martes, 26 de julio de 2011

TRES DIAS DE JULIO (III)

Plano del Cuartel de la Montaña donde se distinguen sus dependencias y su situación respecto a las calles adyacentes. (Imagen de PARES Ministerio de Cultura, obtenida del Foro de Gefrema). Haga clic en cualquiera de las imágenes de esta crónica para ampliarla en otra pestaña.


TRES DIA DE JULIO (3ª PARTE)

LUNES, 20 DE JULIO DE 1936.

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El tiroteo ha empezado pronto; nadie podría explicar como. Millares de personas rodean el cuartel de la Montaña, no esta claro contra quien disparan, no se distingue nada dentro del cuartel, sin embargo desde este responden y se comienzan a producir los primeros heridos entre los asaltantes. Un oficial de Asalto vestido con mono azul subido al parapeto agita los brazos en el aire:

-¡Altoooo el fuego, he dichoooooo! ¡Aaaltooo el fuego...!

Se trata del teniente Máximo Moreno, implicado en el asesinato de Calvo Sotelo, que tras muchos esfuerzos consigue que cese el tiroteo. Se acerca al parapeto un comandante de la Guardia Civil acompañado de dos oficiales del cuerpo, el teniente Moreno se cuadra ante él. Mientras tanto se siguen retirando heridos.

Un oficial de Asalto vestido con mono azul subido al parapeto agita los brazos en el aire:
-¡Altoooo el fuego, he dichoooooo! ¡Aaaltooo el fuego...!
(Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).



Por la calle de Ferraz en dirección al cuartel de la Montaña avanza un obrero con un trapo blanco en la punta de un palo, con otros compañeros que le dan escolta. Desde el cuartel les han visto y les esperan. Se trata de Francisco Carmona Martínez, portador de una embajada de las fuerzas que atacan al cuartel. El teniente Moreno le ha transmitido que tiene orden del Ministerio de la Guerra de conminar a la rendición a los sublevados: deben salir desarmados, brazos en alto entregándose como prisioneros, serán tratados con respeto y juzgados de acuerdo a las leyes vigentes.

Carmona llega hasta una de las puertas del cuartel, donde es recibido por dos militares a los que comunica su deseo de hablar con el jefe del cuartel, le permiten pasar y le conducen a entrevistarse con el coronel tras vendarle los ojos. Tras un recorrido por el cuartel llega al despacho del coronel donde le quitan la venda;
- Usted dirá...
- Vengo en representación de las fuerzas militares y civiles que han puesto cerco al cuartel. Les transmito, asimismo, las ordenes del Gobierno. Deben rendirse antes de que transcurran diez minutos.
.....
- Comunique a quien le haya enviado que resistiremos mientras quede un hombre vivo. Si ustedes se empeñan nos mataremos como hombres.
- Yo reconozco su valor, pero querría que se diera cuenta de que va a arrastrar a los soldados a una muerte inútil a un sacrificio...
El coronel con un gesto da por terminada la entrevista, Carmona es conducido a la salida esta vez sin vendarle los ojos. Habrá que luchar duramente para conquistar este cuartel.

Por la calle de Ferraz en dirección al cuartel de la Montaña avanza un obrero con un trapo blanco en la punta de un palo, con otros compañeros que le dan escolta. (Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

Momentos más tarde las piezas de artillería situadas junto a la Plaza de España al mando de Orad de la Torre, comienzan a abrir fuego sobre el cuartel, han situado los cañones cerca de la calle del Reloj. Como solo disponen de dos cañones, Orad conmina a los sirvientes de las piezas a efectuar rápidamente dos disparos seguidos de tal forma que los acuartelados piensen que están siendo atacados por una batería completa. El estampido de los disparos hace que entre los atacantes cunda el regocijo, los proyectiles comienzan a hacer mella en el edificio y seguramente también en la moral de los sitiados. Casi al mismo tiempo dos aviones lanzan varias bombas sobre el cuartel.

Se une al combate una pieza del quince y medio que maneja el teniente coronel Vidal, que disparando desde una posición cercana a la iglesia de los Carmelitas demuestra la eficacia de su calibre. Los destrozos comienzan a ser visibles en el edificio. El teniente Orad ha cambiado la situación de una de sus piezas, emplazándola en la calle Luisa Fernanda con Ferraz. La aviación continua causando estragos en el interior del cuartel.

