El Cuartel de la Montaña sería el lugar donde los acontecimientos del golpe en Madrid alcanzarían su máxima intensidad. (Haga clicen cualquiera de las imágenes para verla ampliada en otra pestaña TRES DIA DE JULIO (I)
SÁBADO, 18 DE JULIO DE 1936.
En estos días se cumple el setenta y cinco aniversario de los sucesos que dieron origen al comienzo de la guerra civil. Desde entonces se han escrito tantas páginas sobre aquellos acontecimientos, muchas de ellas con datos o análisis tan contradictorios, que se hace muy difícil el hecho de compilarlos en una crónica guerracivilera.
Al igual que en otras crónicas nos hemos basado en algún trabajo publicado anteriormente, sin ir más la de los sanfermines de 1936 , en esta ocasión vamos a resumir los acontecimientos que se produjeron los días 18, 19 y 20 de julio de 1936 en Madrid a partir de uno de los libros a los que en esta redacción tenemos un particular cariño, me estoy refiriendo al libro “Tres días de Julio” del magistral maestro Luís Romero, del que ya hemos hablado en estas páginas en más de una ocasión, pero hoy nos vamos a entretener un poco más en su figura y obra.
El historiador y novelista Luis Romero
Luis Romero nació en 1916 en Barcelona y falleció en el año 2009. Para muchos Romero más que un historiador era un novelista de renombre (Premio Nadal 1951 con “La Noria”, Premio Planeta 1963 con “El Cacique”, entre otros) que también escribió varios trabajos biográficos sobre Salvador Dalí, aunque nosotros nos centraremos en su faceta como historiador, aunque Luís Romero no sea un historiador al uso académico. Seguramente su condición de narrador haya influido en su manera de escribir la historia, de una forma amena y novelada, muy alejada de los modos más ortodoxos, académicos, y a veces soporíferos, que en muchas ocasiones acaban haciendo huir de sus páginas a los lectores que a ellas se asoman. Pero tal vez por ello, a los que somos simplemente aficionados a la historia, su lectura nos resulte más agradable, y tal vez sea por este mismo motivo por el que no se le considera un historiador de primera fila a la misma altura que los considerados “divinos”.
Sin embargo es un error el no considerar a Luís Romero un historiador de primer orden, sobre todo de la guerra civil. Aunque no nos abrume con el dato, la cita al documento o al texto, la referencia exacta que tanto gusta a muchos autores, o la nota a pie de página, no quiere decir que no sea un historiador estricto y meticuloso, o que no haya realizado una importante tarea de investigación, muy al contrario. Romero documentaba meticulosamente sus trabajos, y a su muerte dejo un impresionante archivo documental del que desconocemos su destino final. Otra importante característica de este historiador y su trabajo, es el hecho de que durante muchos años realizó entrevistas (tanto en España como en el extranjero) no solamente a los protagonistas de los episodios más notables, si no también a un buen número de personajes de alguna forma anónimos que también intervinieron en ellos, de tal forma que las conversaciones que muchas veces intercala en sus relatos y que se pudieran tomar como licencias narrativas, en muchas ocasiones se corresponden con diálogos reales. Todas esta impresionante colección de entrevistas y testimonios, que Romero acumuló durante muchos años de su larga vida forman parte también de ese impresionante archivo documental del que hablamos, así como la importante correspondencia que el historiador mantuvo durante muchísimo años con muchos de los principales actores de la guerra civil.
Pero si hay algo en lo que destaca Luis Romero sobre otros historiadores, es en el hecho de que él si estuvo allí. Luis Romero combatió en el Ejército del general Franco. Como cuenta su amigo, monje de Monserrat y también historiador Hilari Raguer en la necrologica que escribió tras la muerte de Romero , este en alguna ocasión le confesó: “que la Guerra Civil había sido como el filo de una navaja, sobre el que uno no puede sentarse sino que ha de inclinarse por uno u otro lado, y así personas o grupos que el día antes del alzamiento eran ideológicamente muy cercanos, el día después se encontraron enfrentados a muerte.”
El libro “Tres dias de Julio” escrito por Luis Romero utilizado como referencia para la redacción de esta crónica.
La crónica que ustedes pueden leer a continuación ha sido escrita a partir del libro “Tres días de Julio” (Editorial Ariel 1967) de Luis Romero, del que por supuesto recomiendo encarecidamente su lectura. Hemos filtrado solamente los acontecimientos que el autor ha situado en Madrid. Algunas partes de lo trascrito aquí son copias literales de las palabras de Romero, y otras, la mayoría, una condensación de lo desarrollado por él. Obviamente faltarán datos ya que no se pretende realizar un trabajo exhaustivo, si no solamente dar a conocer los acontecimientos más importantes y significativos de entre los muchos que se sucedieron en aquellos tres intensos días de Julio de 1936 siguiendo el guión del maestro Romero y que esperamos sea de su agrado.
