viernes, 31 de enero de 2020

LA MUERTE DE DURRUTI

LA MUERTE DE DURRUTI
EN EL HOTEL RITZ

Buenaventura Durruti herido en una cama del Hotel Ritz. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El 20 de noviembre de 1936 fallecía en una habitación del madrileño hotel Ritz el líder anarquista Buenaventura Durruti, quien había sido herido horas antes en las proximidades del hospital Clínico. Las circunstancias en las que fue herido de muerte de Durruti todavía siguen rodeadas de un halo de misterio. Este artículo firmado por Javier Egido nos acerca a aquellos momentos, y sirve de presentación a la ruta que el autor guiará próximamente por el barrio de Salamanca (CLIC AQUÍ PARA MÁS INFORMACIÓN), donde el Hotel Ritz es una de las paradas obligadas del recorrido.


Por Javier Egido

El interior del hotel Ritz, de la Plaza de la Lealtad (Madrid), se desplomó el 18 de septiembre de 2018 durante las obras de reforma que se estaban realizando en ese momento. En el accidente murió un trabajador, de 41 años, y otros siete obreros resultaron heridos. La habitación en la que falleció Durruti, es más que probable que se haya perdido para siempre.

El hotel Ritz debe su nombre a César Ritz, un empresario suizo de la Belle Époque, que partiendo de un origen humilde consiguió triunfar. Su madre le mandó a estudiar a los jesuitas de Sion (Suiza) donde aprendió francés, inglés y perfeccionó el alemán lo que le resultó muy útil en el futuro. Pronto dejó los estudios para colocarse como aprendiz de camarero en el hotel Couronnes et Poste en Brig. Ritz daba el perfil laboral pues era extrovertido y le agradaba el trato con los clientes. Con motivo de la Exposición Universal de 1867 se traslada a París encontrando trabajo en el restaurante del hotel de la Fidelitè alcanzando el puesto de maître. Luego pasó al elegante Voisin, uno de los mejores restaurantes de París, donde aprendió todo sobre fogones, vinos y etiqueta. Estudió los hábitos de la alta sociedad parisina, era hábil memorizando los nombres de los comensales y sus preferencias, anticipándose siempre a sus requerimientos. Su carrera profesional da un importante salto cuando le ofrecen la dirección del Gran Hotel Nacional de Lucerna. Estuvo allí once años y lo convirtió en uno de los hoteles más modernos y elegantes de Europa con una serie de medidas novedosas como la instalación de cuartos de baño privados en cada suite, así como su cuidada decoración. Perfeccionó la atención al cliente centralizando el servicio de habitaciones desde la recepción y estableció un código de conducta para el personal basado en la máxima “el cliente siempre tiene razón”. El siguiente elemento que añade seducción para los clientes del hotel es la cocina, es decir, la excelencia gastronómica. Constituyó una novedad pues en esa época no era habitual ir a comer a un hotel, salvo los que se alojaban en él. Contrató al muy innovador chef Auguste Escoffier, formando un tándem triunfador, que se consolidó en lo más alto trabajando juntos en el Hotel Savoy de Londres durante diez años.

Cesar Ritz y su esposa(Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Desde 1896 va madurando su gran sueño que es la apertura de su propio establecimiento. El Ritz abrió sus puertas el 1 de junio de 1898, en un edificio del siglo XVII, en el centro de París, en el número 15 de la emblemática plaza Vendôme. Pronto ampliaría el negocio abriendo establecimientos en Londres (1906), Madrid (1910) y Nueva York (1911). Pero apenas pudo disfrutar del éxito. El exceso de trabajo le pasó factura desde 1902 desembocando en una grave neurosis depresiva. Su esposa Marie-Louise, su hijo Charles y su nuera Monique se hicieron cargo del negocio. César Ritz murió el 26 de octubre de 1918, a los 68 años de edad. En 1979 Monique Ritz vendió el último hotel que le quedaba a la familia, el de París, al empresario Mohamed Al-Fayed, su actual propietario. Su hijo Dodi Al-Fayed y su pareja Diana de Gales murieron en accidente de tráfico en 1997 cuando acababan de salir del hotel. Las cámaras de seguridad captaron sus últimas imágenes que dieron la vuelta al mundo.(1)

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El hotel Ritz de Madrid fue construido sobre los terrenos que ocuparon el Teatro Tívoli y el Circo Hipódromo por la cadena hotelera "Ritz Development", quien encargó el proyecto al arquitecto francés Charles H. Mewes, autor de los homónimos de la cadena en París y Londres, y la supervisión del mismo en España, así como la dirección de las obras, a Luis de Landecho Jordán de Urríes. Se trata de un volumen levantado sobre un solar irregular y con tres fachadas, una de ellas curva, para adaptarse a la plaza de la Lealtad, que es en donde se encuentra su entrada principal. Contaba, hasta su derrumbe, con ocho niveles: sótano, donde se sitúan la cocina y sus dependencias, así como los comedores de servicio, despensas, bodegas y cuartos de instalaciones; bajo, destinado a salones de recibo y descanso de viajeros, jardín de invierno, salón de fiestas, restaurant y comedores; cinco superiores para dormitorios y aseos; y sotabanco para los cuartos de la servidumbre. Para la comunicación vertical se proyectó una gran escalera de tres tramos y solada de mármol, junto al acceso, y otra secundaria en el ángulo de las medianerías, así como varios ascensores y montacargas. Las plantas superiores se distribuían según un patio central y rectangular, que fue el que se hundió en la reforma, desplomando los forjados de la segunda planta a la sexta. Era de notables dimensiones, con crujías de habitaciones paralelas a sus lados y a las fachadas, siendo el suelo de aquel acristalado, lo que se aprovechaba en la inferior para colocar el conocido como Jardín de Invierno. Destacaba además este nivel por su distinción, como se podía observar en el diseño del vestíbulo semicircular y en el hall cuadrado y columnado, con nichos en las esquinas, y su diafanidad, con espaciosas salas iluminadas desde el exterior y separadas por columnas. Lamentablemente todo esto se ha perdido para siempre. Las fachadas son de líneas francesas, neobarrocas, suavemente decoradas por Landecho. A pesar de que todo el conjunto goza de unidad y gran equilibrio compositivo, destaca en él el alzado a la Plaza de Cánovas del Castillo, hoy semioculto por un jardín, bien proporcionado y simétrico, flanqueado por torreones curvos rematados por cúpulas(2).

