domingo, 4 de enero de 2026

FERNANDO CARDENAL

Fernando Cardenal fotografiado en 1936 y en el 2020. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

NUESTRO AMIGO FERNANDO
IN MEMORIAM
Por José Antonio Zarza

El pasado 22 de diciembre falleció en su casa de Colmenarejo nuestro amigo y compañero de Gefrema Fernando Cardenal Alcántara, el pasado verano había cumplido 100 años. Con Fernando, además de un buen amigo y una gran persona, perdemos uno de los últimos testigos de nuestra Guerra Civil durante la cual vivió un buen número de experiencias y pudo contemplar en primera fila episodios de notable interés. Afortunadamente dedicó gran parte de los últimos años a recopilar, ordenar y dejar por escrito todos aquellos imborrables recuerdos, y gracias a ello hoy podemos disfrutar rememorando sus interesantes vivencias, que de otro modo, como ha ocurrido en tantas ocasiones, se habrían perdido para siempre.

Retrato de Fernando Cardenal: acuarela de Andrew de la Torre Cavey (2010). (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Recuerdo que conocí a Fernando durante una ruta de un mes de noviembre, no recuerdo el año pero bien podría ser en 2006, la ruta estaba guiada por Luis de Vicente, quien tristemente también nos dejó hace unos pocos años, el recorrido estaba centrado en el salto del río del día 9 de noviembre de 1936 que Luis había documentado tras años de investigación. La ruta finalizaba en el cruce del Paseo del Pintor Rosales con Marqués de Urquijo, lugar que según las explicaciones del guía habrían alcanzado las fuerzas de Franco aquella jornada. De entre el grupo se escuchó una voz:

- Ahí mismo yo vi un legionario muerto, y también como un grupo de milicianos y milicianas hacían burlas del cadáver.

Casa de Pintor Rosales esquina a Marqués de Urquijo donde vivía Fernando Cardenal en 1936. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Todos nos giramos hacia aquella voz, era Fernando quien hablaba. Continuó con su relato y nos contó que él vivía en 1936 en la casa que teníamos enfrente, donde su madre había fundado un colegio de niñas, en el mismo bloque donde vivían en uno de los áticos María Teresa León y Rafael Alberti, con quienes coincidió en numerosas ocasiones. También nos habló de los días que permaneció escondido en el sótano de aquella casa junto a su madre en los peores días de la Batalla de Madrid, de cómo un día vio bajar por Marqués de Urquijo un grupo de soldados que cantaban canciones en desconocidas lenguas, de los bombardeos y los combates aéreos que contempló desde su ventana, y de muchas experiencias más. Aquello fue solo el comienzo de las singulares y sorprendentes vivencias y testimonios que a partir de aquel momento, y durante muchos años más, nos iría regalando. Conocer todas aquellas historias de un valor incalculable era todo un privilegio, y le escuchábamos con reverencial atención.

Jornada de limpieza en la Pasarela de la Muerte. A la derecha Fernando Cardenal y en el centro, de pie, Luis de Vicente. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Desde aquel momento nuestros encuentros fueron cada vez más frecuentes, yo estaba tratando por aquel entonces en recomponer el puzle de la historia del barrio de Argüelles, donde nací y donde vivo, y encontraba enormes lagunas. Mi padre, casi contemporáneo de Fernando y también vecino del barrio desde que nació, me había contado algunas cosas de aquellos tiempos, pero su prematura muerte dejó muchas preguntas en el aire, a muchas de las cuales pude encontrar respuesta gracias a Fernando. Por su parte él estaba tratando de recuperar y ordenar la prolífica historia de su familia, especialmente durante el periodo de la Guerra Civil, y acomodar los recuerdos y testimonios tanto familiares como propios, a lo que sucedió realmente durante ese convulso periodo, tarea en la que pudo contar con mi colaboración y ayuda cuando mis conocimientos lo permitían. De aquellos encuentros nacería una sincera amistad y un afecto mutuo, tanto con él como con su esposa Gloria, que se iría aquilatando con el paso de los años. Regularmente nos veíamos en Madrid, casi siempre acompañados de nuestras esposas Gloria y Carmen, e igualmente eran frecuentes nuestras visitas a su casa de Colmenarejo, muchas veces junto a otros buenos amigos. Una rutina que mantuvimos hasta sus últimos días.