Al igual que en otras crónicas nos hemos basado en algún trabajo publicado anteriormente, sin ir más la de los sanfermines de 1936 , en esta ocasión vamos a resumir los acontecimientos que se produjeron los días 18, 19 y 20 de julio de 1936 en Madrid a partir de uno de los libros a los que en esta redacción tenemos un particular cariño, me estoy refiriendo al libro “Tres días de Julio” del magistral maestro Luís Romero, del que ya hemos hablado en estas páginas en más de una ocasión, pero hoy nos vamos a entretener un poco más en su figura y obra.
El historiador y novelista Luis Romero Luis Romero nació en 1916 en Barcelona y falleció en el año 2009. Para muchos Romero más que un historiador era un novelista de renombre (Premio Nadal 1951 con “La Noria”, Premio Planeta 1963 con “El Cacique”, entre otros) que también escribió varios trabajos biográficos sobre Salvador Dalí, aunque nosotros nos centraremos en su faceta como historiador, aunque Luís Romero no sea un historiador al uso académico. Seguramente su condición de narrador haya influido en su manera de escribir la historia, de una forma amena y novelada, muy alejada de los modos más ortodoxos, académicos, y a veces soporíferos, que en muchas ocasiones acaban haciendo huir de sus páginas a los lectores que a ellas se asoman. Pero tal vez por ello, a los que somos simplemente aficionados a la historia, su lectura nos resulte más agradable, y tal vez sea por este mismo motivo por el que no se le considera un historiador de primera fila a la misma altura que los considerados “divinos”.
Sin embargo es un error el no considerar a Luís Romero un historiador de primer orden, sobre todo de la guerra civil. Aunque no nos abrume con el dato, la cita al documento o al texto, la referencia exacta que tanto gusta a muchos autores, o la nota a pie de página, no quiere decir que no sea un historiador estricto y meticuloso, o que no haya realizado una importante tarea de investigación, muy al contrario. Romero documentaba meticulosamente sus trabajos, y a su muerte dejo un impresionante archivo documental del que desconocemos su destino final. Otra importante característica de este historiador y su trabajo, es el hecho de que durante muchos años realizó entrevistas (tanto en España como en el extranjero) no solamente a los protagonistas de los episodios más notables, si no también a un buen número de personajes de alguna forma anónimos que también intervinieron en ellos, de tal forma que las conversaciones que muchas veces intercala en sus relatos y que se pudieran tomar como licencias narrativas, en muchas ocasiones se corresponden con diálogos reales. Todas esta impresionante colección de entrevistas y testimonios, que Romero acumuló durante muchos años de su larga vida forman parte también de ese impresionante archivo documental del que hablamos, así como la importante correspondencia que el historiador mantuvo durante muchísimo años con muchos de los principales actores de la guerra civil.
Pero si hay algo en lo que destaca Luis Romero sobre otros historiadores, es en el hecho de que él si estuvo allí. Luis Romero combatió en el Ejército del general Franco. Como cuenta su amigo, monje de Monserrat y también historiador Hilari Raguer en la necrologica que escribió tras la muerte de Romero , este en alguna ocasión le confesó: “que la Guerra Civil había sido como el filo de una navaja, sobre el que uno no puede sentarse sino que ha de inclinarse por uno u otro lado, y así personas o grupos que el día antes del alzamiento eran ideológicamente muy cercanos, el día después se encontraron enfrentados a muerte.”
El libro “Tres dias de Julio” escrito por Luis Romero utilizado como referencia para la redacción de esta crónica. La crónica que ustedes pueden leer a continuación ha sido escrita a partir del libro “Tres días de Julio” (Editorial Ariel 1967) de Luis Romero, del que por supuesto recomiendo encarecidamente su lectura. Hemos filtrado solamente los acontecimientos que el autor ha situado en Madrid. Algunas partes de lo trascrito aquí son copias literales de las palabras de Romero, y otras, la mayoría, una condensación de lo desarrollado por él. Obviamente faltarán datos ya que no se pretende realizar un trabajo exhaustivo, si no solamente dar a conocer los acontecimientos más importantes y significativos de entre los muchos que se sucedieron en aquellos tres intensos días de Julio de 1936 siguiendo el guión del maestro Romero y que esperamos sea de su agrado.
SÁBADO, 18 DE JULIO DE 1936.
Amanece sobre el Palacio Nacional, antes denominado Palacio Real, donde se encuentra el Presidente de la República Manuel Azaña. El día anterior ha sido muy tenso, se ha producido una sublevación de los militares en el Marruecos Español y todos los indicios parecen indicar que se producirán más levantamientos en diferentes plazas. La guardia de Palacio ha sido reforzada, y se han instalado incluso ametralladoras en lugares estratégicos. A la escolta presidencial se han unido dos compañías del Regimiento Inmemorial número 1, y en el exterior se encuentran numerosos efectivos de la Guardia Civil.
Consejo de Ministros celebrado el 12 de Mayo de 1936 donde encontramos alguno de los principales protagonistas de los acontecimientos de julio, como Azaña, Casares o Giral.