Vista del Hotel Ritz en los años 30. Fotografía Colección Anmogon, cortesía de Andrés Molina González. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Durante la Guerra civil, en un documento del Estado Mayor del Cuartel General del Generalísimo, fechado en octubre de 1936, aparece el Hotel Ritz, en un listado de objetivos en Madrid, como hospital de sangre(3).

El hotel fue incautado para instalar el hospital número 21 de Milicias Confederadas del Centro, controlado por los anarquistas. Allí muere Durruti en la madrugada del día 20 de noviembre de 1936. El dramático desenlace se inicia el día 19 cuando Durruti y Cipriano Mera departen, en el interior del Cuartel de la Guardia Nacional de la calle Guzmán el Bueno, con Feliciano Benito, Manzana, Yoldi y Artemio García preparando el asalto al Clínico con el que Durruti quiere resarcirse de las críticas sufridas, y demostrar a Miaja la capacidad de sus milicias. Mera le informa, además, de ciertos detalles de la estructura del Hospital pues había estado trabajando como albañil en su construcción antes de la guerra. Le informó de que en el Clínico existía una galería que iba a dar al colector general del Manzanares, y era lo suficientemente amplia como para permitir transitar por ella. Durruti se dio por enterado y redactó al instante la orden al capitán para el asalto recomendándole, ante todo la ocupación de la planta baja y de los sótanos. A las ocho y media se le comunicó a Durruti que no era posible mantener comunicación con las fuerzas allí presentes. Entonces el sargento Manzana se dirigió al Clínico, siendo herido en una mano antes de llegar.

Buenaventura Durruti conversa con el sargento Manzana. Al poco de ser tomada esta foto, sería alcanzado por una bala que le causaría la muerte. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Durruti abandonó el puesto de observación para ordenar al jefe del batallón que tenía de reserva en la avenida de la Reina Victoria que atacase con dos compañías a las fuerzas enemigas instaladas en los sótanos y en la planta baja del Hospital Clínico(4). Se inicia el ataque según el plan previsto logrando penetrar a duras penas en el edificio. Regulares y legionarios resisten en una lucha de gran violencia. A las doce treinta horas, las noticias que le llegan a Durruti a su Cuartel General del Palacio de los Duques de Sotomayor, en la calle Miguel Ángel, hablan de gran número de bajas entre sus hombres, cansancio y desmoralización. Durruti da la orden de resistir a toda costa y decide acudir para controlar la situación personalmente. La situación es muy complicada. Vicente Rojo sopesa ordenar al coronel Alzugaray desarmar a los anarquistas y no dar más oportunidades a Durruti y a sus hombres. Por tanto, a las trece horas salen del Palacio de los Duques de Montemayor dos vehículos, el primero conducido por Lorente, con Bonilla y Doga, seguido por el Packard que conduce Graves, con Durruti y el sargento Manzana en el asiento posterior. El itinerario recorrido partió de la calle Miguel Ángel hasta su confluencia con el Paseo de la Castellana, que subieron hasta la intersección de la calle Raimundo Fernández Villaverde, para llegar a la Glorieta de Cuatro Caminos, bajar por Pablo Iglesias (actual Reina Victoria) y atravesando la Colonia Metropolitana, alcanzarían la Avenida del Valle, estacionando finalmente el vehículo en la calle de la Viña. Allí Durruti recibió el balazo mortal de manera accidental, de su propio subfusil “naranjero” o del de su acompañante, el sargento Manzana. Los doctores que le examinaron coinciden en que por los restos de pólvora en la guerrera y la piel, las quemaduras apreciables así como la trayectoria del impacto, el proyectil del calibre 9 mm. largo no pudo ser efectuado a una distancia mayor de 35-40 cm., casi a quemarropa y efectuado de abajo hacia arriba. La bala penetró a la altura del cuarto espacio intercostal izquierdo, con salida por la espalda. Los naranjeros eran muy inestables al golpearse, carecían de seguro fiador. De hecho, Durruti no fue el único. Otro líder miliciano, López Tienda, sufrió un incidente parecido en la retirada de Móstoles, encontrando la muerte de la misma manera.

Por tanto, Graves, cuando vio malherido a su jefe, giró el vehículo rápidamente enfilando la avenida del Valle y Pablo Iglesias, a toda velocidad en dirección al Hotel Ritz, donde se encontraba instalado el Hospital de Milicias Confederadas de Centro, y a las quince horas ya estaba sobre los quirófanos ubicados en los sótanos del hotel.

