viernes, 22 de mayo de 2026

HISTORIA A RAS DE SUELO I

Inscripción grabada en una losa de los jardines junto al Museo del Prado junto a su fachada principal. En ella distinguimos las siglas de la CNT. (FOTO JAZ). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

HISTORIA A
RAS DE SUELO I


En el año 2016 el número de noviembre de la revista de Gefrema Frente de Madrid tenía como tema central un artículo escrito al alimón por Esther García y este humilde cronista, de título 1936 :Madrid bajo las bombas. En el mes de noviembre de ese mismo año, y como complemento a las actividades de las IV Jornadas de Gefrema, programamos una ruta tomando como hilo conductor el citado artículo, que realizamos por el centro de la ciudad recordando los bombardeos que sufrió Madrid durante la Guerra Civil, así como las consecuencias que tuvieron y los vestigios que de aquellos hechos se conservan. Desde entonces incorporamos esa ruta a las que realizamos en Madrid en Guerra - Las rutas de Gefrema, la cual hemos seguido programando periódicamente hasta la actualidad. Este recorrido se inicia en la Plaza de la Cibeles, continuando por el Paseo del Prado para llegar al Museo Reina Sofía. Una de las paradas obligadas la realizamos en el Museo del Prado, un lugar que padeció aquellos trágicos bombardeos, afortunadamente sin graves consecuencias teniendo en cuenta lo que podía haber ocurrido.

Dos imágenes en las que podemos apreciar los efectos de los bombardeos aéreos producidos por la aviación franquista en las inmediaciones del Museo del Prado. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El 16 de noviembre de 1936 varias bombas incendiarias caerían en el tejado del Museo, aunque como hemos señalado anteriormente los daños causados fueron escasos. Aquel hecho aceleró la salida de las obras más importantes de la pinacoteca que había comenzado días antes, las cuales junto a otras grandes piezas del patrimonio artístico español de otros museos, colecciones particulares, de la Iglesia u otras procedencias, fueron trasladadas a la ciudad de Valencia, a donde también se había trasladado el gobierno de la República.

En la imagen superior contemplamos un plano donde aparecen marcados los lugares alcanzados por las bombas de la aviación franquista en el Museo del Prado y sus inmediaciones. En la inferior podemos contemplar un momento de la evacuación de las obras del Museo del Prado hacia Valencia durante la guerra. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Como hemos comentado el Museo del Prado no sufriría graves daños durante los bombardeos aéreos que sufrió Madrid, principalmente en el mes de noviembre del 36, pero no correrían la misma suerte edificios y lugares cercanos, como el Hotel Savoy, lugar donde se alojaban algunos de los militares soviéticos que combatían en las filas republicanas, situado en la cercana Plaza de la Platería de Martínez, donde todavía se conservan las marcas de los impactos en algunas fachadas. O la vecina calle de la Alameda, donde varias fincas resultaron seriamente dañadas, al igual que el Real Jardín Botánico alcanzando en varios puntos, incluida la valla que lo rodea, donde todavía se pueden contemplar las huellas de aquellos bombardeos en diferentes puntos de la misma, en especial en la cercanía de la Plaza de Murillo. También resultaría alcanzada la finca de Alfonso XII (Avenida de la Reforma Agraria al comenzar la guerra) que linda con el Jardín, así como la tapia que cierra el Botánico en esta calle, en donde todavía son visibles las huellas de la metralla.

El hotel Savoy en la plaza de Platerías Martínez fue alcanzado por las bombas de la aviación en noviembre de 1936 (fotografía superior). En la fotografía central el edificio donde se encontraba el Savoy fotografiado en la actualidad, y en la inferior la esquina de la calle Alameda con la plaza donde se pueden contemplar todavía las marcas de la metralla. (FOTO JAZ) (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

En muchos de estos lugares nos detenemos durante la ruta, para comentar su historia y contemplar los vestigios que se conservan, generalmente ignorados por los viandantes. Entre estos vestigios mostramos unos que por su pequeño tamaño y al estar a ras de suelo pasan desapercibidos por la mayoría de personas que pasan junto a ellos, o que directamente los pisan sin darse cuenta. Se trata de dos pequeñas inscripciones grabadas sobre las losas de granito del pavimento de uno de los pasillos de los jardines junto al Museo en el mismo Paseo del Prado. Se encuentran bastante desgastadas por el paso del tiempo y en las paradas que hacemos junto a ellas, las mojamos con el agua de una botella para que se distingan mejor.