Del café Colonial salen los periodistas Eduardo Castro del Heraldo, acompañado de Guzmán y Haro del diario Libertad. Han pasado la noche en una sala que para corresponsales de prensa está instalada en la planta superior del antiguo edifico de Teléfonos. Han intentado en vano comunicar con Melilla, Ceuta o Tetuán, las comunicaciones con África están cortadas. Llevan esperando nuevas noticias desde que el día anterior Indalecio Prieto confesara a los periodistas reunidos en el bar del Congreso: “La guarnición de Melilla se ha sublevado...”. Sin embargo, aunque hubieran conseguido alguna información no habrían podido publicarla, la censura prohibe escribir sobre la sublevación en Melilla.
El General Sebastián Pozas Perea, general de división y que ocupa el cargo de inspector de la Guardia Civil, ha permanecido toda la noche en el Ministerio de Gobernación, intentando asegurar la lealtad de las diferentes comandancias al Gobierno. Recibe una llamada de Tetuán en la que se le informa que las fuerzas del Tercio y los Regulares se han sublevado y rodean el edificio de la comandancia, tras unos minutos la comunicación se corta. El general Pozas confía en la lealtad del cuerpo, cuando menos en la Peninsula, si la Escuadra cierra el camino a los rebeldes la sublevación puede considerarse abortada.
En la estación del Ministerio de Marina de Ciudad Lineal, el oficial telegrafista Benjamín Balboa se encuentra de servicio, transmitiendo ordenes y rebiendo comunicados e informes. A la Escuadra se le ha ordenado bloquear Melilla, Larache y Ceuta. De El Ferrol y Cartagena han zarpado diferentes unidades, la aviación se dispone a bombardear Melilla y Tetuán. Balboa recibe un mensaje que le acaban de transmitir desde Cartagena: “Santa Cruz de Tenerife, el 18 a las 7:10. El general comandante militar de las Islas Canarias al almirante jefe de la Base de Cartagena. Enradiograma de esta fecha digo a general jefe de Circunscripción Oriental de África lo siguiente: Gloria al heroico ejército de África. España sobre todo. Recibid el saludo entusiasta estas guarniciones que se unen a vosotros y demás compañeros Península en estos momentos históricos. Fe ciega en el triunfo. Viva España con Honor. Dígolo para conocimiento de V.E. Firmado: Francisco Franco”. Cartagena pide que el mensaje sea transmitido a toda la flota, a lo que Balboa se niega.
Benjamín Balboa rápidamente establece contacto con el Ministerio de la Guerra de donde le piden que les haga llegar el texto del mensaje. Balboa lo escribe y pide aun ordenanza que lo entregue en el Ministerio. El jefe de la estación, el capitán de corbeta don Castor Ibáñez, recrimina a Balboa su actitud, le quita el radiograma y tras advertirle de que ha cometido una falta gravísima se dirige hacia una de las cabinas telefónicas. Por su parte Balboa se dirige a la centralita y desde allí intercepta la conversación, el capitán Ibáñez ha telefoneado al almirante Salas, jefe de Estado Mayor de la Marina, el cual le ordena que el telegrama sea transmitido a la totalidad de la Flota. Balboa se encara con el capitán y en medio de la discusión saca su pistola y le encañona: “en nombre del Gobierno, queda usted detenido”. Tras ello encierra al capitán en un cuarto y ordena que el mensaje sea llevado al Ministerio de la Guerra.
El Palacio de Buenavista en la calle de Alcalá, junto a la Cibeles, era la sede del Ministerio de la Guerra en Julio de 1936.
En al Ministerio de la Guerra ubicado en el Palacio de Buenavista en la plaza de Cibeles, Casares Quiroga, Presidente del Consejo y a su vez Ministro de la Guerra despacha con el general Miguel Núñez del Prado, el cual antes de reunirse con el Ministro ha realizado diversas gestiones junto al coronel Ignacio Hidalgo de Cisneros, para asegurarse la lealtad de los jefes de los aeródromos militares de la Península, por lo general favorables al Gobierno. El general hace saber al ministro que lo más importante es mantener localizada la sublevación en África e impedir que se extienda a la Península. Van repasando las diferentes guarniciones y la posible actitud de sus jefes. En Canarias Franco se ha sublevado, en Baleares está Goded que no ofrece muchas garantías, al igual que Mola en Pamplona, en Zaragoza la actitud de Cabanellas es una incógnita. En Valladolid y Burgos están al mando Molero y Batet, generales de total confianza, en Sevilla el general Villa-Abrille tampoco parece ofrecer ninguna duda, y en otras regiones como Galicia, Castilla la Nueva, Pais Vasco o Murcia la situación parece tranquila y bajo control, al igual que Oviedo donde el general Aranda no es dudoso. En Cataluña Llano de la Encomienda es de confianza, y tanto en Valencia, con Martínez Monje, como en Madrid, la situación no preocupa. Tras analizar la situación deciden que un punto clave puede ser Zaragoza, donde la actitud de Cabanellas, un general republicano y masón, amigo de Núñez del Prado, puede resultar determinante. Núñez del Prado se ofrece personalmente para dirigirse a la capital aragonesa para dialogar con Cabanellas.