El doctor Manuel Bastos Ansart en uniforme militar. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El doctor Santamaría, jefe médico que le recibe y el resto de facultativos, ante la gravedad de la herida y, sobre todo, ante la tesitura que supone operar a vida o muerte ni más ni menos que a Durruti, conscientes de que un fatal desenlace dispararían las sospechas sobre la praxis médica de los cirujanos, decidieron llamar al doctor Manuel Bastos Ansard, el mejor especialista existente entonces en Madrid y que se encontraba operando muy cerca, en la rotonda del Hotel Palace, en ese momento Hospital Militar(5), y son requeridos sus servicios por un grupo de milicianos visiblemente nerviosos, según cuenta el doctor Bastos. Relata además que en el trayecto, a pesar de ser corto, fue muy accidentado debido a los estampidos producidos por los continuos bombardeos. El doctor Bastos llega a los sótanos del Ritz, diagnostica una herida mortal de necesidad, confirmando el primer dictamen de sus colegas, y acuerda no operar, ordenando que se le administre morfina hasta su muerte, que le llega a las cuatro de la madrugada del día 20. Refiere el doctor Bastos que en la habitación se oyó el suspiro que exhalaron todos los médicos asistentes. Pues éstos se habían quitado con ello un gran peso de encima: el de que se les conminara a operar al herido con el temor de su más que probable fallecimiento. Les responsabilizarían del óbito con todas sus consecuencias. Y finaliza el doctor Bastos: “Me he encontrado años después a varios médicos de los que asistieron a aquella escena, y todavía temblaban al evocarla, no se atrevían a darse a conocer más que de oído a oído y palidecían a su solo recuerdo”.(6)

En la imagen Wenceslao Carrillo. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Pasaron dos años, y el 7 de noviembre de 1938 se organizó en el hotel un almuerzo, que incluía como extra un cigarro, para conmemorar el segundo aniversario de la batalla de Madrid. Pronunciaron discursos, entre otros, Wenceslao Carrillo, que era en esos momentos Subsecretario de Gobernación. Entre los actos que se organizaron por esta conmemoración destaca la visita del Consejo municipal a las 10:30 horas a las tumbas de los compañeros internacionales enterrados en el cementerio de Fuencarral.

Imagen del cementerio de Fuencarral donde fueron enterrados muchos de los brigadistas fallecidos en Madrid.

Fueron invitados al acto las fuerzas militares y civiles, así como los siguientes medios de comunicación:

Diarios de la Mañana:
ABC (Serrano, 55), incautado por los Republicanos de Izquierdas – Ahora (Pº. San
Vicente, 16), incautado por la JSU – El Liberal (Marqués de Cubas, 7), Republicano de
Izquierdas – La Libertad (Madera, 8), Republicano de Izquierdas – El Sol (Larra, 8),
Republicano – Castilla Libre (Fernando el Santo, 23) – Política (Alfonso XI, 4), de
Izquierda Republicana – El Socialista (Trafalgar, 31), órgano del PSOE. Director Julián
Zugazagoitia – Febos (Álvarez Quintero, 2)

Diarios de la Tarde:
La Voz (Larra, 8), del equipo Urgoiti como El Sol – Informaciones (Madera, 8),
socialista del grupo de Indalecio Prieto – Heraldo de Madrid (Marqués de Cubas, 7),
Republicano de Izquierdas – Claridad (Narváez, 72), socialista de Largo Caballero – El
Sindicalista (San Bernardo, 68) del Partido Sindicalista – CNT (Larra, 8), de la CNT FAI, anarquista – Mundo Obrero (Alfonso XI, 4) del Partido Comunista.
Agencia Española (Medinaceli, 2)
Unión Radio (Castellana esquina Martínez de la Rosa) (7).

NOTAS

1. Joric, Carlos: César Ritz, el césar de los hoteleros. Historia y Vida nº 613. Pág. 69-75. Abril 2019.
2. http://212.145.146.10/biblioteca/fondos/ingra2014/index.htm#inm.F1.233 (COAM)
3. AGMAV, CGG, R55, A7, L367, Cp12
4. MERA, Cipriano: Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista. Editan la Confederación Sindical Solidaridad Obrera y la Malatesta editorial. 3ª Ed. 2016. (pág.133)
5. CANCIO FERNÁNDEZ, Raúl C. El enigma de la muerte de Durruti. Frente de Madrid nº 15, GEFREMA, Julio 2009. (pág.24-31).
6. BASTOS ANSART, Manuel: De las guerras coloniales a la guerra civil. Memorias de un cirujano. Ariel, Barcelona 1969. (pág.317-318)
7. AV, 30-120-127

Portada del nº15 de la revista Frente de Madrid , que incluye un extraordinario y documentado artículo central de Raúl César Cancio dedicado a la muerte de Durruti. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

sábado, 28 de diciembre de 2019

EL ABUELO BRIGADISTA DE GARETH BALE

ESTE ARTÍCULO
FUE PUBLICADO EL
28 DE DICIEMBRE DE 2019
DÍA DE LOS INOCENTES
TODAS LAS FOTOGRAFÍAS
SON AUTÉNTICAS
Detalle de una fotografía donde vemos un primer plano de Jonathan Bale durante su reclusión en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña en Burgos. El enorme parecido con su nieto es manifiesto. (Fotografía Biblioteca Nacional de España). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

EL ABUELO BRIGADISTA
DE GARETH BALE

Por Florentino Areneros

La Guerra Civil española está llena de singulares y emotivas historias personales, la mayoría de ellas son completamente desconocidas por el gran público, y muchas se acaban perdiendo para siempre cuando desaparecen sus protagonistas. Algunas resultan tan increíbles y fantásticas que muchos las consideran directamente una ficción fruto de alguna mente inquieta, cuando no fruto de una chanza. A veces estas historias desconocidas cobran una especial trascendencia cuando tienen alguna relación con el presente, o con algún personaje actual, como es el caso de la historia que traemos hoy a nuestras páginas.

Hace unos meses la Wales International Fighthers (WIFI), una asociación creada por antiguos brigadistas internacionales del País de Gales que a día de hoy sigue desarrollando la intensa actividad, publicó on-line parte de sus archivos y fondos documentales, entre los que se incluyen los informes y entrevistas que un importante número de brigadistas galeses redactaron a petición de la asociación años después de que finalizara la guerra, a comienzos de los años 50 del pasado siglo, en los que narraban su experiencia como miembros de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española. Unos testimonios que constituyen una extraordinaria fuente documental para conocer de primera mano y narrado en primera persona, las vivencias y vicisitudes de todos estos hombres, protagonistas de uno de los episodios más trascendentales de la Historia de España. Entre todos estos informes hemos encontrado el de Jonathan Bale, un joven minero galés que formó parte de las Brigadas internacionales. A ello habría que añadir el fondo documental de la Biblioteca Nacional de España, que guarda las fotografías de los brigadistas internacionales prisioneros en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos).