El capitán Emilio Vela Hidalgo, tío de Fernando Cardenal, leyendo el edicto de declaración del estado de guerra en el patio del Alcázar de Toledo. Días antes había advertido a Fernando que estuviera preparado: “Algo gordo va a pasar”. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Sin lugar a dudas Fernando Cardenal era un testigo excepcional, no solamente por su edad que le convertía en uno de los pocos testigos aún con vida de aquellos días, si no por lo excepcional de sus vivencias y las de su familia. Con el tiempo junto a Luis de Vicente le entrevistamos en su casa, de aquella entrevista se publicó en nuestra revista Frente de Madrid un artículo sobre sus días en el Madrid de la guerra antes de abandonar la ciudad camino de Cuenca. En aquella entrevista nos contaba como un tío suyo, protagonista posteriormente en el asedio de El Alcázar de Toledo, le anunciaba con antelación que se iba a producir el golpe; también del cerco y asalto del Cuartel de la Montaña, que contempló desde el balcón de su casa que daba al Paseo de Rosales; nos habló de los inciertos momentos tras el inicio de la guerra, y de cómo su madre se valió de diversas artimañas para convencer a la CNT para que convirtiera el colegio en un hospital de sangre y evitar de ese modo que fuera incautada o asaltada, tras ello ayudó a su madre a elaborar una bandera anarquista que pondrían en el balcón y que reconoció en una de las fotos que le mostré.

Final de la calle Marqués de Urquijo. En el balcón del primer piso de la casa de la izquierda se distingue la bandera de la CNT que colocaron Fernando y su Madre.

En aquella entrevista nos habló de los combates aéreos que contemplo, de los brigadistas que bajaban cantando por Marqués de Urquijo, de cómo permaneció escondido junto a su madre en los sótanos de la casa de Rosales a la espera de que los sublevados llegaran allí para pasarse a la zona franquista, del legionario muerto, de los bombardeos… También nos habló de cómo su abuelo, el general Manuel Cardenal Dominicis, ayudante del general Miaja en aquellos días, envió un coche para sacarlos de la peligrosa primera línea de fuego donde se encontraban, y de muchas vivencias más.

El general Manuel Cardenal Dominicis (Izda.), abuelo de Fernando, conversa con el general Miaja en los sótanos del Ministerio de Hacienda. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Más adelante Fernando publicaría un nuevo artículo para nuestra revista en el que relataba los días que pasó en Cuenca junto a su madre y hermanos tras ser evacuados de Madrid, de sus singulares vivencias y experiencias en aquella bella ciudad. Unos días que fueron el preámbulo de una larga odisea que terminaría en la ciudad de Salamanca, tras un rocambolesco viaje que les llevaría primero a Francia para después de diversas vicisitudes pasar la frontera por Hendaya para llegar a la zona sublevada, con destino final en la citada Salamanca. A continuación comenzó a escribir el tercer artículo sobre el periodo de la Guerra Civil en el que recogería su etapa en Salamanca hasta el final de la guerra, durante la que sería protagonista de singulares vicisitudes y testigo de notables acontecimientos.

Desde el balcón de la casa de unos amigos en la Plaza Mayor de Salamanca Fernando pudo contemplar muchos de los actos oficiales que allí tuvieron lugar. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Para Fernando, como para la mayoría de personas de edad, la pandemia de 2020 cambiaría de manera radical su día a día, el prolongado aislamiento se convertirá en una pesada carga. Para tratar de paliar de alguna manera aquel aislamiento comenzamos a comunicarnos organizando una videoconferencia a tres bandas; por un lado desde su residencia en Colmenarejo Fernando y su esposa Gloria, en Madrid Carmen y yo, y por último desde Ibaraki, en Japón, nuestro compañero Ken O´Keefe, un neoyorquino residente en Japón, uno más de los numerosos buenos amigos que tenía Fernando. Casi todos los lunes, a las dos de la tarde, que eran las nueve de la noche en Japón, nos conectábamos durante una hora o más y hablábamos un poco de todo, sobre todo disfrutábamos escuchando las historias y vivencias de Fernando a lo largo de toda su vida, así como las de su familia. La pandemia pasó, pero continuamos con las videoconferencias de los lunes desde entonces, la última pocos días antes de su fallecimiento.