Retrato del general Miguel Nuñez de Prado, que el día 18 partió hacia Zaragoza para entrevistarse con el también general Cabanellas, donde sería fusilado posteriormente.
Francisco Largo Caballero ha llegado la noche anterior desde Londres y Paris, tras asistir a una reunión de la Organización Internacional del Trabajo. Anticipándose a su llegada varios militantes del partido, la UGT y las Juventudes Socialistas se han adelantado hasta la estación de Villalba, para ponerle al tanto de las novedades y las inquietantes noticias que llegan desde África. Desde allí continua el viaje a Madrid en automóvil, el Gobierno no quiere que se forme una manifestación espontánea a su llegada a la estación en la que se puedan producir tumultos. En la mañana del 18 se encuentra en la sede de la UGT en la calle de Fuencarral acompañado por Wenceslao Carrillo, la actividad es frenética en la sede. Largo Caballero está en contacto con los responsables del sindicato y del partido de las diferentes provincias, el principal objetivo es conseguir armas para repartir al pueblo con las que oponerse a los sublevados.
Francisco Largo Caballero, representante del sector más izquierdista del Partido Socialista y máximo dirigente de la UGT.
Los periodistas han sido convocados en el Ministerio de la Gobernación en la Puerta del Sol. El ministro no puede recibirlos, en su lugar son recibidos por el subsecretario de Gobernación, Osorio Tafall. Este les informa de que en breve recibiran una nota de prensa para publicar en los periodicos de la noche, así mismo les informa de que en la Península reina la tranquilidad, aunque en África la situación continua incierta. Hacia allí han salido fuerzas para apoyar a las unidades leales. Según sus palabras gracias a las medidas desplegadas por el Gobierno se ha desarticulado un amplio movimiento de carácter subversivo, principalmente militar, deteniéndose a un buen número de implicados. A la pregunta de un periodista sobre la situación en Navarra, el subsecretario se muestra intranquilo y manifiesta que todos esos rumores son mentiras. Los periodistas abandonan decepcionados el edificio, esta claro que el Gobierno no quiere dar a conocer la situación real, entre ellos comentan que todos los indicios apuntan hacia un inminente cambio de gobierno.
Un grupo de militares perteneciente a la UMRA (Unión Militar Republicana Antifascista) se encuentran reunidos en la logia Matritense situada en la calle del Principe nº12. Intercambian opiniones entre ellos sobre cual es la verdadera situación, y hacen cábalas sobre cual será la actitud de los mandos militares: Sevilla con Queipo de Llano, Zaragoza con Cabanellas hacia donde se dirige Núñez de Prado, Mola en Pamplona del que todos desconfían. En Madrid en el Cuartel de la Montaña están acuartelados. En la división, ubicada en el Palacio de los Consejos, reina la confusión, uno de los militares de la tertulia acaba de regresar de allí y reconoce haber hablado con el coronel Pañamaría, el cual se ha mostrado descortés y amenazador..., los militares de la UMRA piensan que Miaja está acorralado por el propio Peñamaría, apoyado por los capitanes Jover Luque y Julian Peña. Por otro lado el ministro ha enviado a su ayudante, Diaz Varela, a reclamar los cincuenta mil cerrojos de fusil almacenados en el Cuartel de la Montaña, donde el coronel Moisés Serra se los ha negado con diferentes argumentos.
Por la tarde Dolores Ibarruri, diputada del Partido Comunista por Asturias, desde un despacho del Ministerio de la Gobernación donde se ha instalado un improvisado estudio radifonico, se dirige al pueblo de Madrid y al de toda España en nombre del Partido Comunista:
“Trabajadores, antifascistas, pueblo laborioso: todos en pié, dispuestos a defender la República, las libertades populares y las conquistas democráticas del pueblo...”
La potente voz de la mujer, muy popular entre las clases humildes por su particular carisma, resuena en los aparatos de radio de muchos hogares españoles. Finaliza:
“...El Partido Comunista os llama a todos a la lucha. Os llama a todos, trabajadores, a ocupar un puesto en el combate para aplastar definitavemente a los enemigos de la república y de las libertades populares. ¡Viva la unión de todos los antifascistas! ,¡Viva la República del Pueblo!.
Mientras La Pasionaria pronuncia estas palabras, son muchos los ciudadanos que llevan horas esperando a que se les faciliten armas para enfrentarse a los sublevados. En todas las barriadas obreras, Cuatro Caminos, Tetuán, Vallecas, Pacífico, la Guindalera y en muchos otros el grito es unánime:
-¡Armas, armas, armas...!
Dolores Ibarruri “La Pasionaria” en un mitin en Las Ventas.