Jonathan Bale, en el centro, junto a sus inseparables compañeros y amigos Thomas Jones (izquierda) y Kenneth Follet (derecha) posan para el fotógrafo junto a su perro “Churchill”. (Fotografía Biblioteca Nacional de España). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Jonathan Bale nació en el año 1913 en Pontllanfraith, ubicada en el valle de Sirhowy, una pequeña localidad del condado de Caerphilly Gales, en el seno de una humilde familia, cuyos miembros dependían desde hacía generaciones del trabajo en las minas de carbón, al igual que la mayoría de las familias de la comarca. Desde muy joven comenzó a trabajar, acompañando a su padre y tíos, en alguna de las numerosas minas de la región, la mayoría de las veces en muy duras condiciones. Su trabajo forjaría en él una marcada conciencia de clase, lo que le llevaría a afiliarse con solo 17 años al South Wales Miners Association, uno de los sindicatos o “trade union” que formaba parte de la poderosa Miners Federation of Great Britain (MFGB). Las penosas condiciones laborales, acrecentadas por los devastadores efectos de la crisis del 29 y el auge de los fascismos en Europa, convertirían a Jonathan en un comprometido activista pese a su juventud. Participaría en numerosas huelgas, dando en varias ocasiones con sus huesos en el calabozo.

Un grupo de mineros toma una cerveza en el pub de Pontllanfraith tras una dura jornada laboral. A la derecha de la imagen Genevieve, la camarera del local. (Fotografía Archivo del Ayuntamiento de Pontllanfraith). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

A comienzos de octubre de 1936 sería uno de los centenares de mineros galeses que se desplazarían en tren hasta Londres para oponerse a la manifestación que los partidarios de Oswald Mosley, líder del partido Unión Británica de Fascistas, habían convocado para el 4 de octubre. Aquella manifestación terminaría con graves enfrentamientos entre los sindicalistas y los fascistas de Mosley, en lo que se conoció como la Batalla de Cable Street. También participaría activamente en lo que se conoció como las “Marchas del Hambre”. Aquellos acontecimientos habrían de cambiar la vida de Jonathan Bale, convencido desde ese momento del inminente peligro que suponía el fascismo en Europa y de la necesidad de combatirlo.

Tres instantáneas de lo que se conocería como la Batalla de Cable Street que tuvo lugar en Londres el 4 de octubre de 1936. En la foto superior vemos al líder fascista británico Oswald Mosley pasando revista a sus partidarios antes de comenzar la manifestación. En la fotografía central vemos a los manifestantes que se dirigen a oponerse a la manifestación fascista. En la imagen inferior vemos un momento de los graves enfrentamientos entre policía y manifestantes contarios a los fascistas que se produjeron ese día. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Desde España llegaban noticias alarmantes, había comenzado la primera batalla contra el fascismo en Europa. Algunos compañeros del sindicato ya habían partido para España decididos a luchar contra los fascistas que iban ganando terreno de manera imparable. La idea comenzó a tomar fuerza en su cabeza, y finalmente a mediados de enero de 1937 se decidiría a emprender la aventura. Partiría rumbo a Londres en compañía de sus también compañeros y amigos desde la infancia Thomas Jones y Kenneth Follet, de quienes no se separaría en toda la guerra. En la estación Victoria de Londres compraron billetes de ida y vuelta de fin de semana a Paris, para lo que no era necesario pasaporte, burlando de esta forma la ley de alistamiento extranjero de 1870, un método habitual utilizado por los futuros brigadistas británicos. Partieron a Dover donde tomarían un vapor que les llevaría hasta Calais, ya en Francia.

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Una vez en territorio francés, entraron en contacto con miembros del Partido Comunista de Francia, que habría creado una estructura para conseguir encauzar el imparable flujo de voluntarios que desde todos los rincones de Europa. Tras diversas vicisitudes conseguirían llegar a París, y desde allí hasta un pueblecito cercano a la frontera española del que Jonathan no recuerda el nombre en su informe, donde permanecerían un par de semanas hasta que finalmente consiguieron cruzar a territorio español. A los pocos días llegarían a Barcelona, y de allí a Valencia y Alicante. En su escrito Jonathan Bale deja constancia de la grata impresión que le produciría su entrada en España, menciona la constante presencia del Sol y la cegadora luz, en contraste con el brumoso clima al que estaba acostumbrado. También habla con entusiasmos de la visión del Mediterráneo, ese “gran mar azul y tranquilo”, y sus doradas playas. Tras varios días de viaje, que aprovecharían para ir conociendo un país que no dejaba de sorprenderles y admirarles, llegaron a Albacete y desde allí al pequeño pueblo de Madrigueras, donde comenzaría su entrenamiento militar.

Un grupo de brigadistas haciendo instrucción en los primeros días de su llegada a Albacete. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Junto a sus inseparables amigos sería destinado a un pelotón de ametralladoras, seguramente debido a que los tres habían trabajado con percutores neumáticos en las minas de su Gales natal. Les sería asiganda una maquina Maxim, de fabricación soviética, a la que bautizaron como “Sweet Genovieve” en recuerdo de una camarera del pub de su Pontllanfraith natal, tal y como relata Bale en su testimonio escrito. Quedarían bajo las órdenes del sargento Ben Toshack también galés como ellos, famoso en el Batallón por su mal carácter y su afición a comer bien y beber mejor. Hasta Madrigueras habían llegado los ecos de la heroica actuación del Batallón Británico en la Batalla del Jarama, donde sus componentes había protagonizado uno de los episodios más legendarios de toda la guerra con la tenaz resistencia en lo que luego se conoció como la Colina del Suicidio (Suicide Hill), un sangriento enfrentamiento en el que el Batallón perdería más de la mitad de sus componentes, consiguiendo con su extraordinario sacrificio frenar el avance del Ejército Africano del general Franco que había conseguido cruzar el Jarama la noche anterior. Gracias a la valerosa actuación de estos hombres, para muchos era la primera vez que empuñaban un arma, se consiguió frenar el imparable avance de los enemigos durante dos días con una manifiesta inferioridad de efectivos, y permitir la reorganización de las fuerzas republicanas. El sacrifico de los hombres del batallón Británico no había sido en vano.

