el Hotel Savoy de Londres durante diez años.

Cesar Ritz y su esposa(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Desde 1896 va madurando su gran sueño que es la apertura de su propio establecimiento. El Ritz abrió sus puertas el 1 de junio de 1898, en un edificio del siglo XVII, en el centro de París, en el número 15 de la emblemática plaza Vendôme. Pronto ampliaría el negocio abriendo establecimientos en Londres (1906), Madrid (1910) y Nueva York (1911). Pero apenas pudo disfrutar del éxito. El exceso de trabajo le pasó factura desde 1902 desembocando en una grave neurosis depresiva. Su esposa Marie-Louise, su hijo Charles y su nuera Monique se hicieron cargo del negocio. César Ritz murió el 26 de octubre de 1918, a los 68 años de edad. En 1979 Monique Ritz vendió el último hotel que le quedaba a la familia, el de París, al empresario Mohamed Al-Fayed, su actual propietario. Su hijo Dodi Al-Fayed y su pareja Diana de Gales murieron en accidente de tráfico en 1997 cuando acababan de salir del hotel. Las cámaras de seguridad captaron sus últimas imágenes que dieron la vuelta al mundo.(1)

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

El hotel Ritz de Madrid fue construido sobre los terrenos que ocuparon el Teatro Tívoli y el Circo Hipódromo por la cadena hotelera "Ritz Development", quien encargó el proyecto al arquitecto francés Charles H. Mewes, autor de los homónimos de la cadena en París y Londres, y la supervisión del mismo en España, así como la dirección de las obras, a Luis de Landecho Jordán de Urríes. Se trata de un volumen levantado sobre un solar irregular y con tres fachadas, una de ellas curva, para adaptarse a la plaza de la Lealtad, que es en donde se encuentra su entrada principal. Contaba, hasta su derrumbe, con ocho niveles: sótano, donde se sitúan la cocina y sus dependencias, así como los comedores de servicio, despensas, bodegas y cuartos de instalaciones; bajo, destinado a salones de recibo y descanso de viajeros, jardín de invierno, salón de fiestas, restaurant y comedores; cinco superiores para dormitorios y aseos; y sotabanco para los cuartos de la servidumbre. Para la comunicación vertical se proyectó una gran escalera de tres tramos y solada de mármol, junto al acceso, y otra secundaria en el ángulo de las medianerías, así como varios ascensores y montacargas. Las plantas superiores se distribuían según un patio central y rectangular, que fue el que se hundió en la reforma, desplomando los forjados de la segunda planta a la sexta. Era de notables dimensiones, con crujías de habitaciones paralelas a sus lados y a las fachadas, siendo el suelo de aquel acristalado, lo que se aprovechaba en la inferior para colocar el conocido como Jardín de Invierno. Destacaba además este nivel por su distinción, como se podía observar en el diseño del vestíbulo semicircular y en el hall cuadrado y columnado, con nichos en las esquinas, y su diafanidad, con espaciosas salas iluminadas desde el exterior y separadas por columnas. Lamentablemente todo esto se ha perdido para siempre. Las fachadas son de líneas francesas, neobarrocas, suavemente decoradas por Landecho. A pesar de que todo el conjunto goza de unidad y gran equilibrio compositivo, destaca en él el alzado a la Plaza de Cánovas del Castillo, hoy semioculto por un jardín, bien proporcionado y simétrico, flanqueado por torreones curvos rematados por cúpulas(2).

Vista del Hotel Ritz en los años 30. Fotografía Colección Anmogon, cortesía de Andrés Molina González. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Durante la Guerra civil, en un documento del Estado Mayor del Cuartel General del Generalísimo, fechado en octubre de 1936, aparece el Hotel Ritz, en un listado de objetivos en Madrid, como hospital de sangre(3).