Mientras tanto por la ciudad va tomando fuerza el rumor de un inminente cambio de Gobierno. El jefe del partido Unión Republicana, presidente de las Cortes, y gran oriente de la masonería, el diputado sevillano Diego Martínez Barrio, ha sido requerido por Azaña en el Palacio de Oriente, donde también se ha reunido con Felipe Sánchez Román, lider del Partido Nacional Republicano, el cual no pertenece al Frente Popular. Por la tarde el Gobierno de Casares Quiroga he estado reunido, y a la reunion han asistido los lideres de las dos corrientes mayoritarias dentro del Partido Socialista: Prieto y Largo Caballero. Este último ha abandonado indignado la reunión.
A primera hora de la noche se confirma que la dimisión del Gobierno es un hecho, y también que Martínez Barrio va a formar uno nuevo a base de republicanos de centro con exclusión de los socialistas, como Ministro de la Guerra todo parece apuntar a que será el general Miaja. La principal misión de este nuevo gabinete es la de pactar con los sublevados.
Mientras tanto, miembros de partidos y sindicatos empiezan a establecer controles por la ciudad y la periferia, en diferentes puntos estratégicos se comienzan a construir barricadas, a la vez se comienzan a repartir algunas armas que poco a poco se van consiguiendo por diferentes medios. Las organizaciones obreras controlan las barriadas.
Segun avanzba la jornada del 18, grupos de civiles armados comenzaban a establecer controles en diversos puntos de la ciudad.
Manuel Azaña ha encargado a Martinez Barrio la formación de un nuevo Gobierno, es su ultima baza, su “clavo ardiendo” al que agarrarse antes de que el enfrentamiento sea inevitable. No es tarea fácil la que le espera a Martínez Barrio, por una lado los militares sublevados, apoyados por un buen número de partidos y organizaciones, por otro lado los contrarios a cualquier acercamiento con los rebeldes, cuya cabeza visible es Largo Caballero, con el apoyo de gran partes de los militantes de su partido y sindicato, así como por los comunistas y por los anarquistas, estos último hasta hace pocas horas enemigos encarnizados de socialistas y comunistas. Martinez Barrio no ha conseguido reunir un gobierno de concertación nacional, como era deseo de Azaña, los socialistas se han negado a formar parte del mismo, así como otras formaciones y distintas personalidades. La constitución oficial del nuevo gobierno tendrá lugar a las seis de la mañana del día siguiente, Miaja será Ministro de la Guerra, Augusto Barcia lo será de Gobernación, y en los demás ministerios, nombres prestigiosos políticamente no demasiado desgastados: Justino Azcárate, Ramos, Lara, Blasco Garzón, Giral, Lluhí, Feced, Giner de los Ríos, Álvarez Buylla, Marcelino Domingo y Sánchez Román.
Don Diego Martínez Barrio recibiría el encargo del Presidente de la República de formar gobierno el día 18 para sustituir al de Casares Quiroga.
Martinez Barrio trata de ponerse en contacto con los principales líderes de los sublevados en un último intento: no lo intenta con Queipo de Llano, ya que considera inútil la gestión. Habla con el general Patxot, que se ha sublevado en Málaga, pero promete retirar las tropas de la calle, también ha conseguido garantías del general Camping en Granada. También ha hablado por teléfono con Cabanellas en Zaragoza, pero todo parece indicar que se haya sublevado. Martínez Monje en Valencia y Llano de la Encomienda en Cataluña se mantienen leales al Gobierno. Por su parte Miaja ha hablado con el general Mola, que le confiesa que está sublevado y que se ha hecho cargo de la 6ª Región Militar con sede en Burgos donde ha sido detenido el general Batet. Pero Martínez Barrio no pierde la esperanza de hacer cambiar la opinión de Mola, y durante la noche consigue hablar con Mola, ofreciéndole incluso el Ministerio de la Guerra, pero sin ningún resultado. Parece que el general contestó: “Ya es tarde. Muy tarde”.
Así finaliza en Madrid el caluroso sábado 18 de Julio de 1936. En las rotativas los periódicos se preparan para salir la mañana del día 19 con el titular “VIVA LA REPUBLICA ESPAÑOLA”.
Consejo de Ministros celebrado el 12 de Mayo de 1936 donde encontramos alguno de los principales protagonistas de los acontecimientos de julio, como Azaña, Casares o Giral. Del café Colonial salen los periodistas Eduardo Castro del Heraldo, acompañado de Guzmán y Haro del diario Libertad. Han pasado la noche en una sala que para corresponsales de prensa está instalada en la planta superior del antiguo edifico de Teléfonos. Han intentado en vano comunicar con Melilla, Ceuta o Tetuán, las comunicaciones con África están cortadas. Llevan esperando nuevas noticias desde que el día anterior Indalecio Prieto confesara a los periodistas reunidos en el bar del Congreso: “La guarnición de Melilla se ha sublevado...”. Sin embargo, aunque hubieran conseguido alguna información no habrían podido publicarla, la censura prohibe escribir sobre la sublevación en Melilla.