Miembros del Batallón Británico posan con una de las banderas de la unidad. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Tras interminables semanas de preparación en Madriguerras, “in the middle of nowhere” según palabras del propio Jonathan Bale, por fin serían trasladados al frente. A comienzo de julio de 1937 serían desplazados en tren y posteriormente en camiones hasta algún lugar cercano a Madrid, iba a ser su bautismo de fuego. El 6 de julio comenzaría la ofensiva de Brunete y la compañía de Bale participaría en la toma de Villanueva de la Cañada. Aquello superaba con mucho todo lo que habían podido imaginar sobre la guerra, la visión de los primeros muertos, la sangre y las explosiones que convertían aquello en un auténtico infierno, marcarían profundamente a nuestros jóvenes protagonistas. A ello había que sumar un extraordinario calor, y el hambre y sobre todo la sed. Pese a las enormes dificultades y el terrible choque que la visión de la guerra les produjo, cumplieron con su deber. En los días posteriores participarían en el intento de toma del cerro Mosquito y el vértice Romanillos, bajo una auténtica lluvia de fuego. Al finalizar la batalla, nuevamente el Batallón Británico había sufrido un importantísimo número de bajas, entre ellas la de Kenneth, herido al ser alcanzado por un trozo de metralla, aunque afortunadamente no fue una herida grave y se pudo reincorporar a la unidad pocas semanas después. La dantesca visión de aquellos combates, el horror de la guerra, la muerte y la destrucción marcarían para siempre a Jonathan.

Estandarte del Batallón Británico donde figuran todas las batallas en las que intervino. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Desde ese momento participaría en todas las acciones en las que participó el Batallón, primero en Quinto y luego en Belchite, otro de los lugares donde comprobaría la crueldad de la guerra. Semanas más tarde participaría en los combates de Fuentes de Ebro, una desastrosa operación donde caería el mítico comandante Harold Fry, el héroe de la Colina del Suicidio.

En poco más de tres meses nuestros jóvenes amigos habían experimentado el dramático sabor de una guerra, apenas quedaba ya nada en ellos de aquellos jóvenes idealistas que salieron de Gales al comenzar el año, se habían convertido en unos experimentados y valerosos soldados. Tras la batalla de Fuentes de Ebro tendrían un periodo de descanso en tierras aragonesas, que sería aprovechado para intentar elevar la moral cada vez más dañada de estos hombres. Se organizaron diferentes actividades lúdicas y deportivas para distraer a la tropa, se organizó un campeonato de boxeo, que ganó un inglés, y un partido de fútbol entre componentes del Batallón Británico y un combinado de tropas españolas, que finalmente resultaron vencedoras del “match”. En aquel partido participaría Jonathan Bale jugando como “forward”. Jonathan Bale era un experimentado futbolista, cualidades que sin duda ha heredado el más afamado de sus nietos. En sus memorias achaca la causa de la derrota al terreno de juego “un pedregal donde no podían correr ni las cabras salvajes, pero donde los españoles se desenvolvían de manera diabólica”, en aquel partido Jonathan Bale se lesionaría, echando la culpa al estado del terreno de juego. El día del partido recibirían la visita del cantante, deportista y actor norteamericano Paul Robeson, y del líder del partido laborista Clement Attlee. Les acompañaba el político español Rafael Sánchez Guerra, que había sido presidente del Madrid C.F. hasta el comienzo de la contienda, quien al finalizar el encuentro regalaría un pequeño banderín con el escudo de su equipo a todos los participantes en el partido, un banderín del que Jonathan no se separaría hasta regresar a Gales, al igual que su ya inseparable boina de brigadista, y que presidiría el salón de su casa hasta el final de sus días, él defendía con orgullo que en España había jugado contra el Madrid.

Si en Brunete los miembros del Batallón Británico tuvieron que sufrir temperaturas superiores a los 40 grados centígrados, en Teruel, en la imagen, combatirían a menos de 20 grados bajo cero. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Si en Brunete habían experimentado un calor sahariano, ahora tendrían que padecer un frío siberiano en Teruel en enero de 1938. Tras la toma de la ciudad se desencadenó una extraordinaria ofensiva franquista que acabaría destrozando la resistencia republicana. Los hombres del Batallón Británico se vieron envueltos en las siguientes semanas en una retirada desordenada que habría de producirles numerosas pérdidas. A principios de Marzo, tras abandonar Alcañiz, se dispusieron a trazar una línea de resistencia en las afueras de la localidad. Era una mañana de niebla, nuestros jóvenes protagonistas situaron a “Sweet Genovieve” en la posición indicada por su sargento en uno de los flancos de la compañía. Al poco tiempo comenzó un fuego intenso, Jonathan no recuerda cuanto tiempo pasó, pero sin darse cuenta habían sido rodeados por un grupo de soldados moros, estaban perdidos. Levantaron las manos y se incorporaron, se pusieron en lo peor, sentían el final cerca, la ferocidad y salvajismo de estas tropas era de sobra conocida. Entonces Thomas Jones, con su potente voz, comenzó a entonar el tradicional «Dafydd y Garreg Wen», un triste canto tradicional de Gales. Aquello dejo perplejos a los enemigos, que permanecían absortos ante aquel extraño acontecimiento, mientras les apuntaban con sus fusiles. Sin duda el vozarrón de Thomas llamó la atención en los alrededores, y en ese momento apareció pistola en mano un teniente que dijo a sus hombres:

- A estos no les hagáis nada, llevárselos al comandante

Y dirigiéndose a uno de ellos le dijo

- A ti Mohamed te hago responsable de que lleguen los tres con vida, respondes con la tuya.