Fernando el día de su 100 cumpleaños junto a un grupo de compañeros de Gefrema. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

A partir de las notas que íbamos tomando en aquellas charlas telemáticas surgió la idea de ordenarlas y organizarlas para escribir un artículo con la intensa biografía de Fernando, así como la singular historia de su familia; al final era tanta y tan interesante la información que habíamos recopilado que superaba el objetivo de un simple artículo, y pensamos en algo más ambicioso como podrías ser una revista monográfica, que contendría ese gran artículo biográfico y los artículos que Fernando había escrito de sus vivencias durante la guerra, incluyendo el inédito sobre Salamanca. Organizamos una "suscripción popular" entre los socios de Gefrema y nos pusimos manos a la obra. La revista se la entregamos como regalo el día de Reyes de 2021. La revista fue una grata sorpresa para Fernando, un gran regalo, no se separaba de ella, cuando le visitábamos siempre tenía un ejemplar junto al sillón donde se sentaba a leer. Como recompensa a Ken y a mí nos concedió el honor de nombrarnos "sus biógrafos".

Portada de la revista monográfica Testimonios del Frente de Madrid dedicada a Fernando Cardenal. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Aquella intensa biografía se inicia a comienzos del siglo XIX, durante el reinado de Fernando VII, cuando un antepasado tuvo que huir de España a Francia y de allí pasaron a Cuba, donde hicieron fortuna. La historia de la familia Cardenal-Alcantara es apasionante, digna de una novela, tanto que el propio Galdos narra algunas de sus aventuras en uno de los volúmenes de sus Episodios Nacionales, todo ello está recogido en la revista. Pero vamos a centrarnos brevemente en la biografía de Fernando Cardenal, como ya hemos comentado Manuel Cardenal Dominicis, abuelo de Fernando era general de artillería, durante la guerra permaneció fiel a la República y fue ayudante de Miaja, no quiso exiliarse y al finalizar la contienda fue condenado a muerte, pena posteriormente conmutada por años de reclusión. Su hijo fue el filósofo Manuel Cardenal Iracheta, padre de Fernando, quien desarrolló una intensa actividad docente e intelectual, amigo de un buen número de los intelectuales de la denominada Edad de Plata, entre ellos Antonio Machado con quien compartió unos años en Segovia o con Miguel de Unamuno, entre otros muchos.

Una imagen con los asistentes a la fiesta por el 100 cumpleaños de Fernando. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Terminada la guerra Fernando continuó con sus estudios, llegando a doctorarse en medicina en la Universidad de Madrid. Pocos años después de finalizada la II Guerra Mundial, se estableció en Reino Unido donde desarrolló su labor en diversos hospitales, y de allí daría el salto a los Estados Unidos donde entró a trabajar en el Massachusetts General Hospital de Boston, dependiente de la Universidad de Harvard. Pasados los años Fernando se uniría como médico a la primera misión de los Cascos Azules de la ONU, que se desarrolló en lo que entonces era la República del Congo, actualmente Zaire. Desde entonces la actividad profesional de Fernando estuvo ligada a África y las misiones de la ONU, muchas veces en zona de gran peligrosidad, hasta su jubilación, una larga etapa durante la que vivió extraordinarias experiencias. Una vez jubilado regresó a España, donde continuó desarrollando su vocación de servicio social, colaborando en diferentes iniciativas, como la del padre Enrique de Castro en su iglesia de San Carlos Borromeo de Entrevías. Junto a este párroco y al educador Enrique Martínez Reguera fundaría la Coordinadora de Barrios de Madrid, muy involucrada en la lucha contra la droga que causaba estragos en las barriadas madrileñas. A destacar su participación junto a Médicos del Mundo en dos misiones humanitarias durante la Guerra de los Balcanes, dirigiendo personalmente uno de los convoyes con material médico que hicieron llegar a la ciudad Bosnia de Mostar. El listado de actividades sociales realizadas por Fernando sería extenso de enumerar, en la revista recogimos muchas de ellas.

Fernando Cardenal, primero por la derecha de frente, en una recepción junto al presidente Mobutu hacia 1966. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Los últimos años de su vida los dedicó a estudiar y documentar la prolija historia familiar, en especial durante el periodo de la Guerra Civil y la posguerra que marcaría profundamente a su familia, como a tantas otras familias españolas. Se convirtió en un lector compulsivo de la más que extensa bibliografía sobre el conflicto, se unió a Gefrema buscando más respuestas. Trataba de encontrar las claves que pudieran explicar que nos ocurrió a los españoles para llegar hasta este periodo negro de nuestra historia, una empresa sin duda inabarcable.

Fernando Cardenal (Izda) junto a Bibiano Morcillo, otro de los veteranos socios de Gefrema que vivieron la guerra, en una imagen tomada en el tradicional acto del Cuartel de la Montaña.