El General Sebastián Pozas Perea, general de división y que ocupa el cargo de inspector de la Guardia Civil, ha permanecido toda la noche en el Ministerio de Gobernación, intentando asegurar la lealtad de las diferentes comandancias al Gobierno. Recibe una llamada de Tetuán en la que se le informa que las fuerzas del Tercio y los Regulares se han sublevado y rodean el edificio de la comandancia, tras unos minutos la comunicación se corta. El general Pozas confía en la lealtad del cuerpo, cuando menos en la Peninsula, si la Escuadra cierra el camino a los rebeldes la sublevación puede considerarse abortada.
En la estación del Ministerio de Marina de Ciudad Lineal, el oficial telegrafista Benjamín Balboa se encuentra de servicio, transmitiendo ordenes y rebiendo comunicados e informes. A la Escuadra se le ha ordenado bloquear Melilla, Larache y Ceuta. De El Ferrol y Cartagena han zarpado diferentes unidades, la aviación se dispone a bombardear Melilla y Tetuán. Balboa recibe un mensaje que le acaban de transmitir desde Cartagena: “Santa Cruz de Tenerife, el 18 a las 7:10. El general comandante militar de las Islas Canarias al almirante jefe de la Base de Cartagena. Enradiograma de esta fecha digo a general jefe de Circunscripción Oriental de África lo siguiente: Gloria al heroico ejército de África. España sobre todo. Recibid el saludo entusiasta estas guarniciones que se unen a vosotros y demás compañeros Península en estos momentos históricos. Fe ciega en el triunfo. Viva España con Honor. Dígolo para conocimiento de V.E. Firmado: Francisco Franco”. Cartagena pide que el mensaje sea transmitido a toda la flota, a lo que Balboa se niega.
Benjamín Balboa rápidamente establece contacto con el Ministerio de la Guerra de donde le piden que les haga llegar el texto del mensaje. Balboa lo escribe y pide aun ordenanza que lo entregue en el Ministerio. El jefe de la estación, el capitán de corbeta don Castor Ibáñez, recrimina a Balboa su actitud, le quita el radiograma y tras advertirle de que ha cometido una falta gravísima se dirige hacia una de las cabinas telefónicas. Por su parte Balboa se dirige a la centralita y desde allí intercepta la conversación, el capitán Ibáñez ha telefoneado al almirante Salas, jefe de Estado Mayor de la Marina, el cual le ordena que el telegrama sea transmitido a la totalidad de la Flota. Balboa se encara con el capitán y en medio de la discusión saca su pistola y le encañona: “en nombre del Gobierno, queda usted detenido”. Tras ello encierra al capitán en un cuarto y ordena que el mensaje sea llevado al Ministerio de la Guerra.
El Palacio de Buenavista en la calle de Alcalá, junto a la Cibeles, era la sede del Ministerio de la Guerra en Julio de 1936. En al Ministerio de la Guerra ubicado en el Palacio de Buenavista en la plaza de Cibeles, Casares Quiroga, Presidente del Consejo y a su vez Ministro de la Guerra despacha con el general Miguel Núñez del Prado, el cual antes de reunirse con el Ministro ha realizado diversas gestiones junto al coronel Ignacio Hidalgo de Cisneros, para asegurarse la lealtad de los jefes de los aeródromos militares de la Península, por lo general favorables al Gobierno. El general hace saber al ministro que lo más importante es mantener localizada la sublevación en África e impedir que se extienda a la Península. Van repasando las diferentes guarniciones y la posible actitud de sus jefes. En Canarias Franco se ha sublevado, en Baleares está Goded que no ofrece muchas garantías, al igual que Mola en Pamplona, en Zaragoza la actitud de Cabanellas es una incógnita. En Valladolid y Burgos están al mando Molero y Batet, generales de total confianza, en Sevilla el general Villa-Abrille tampoco parece ofrecer ninguna duda, y en otras regiones como Galicia, Castilla la Nueva, Pais Vasco o Murcia la situación parece tranquila y bajo control, al igual que Oviedo donde el general Aranda no es dudoso. En Cataluña Llano de la Encomienda es de confianza, y tanto en Valencia, con Martínez Monje, como en Madrid, la situación no preocupa. Tras analizar la situación deciden que un punto clave puede ser Zaragoza, donde la actitud de Cabanellas, un general republicano y masón, amigo de Núñez del Prado, puede resultar determinante. Núñez del Prado se ofrece personalmente para dirigirse a la capital aragonesa para dialogar con Cabanellas.