A continuación se dirigió a los prisioneros y tras ofrecerles un cigarrillo, comenzó a hablar con ellos pese al poco castellano que dominaban, a excepción de Kenneth que tenía cierta facilidad para las letras y los idiomas, y en el tiempo que llevaban en España había conseguido un nivel medianamente aceptable. Al enterarse de que eran ingleses les dijo que había estado en el Jarama y Brunete, y que admiraba su valor, pero que lamentaba que les hubieran engañado y que lucharan en el lado equivocado.

Un grupo de prisioneros de las Brigadas Internacionales custodiados por miembros de la Guardia Civil. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Seguidamente les condujeron no de muy buena gana y de no muy buenos modos hasta la retaguardia, aprovechando los moros el trayecto para “aligerarles” de algunas pertenencias. Tras más o menos media hora se encontraron con otro grupo más numeroso de prisioneros, que permanecían sentados formando un círculo. Allí se encontraron con otros miembros del Batallón, quienes les informaron que gran parte de los compañeros habían caído. Por la tarde fueron a una pequeña población, donde los prisioneros fueron introducidos en un corral de ovejas para pasar la noche. Los dos días siguientes lo pasaron andando casi todo el día, hasta llegar a una población más grande, de la que no recuerda el nombre, donde fueron introducidos en los vagones de un tren, también de ganado. No recuerda el tiempo que pasaron en el tren, seguramente un día entero con su noche, hasta que llegaron a Burgos. Allí hicieron descender a todos los prisioneros extranjeros y los hicieron montar en camiones, desde donde les trasladaron a un “antiguo convento muy grande” en palabras del propio Jonathan. Se trataba del monasterio de San Pedro de Cardeña, donde fueron confinados cientos de brigadistas internacionales durante la guerra.

Otra instantánea donde vemos a Jonathan Bale (en el centro) acompañado de sus inseparables amigos Thomas Jones (izquierda) y Kenneth Follet (derecha). Esta foto fue tomada antes de que fueran hechos prisioneros. (Fotografía Biblioteca Nacional de España). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Jonathan Bale y sus dos amigos permanecerían varios meses prisioneros. La vida en el monasterio era rutinaria, les obligaban a trabajar en la construcción de una carretera, aunque parece ser que su labor más habitual consistía en mover grandes piedras de un sitio a otro, para volver a llevarlas al sitio anterior al día siguiente. Otra de las ocupaciones más comunes era asistir a las soporíferas charlas de educación, donde les hablaban de los males del comunismo y de las virtudes de la religión. Pero lo que peor llevaban eran las largas ceremonias dominicales formados al sol, escuchando una interminable misa seguida de un no menos duradero discurso bien del responsable del campo, o bien del Obispo que algunos domingo tenía la “amabilidad” de visitarlos, o bien de los dos a la vez, cuando no se sumaba algún espontáneo más al “speach”, algo difícil de entender por parte de Jonathan porque al igual que él, seguramente el resto de prisioneros no se enteraban de la misa la media, nunca mejor dicho. En estas ceremonias de exaltación cuando los formaban y les hacían gritar ¡VIVA FRANCO!, los prisioneros de habla inglesa contestaban con un ¡VIVA FUCK YOU! (pronunciado viene a sonar como algo parecido a "viva fakiu"). El resto del tiempo lo pasaban ociosos deambulando por el patio, se hicieron con una mascota, un perro al que bautizaron como “Churchill”. También pasó por su cabeza el fugarse, pero era un plan irremediablemente condenado al fracaso, sin conocer el idioma y sin conocer el terreno, la fuga que era una temeridad que se pagaba muy cara.

Regularmente los prisioneros, por lo menos una vez a la semana, eran obligados a asitir a ceremonias religiosas y de exaltación del régimen franquista. Cuando eran obligados a gritar ¡VIVA FRANCO!, Bale y sus compañeros respondían ¡VIVA FUCK YOU!, que sonaba algo parecido a ¡VIVA FAKIU!. (Fotografía Biblioteca Nacional de España). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

A finales de 1938 reunieron a todos los prisioneros británicos, y les informaron que en breve partirían para su país. A los pocos días aparecieron varios autobuses con distintivos de la Cruz Roja donde subieron los prisioneros británicos y norteamericanos, atrás dejaban centenares de compañeros de otras nacionalidades de los que nunca más tendrían noticia. También dejaría Jonathan todos sus recuerdos y al pobre Churchill que fue adoptado por un brigadista polaco, solo conservó su ya inseparable boina de brigadista y el escudo del Madrid. Desde San Pedro de Cardeña se dirigieron hacia Santander escoltados por otros vehículos militares, y allí embarcarían hacia Portsmouth. A su llegada a suelo británico les esperaba un comité de recepción formado por varias decenas de simpatizantes. Tras ser minuciosamente fichados (los brigadistas no gozaban de muchas simpatías entra las autoridades y policías británicas), y pasar los diferentes trámites de inmigración serían puestos en libertad. Años después se enteraría de que el gobierno británico, por mediación del Duque de Alba, embajador extraoficial de Franco en el Reino Unido, había intercedido para poner en libertad a los ciudadanos británicos. Y Franco, deseoso de mantener buenas relaciones con el Imperio Británico una vez finalizada la guerra, habría accedido gustoso a la petición.