La última vez que vi a Fernando fue a finales de noviembre, acompañado de nuestros amigos Miguel Ángel Ramírez y de Ken O´Keefe, quien todos los años viene desde Japón para asistir a las Jornadas de Gefrema. Fernando se encontraba bien, incluso nos tomamos unos vinos todos juntos para brindar por nuestro nuevo encuentro. Nos despedimos dejando en el aire una posible visita suya a las Jornadas que finalmente no se produjo. Ya en diciembre, poco antes de las navidades, hablamos con Gloria para acercarnos a visitarles. Nos dijo que Fernando estaba con gripe, y decidimos posponer la visita hasta después de las fiestas, pensando que se recuperaría como tantas veces se había recuperado antes, contemplándole a su edad ya llegas a pensar que existe la inmortalidad. Pero esta vez no fue así, y en la mañana del lunes 22 de diciembre recibimos la triste noticia de su fallecimiento.

Fernnado con unos amigos fotografiados la última semana de noviembre de 2025. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Con Fernando y sus recuerdos perdemos un trocito de la historia viva de España, también perdemos un gran amigo, pero sobre todo perdemos a una persona que dedicó la mayor parte de su vida al servicio a los demás, muy especialmente de los más necesitados. Fernando ha sido ejemplo y modelo de integridad, de compromiso y de tolerancia, pocas personas podremos encontrar que reúnan las cualidades que atesoraba Fernando, todo ello acompañado de una gran amabilidad y una alegría contagiosa. Hace unos meses junto a un numeroso grupo de amigos venidos de todo el mundo celebrábamos su 100 cumpleaños, un siglo vivido de manera intensa, exprimiendo la vida hasta la última gota, eso no se lo puede quitar nadie. Nosotros nos quedamos con su recuerdo imborrable.

Hasta siempre amigo Fernando.

Fernando Cardenal junto a su esposa Gloria. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

miércoles, 5 de noviembre de 2025

EL CASTILLO DE CUEVAS

Una de las paredes de decoradas con grafitos del Castillo de las Cuevas del Almanzora. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

LOS GRAFITOS DEL CASTILLO
DE CUEVAS DEL ALMANZORA
(GALERÍA FOTOGRAFICA AL FINAL DEL ARTÍCULO)

Por Florentino Areneros.
Fotografías del autor.

Normalmente el viajero que elige el litoral para pasar sus vacaciones suele concentrar su tiempo en el destino elegido, y quizá realice alguna escapada a lugares de contrastado interés y notable popularidad. Sin embargo es muy habitual que a pocos kilómetros de estos enclaves turísticos se puedan encontrar poblaciones, monumentos y paisajes de extraordinaria importancia y belleza, y en la mayoría de los casos apenas conocidos. La lista sería interminable. Por ejemplo, en el Levante almeriense a poco más de 10 kilómetros de la costa encontramos el pueblo de Cuevas del Almanzora, en cuyo término municipal, que incluye también unos cuantos kilómetros litoral con algunas calas de extraordinaria belleza, podemos encontrar un buen número de agradables sorpresas.

Vista del castillo del Marqués de los Vélez, a la derecha la torre del homenaje donde se encuentran los grafitos. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El territorio en el que se encuentra el municipio ha estado habitado de manera continua desde hace miles de años, gracias a la bonanza del clima y la feracidad de sus tierras, y por él han pasado diversos pueblos con su correspondiente riqueza cultural. Podríamos empezar con la cultura de El Argar que tuvo en esta zona su epicentro, como demostraron los importantes hallazgos arqueológicos de los hermanos belgas Luis y Enrique Siret, ingenieros que desarrollaron su labor en las explotaciones mineras de la provincia, a la vez que desarrollaban su pasión por la arqueología. Por aquí también pasarían los fenicios, que establecieron en el SVII a.c. en Villaricos , una pedanía costera de Cuevas situada junto a la desembocadura del río Almanzora, la ciudad fue conocida como Baria, y de aquella época se conservan algunos interesantes vestigios arqueológicos, destacando el espectacular conjunto de cenotafios de la necrópolis. Tras los fenicios llegarían los romanos, que permanecerían allí durante varios siglos. En el SVIII la zona pasaría bajo control musulmán al igual que la casi totalidad de la península. Así continuaría hasta el fin del reino nazarí en los últimos años del SXV, pasando a formar parte de los dominios de los Reyes Católicos.