Las siglas de la CNT grabadas en una de las losas del pasillo perpendicular a la fachada. (FOTO JAZ). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

En una de ellas se pude leer las letras CNT, que se corresponden con las siglas de la Confederación Nacional del Trabajo, el sindicato anarcosindicalista que junto a la UGT eran hegemónicos en el panorama sindical español al iniciarse la guerra. Muy cercana a esta, encontramos la otra, escrita en sentido perpendicular a la primera, donde distinguimos las letras UHP, es decir Uníos Hermanos Proletarios, la consigna nacida durante la revolución de Asturias de 1934 que simbolizaba la unidad entre las fuerzas obreras: sindicatos, partidos, organizaciones políticas… Tras los sucesos de Asturias la consigna sería ampliamente utilizada por las fuerzas proletarias, alcanzando gran popularidad durante los primeros meses de la guerra.

Las iniciales UHP (Uníos Hermanos Proletarios) en otra de las baldosas de granito del mismo pasillo. (FOTO JAZ). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Es curioso contemplar los rostros de sorpresa y asombro de los asistentes a las rutas cuando mojamos las baldosas y se distinguen las iniciales grabadas en el suelo, pero más allá de mostrarlas poco se puede decir de ellas, desconocemos cuando y quienes las hicieron, si permanecen ahí desde los tiempos de la guerra o bien se colocaron en ese lugar posteriormente, entre otras cuestiones a las que muy posiblemente nunca encontremos respuesta. Lo primero que llama la atención es que las dos inscripciones estén orientadas perpendicularmente una respecto a la otra como ya hemos comentado, si se realizaron a la vez, o en un momento cercano en el tiempo, sería más normal que estuvieran situadas en una misma dirección para facilitar su lectura y no tan alejadas una de la otra, esto abría la posibilidad de que las losas hubieran sido traídas desde otro lugar y colocadas posteriormente aquí. La existencia de una tercera losa con una inscripción que por ahora no hemos podido descifrar a unos cuantos metros de distancia y en un pasillo distinto parecía corroborar esta hipótesis.

<En la imagen superior podemos contemplar las dos inscripciones, que curiosamente se encuentran situadas perpendicularmente una respecto a la otra. En la imagen inferior aparece la tercera inscripción situada a pocos metros de las anteriores que todavía no hemos podido transcribir. (FOTO JAZ). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Paralelo al pasillo donde encontramos los grabados de la CNT y UHP se encuentra otro pasillo de losas de granito, donde precisamente se encuentra la tercera inscripción por descifrar. Este segundo pasillo también está pavimentado por losas de granito, pero al contrario del primero se trata de baldosas irregulares, de diferentes tamaños y formas, algunas grabadas con diferentes motivos geométricos, al contemplar el conjunto se tiene la impresión de que se han utilizado baldosas de diferentes procedencias, y que ante la falta de materiales se ha completado el suelo con piezas traídas quien sabe de dónde. Todo parecía indicar que no estábamos ante el pavimento original, que las losas habían sido traídas de otro lugar y colocadas allí en algún momento, muy posiblemente una vez terminada la guerra, pese a la paradoja de que en pleno franquismo se recolocaran una losas grabadas con siglas “revolucionarias”. O quizá los grabados se hubieran realizado en algún omento tras la muerte de Franco, aunque esta opción es bastante cuestionable dado que las siglas UHP dejarían de utilizarse una vez terminada la guerra.