Brigadistas británicos a su llegada a un puerto del Reino Unido tras ser deportados desde España. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Jonathan Bale regresó a su Gales natal acompañado de sus dos inseparables amigos, ya unidos para siempre los tres con un vínculo indisoluble tras su paso por España. Conseguiría rehacer su vida y con los años formar una familia, pero nunca renunció a sus ideales ni a su pasado, siempre repetía con orgullo que él había estado en España luchando contra el fascismo. Tampoco se olvidó de su pasado sindicalista, y desarrolló una gran actividad a lo largo de toda su vida. En las legendarias huelgas de los años 80 contra las políticas mineras de Margaret Thatcher era habitual verle al frente de las manifestaciones con su inseparable boina de brigadista. Hasta el final de sus días siempre repitió que no había podido acabar con el fascismo en España, ni con el liberalismo de la Thatcher, según él el nuevo fascismo disfrazado que acabaría con el mundo si no se le paraba, pero que por lo menos lo había intentado. España siempre estuvo en su pensamiento y en el de sus amigos, tanto es así que a su primer hijo varón, su amigo Thomas Jones le bautizó como Paco en memoria de un amigo español muerto en Belchite. El recuerdo de España permanecería en sus mentes hasta el último momento.

Y esta es la increíble historia de Jonathan Bale en la Guerra Civil española, una historia en la que cayeron muchos inocentes.

Florentino Areneros.
MADRID 28 DE DICIEMBRE DE 2019



PRÓXIMAS ENTREGAS

Con este artículo sobre Jonathan Bale comenzamos una serie de entregas en la que recuperaremos las biografías de diferentes personajes anónimos que pasaron por nuestra Guerra Civil, que cobran gran interés bien pos su propia biografía, o bien con la relación que pueden mantener con algún personaje de la actualidad, como es el caso de J. Bale.

EL MILICIANO PACO BANDERAS


Francisco Banderas, Paco para los amigos, nació en Málaga en 1915, Al producirse el golpe militar que desencadenaría la Guerra Civil se presentaría voluntario para combatir a los sublevados. Tras luchar en la defensa de su ciudad, tuvo que huir al caer esta por lo que se conoció como “La Desbandá”, en la que murieron centenares de refugiados malagueños. Su biografía, pese a las numerosas peripecias que hubo de pasar durante y tras la guerra, podría ser la un miliciano más si no fuera porque Paco Banderas es el abuelo de un actor de reconocido prestigio mundial como es Antonio Banderas. En una próxima entrega repasaremos sus interesantes vivencias.

Un grupo de milicianos en Málaga a las pocas semanas de iniciarse la Guerra Civil. A la izquierda, rodeado por un círculo, vemos a Paco Banderas, abuelo del actor Antonio Banderas. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

EL CAMARADA KLAUS

En diciembre de 1936 se unió a las tropas que defendían Madrid un personaje singular, el cual se hizo rápidamente popular en todo el frente. No había muchas referencias sobre él, se trataba de un hombre ya entrado en años, con una poblada barba blanca. Decía haber llegado desde Laponia, llamarse Klaus y que había venido a España para evitar que el fascismo acabara con la ilusión de los niños. En los estadillos de tropa de estas fechas que se conservan en el Archivo de Salamanca, figura Rovaniemi, en Finlandia, como su domicilio. De carácter afable, rápidamente se ganó la simpatía y el cariño de sus compañeros, quienes le nombraban como el “Camarada Klaus”, nunca le permitieron situarse en primera línea. Se le dio como desaparecido en los combates que se produjeron al anochecer en las proximidades de Majadahonda, aunque ahora sabemos gracias al prestigioso investigador Guillermo Poza Madera, experto en esta zona, de la existencia de un parte médico del Hospital Psiquiátrico de Campaña Nº3 de Colmenarejo, donde uno de los milicianos allí ingresados, afirmaba haberle visto salir volando esa noche en un carro sin ruedas tirado por unos extraños ciervos. En el artículo que publicaremos próximamente ofreceremos muchos más detalles, incluido el parte médico, de la singular biografía de este personaje cargada de sorpresas.

El “Camarada Klauss” seguido de un nutrido grupo de jóvenes en las proximidades del frente madrileño en diciembre de 1936. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

La popularidad del “Camarada Klauss” alcanzó tal nivel que incluso le dedicaron portadas, como esta del madrileño diario Ahora del 22 de diciembre de 1936. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

jueves, 19 de diciembre de 2019

EL FUSIL CHECO ZH29

El emperador etíope Haile Selassie con un sacerdote y dos guardias personales, uno de los cuales porta un ZH-29. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)
EL FUSIL CHECO ZH29

Muchas fotografías de la Guerra Civil Española esconden secretos o nos pueden proporcionar pistas para profundizar en aspectos poco conocidos de la contienda. En ocasiones gracias a las dotes de observación y al conocimiento experto de la persona que contempla la imagen, esa fotografía puede proporcionar una gran cantidad de información documental, que hasta entonces había pasado desapercibida.

Hace unas semanas recibimos un correo de Ramiro Alalado, lector de Sol y Moscas, en el que nos daba a conocer la singular y desconocida historia que se escondía tras unas fotografías de Alfonso, en las que aparecía un rifle desconocido en nuestra contienda. Ramiro Alalado, autor del artículo que encontraran a continuación, ha conseguido identificar el arma, y poner nombre también a alguno de los personajes que aparecen en las imágenes, y partir de ello, tratar de reconstruir la historia que se encerraba tras estas imágenes. Pero como suele ocurrir en muchas ocasiones tratándose de investigaciones sobre la Guerra Civil, al cerrar algunas puertas, se abren otras, aparecen nuevas incógnitas a las que responder.


EL FUSIL SEMIAUTOMATICO ZH 29 CALIBRE 7,92 mm,
DE ORIGEN CHECO,
EN LA ESPAÑA REPUBLICANA

Por Ramiro Alalado.