El significado de la escena es imposible de descifrar, pero seguro que esconde alguna historia interesante, quizá relacionada con la causa que llevó a la cárcel a su autor. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

A comienzos del SVXI tanto Cuevas como numerosas e importantes localidades vecinas, quedaría en manos de Pedro Fajardo y Chacón, I marqués de los Vélez, quien ordenaría la construcción del castillo, muy posiblemente levantado sobre los restos de una anterior fortaleza musulmana. Con el paso de los años se irían añadiendo nuevas dependencias, entre ellas el edificio conocido como Casa de la Tercia. El castillo alcanzaría un destacado protagonismo durante las revueltas moriscas de finales del SXVI, y se convirtió en un estratégico bastión frente a las incursiones de los piratas berberiscos en los siglos posteriores. Desde su construcción hasta nuestros días la fortaleza ha tenido diversos usos, tanto militares, como hemos visto, como también civiles. En la actualidad el castillo alberga diversas dependencias municipales, a destacar el Museo Arqueológico y la extraordinaria colección de arte que el crítico y coleccionista cuevano Antonio Manuel Campoy donó al municipio, y que incluye entre sus numerosas obras pinturas y esculturas de los más destacados artistas plásticos españoles contemporáneos, como Picasso, Miró, Maruja Mallo, Solana, Vázquez Díaz, César Manrique, Barceló… la lista sería interminable, así como dos series de los grabados de Goya: La Tauromaquia y Los proverbios y disparates. Pero entre los usos civiles del recinto queremos destacar su utilización como cárcel, desde sus primeros días hasta el pasado siglo, destacando durante el SXX su utilización como prisión tanto durante la Guerra Civil como en la inmediata posguerra. Según recoge Ángel Gómez en su imprescindible libro “Los castillos en la Guerra Civil Española” (clic aquí para información del libro) , finalizada la guerra la provincia sufriría una notable represión por su fidelidad a la República (recordemos que fue de las últimas en pasar a manos franquistas), y existen alguno datos sobre el paso por la cárcel del castillo de presos republicanos, así en abril de 1939 se contabilizaban 147 presos, que pasarían a 348 en junio de 1940, 93 en diciembre de 1940, y solo 11 en septiembre de 1942.

El libro de Ángel Gómez Los castillos en la Guerra Civil Española, en el que se recoge el protagonismo de estas fortalezas durante la GCE, incluido el de Cuevas del Almanzora y su utilización como presidio.(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Del paso de tantos presos por el castillo a lo largo de todos estos siglos se conserva un excepcional conjunto de grafitos que milagrosamente han sobrevivido en las paredes de algunas de las dependencias de la torre del homenaje que fueron utilizadas como celdas. Los dibujos, grabados y marcas se han ido superponiendo unos sobre otros, siendo los más numerosos los datados por los estudiosos en el SXVIII, y el resultado no deja de impresionar y sorprender. Existe una gran variedad, desde las sencillas incisiones marcando los días, hasta elaborados conjuntos de figuras, así como inscripciones de singular caligrafía. Los autores se sirvieron principalmente de punzones y seguramente de trozos de carbón, utilizados como peculiar lapicero o pincel, aunque hay numerosos grafitos coloreados.

Otra de las paredes de la estancia. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Las temáticas son muy variadas. Hay motivos geométricos, algunos muy elaborados. También zoomorfos, representando diferentes animales, como conejos, burros o leones. Encontramos un buen número de dibujos de barcos, tanto militares como posibles galeras, como barcos civiles para el transporte, lo que podría poner de manifiesto la relación de muchos de estos presos con el mar y la marinería. Ora temática muy abundante son los motivos religiosos como cruces, imágenes de la Virgen o incluso un paso procesional. Otro conjunto de grafitos lo constituyen las armas, puñales, espadas o cuchillos, incluyendo algunas escenas que representan combates o duelos a espada, que tal vez fueran la causa de su encierro. Y hay que destacar también unos cuantos textos de difícil lectura a primera vista.

Una de las numerosas inscripciones que encontramos en las paredes de la celda. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Pero quizá lo que más llama la atención son los conjuntos de figuras, que sin duda quieren representar alguna escena o momento de la vida del presidiario, así como la de figuras individuales pintadas con gran detalle, por ejemplo en su vestimenta o armamento. Descifrar el significado de muchas de estas escenas es una tarea que se antoja muy dificil por no decir imposible, solo su autor sería consciente de lo que quería representar, pero se abren innumerables puertas a la imaginación.

Diferentes grabados realizados con un punzón, entre ellos un águila bicéfala, un motivo que aparece en el escudo de las localidades vecinas de Mojácar y Vera (Foto inferior). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Las celdas con los grafitos de la torre del homenaje constituyen un auténtico tesoro, y el hecho de que se hayan conservado después de tanto tiempo y en tan buen estado es casi milagroso. Esperemos que con el tiempo se reconozca su verdadero valor e importancia y sean conocidos por el gran público. También confiamos en que nuevos estudios e investigaciones puedan aportar más información de este extraordinario conjunto.