Retrato del general Miguel Nuñez de Prado, que el día 18 partió hacia Zaragoza para entrevistarse con el también general Cabanellas, donde sería fusilado posteriormente.Francisco Largo Caballero ha llegado la noche anterior desde Londres y Paris, tras asistir a una reunión de la Organización Internacional del Trabajo. Anticipándose a su llegada varios militantes del partido, la UGT y las Juventudes Socialistas se han adelantado hasta la estación de Villalba, para ponerle al tanto de las novedades y las inquietantes noticias que llegan desde África. Desde allí continua el viaje a Madrid en automóvil, el Gobierno no quiere que se forme una manifestación espontánea a su llegada a la estación en la que se puedan producir tumultos. En la mañana del 18 se encuentra en la sede de la UGT en la calle de Fuencarral acompañado por Wenceslao Carrillo, la actividad es frenética en la sede. Largo Caballero está en contacto con los responsables del sindicato y del partido de las diferentes provincias, el principal objetivo es conseguir armas para repartir al pueblo con las que oponerse a los sublevados.
Francisco Largo Caballero, representante del sector más izquierdista del Partido Socialista y máximo dirigente de la UGT. Los periodistas han sido convocados en el Ministerio de la Gobernación en la Puerta del Sol. El ministro no puede recibirlos, en su lugar son recibidos por el subsecretario de Gobernación, Osorio Tafall. Este les informa de que en breve recibiran una nota de prensa para publicar en los periodicos de la noche, así mismo les informa de que en la Península reina la tranquilidad, aunque en África la situación continua incierta. Hacia allí han salido fuerzas para apoyar a las unidades leales. Según sus palabras gracias a las medidas desplegadas por el Gobierno se ha desarticulado un amplio movimiento de carácter subversivo, principalmente militar, deteniéndose a un buen número de implicados. A la pregunta de un periodista sobre la situación en Navarra, el subsecretario se muestra intranquilo y manifiesta que todos esos rumores son mentiras. Los periodistas abandonan decepcionados el edificio, esta claro que el Gobierno no quiere dar a conocer la situación real, entre ellos comentan que todos los indicios apuntan hacia un inminente cambio de gobierno.
Un grupo de militares perteneciente a la UMRA (Unión Militar Republicana Antifascista) se encuentran reunidos en la logia Matritense situada en la calle del Principe nº12. Intercambian opiniones entre ellos sobre cual es la verdadera situación, y hacen cábalas sobre cual será la actitud de los mandos militares: Sevilla con Queipo de Llano, Zaragoza con Cabanellas hacia donde se dirige Núñez de Prado, Mola en Pamplona del que todos desconfían. En Madrid en el Cuartel de la Montaña están acuartelados. En la división, ubicada en el Palacio de los Consejos, reina la confusión, uno de los militares de la tertulia acaba de regresar de allí y reconoce haber hablado con el coronel Pañamaría, el cual se ha mostrado descortés y amenazador..., los militares de la UMRA piensan que Miaja está acorralado por el propio Peñamaría, apoyado por los capitanes Jover Luque y Julian Peña. Por otro lado el ministro ha enviado a su ayudante, Diaz Varela, a reclamar los cincuenta mil cerrojos de fusil almacenados en el Cuartel de la Montaña, donde el coronel Moisés Serra se los ha negado con diferentes argumentos.
Por la tarde Dolores Ibarruri, diputada del Partido Comunista por Asturias, desde un despacho del Ministerio de la Gobernación donde se ha instalado un improvisado estudio radifonico, se dirige al pueblo de Madrid y al de toda España en nombre del Partido Comunista:
“Trabajadores, antifascistas, pueblo laborioso: todos en pié, dispuestos a defender la República, las libertades populares y las conquistas democráticas del pueblo...”
La potente voz de la mujer, muy popular entre las clases humildes por su particular carisma, resuena en los aparatos de radio de muchos hogares españoles. Finaliza:
“...El Partido Comunista os llama a todos a la lucha. Os llama a todos, trabajadores, a ocupar un puesto en el combate para aplastar definitavemente a los enemigos de la república y de las libertades populares. ¡Viva la unión de todos los antifascistas! ,¡Viva la República del Pueblo!.
Mientras La Pasionaria pronuncia estas palabras, son muchos los ciudadanos que llevan horas esperando a que se les faciliten armas para enfrentarse a los sublevados. En todas las barriadas obreras, Cuatro Caminos, Tetuán, Vallecas, Pacífico, la Guindalera y en muchos otros el grito es unánime:
-¡Armas, armas, armas...!
Dolores Ibarruri “La Pasionaria” en un mitin en Las Ventas. Mientras tanto por la ciudad va tomando fuerza el rumor de un inminente cambio de Gobierno. El jefe del partido Unión Republicana, presidente de las Cortes, y gran oriente de la masonería, el diputado sevillano Diego Martínez Barrio, ha sido requerido por Azaña en el Palacio de Oriente, donde también se ha reunido con Felipe Sánchez Román, lider del Partido Nacional Republicano, el cual no pertenece al Frente Popular. Por la tarde el Gobierno de Casares Quiroga he estado reunido, y a la reunion han asistido los lideres de las dos corrientes mayoritarias dentro del Partido Socialista: Prieto y Largo Caballero. Este último ha abandonado indignado la reunión.