El hotel fue incautado para instalar el hospital número 21 de Milicias Confederadas del Centro, controlado por los anarquistas. Allí muere Durruti en la madrugada del día 20 de noviembre de 1936. El dramático desenlace se inicia el día 19 cuando Durruti y Cipriano Mera departen, en el interior del Cuartel de la Guardia Nacional de la calle Guzmán el Bueno, con Feliciano Benito, Manzana, Yoldi y Artemio García preparando el asalto al Clínico con el que Durruti quiere resarcirse de las críticas sufridas, y demostrar a Miaja la capacidad de sus milicias. Mera le informa, además, de ciertos detalles de la estructura del Hospital pues había estado trabajando como albañil en su construcción antes de la guerra. Le informó de que en el Clínico existía una galería que iba a dar al colector general del Manzanares, y era lo suficientemente amplia como para permitir transitar por ella. Durruti se dio por enterado y redactó al instante la orden al capitán para el asalto recomendándole, ante todo la ocupación de la planta baja y de los sótanos. A las ocho y media se le comunicó a Durruti que no era posible mantener comunicación con las fuerzas allí presentes. Entonces el sargento Manzana se dirigió al Clínico, siendo herido en una mano antes de llegar.

Buenaventura Durruti conversa con el sargento Manzana. Al poco de ser tomada esta foto, sería alcanzado por una bala que le causaría la muerte. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Durruti abandonó el puesto de observación para ordenar al jefe del batallón que tenía de reserva en la avenida de la Reina Victoria que atacase con dos compañías a las fuerzas enemigas instaladas en los sótanos y en la planta baja del Hospital Clínico(4). Se inicia el ataque según el plan previsto logrando penetrar a duras penas en el edificio. Regulares y legionarios resisten en una lucha de gran violencia. A las doce treinta horas, las noticias que le llegan a Durruti a su Cuartel General del Palacio de los Duques de Sotomayor, en la calle Miguel Ángel, hablan de gran número de bajas entre sus hombres, cansancio y desmoralización. Durruti da la orden de resistir a toda costa y decide acudir para controlar la situación personalmente. La situación es muy complicada. Vicente Rojo sopesa ordenar al coronel Alzugaray desarmar a los anarquistas y no dar más oportunidades a Durruti y a sus hombres. Por tanto, a las trece horas salen del Palacio de los Duques de Montemayor dos vehículos, el primero conducido por Lorente, con Bonilla y Doga, seguido por el Packard que conduce Graves, con Durruti y el sargento Manzana en el asiento posterior. El itinerario recorrido partió de la calle Miguel Ángel hasta su confluencia con el Paseo de la Castellana, que subieron hasta la intersección de la calle Raimundo Fernández Villaverde, para llegar a la Glorieta de Cuatro Caminos, bajar por Pablo Iglesias (actual Reina Victoria) y atravesando la Colonia Metropolitana, alcanzarían la Avenida del Valle, estacionando finalmente el vehículo en la calle de la Viña. Allí Durruti recibió el balazo mortal de manera accidental, de su propio subfusil “naranjero” o del de su acompañante, el sargento Manzana. Los doctores que le examinaron coinciden en que por los restos de pólvora en la guerrera y la piel, las quemaduras apreciables así como la trayectoria del impacto, el proyectil del calibre 9 mm. largo no pudo ser efectuado a una distancia mayor de 35-40 cm., casi a quemarropa y efectuado de abajo hacia arriba. La bala penetró a la altura del cuarto espacio intercostal izquierdo, con salida por la espalda. Los naranjeros eran muy inestables al golpearse, carecían de seguro fiador. De hecho, Durruti no fue el único. Otro líder miliciano, López Tienda, sufrió un incidente parecido en la retirada de Móstoles, encontrando la muerte de la misma manera.

Por tanto, Graves, cuando vio malherido a su jefe, giró el vehículo rápidamente enfilando la avenida del Valle y Pablo Iglesias, a toda velocidad en dirección al Hotel Ritz, donde se encontraba instalado el Hospital de Milicias Confederadas de Centro, y a las quince horas ya estaba sobre los quirófanos ubicados en los sótanos del hotel.