Junto al pasillo de las inscripciones encontramos a escasa distancia otro paralelo y contiguo, este pavimentado con un conjunto heterogéneo de losas de diferentes formas y tamaño, algunas con curiosos grabados en su superficie, lo que invita a pensar que el solado se realizó con piezas recicladas de diversas ubicaciones. (FOTO JAZ) (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Ahora tocaba enfrentarse a la tarea de comprobar si durante la guerra existía ese pasillo y si ya se encontraba pavimentado. El camino más directo para responder a esta pregunta la podíamos encontrar en fotos de época, tanto del edificio y su entorno, como fotografía aérea. Para ello siempre es importante contar con la ayuda de los mejores, y en este caso recurrimos a uno de los mejores expertos, por no decir el mejor, en todo lo relacionado con la fotografía antigua de Madrid como es Julio García Mouton (pueden conocer más de su labor en X, antiguo Twitter haciendo clic aquí). Julio nos proporcionó interesantes fotografías aéreas, así como planos del Catastrón y Parcelario, que unidas a otras imágenes que pudimos conseguir en diferentes archivos y fondos nos han permitido extraer interesantes conclusiones.

En un plano del Catastrón y en otro de Parcelario de 1945 podemos comprobar que la distribución y forma de los jardines de la fachada del Museo que da al Paseo del Prado no es la misma que la que presentan en la actualidad, los jardines son diferentes y no existían los caminos de losas de granito perpendiculares a la fachada donde encontramos las inscripciones en el pavimento.

 En la foto superior tenemos una fotografía cenital del Museo con la situación donde se encuentran los grabados. En la central vemos una imagen del Catastrón de Madrid donde podemos comprobar que en las fechas de la guerra el pasillo no existía. Y en la inferior el plano Parcelario de Madrid de 1945 que vemos coincide con el Catastrón. (Planos cortesía de Julio García Mouton)(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Diferentes fotografías aéreas venían a confirmar el diseño de los jardines reflejado en los planos anteriores. Los jardines y los paseos donde se encuentras los grafitos eran similares a los actuales, aunque en la actualidad forman rectángulos de césped y durante la guerra y en los años posteriores encontrábamos una isleta de forma circular. La siguiente pregunta que nos planteamos era si esos espacios donde no había césped estaban pavimentados, y en caso afirmativo si ese pavimento era de losas de granito.

    Fotografía aérea tomadas de un vuelo de 1941 que confirman la configuración de los jardines que aparece tanto en el Catastrón como en el Parcelario mostrados anteriormente. En la imagen inferior vemos dibujado con líneas rojas la superposición actual del pasillo de las inscripciones. Todo indica que en el periodo de la Guerra Civil allí no había suelo de granito, y que las placas con los grabados proceden de otros lugares.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Afortunadamente el Museo del Prado es uno de los edificios más fotografiados de Madrid en cualquier época, por lo que no sería complicado encontrar imágenes de su fachada y de los jardines anteriores y posteriores a la guerra, incluso fotografías tomadas durante la contienda. Todas las fotografías que hemos conseguido recopilar de diferentes fondos y archivos mostraban sin dejar ninguna duda que los jardines de la fachada que da al paseo no estaban pavimentados, ni en los años anteriores ni en los inmediatamente posteriores a la Guerra Civil.

Diversas imágenes en las que podemos contemplar diferentes vistas de los jardines tomadas en diferentes momentos. La superior es anterior a la guerra, la del centro posterior y la inferior está tomada durante la contienda, en la misma podemos observar los sacos terreros que formaban parte de la protección del conjunto. En todas ellas vemos que los caminos eran de tierra prensada con parcelas de césped, solamente encontramos baldosas de granito en una pequeña franja rodeando el edificio.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Los jardines de césped y con algún árbol estaban rodeados por caminos de tierra prensada, como los de la mayoría de los parques madrileños. Solamente se distinguía una fila de losas de granito pegadas al faldón del edificio, perimetrando toda la fachada y posiblemente todo el edificio, así como la estatua de Velázquez, que se encontraba en el mismo lugar que actualmente ocupa, pero en medio de una isla de césped rodeada externamente por losas de granito que cerraban el conjunto.