A primera hora de la noche se confirma que la dimisión del Gobierno es un hecho, y también que Martínez Barrio va a formar uno nuevo a base de republicanos de centro con exclusión de los socialistas, como Ministro de la Guerra todo parece apuntar a que será el general Miaja. La principal misión de este nuevo gabinete es la de pactar con los sublevados.
Mientras tanto, miembros de partidos y sindicatos empiezan a establecer controles por la ciudad y la periferia, en diferentes puntos estratégicos se comienzan a construir barricadas, a la vez se comienzan a repartir algunas armas que poco a poco se van consiguiendo por diferentes medios. Las organizaciones obreras controlan las barriadas.
Segun avanzba la jornada del 18, grupos de civiles armados comenzaban a establecer controles en diversos puntos de la ciudad. Manuel Azaña ha encargado a Martinez Barrio la formación de un nuevo Gobierno, es su ultima baza, su “clavo ardiendo” al que agarrarse antes de que el enfrentamiento sea inevitable. No es tarea fácil la que le espera a Martínez Barrio, por una lado los militares sublevados, apoyados por un buen número de partidos y organizaciones, por otro lado los contrarios a cualquier acercamiento con los rebeldes, cuya cabeza visible es Largo Caballero, con el apoyo de gran partes de los militantes de su partido y sindicato, así como por los comunistas y por los anarquistas, estos último hasta hace pocas horas enemigos encarnizados de socialistas y comunistas. Martinez Barrio no ha conseguido reunir un gobierno de concertación nacional, como era deseo de Azaña, los socialistas se han negado a formar parte del mismo, así como otras formaciones y distintas personalidades. La constitución oficial del nuevo gobierno tendrá lugar a las seis de la mañana del día siguiente, Miaja será Ministro de la Guerra, Augusto Barcia lo será de Gobernación, y en los demás ministerios, nombres prestigiosos políticamente no demasiado desgastados: Justino Azcárate, Ramos, Lara, Blasco Garzón, Giral, Lluhí, Feced, Giner de los Ríos, Álvarez Buylla, Marcelino Domingo y Sánchez Román.
Don Diego Martínez Barrio recibiría el encargo del Presidente de la República de formar gobierno el día 18 para sustituir al de Casares Quiroga. Martinez Barrio trata de ponerse en contacto con los principales líderes de los sublevados en un último intento: no lo intenta con Queipo de Llano, ya que considera inútil la gestión. Habla con el general Patxot, que se ha sublevado en Málaga, pero promete retirar las tropas de la calle, también ha conseguido garantías del general Camping en Granada. También ha hablado por teléfono con Cabanellas en Zaragoza, pero todo parece indicar que se haya sublevado. Martínez Monje en Valencia y Llano de la Encomienda en Cataluña se mantienen leales al Gobierno. Por su parte Miaja ha hablado con el general Mola, que le confiesa que está sublevado y que se ha hecho cargo de la 6ª Región Militar con sede en Burgos donde ha sido detenido el general Batet. Pero Martínez Barrio no pierde la esperanza de hacer cambiar la opinión de Mola, y durante la noche consigue hablar con Mola, ofreciéndole incluso el Ministerio de la Guerra, pero sin ningún resultado. Parece que el general contestó: “Ya es tarde. Muy tarde”.
Así finaliza en Madrid el caluroso sábado 18 de Julio de 1936. En las rotativas los periódicos se preparan para salir la mañana del día 19 con el titular “VIVA LA REPUBLICA ESPAÑOLA”.
Florentino Areneros.
2 comentarios:
Que sabio, oportuno y necesario volver al Tres días de julio del maestro Luis Romero.
Para mi, y creo que para muchos, un libro iniciático, luminoso, y también auroral. Allá por los primeros anos 70 fue una de mis tempranas lecturas de aquella guerra.
Cuantos personajes desvelados, cuantas escenas inolvidables, cuantas pistas a seguir, y sobre todo, ¡Que emoción en el relato!
Al igual que en su caso, para mi también fue un libro iniciático, afortunadamente. Si cuando empecé a interesarme en este mundo de la guerracivilmaquia, lo hubiera hecho con un libro de Viñas por ejemplo, seguramente ahora estaría sumergido en lecturas templarias, de santos griales y túnicas sagradas, al uso de los tiempos que corren. Por avatares de la vida mis lecturas sobre la guerra civil comenzaron hace solo unos pocos años, de ahí la diferencia entre una figura consagrada y un simple maletilla.
Tras leer “Tres días de julio”, llegó a mis manos “Desastre en Cartagena” lo que acabó de convertirme en “currista” convencido, quiero decir en “romerista” (curiosa coincidencia de apellidos entre el maestro de Camas y nuestro admirado historiador). Seguramente sea la atención a los personajes, a las personas, en muchos casos anónimas pero a la vez protagonistas, lo que más me atrajo de su lectura, sin olvidar esa emoción en el relato que usted tan acertadamente menciona.
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