Se une al combate una pieza del quince y medio que maneja el teniente coronel Vidal. (Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).
Plano publicado en el Heraldo de Madrid el 20 de julio de 1936 donde se observa el movimiento de un cañón, tal y como lo describe Romero en su libro. (Imagen Hemeroteca BNE, obtenida del Foro de Gefrema).

De pronto, aun sin cesar el tiroteo, aparece un trapo blanco en una de las ventanas del cuartel, hay discrepancia de opiniones de si se rinden o no, pero muchos de los sitiadores han comenzado a correr hacia el cuartel dando gritos de alegría, con los fusiles en alto o disparando al aire, otros llevan banderas rojas desplegadas. De repente las ametralladoras del cuartel han abierto fuego; desde las ventanas, los fusiles también disparan contra los asaltantes.
- ¡Traición! ¡Traición!

Los atacantes huyen despavoridos, muchos quedan en el suelo.

Cuartel de la Montaña: Milicianos dirigiéndose hacia él al ondear bandera blanca. (Texto y Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura).


El intenso fuego continua, el cuartel de la Montaña no podrá resistir mucho tiempo. Los cañonazos están causando importantes daños en la fachada, causando bajas entre los defensores, la acción de la aviación también es demoledora, así como el hostigamiento al que se ven sometidos los defensores por las ametralladoras emplazadas en las terrazas de los edificios que rodean el cuartel . Todo ello va haciendo mella en el ánimo de los defensores, a lo que hay que sumar la acción los militares izquierdistas, que también los hay entre la tropa y suboficiales que se encuentran dentro del cuartel, invitando a la desafección a los soldados.

Han transcurrido cinco horas largas desde que comenzaron las primeras escaramuzas, no se tiene ninguna noticia de la esperada columna del general Mola que desde la sierra se dirige a marchas forzadas a Madrid, tampoco se sabe nada de la de Carabanchel. El general Fanjul ha resultado herido levemente en la cabeza y el coronel Serra en el brazo, el despacho de este último ha resultado destrozado por el impacto de un proyectil.

El general Fanjul ha resultado herido levemente en la cabeza y el coronel Serra en el brazo, el despacho de este último ha resultado destrozado por el impacto de un proyectil. (Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

El coronel Serra está intentando formar una compañía para intentar una salida. Ha intentado una salida por la puerta del cuartel de Zapadores, pero se han visto obligados a retroceder tras una cortina de balas. Los sitiadores han colocado un potente altavoz por el que se anima a los soldados a abandonar el cuartel, prometiéndoles que les mandarán licenciados a sus domicilios: “¡Soldados del cuartel de la Montaña! Os engañan los que os mandan, porque no quieren salvar a la República, sino hundirla, y, además porque carecen de mando sobre vosotros...”. En el cuartel los destrozos son considerables, cada vez mayores, parte de la estructura se desmorona, y los defensores ven como los asaltantes van tomando posiciones cada vez mas cerca de los muros del cuartel, se distinguen los tricornios de alguno de los atacantes, hasta la Guardia Civil está contra ellos, dentro del cuartel, en un comedor, unos soldados con un sargento entonan La Internacional. Uno de los blindados abre fuego desde la estatua del general Cassola, en los jardines frente al cuartel, los asaltantes se acercan cada vez más al edificio, el fuego de los defensores se va debilitando, languideciendo.

Jesús López , guardia de primera de la Benemérita, junto con otros compañeros de su compañía han conseguido alcanzar la fachada. El asalto se ha combinado, y un teniente coronel que manda las milicias ciudadanas, intentará el asalto por el talud que da a la Estación del Norte, mientras que se intensifica el fuego desde los demás puntos. López y sus compañeros van tomando posiciones y estudiando como entrar al edificio cuando desde el interior del cuartel se escuchan los acordes de La Internacional. A unos de los balcones laterales se asoman soldados que saludan con el puño en alto.
- ¡El cuartel es nuestro camaradas!.