Más fotografías con vistas de los jardines y fachada del Museo. Destacar que el pedestal de la estatua de Velázquez no es el mismo que podemos observar hoy.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Todo parece confirmar sin lugar a la duda que las baldosas con las inscripciones de la CNT y UHP no se encontraban en ese mismo lugar durante la guerra, serían colocadas allí en un momento que no hemos podido determinar, pero muy posiblemente en la década de los 60 como muy pronto.

Dos galanes posan para anuncios de moda junto a la fachada del Museo a mediados de los años 60. Se comprueba claramente que todavía en esos momentos seguía manteniéndose la franja de baldosas bajo el faldón de la fachada, y a continuación una franja de tierra, lo que vienen a apuntalar la teoría de que el solado actual se realizó bastantes años después de la guerra.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Tal vez algún día consigamos conocer la fecha en la que se remodeló toda la zona de la fachada de poniente del Museo del Prado para dejarla con su disposición actual , sin embargo seguramente sea mucho más complicado saber el lugar de donde proceden las losas grabadas con las enigmáticas siglas. Pueden provenir del Museo o de las inmediaciones del mismo, o haber sido traídas desde cualquier otro lugar de Madrid. Dada la variedad y diferentes tipos de losetas de granito, no sería extraño que hayan venido desde un almacén municipal, quizá la actual Escuela de Cantería de la Casa de Campo, donde se guarda diversos materiales que han sido retirados de algún punto y allí aguardan un nuevo destino.

Dos instantáneas de la Escuela de Cantería de la Casa de Campo, donde encontramos numerosas losas de granito esperando para ser reutilizadas en una nueva ubicación.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Da un poco de pena tener que dejar a un lado la evocadora imagen del miliciano grabando con un rústico cincel a golpe de martillo aquellas letras en una fría tarde de noviembre de 1936, mientras del Museo partían los cuadros que deberían padecer penalidades y peligros antes de llegar a Valencia, por no hablar de otras elucubraciones o teorías oníricas que pudieran relacionar estas inscripciones con quien sabe que fantasías, códigos ocultos y otros misterios. Sin embargo la evidencia es concluyente y queda demostrado que esas baldosas de granito fueron colocadas allí años después de finalizada la guerra. Pero la puerta queda abierta para seguir investigando, y quien sabe si en algún momento alguien no dará con alguna pista que pueda desentrañar su origen.

Esquina de la fachada del Museo del Prado en la plaza de Murillo donde podemos contemplar las marcas de la metralla, así como un parapeto o barricada realizado con losas de granito, seguramente arrancadas en las inmediaciones, con sacos terreros en su parte superior.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

En una segunda entrega de esta crónica que hemos titulado “Historia a ras de suelo” nos detendremos en otro interesantísimo vestigio cargado de historia que todavía se conserva en el pavimento de una calle poco transitada de Madrid, que en esta ocasión sí que podemos datar y contextualizar, a la vez que recordar la dramática historia que hay detrás del mismo, un episodio más de aquellos convulsos años de la historia de España. Recomendamos a todos nuestros lectores que no se pierdan esta nueva entrega.

GALERIA FOTOGRÁFICA

A continuación nuestros lectores pueden contemplar una selección de imágenes de diferentes épocas y actuales de la zona del Museo del Prado y alrededores, a partir de las mismas se puede realizar una cronología de la evolución y cambios realizados.