Escena que representa un duelo a espada, quizá el motivo del encarcelamiento del autor. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El castillo de Cuevas del Almanzora y su colección de grafitos, y por supuesto los otros centros de interés que incluye como son el Museo Arqueológico y la colección de arte Antonio Manuel Campoy, bien merecen una visita sosegada. Sin olvidar el casco urbano de Cuevas donde encontramos algunos notables palacios construidos durante el auge minero de la comarca en el SXIX con el descubrimiento de los filones de galena argentífera de Sierra Almagrera, o las casas cueva que dan nombre a la localidad. También sería buena idea acercarse a Villaricos para conocer su extraordinario patrimonio arqueológico y monumental, en el que se incluyen, además de los yacimientos fenicios y romanos, la torre de Cristal (también conocida como castillo de Villaricos) y dos búnkeres de la Guerra Civil situados al norte y al sur del puerto de la localidad. Hay que destacar la intensa y continuada labor que se está realizando por parte del Ayuntamiento en la difusión y puesta en valor de todo este patrimonio, con la organización de numerosas actividades e iniciativas, a destacar en las últimas semanas la apertura del Sendero El Calguerín, o el recientemente aprobado Plan Director de Sierra Almagrera que pondrá en valor el importantísimo patrimonio minero e industrial que tras décadas de abandono todavía se conserva. Invitamos a todos nuestros lectores que se acerquen por el Levante Almeriense a que visiten este municipio, no se arrepentirán. Se puede encontrar puntual información de las numrosas ctividades que organiza el Ayuntamiento, como rutas guiadas gratuitas, entre ellas la visita a la torre y los grafitos, conferencias y presentaciones, exposiciones, etc... en su perfil de Facebook y otras redes sociales (clic aquí para ir a la página de Facebook del Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora).

Nido de ametralladora republicano junto al castillo de Villaricos en la costa almeriense, tras el la Torre de Cristal, fortificación del SXVIII. Fotografía cortesía de Ángel Gómez. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Portada del libro El castillo de Cuevas del Almanzora: cinco siglos de historia e identidad, edición coordinada por Enrique Fernández Bolea con ilustraciones del artista local Francisco Javier González Gallego. Un interesante trabajo sobre la historia de este monumento, incluyendo una amplia información sobre los grafitos. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

GALERÍA FOTOGRÁFICA
(FOTOGRAFÍAS DEL AUTOR)
Diversos grabados realizados a punzón, destacando un retrato, o quizá autorretrato, con el nombre de Gonzalo Perec. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Detalle de diversas escenas policromadas. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Figuras y motivos geométricos. Se observan las sucesiones de marcas, seguramente una cuenta de los días en prisión. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Una cruz de Caravaca. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Un hombre y una mujer seguramente bailando. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Dos rostros de perfil entre otros motivos. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Texto caligrafiado en una de las paredes. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Algunos detalles geométricos, en la parte superior distinguimos un velero. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Motivos geométricos y nuevamente un barco. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Un personaje que parece llevar e las riendas a un burro. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Un ave. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Lo barcos y motivos marinos son numerosos, en toda la estancia. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Extrañas figuras zoomorfas y una calavera con dos huesos cruzados, el símbolo de los piratas. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Dos inscripciones de singular caligrafía. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Diferentes motivos navales. La proximidad de la costa pudo estar relacionada con que muchos de los presos fueran marineros o tuvieran alguna relación con la actividad naval. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Un jinete espada en mano. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Un personaje con una extraña cabellera. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

viernes, 15 de agosto de 2025

FRANCO POR JUAN BENET

FRANCO POR JUAN BENET

Por Florentino Areneros.

Dentro de la hermética narrativa del ingeniero y escritor Juan Benet Goitia (Madrid, 7 de octubre de 1927 - 5 de enero de 1993) la Guerra Civil ocupa un lugar destacado, un trasfondo permanente en muchas de sus obras donde el autor va situando a sus personajes y sus vivencias. Benet fue un profundo estudioso de la historia de la Guerra Civil, un auténtico erudito, así como también del otro gran acontecimiento bélico del pasado siglo como fue la II Guerra Mundial, un interés que le llevó a acariciar la idea de escribir una historia de la Guerra Civil dedicada exclusivamente a sus operaciones militares, para ello comenzó a adquirir y leer gran parte de la extensa bibliografía dedicada a este episodio histórico. Ante la manifiesta imposibilidad de llevar adelante este inabarcable proyecto decidió aprovechar lo ya asimilado para convertir todo ello en una larga narración en la que concentrar toda la guerra situándola en un territorio aislado e imaginario, que el escritor bautizó como Región. Aquel proyecto tomaría forma en un conjunto de relatos que se irían publicando a lo largo de los años, un proyecto que la muerte del autor dejó inconcluso. El resultado fueron tres volúmenes(1) que compartirán el título de "Herrumbrosas lanzas"(2).