Algo anormal está ocurriendo en el interior del cuartel, pero los disparos no cesan por completo. Los guardias civiles toman posiciones en las ventanas interiores que dan al patio, por su izquierda avanzan guardias de asalto al mando del teniente Moreno y muchos paisanos que vitorean a Ricardo Zabalza, diputado socialista, que ha sido el primero en entrar en el recinto del cuartel.

Todavía quedan algunos puntos de resistencia dentro del cuartel de infantería, que van siendo reducidos por los asaltantes, grupos de soldados desarmados y algún oficial, con los brazos en alto o con el puño cerrado, se les unen: “¡Rendición! ¡Rendición!”, muchos corren al encuentro de los asaltantes y los abrazan. Por una puerta sacan a unos oficiales con las manos en alto, seguidos por paisanos que los encañonan.

Grupos de soldados desarmados y algún oficial, con los brazos en alto o con el puño cerrado, se les unen: “¡Rendición! ¡Rendición!”. (Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

Desde lo alto del vecino cuartel de Zapadores se les hostiga. La ametralladora de Asalto emplazada en mitad del patio les lanza una rociada de balas y los de Zapadores cesan de hostilizarles. Del cuarto de banderas sacan a empellones a unos oficiales con las manos en alto. Por las galerías corren paisanos armados, se asoman por las ventanas que dan al interior de las compañias y disparan fusiles y pistolas. A la puerta de una de las compañias aparecen soldados dando vivas a la República.
- ¡Todos los soldados estáis licenciados; podéis iros a vuestras casas –les grita un sargento de Asalto.
A través de la puerta principal, semicubierta de escombros y por las ventanas, entran multitud de paisanos, que una vez en el interior persiguen a los militares, les acorralan, encierran e insultan. Otros se abrazan con los soldados, otros se dedican a recoger armas, correajes; las mujeres se apoderan de las gorras de los oficiales y se las colocan torcidas sobre la cabeza.

Un grupo de paisanos empuja a unos oficiales y a varios cadetes que avanzan con los brazos levantados hacia un extremo del patio. A su espalda está emplazada una ametralladora, y un guardia de Asalto con la gorra torcida parece disponerse a accionar el gatillo. La ametralladora comienza a trepidar; los militares se desploman. Cesan las ráfagas. A tiros de fusil rematan a algunos heridos que se agitan en el suelo. Los que están en el patio, que se habían alarmado por lo imprevisto de los disparos, se acercan a contemplar los cadáveres. El guardia de la gorra torcida que ha disparado la ametralladora pide silencio con gestos ampulosos. Con voz potente grita:
- ¡Esta es, camaradas, la justicia del Pueblo!.

El patio esta cubierto de cadáveres de muebles rotos, de cajas vacías, de papeles, de cascotes. (Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

En el cuartel de Zapadores , entre los sublevados el desorden es tremendo. Afirman unos que el general Fanjul ha decidido rendirse, otros insisten en que deben resistir hasta el fin. El cuartel de Infantería ha caído, pero en el de Zapadores y el de Alumbrado continua la resistencia, que poco a poco va siendo sofocada. Los últimos defensores se baten en retirada; algunos son alcanzados y muertos por disparos a quemarropa. Los últimos focos se rinden, algunos de los sublevados han decidido suicidarse.

El patio esta cubierto de cadáveres de muebles rotos, de cajas vacías, de papeles, de cascotes. Mucha gente se mueve y agita en medio del más desordenado barullo; los paisanos se prueban cascos, cartucheras o prendas militares y disputan por apoderarse de un fusil o de una botas. Muchos de los rebeldes son hechos prisioneros, otros consiguen confundirse con los asaltantes y otros consiguen escapar.

Entre los muertos, sorteándolos para no tropezar con ellos, andan los curiosos. (Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

Después de reintegrar las piezas al Parque de Artillería, el teniente Orad de la Torre se ha trasladado en auto al cuartel de la Montaña. Milicianos y mujeres le reconocen y aclaman. Entra por el cuartel de Infantería y comprueba que el efecto del bombardeo ha sido eficaz. Un hormiguero humano se agita; hombres y mujeres, con insignias de organizaciones sindicales o de partidos políticos, entran y salen, se reparten armas y municiones, gesticulan y vocean. Parecen ebrios. Han sido retirados los muertos y heridos del asalto.