En la fotografía superior la fachada del Museo durante la guerra, y en la inferior una imagen actual del mismo punto.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Otro de los rincones de los jardines fotografiados antes y después.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Diversas imágenes de diferentes épocas donde podemos comprobar que el suelo de los jardines en su mayoría era arena y césped, reservando las losas de granito para zona concretas o delimitar tanto el edificio principal, como por ejemplo el monumento a Velázquez.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Una fotografía de los años 60 y otra actual, donde podemos ver dos zonas pavimentadas con losas de granito con estilos diferentes, muy posiblemente se colocaran allí en dos épocas distintas, utilizando para una de ellas restos de otros lugares.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Fotografías de los años 60 y en la actualidad tomadas en el mismo punto.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Florentino Areneros.

domingo, 4 de enero de 2026

FERNANDO CARDENAL

Fernando Cardenal fotografiado en 1936 y en el 2020. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

NUESTRO AMIGO FERNANDO
IN MEMORIAM
Por José Antonio Zarza

El pasado 22 de diciembre falleció en su casa de Colmenarejo nuestro amigo y compañero de Gefrema Fernando Cardenal Alcántara, el pasado verano había cumplido 100 años. Con Fernando, además de un buen amigo y una gran persona, perdemos uno de los últimos testigos de nuestra Guerra Civil durante la cual vivió un buen número de experiencias y pudo contemplar en primera fila episodios de notable interés. Afortunadamente dedicó gran parte de los últimos años a recopilar, ordenar y dejar por escrito todos aquellos imborrables recuerdos, y gracias a ello hoy podemos disfrutar rememorando sus interesantes vivencias, que de otro modo, como ha ocurrido en tantas ocasiones, se habrían perdido para siempre.

Retrato de Fernando Cardenal: acuarela de Andrew de la Torre Cavey (2010). (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Recuerdo que conocí a Fernando durante una ruta de un mes de noviembre, no recuerdo el año pero bien podría ser en 2006, la ruta estaba guiada por Luis de Vicente, quien tristemente también nos dejó hace unos pocos años, el recorrido estaba centrado en el salto del río del día 9 de noviembre de 1936 que Luis había documentado tras años de investigación. La ruta finalizaba en el cruce del Paseo del Pintor Rosales con Marqués de Urquijo, lugar que según las explicaciones del guía habrían alcanzado las fuerzas de Franco aquella jornada. De entre el grupo se escuchó una voz:

- Ahí mismo yo vi un legionario muerto, y también como un grupo de milicianos y milicianas hacían burlas del cadáver.

Casa de Pintor Rosales esquina a Marqués de Urquijo donde vivía Fernando Cardenal en 1936. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Todos nos giramos hacia aquella voz, era Fernando quien hablaba. Continuó con su relato y nos contó que él vivía en 1936 en la casa que teníamos enfrente, donde su madre había fundado un colegio de niñas, en el mismo bloque donde vivían en uno de los áticos María Teresa León y Rafael Alberti, con quienes coincidió en numerosas ocasiones. También nos habló de los días que permaneció escondido en el sótano de aquella casa junto a su madre en los peores días de la Batalla de Madrid, de cómo un día vio bajar por Marqués de Urquijo un grupo de soldados que cantaban canciones en desconocidas lenguas, de los bombardeos y los combates aéreos que contempló desde su ventana, y de muchas experiencias más. Aquello fue solo el comienzo de las singulares y sorprendentes vivencias y testimonios que a partir de aquel momento, y durante muchos años más, nos iría regalando. Conocer todas aquellas historias de un valor incalculable era todo un privilegio, y le escuchábamos con reverencial atención.