Portada de la primera novela (Libros I-VI) de Herrumbrosas Lanzas publicada en 1983 (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

En noviembre de este año se cumplirán 50 años de la muerte del dictador Francisco Franco, con motivo de esta efeméride se realizaran un buen número de eventos y actividades relacionados con su figura, así como sobre su papel y trascendencia en la Historia; y supongo que también algún que otro homenaje, unos serán públicos y otros se celebrarán en la "intimidad" por el qué dirán. Por supuesto que se publicarán decenas de artículos sobre esta temática, aparecerá nueva bibliografía, como el extenso trabajo de Julián Casanova publicado recientemente, o se recuperarán otros considerados canónicos, como la biografía de Stanley G. Payne y Jesús Palacios, o el no menos monumental de Paul Preston. Pero hoy queremos traer Sol y Moscas (todo un honor contar en estas páginas con la colaboración, no solicitada ni consentida por razones obvias, de alguien de la talla de Juan Benet) el breve retrato que Juan Benet hace de la figura del dictador en el primer volumen de lo que podríamos definir como su "trilogía". Aunque bien es cierto que en el texto no se refiere al personaje por su nombre, en la descripción le denomina como "aquel Mando" o bien "Mando supremo", no deja lugar a dudas de a quien se refiere.

Aquí tienen los lectores de Sol y Moscas los párrafos que Benet dedica a la figura y personalidad del "Mando":

...se había casado con una mujer más alta y de mejor rango que el suyo, que se pirraba por las joyas; y de ella había tenido una hija... (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

…Era notorio que aquel Mando, elevado a la Jefatura del nuevo Estado para conducir la guerra y sólo para conducir la guerra, necesitaba de un plazo para consolidarse en su puesto, para barrer a la posible oposición que pudiera surgir de entre sus propias filas, para acreditarse como el futuro y definitivo Jefe no sólo entre sus compañeros de armas, sino también entre los elementos civiles que había atraído a su bando y para llegar, al término de la guerra, con la carta de crédito suscrita por todos los suyos que le permitiera seguir ostentando aquella Jefatura en la subsiguiente paz. Mientras durase la guerra su Jefatura no sería puesta en entredicho…, en tanto la condujese de manera victoriosa. En verdad, no abrigaba la menor duda de que alcanzaría la victoria a la vuelta de ¿cuántos años?, y de ahí que no se le cayese de la boca aquella comedida sonrisilla de triunfo. Pero más aún: estaba persuadido de que en ningún momento conocería la derrota, y si se había de producir algún revés —alguna sorpresa desagradable en un juego dominado por sus triunfos—, ya acertaría a transformarlo en un éxito propio, que pusiera de manifiesto su pericia tanto como su prudencia, su eficacia y competencia militar tanto como su talento político. Por consiguiente, así entendida, la guerra trabajaba para él. Cuando en un barracón provisional, dentro de las dependencias de un pequeño aeródromo provinciano, fue elegido por sus compañeros de armas para personificar aquella unidad de Mando por la que abogaban unos cuantos imprudentes, ansiosos de dar una solución a ciertas contingencias militares e incapaces de vislumbrar la terrible sombra que tal figura arrojaría sobre el futuro de todos ellos, es probable que en su cabeza sólo bullera de forma imprecisa e insinuante el omnímodo papel que más tarde se había de atribuir. Hasta entonces sólo habían contado razones militares, por no decir castrenses. Desde entonces(3) no hizo sino incrementar su confianza para cumplir un papel providencial. Era un hombre menudo, atiplado, que se pirraba por los honores; se había casado con una mujer más alta y de mejor rango que el suyo, que se pirraba por las joyas; y de ella había tenido una hija, bastante agraciada, que con el tiempo se pirraría por los títulos; o sea, que entre los tres cubrían todo el mercado de la gloria. Había hecho en el teatro de África una carrera brillante, a lo largo de la cual había demostrado tanto un cierto arrojo como una innata capacidad para la crueldad. Sabía arriesgarse, pero no era temerario. No se sumó a los conjurados mientras el invierno republicano les obligó a llevar la existencia larvada de la conspiración, y cuando por fin tomaron vuelo, en pleno verano, condicionó la prestación de sus servicios al pronunciamiento (no sin que mediaran interminables vacilaciones e insólitos acontecimientos que ayudaron a mover su voluntad hacia el lado de la rebelión) a un depósito en un banco extranjero a nombre de su mujer, para garantizar su futuro en el caso de que su traición terminara en el fracaso. Era un hombre receloso, nada sobrado de luces, sobre quien nunca nadie logró depositar su confianza. De tal manera reunía en su persona todos los caracteres del traidor que sólo sabía apreciar la fidelidad hacia él, aun cuando estuviera unida a la más obtusa inteligencia. Ni las creencias, ni la fidelidad a la depuesta Monarquía, ni la defensa de ideales mancillados por la República, ni la amistad (que no tenía) con algunos conjurados, ni el esprit de corps que pudiera unirle a buen número de cabecillas, le movieron a sumarse a la rebelión. Lo hizo por lucro.