Después de reintegrar las piezas al Parque de Artillería,… (Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

Para llegar al patio pasa junto a la sala de suboficiales; una relativa oscuridad le alivia la vista de la luz cegadora de la calle. Distraído, al pasar ha creído ver a algunos militares sentados en extrañas posturas y otros caídos en el suelo. Retrocede y entra decidido. Cadáveres en mangas de camisa o con uniforme están amontonados en un rincón. Les han agrupado y ametrallado por la espalda, obligándoles a arrimarse a la pared. Huele a sangre, huele como en una carnicería, como huelen las naves de un matadero. Los cadáveres en distintas posturas, acribillados, carecen de solemnidad. Uno de ellos tiene la camisa chamuscada por el fogonazo y un amplio agujero sanguinolento en el centro del pecho.

Los ojos se acostumbran a la penumbra; entre esta concurrencia espantosa no hay ni un solo vivo; nadie siquiera se asoma a contemplar este horror, a reconocerse en este horror. Sobre la mesa descansa el torso de un comandante, como si se hubiese dormido, ha caído de bruces sobre ella. Un agujero en la sien y lo natural de la postura indican que se ha suicidado. En una silla junto al comandante, un teniente con la guerrera abrochada y el correaje ajustado presenta también un agujero en la sien; la sangre, que le ha resbalado desde la mejilla al pecho, aparece negruzca coagulada. Un cadete con rostro de niño, enseña los dientes, parece que sonríe; se ha disparado en el corazón.

Echados en el suelo, bocarriba o bocabajo; hay jefes, capitanes, tenientes, suboficiales, soldados…(Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

Antes de que el mareo le domine sale al patio. Nunca había visto tantos cadáveres; aparecen extendidos a todo lo largo del patio, bajo la luz implacable del sol. Echados en el suelo, bocarriba o bocabajo; hay jefes, capitanes, tenientes, suboficiales, soldados, en las más variadas posturas; es como un muestrario del horror a pleno sol. Entre los muertos, sorteándolos para no tropezar con ellos, andan los curiosos; unos apenas les prestan atención; otros les examinan como si trataran de identificarlos. Bajo los arcos, a la sombra, descubre paisanos armados, guardias civiles, soldados del batallón de Ferrocarriles que charlan y descansan.

Hace tanto calor y la luz es tan viva que el espectáculo parece irreal. Antes de echarse a llorar da media vuelta y escapa del cuartel; necesita refugiarse en su casa, con su mujer, con su familia; olvidar que lo que está viendo es cierto. A su amigo el teniente Máximo Moreno, al teniente coronel Moriones, a Zabalza, al escultor Quintanilla no les ha saludado: también escapa de ellos; no desea abrazarles ni ser abrazado. Prefiere no hablar del triunfo que esta mañana han obtenido juntos porque, en presencia de estos cadáveres, la alegría se le hiela.

Un hormiguero humano se agita; hombres y mujeres, con insignias de organizaciones sindicales o de partidos políticos, entran y salen, se reparten armas y municiones…(Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

Unos treinta soldados precedidos de un capitán con la guerrera desabrochada, que lleva en alto, desplegada como trofeo, la bandera del Regimiento de Infantería número 31, entonan La Internacional. Con el puño en alto, seguidos de milicianos y unos cuantos guardias de Asalto con las guerreras abiertas o en mangas de camisa, desfilan hacia la puerta del cuartel.
- ¿Adonde vais?
- A que todo el pueblo de Madrid sepa que hemos vencido a los fascistas.
- Llevamos esta bandera al Ministerio de la Gobernación.
- ¡Viva la República!

Unos treinta soldados precedidos de un capitán con la guerrera desabrochada, que lleva en alto, desplegada como trofeo, la bandera del Regimiento de Infantería número 31. (Fotografía obtenida de La Biblioteca Fantasma. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).


Apenas había transcurrido una hora desde que el teniente Orad, rendido por el cansancio, se había acostado cuando han telefoneado para comnicarle que su hermano Manuel, ingeniero del Canal de Isabel II, y Jorge, su hijo, han sido muertos de un cañonazo en Carabanchel mientras atacaban los cuarteles. Su sobrino pertenecía a las Juventudes socialistas, tenía quince años; su hermano Manuel militaba en el partido socialista.