El doctor Manuel Bastos Ansart en uniforme militar. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El doctor Santamaría, jefe médico que le recibe y el resto de facultativos, ante la gravedad de la herida y, sobre todo, ante la tesitura que supone operar a vida o muerte ni más ni menos que a Durruti, conscientes de que un fatal desenlace dispararían las sospechas sobre la praxis médica de los cirujanos, decidieron llamar al doctor Manuel Bastos Ansard, el mejor especialista existente entonces en Madrid y que se encontraba operando muy cerca, en la rotonda del Hotel Palace, en ese momento Hospital Militar(5), y son requeridos sus servicios por un grupo de milicianos visiblemente nerviosos, según cuenta el doctor Bastos. Relata además que en el trayecto, a pesar de ser corto, fue muy accidentado debido a los estampidos producidos por los continuos bombardeos. El doctor Bastos llega a los sótanos del Ritz, diagnostica una herida mortal de necesidad, confirmando el primer dictamen de sus colegas, y acuerda no operar, ordenando que se le administre morfina hasta su muerte, que le llega a las cuatro de la madrugada del día 20. Refiere el doctor Bastos que en la habitación se oyó el suspiro que exhalaron todos los médicos asistentes. Pues éstos se habían quitado con ello un gran peso de encima: el de que se les conminara a operar al herido con el temor de su más que probable fallecimiento. Les responsabilizarían del óbito con todas sus consecuencias. Y finaliza el doctor Bastos: “Me he encontrado años después a varios médicos de los que asistieron a aquella escena, y todavía temblaban al evocarla, no se atrevían a darse a conocer más que de oído a oído y palidecían a su solo recuerdo”.(6)

En la imagen Wenceslao Carrillo. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Pasaron dos años, y el 7 de noviembre de 1938 se organizó en el hotel un almuerzo, que incluía como extra un cigarro, para conmemorar el segundo aniversario de la batalla de Madrid. Pronunciaron discursos, entre otros, Wenceslao Carrillo, que era en esos momentos Subsecretario de Gobernación. Entre los actos que se organizaron por esta conmemoración destaca la visita del Consejo municipal a las 10:30 horas a las tumbas de los compañeros internacionales enterrados en el cementerio de Fuencarral.

Imagen del cementerio de Fuencarral donde fueron enterrados muchos de los brigadistas fallecidos en Madrid.

Fueron invitados al acto las fuerzas militares y civiles, así como los siguientes medios de comunicación:

Diarios de la Mañana:
ABC (Serrano, 55), incautado por los Republicanos de Izquierdas – Ahora (Pº. San
Vicente, 16), incautado por la JSU – El Liberal (Marqués de Cubas, 7), Republicano de
Izquierdas – La Libertad (Madera, 8), Republicano de Izquierdas – El Sol (Larra, 8),
Republicano – Castilla Libre (Fernando el Santo, 23) – Política (Alfonso XI, 4), de
Izquierda Republicana – El Socialista (Trafalgar, 31), órgano del PSOE. Director Julián
Zugazagoitia – Febos (Álvarez Quintero, 2)

Diarios de la Tarde:
La Voz (Larra, 8), del equipo Urgoiti como El Sol – Informaciones (Madera, 8),
socialista del grupo de Indalecio Prieto – Heraldo de Madrid (Marqués de Cubas, 7),
Republicano de Izquierdas – Claridad (Narváez, 72), socialista de Largo Caballero – El
Sindicalista (San Bernardo, 68) del Partido Sindicalista – CNT (Larra, 8), de la CNT FAI, anarquista – Mundo Obrero (Alfonso XI, 4) del Partido Comunista.
Agencia Española (Medinaceli, 2)
Unión Radio (Castellana esquina Martínez de la Rosa) (7).

NOTAS

1. Joric, Carlos: César Ritz, el césar de los hoteleros. Historia y Vida nº 613. Pág. 69-75. Abril 2019.
2. http://212.145.146.10/biblioteca/fondos/ingra2014/index.htm#inm.F1.233 (COAM)
3. AGMAV, CGG, R55, A7, L367, Cp12
4. MERA, Cipriano: Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista. Editan la Confederación Sindical Solidaridad Obrera y la Malatesta editorial. 3ª Ed. 2016. (pág.133)
5. CANCIO FERNÁNDEZ, Raúl C. El enigma de la muerte de Durruti. Frente de Madrid nº 15, GEFREMA, Julio 2009. (pág.24-31).
6. BASTOS ANSART, Manuel: De las guerras coloniales a la guerra civil. Memorias de un cirujano. Ariel, Barcelona 1969. (pág.317-318)
7. AV, 30-120-127

Portada del nº15 de la revista Frente de Madrid , que incluye un extraordinario y documentado artículo central de Raúl César Cancio dedicado a la muerte de Durruti. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)