Franco en primer plano junto a otros generales golpistas. Tras él de izquierda a derecha Mola, Saliquet, Queipo de Llano y Cabanellas. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Con la vista puesta en su mejor lucro condujo la guerra, aun a despecho de poner en evidencia en repetidas ocasiones sus pocas dotes como estratega. No era un jugador apasionado —como la mayoría de sus colegas— que lo apostara todo a una carta. A los dos meses de asumir aquella suprema Jefatura canceló el ataque a la capital y demoró su captura indefinidamente, convencido de que se trataba de una fruta inmadura y peligrosa cuya ingestión podía poner fin al banquete. Adujo, cómo no, razones tácticas como convincentes y un deseo de ahorrar sufrimientos a una población a la que sometió al más estrecho y más largo asedio de hambre, frío, sed y peligro de toda la historia del país. No quería un triunfo rápido, pues sabía que sería efímero y, entre la victoria y el poder, optaría siempre por el último; no ambicionaba tanto ganancias suculentas como un continuo incremento de su renta; tenía mentalidad de escalafón y tan poca prisa que inventó una ridícula era, iniciada con aquel I Año Triunfal, que de tan flagrante manera denunciaba sus intenciones moratorias. No estaba nada sobrado de luces, no era culto, no tenía el don de la palabra; no tenía buena planta y su presencia era incómoda como la de un gato callejero, pero su ambición, su desconfianza hacia los suyos y su ruindad actuando de consuno podían producir los mismos efectos que una gran visión del porvenir —tanto bélico como político— y una incólume prudencia. No le gustaba atacar y tal vez ni siquiera avanzar y conquistar. Lo suyo, lo verdaderamente suyo, eran las operaciones de castigo —que había aprendido en África— y así condujo la Guerra Civil: como una larga operación de castigo, permitiendo a su enemigo —a partir del momento en que se encaramó a la cabeza del nuevo Estado, lo consolidó, cubrió sus espaldas y adquirió una incontestable superioridad bélica, tras la liquidación de la bolsa del Norte— que cometiera todos los desmanes que antojara, a fin de aplicarle a continuación el más severo correctivo.

El general Franco dirigiendo sobre el terreno las operaciones de la Batalla del Ebro. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Espero que la crónica haya sido del interés de nuestros lectores, pueden dejar sus opiniones en los "comentarios" de la entrada que encontrarán en la parte inferior.

Florentino Areneros.

NOTAS:

(1) En 1983 se publicaría el primer volumen que incluye los libros I al VI, en 1985 el segundo que comprende el libro VII y en 1986 vería la luz el tercer volumen formado por los libros VIII a XII. Postumamente, en 1998 Alfaguara publicó una compilación de los tres volúmenes a los que añadió una cuarta parte inédita hasta entonces que contenía los libros XV y XVI, quedarían por completar los libros XIII y XIV que el autor no llegó a escribir.

Portada de la edición de Alfaguara de 1998 que recogía los tres volúmenes publicados más un cuarto inédito. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

(2) El título Herrumbrosas Lanzas está tomado del primer verso de la Elegía Primera de Miguel Hernandez dedicada a Federico García Lorca tras su asesinato en agosto de 1936: "Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas". Clic aquí para leer el poema de Miguel Hernández completo.

(3) "Y hasta su muerte." ATENCIÓN: esta anotación está incluida a pie de página en el propio texto por Juan Benet, la nota figura como (1) en el libro.