Se ha desplazado hasta el depósito con su hermana Rosa para identificar los cadáveres. El olor es irrespirable; está casi mareado. Además del dolor personal, el espectáculo resulta espeluznante y desolador. Los cadáveres se amontonan en todos los lugares; como no se dispone de espacio suficiente, les han distribuido en camillas o colocado en el suelo, tirados en las más diversas posturas, que de no ser trágicas resultarían grotescas; los hay con heridas, con mutilaciones, con expresiones en el rostro que van desde el espanto hasta la risa. El calor agrava lo agobiante y doloroso del lugar.

Los cadáveres se amontonan en todos los lugares; como no se dispone de espacio suficiente, les han distribuido en camillas o colocado en el suelo, tirados en las más diversas posturas. (Fotografía Archivo PCE Universidad Complutense. Texto Luís Romero “Tres días de Julio”).

Fuera, unos mozos cubiertos con blusas claras, sucias como las de los matarifes municipales, sacan en angarillas ataúdes de madera sin pintar y los van cargando en un camión. Veinte, treinte, cuarenta; muchos. Cuidadosamente los apilan para trasladarlos al cementerio; el calor en Madrid es excesivo y comienzan a descomponerse. Se da primacía a los identificados o a aquellos que por estar demasiado mutilados no es fácil que lleguen a serlo, que además se halan más expuestos a una rápida descomposición. Y otra razón decisiva: falta espacio.

En el despacho del Ministro de la Guerra, el general Castelló recibe al también general Riquelme, al que rápidamente pone al corriente de la situación.: se teme que el coronel Moscardó, al mando de la plaza, se haya sublevado. Desde hace días se le han solicitado municiones de la Fábrica de Toledo y este se ha negado a enviarla. Castelló pide a Riquelme que organice una columna y se dirija hacia Toledo. No hay fuerzas militares, tendrá que improvisarla con lo que vaya encontrando.

La situación en el resto de España es confusa e incierta. Gran parte se mantiene leal al Gobierno de la República, pero en muchas otras zonas son los rebeldes los que están al mando. La sangre ha empezado a correr en muchos lugares.

Sobre los tejados madrileños suenan detonaciones aisladas. Las golondrinas vuelan altas sobre la Plaza de Oriente, sobre el Campo del Moro, sobre la Casa de Campo. Por encima de la capital, el humo de los incendios pone una nota inquietante en la tranquilidad indiferente del crepúsculo.

Florentino Areneros.

NOTA: Todos los textos que aparecen en esta crónica, al igual que los de la primera y segunda entregas, han sido resumidos y recopilados, algunos literalmente, del libro "Tres días de Julio" del historiador Luis Romero.

11 comentarios:

GERIÓN dijo...

IMPRESIONANTE

Anónimo dijo...

Enhorabuena por su crónica, y gracias por descubrirme el libro de Romero, que espero poder leer en breve. A propósito de la foto "Un oficial de Asalto vestido con mono azul ...", quería comentar sobre otra instantánea de la misma escena, que se conserva en el archivo rojo. Me refiero a ésta:
http://pares.mcu.es/ArchFotograficoDelegacionPropaganda/lanzarVisor.do?idImagen=14202133

Creo que el personaje que aparece en el centro con el puño en alto y gorra de plato, se trata del teniente Máximo Moreno que menciona al principio de su crónica. Al menos a mí me lo parece, de acuerdo con esta otra foto del teniente que se publicó junto a su obituario en el diario "La Voz" el 26 de septiembre de 1936, pág.4

http://hemerotecadigital.bne.es/datos1/numeros/internet/Madrid/Voz,%20La%20%28Madrid.%201920%29/1936/193609/19360926/19360926_00000.pdf

¿Qué opina?

Saludos

Ines

FLORENTINO ARENEROS dijo...

Querida amiga Inés,

Menuda puntería. Nuevamente me descubro ante la tremenda capacidad que tiene usted para localizar el dato, el documento, o bien como en este caso, la imagen.