Jornada de limpieza en la Pasarela de la Muerte. A la derecha Fernando Cardenal y en el centro, de pie, Luis de Vicente. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Desde aquel momento nuestros encuentros fueron cada vez más frecuentes, yo estaba tratando por aquel entonces en recomponer el puzle de la historia del barrio de Argüelles, donde nací y donde vivo, y encontraba enormes lagunas. Mi padre, casi contemporáneo de Fernando y también vecino del barrio desde que nació, me había contado algunas cosas de aquellos tiempos, pero su prematura muerte dejó muchas preguntas en el aire, a muchas de las cuales pude encontrar respuesta gracias a Fernando. Por su parte él estaba tratando de recuperar y ordenar la prolífica historia de su familia, especialmente durante el periodo de la Guerra Civil, y acomodar los recuerdos y testimonios tanto familiares como propios, a lo que sucedió realmente durante ese convulso periodo, tarea en la que pudo contar con mi colaboración y ayuda cuando mis conocimientos lo permitían. De aquellos encuentros nacería una sincera amistad y un afecto mutuo, tanto con él como con su esposa Gloria, que se iría aquilatando con el paso de los años. Regularmente nos veíamos en Madrid, casi siempre acompañados de nuestras esposas Gloria y Carmen, e igualmente eran frecuentes nuestras visitas a su casa de Colmenarejo, muchas veces junto a otros buenos amigos. Una rutina que mantuvimos hasta sus últimos días.

El capitán Emilio Vela Hidalgo, tío de Fernando Cardenal, leyendo el edicto de declaración del estado de guerra en el patio del Alcázar de Toledo. Días antes había advertido a Fernando que estuviera preparado: “Algo gordo va a pasar”. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Sin lugar a dudas Fernando Cardenal era un testigo excepcional, no solamente por su edad que le convertía en uno de los pocos testigos aún con vida de aquellos días, si no por lo excepcional de sus vivencias y las de su familia. Con el tiempo junto a Luis de Vicente le entrevistamos en su casa, de aquella entrevista se publicó en nuestra revista Frente de Madrid un artículo sobre sus días en el Madrid de la guerra antes de abandonar la ciudad camino de Cuenca. En aquella entrevista nos contaba como un tío suyo, protagonista posteriormente en el asedio de El Alcázar de Toledo, le anunciaba con antelación que se iba a producir el golpe; también del cerco y asalto del Cuartel de la Montaña, que contempló desde el balcón de su casa que daba al Paseo de Rosales; nos habló de los inciertos momentos tras el inicio de la guerra, y de cómo su madre se valió de diversas artimañas para convencer a la CNT para que convirtiera el colegio en un hospital de sangre y evitar de ese modo que fuera incautada o asaltada, tras ello ayudó a su madre a elaborar una bandera anarquista que pondrían en el balcón y que reconoció en una de las fotos que le mostré.

Final de la calle Marqués de Urquijo. En el balcón del primer piso de la casa de la izquierda se distingue la bandera de la CNT que colocaron Fernando y su Madre.

En aquella entrevista nos habló de los combates aéreos que contemplo, de los brigadistas que bajaban cantando por Marqués de Urquijo, de cómo permaneció escondido junto a su madre en los sótanos de la casa de Rosales a la espera de que los sublevados llegaran allí para pasarse a la zona franquista, del legionario muerto, de los bombardeos… También nos habló de cómo su abuelo, el general Manuel Cardenal Dominicis, ayudante del general Miaja en aquellos días, envió un coche para sacarlos de la peligrosa primera línea de fuego donde se encontraban, y de muchas vivencias más.

El general Manuel Cardenal Dominicis (Izda.), abuelo de Fernando, conversa con el general Miaja en los sótanos del Ministerio de Hacienda. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Más adelante Fernando publicaría un nuevo artículo para nuestra revista en el que relataba los días que pasó en Cuenca junto a su madre y hermanos tras ser evacuados de Madrid, de sus singulares vivencias y experiencias en aquella bella ciudad. Unos días que fueron el preámbulo de una larga odisea que terminaría en la ciudad de Salamanca, tras un rocambolesco viaje que les llevaría primero a Francia para después de diversas vicisitudes pasar la frontera por Hendaya para llegar a la zona sublevada, con destino final en la citada Salamanca. A continuación comenzó a escribir el tercer artículo sobre el periodo de la Guerra Civil en el que recogería su etapa en Salamanca hasta el final de la guerra, durante la que sería protagonista de singulares vicisitudes y testigo de notables acontecimientos.