Pienso que tiene toda la razón, el parecido es mucho entre las dos fotografías, y además si ampliamos la imagen del Cuartel de la Montaña que nos remite, podemos apreciar las dos estrellas de teniente en la gorra de plato. Máximo Moreno es ahora una más de las personas identificadas en ese parapeto. Habrá que revisar el resto de imágenes para tratar de localizar al teniente en cuestión en otras fotografías de aquel episodio.

Reciba mis felicitaciones y sincero agradecimiento por este sensacional descubrimiento.

A sus pies.

Florentino Areneros.

Gandul dijo...

Exactamente, Inés. El de la mano en alto es Moreno. Hay otros conocidos en esas fotos.

¿Alguien sabría dar algún dato de Bárcenas y Heredia, del Radio comunista del Oeste? También dirigieron grupos en el asalto al Cuartel.

Gandul dijo...

Puño en alto, perdón.

FLORENTINO ARENEROS dijo...

Estamos terminando en la Redacción una crónica dedicada a la figura y andanzas del teniente Máximo Moreno que esperamos publicar antes de este fin de semana. A raíz de las aportaciones de Inés, que conocerán en breve, han ido apareciendo diferentes datos biográficos de indudable interés.

En las fotografías del parapeto aparecen otros conocidos personajes, o personajes a los que es posible poner nombre aun siendo desconocidos para el gran público, y si el tiempo nos lo permite trataremos de recuperar su biografías antes del descanso vacacional.

Habrá que buscar información sobre los Bárcenas y Heredia que menciona, así como sobre el Radio Comunista del Oeste.

Muchas gracias por visitar el blog.

Florentino Areneros.

34BM dijo...

He realizado un video montaje con fotos e imágenes del asalto al Cuartel de la Montaña.

Todas las fotos menos una son del AGA, Archivo Rojo y BNE; las capturas de video de http://www.youtube.com/watch?v=HFqRnTRufCc y http://www.youtube.com/watch?v=RXafC3Xs3os.

Se agradecen más aportaciones, para una segunda edición quizá con locución por encima. Es que si espero a hacerlo, nunca subo el video.

[youtube]_-j8Wt4slfk[/youtube]
http://www.youtube.com/watch?v=_-j8Wt4slfk

FLORENTINO ARENEROS dijo...

Muchas gracias por el enlace 34BM, muy buen trabajo. Y muy buena la elección de ese sublime pasodoble como fondo musical.

Anónimo dijo...

Gandul, sobre Juan Antonio Heredia, hay una reseña en Mundo Gráfico(24/11/1936), pág. 17, según éste muere el 19 de noviembre de 1936 en la Ciudad Universitaria. También le dedica un obituario el diario Milicia popular, p. 6. En este artículo se incluye una foto. Por ella, no lo reconozco en la famosa foto del parapeto, pero creo reconocerle en la foto de la Comandancia general del Quinto regimiento, sentado a la derecha de Enrique Castro.

Por otro lado, Vittorio Vitali, alias comandante Carlos, menciona a Heredia de forma anecdótica en una entrevista concedida a Mundo Gráfico en mayo de 1937, p. 3. En ella declaraba: … Y comenzamos a instalar el cuartel de la calle de Francos Rodríguez, donde ya el día 20, por la mañana, nos reunimos Dolores, Pepe Díaz, Antón, Castro, Barbado, el pobre Heredia, que murió.... En cuanto a la toma del cuartel, Vitali comenta: A la mañana siguiente fue el episodio de la toma del cuartel de la Montaña. Yo estuve allí. Pero… Ahora todos dicen que han tomado el cuartel de la Montaña. Parece como si hubieran sido un millón de hombres los asaltantes. Yo estuve allí. Pero no intervine en la toma del cuartel. Yo tenía que hacer otras cosas. Tenía que recorrer la ciudad, ver cómo estaba la población....

Ines

Anónimo dijo...

Perdón, sentado a la izquierda de Enrique Castro

Saludos

FLORENTINO ARENEROS dijo...

Muchas gracias Inés por esta aportación sobre el Comandante Heredia, todo parece indicar que efectivamente se trata de la persona que se encuentra a la izquierda de Castro. Tal vez el compañero Bremaneur o Rufián, más bregados en las lidias del Quinto Regimiento nos lo puedan confirmar.

Un saludo.