Desde el balcón de la casa de unos amigos en la Plaza Mayor de Salamanca Fernando pudo contemplar muchos de los actos oficiales que allí tuvieron lugar. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Para Fernando, como para la mayoría de personas de edad, la pandemia de 2020 cambiaría de manera radical su día a día, el prolongado aislamiento se convertirá en una pesada carga. Para tratar de paliar de alguna manera aquel aislamiento comenzamos a comunicarnos organizando una videoconferencia a tres bandas; por un lado desde su residencia en Colmenarejo Fernando y su esposa Gloria, en Madrid Carmen y yo, y por último desde Ibaraki, en Japón, nuestro compañero Ken O´Keefe, un neoyorquino residente en Japón, uno más de los numerosos buenos amigos que tenía Fernando. Casi todos los lunes, a las dos de la tarde, que eran las nueve de la noche en Japón, nos conectábamos durante una hora o más y hablábamos un poco de todo, sobre todo disfrutábamos escuchando las historias y vivencias de Fernando a lo largo de toda su vida, así como las de su familia. La pandemia pasó, pero continuamos con las videoconferencias de los lunes desde entonces, la última pocos días antes de su fallecimiento.

Fernando el día de su 100 cumpleaños junto a un grupo de compañeros de Gefrema. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

A partir de las notas que íbamos tomando en aquellas charlas telemáticas surgió la idea de ordenarlas y organizarlas para escribir un artículo con la intensa biografía de Fernando, así como la singular historia de su familia; al final era tanta y tan interesante la información que habíamos recopilado que superaba el objetivo de un simple artículo, y pensamos en algo más ambicioso como podrías ser una revista monográfica, que contendría ese gran artículo biográfico y los artículos que Fernando había escrito de sus vivencias durante la guerra, incluyendo el inédito sobre Salamanca. Organizamos una "suscripción popular" entre los socios de Gefrema y nos pusimos manos a la obra. La revista se la entregamos como regalo el día de Reyes de 2021. La revista fue una grata sorpresa para Fernando, un gran regalo, no se separaba de ella, cuando le visitábamos siempre tenía un ejemplar junto al sillón donde se sentaba a leer. Como recompensa a Ken y a mí nos concedió el honor de nombrarnos "sus biógrafos".

Portada de la revista monográfica Testimonios del Frente de Madrid dedicada a Fernando Cardenal. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Aquella intensa biografía se inicia a comienzos del siglo XIX, durante el reinado de Fernando VII, cuando un antepasado tuvo que huir de España a Francia y de allí pasaron a Cuba, donde hicieron fortuna. La historia de la familia Cardenal-Alcantara es apasionante, digna de una novela, tanto que el propio Galdos narra algunas de sus aventuras en uno de los volúmenes de sus Episodios Nacionales, todo ello está recogido en la revista. Pero vamos a centrarnos brevemente en la biografía de Fernando Cardenal, como ya hemos comentado Manuel Cardenal Dominicis, abuelo de Fernando era general de artillería, durante la guerra permaneció fiel a la República y fue ayudante de Miaja, no quiso exiliarse y al finalizar la contienda fue condenado a muerte, pena posteriormente conmutada por años de reclusión. Su hijo fue el filósofo Manuel Cardenal Iracheta, padre de Fernando, quien desarrolló una intensa actividad docente e intelectual, amigo de un buen número de los intelectuales de la denominada Edad de Plata, entre ellos Antonio Machado con quien compartió unos años en Segovia o con Miguel de Unamuno, entre otros muchos.

Una imagen con los asistentes a la fiesta por el 100 cumpleaños de Fernando. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Terminada la guerra Fernando continuó con sus estudios, llegando a doctorarse en medicina en la Universidad de Madrid. Pocos años después de finalizada la II Guerra Mundial, se estableció en Reino Unido donde desarrolló su labor en diversos hospitales, y de allí daría el salto a los Estados Unidos donde entró a trabajar en el Massachusetts General Hospital de Boston, dependiente de la Universidad de Harvard. Pasados los años Fernando se uniría como médico a la primera misión de los Cascos Azules de la ONU, que se desarrolló en lo que entonces era la República del Congo, actualmente Zaire. Desde entonces la actividad profesional de Fernando estuvo ligada a África y las misiones de la ONU, muchas veces en zona de gran peligrosidad, hasta su jubilación, una larga etapa durante la que vivió extraordinarias experiencias. Una vez jubilado regresó a España, donde continuó desarrollando su vocación de servicio social, colaborando en diferentes iniciativas, como la del padre Enrique de Castro en su iglesia de San Carlos Borromeo de Entrevías. Junto a este párroco y al educador Enrique Martínez Reguera fundaría la Coordinadora de Barrios de Madrid, muy involucrada en la lucha contra la droga que causaba estragos en las barriadas madrileñas. A destacar su participación junto a Médicos del Mundo en dos misiones humanitarias durante la Guerra de los Balcanes, dirigiendo personalmente uno de los convoyes con material médico que hicieron llegar a la ciudad Bosnia de Mostar. El listado de actividades sociales realizadas por Fernando sería extenso de enumerar, en la revista recogimos muchas de ellas.

Fernando Cardenal, primero por la derecha de frente, en una recepción junto al presidente Mobutu hacia 1966. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Los últimos años de su vida los dedicó a estudiar y documentar la prolija historia familiar, en especial durante el periodo de la Guerra Civil y la posguerra que marcaría profundamente a su familia, como a tantas otras familias españolas. Se convirtió en un lector compulsivo de la más que extensa bibliografía sobre el conflicto, se unió a Gefrema buscando más respuestas. Trataba de encontrar las claves que pudieran explicar que nos ocurrió a los españoles para llegar hasta este periodo negro de nuestra historia, una empresa sin duda inabarcable.

Fernando Cardenal (Izda) junto a Bibiano Morcillo, otro de los veteranos socios de Gefrema que vivieron la guerra, en una imagen tomada en el tradicional acto del Cuartel de la Montaña.

La última vez que vi a Fernando fue a finales de noviembre, acompañado de nuestros amigos Miguel Ángel Ramírez y de Ken O´Keefe, quien todos los años viene desde Japón para asistir a las Jornadas de Gefrema. Fernando se encontraba bien, incluso nos tomamos unos vinos todos juntos para brindar por nuestro nuevo encuentro. Nos despedimos dejando en el aire una posible visita suya a las Jornadas que finalmente no se produjo. Ya en diciembre, poco antes de las navidades, hablamos con Gloria para acercarnos a visitarles. Nos dijo que Fernando estaba con gripe, y decidimos posponer la visita hasta después de las fiestas, pensando que se recuperaría como tantas veces se había recuperado antes, contemplándole a su edad ya llegas a pensar que existe la inmortalidad. Pero esta vez no fue así, y en la mañana del lunes 22 de diciembre recibimos la triste noticia de su fallecimiento.

Fernnado con unos amigos fotografiados la última semana de noviembre de 2025. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Con Fernando y sus recuerdos perdemos un trocito de la historia viva de España, también perdemos un gran amigo, pero sobre todo perdemos a una persona que dedicó la mayor parte de su vida al servicio a los demás, muy especialmente de los más necesitados. Fernando ha sido ejemplo y modelo de integridad, de compromiso y de tolerancia, pocas personas podremos encontrar que reúnan las cualidades que atesoraba Fernando, todo ello acompañado de una gran amabilidad y una alegría contagiosa. Hace unos meses junto a un numeroso grupo de amigos venidos de todo el mundo celebrábamos su 100 cumpleaños, un siglo vivido de manera intensa, exprimiendo la vida hasta la última gota, eso no se lo puede quitar nadie. Nosotros nos quedamos con su recuerdo imborrable.

Hasta siempre amigo Fernando.

Fernando Cardenal junto a su esposa Gloria. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).