Vistas laterales del rifle ZH-29. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

HE IDENTIFICADO, MEDIANTE LA OBSERVACIÓN DE VARIAS FOTOGRAFÍAS DEL ARCHIVO FOTOGRÁFICO ALFONSO, LA PRESENCIA DE ESTE ARMA EN LA ESPAÑA REPUBLICANA, SIENDO EXHIBIDO, EN ALGÚN LUGAR DEL ÁREA DE MADRID DURANTE LA GUERRA CIVIL DE 1936 – 1939.

EL FUSIL SEMIAUTOMÁTICO ZH 29 CAL. 7,92 mm


La famosa fábrica militar Československá Státní Zbrojovka de Brno (Moravia), más conocida como ZB, trabajo en el diseño de un fusil semiautomático que vendió bajo pedido a la República de la China Nacionalista. El diseñador fue Manuel Holek, creando en 1929 el fusil semiautomático ZH vz. 29. La letra H es una concesión a su diseñador y el 29 representa al año de entrada en producción 1929.

Era un arma con accionamiento por toma de gases, disipador de calor de aluminio rodeando parte del cañón y cargador extraíble de 5, 10 ò 20 unidades del potente cartucho de fusil calibre 7.92x57. También se fabricaron ejemplares en calibre .276 Pedersen y .30-06 americano de cara al mercado de exportación.

La industria militar checa tenía una fuerte presencia en la balanza comercial del estado. No hay datos sobre su uso por el ejército checo, aunque si hay fotos de su uso. Si sabemos de su evaluación por el ejército estadounidense que rechazo adquirir el arma. Estuvo en servicio en la China Nacionalista algunos años, pero poco antes de la invasión alemana de Checoeslovaquia dejó de fabricarse. Se calcula que solo se vendieron unos 600 ejemplares a China.

Era un arma cara, fabricada con profusión de costosas piezas de excelente acero mecanizado, con un difusor de calor construido con el caro aluminio fundido y al parecer podía dar problemas en condiciones de combate si no era mantenida y limpiada correctamente.

La República Española, que estaba inmersa en una larga guerra de desgaste, necesitaba conseguir armas evitando las restricciones del Comité de No Intervención. La República ya era cliente de la industria armamentista checa.

El fusil checo ZH 29 tenía una ventaja añadida que consistía en su munición, idéntica a la fabricada en España para el fusil Máuser producido en la Fábrica de Armas de Oviedo (FABRICA DE LA VEGA) antes de la guerra civil, arma reglamentaria en el Ejército Español, muy común entre las tropas republicanas.

Un grupo de soldados del ejército chino equipados con fusiles ZH-29. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

COMO IDENTIFICAR EL ARMA: estas son las características observables del arma que nos permiten diferenciarla de cualquier otra:

- Bocacha con forma cónica desde el punto de mira. El cañón forma un ángulo de +1 grado respecto a la empuñadura de madera.
- Camisa cilíndrica de aluminio con acanaladuras, diseñada como difusor de calor para el cañón, construida de una pieza y colocada entre el cañón y la guarda de madera. El arma podía dispararse tiro a tiro o mediante ráfagas, de ahí la necesidad del difusor.
-Culata pequeña y corta, inferior en tamaño a la del fusil máuser o el moisin-nagant. se acompaña de una bayoneta tipo máuser que se engarza en la muesca bajo el cañón.
-No tiene acanaladuras en la guarda de madera para sujetar el arma durante el disparo. tampoco parece aconsejable sujetarla por el difusor de aluminio. En la foto del soldado chino (foto 1) se ve que usa la correa de cuero para mantener el arma sujeta durante el disparo.

FOTO 1: Un soldado chino disparando con un ZH-29. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

-No lleva abrazaderas para sujetar la guarda al cañón.
-El punto de mira es grande y hendido.
-Tiene cuatro argollas para el correaje: dos en la guarda y dos en la culata.

EL ARMA DE LAS FOTOS DEL ARCHIVO ALFONSO tiene algunas características peculiares:

-Cargador metálico grande y recto – es el depósito para los clips de 5 balas. el arma se puede cargar introduciendo estos clips de cinco balas con la recamara abierta o mediante el intercambio de un cargador de 5, 10 ó 20 balas, relleno con uno ó mas clip de cinco balas. el que aparece en las fotos del Archivo Fotográfico Alfonso carga 20 balas.
-Varilla de limpieza alojada internamente bajo el cañón, en un agujero de la guarda de madera.

Detalle del mecanismo de disparo y carga del fusil. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El Archivo Fotográfico Alfonso -custodiado en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares- contiene las fotografías realizadas, entre 1904 y 1989, por la saga de fotógrafos madrileños propietarios de la “Galería Fotográfica Alfonso” y sus empleados. En este inmenso legado fotográfico, hay una parte que ilustra las vicisitudes de la República Española en su lucha contra los rebeldes fascistas del general franco durante la guerra civil de 1936 – 1939.

Las fotografías que he localizado pertenecen a este periodo, aunque el fotógrafo no anotó una fecha o lugar explicito para esa secuencia de fotos.

Las fotos del Archivo Alfonso – la secuencia de fotos nos presenta una exhibición del arma en un terreno a campo abierto. A continuación paso a describirlas, teniendo en cuenta que numero.jpg es la signatura de archivo asignada por el Aga de Alcalá de Henares para la foto digitalizada:

010376.JPG – instructor checo, cuerpo a tierra, manejando el fusil zh 29 durante la exhibición. (foto 2)

010377.JPG – teniente coronel del EPR Carlos Romero Giménez, fumando en pipa, luciendo un curioso salacot con agujeros, tomando una fotografía con una cámara de 35 mm.

El teniente coronel Romero realizando las pruebas del ZH-29. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

011037.JPG – instructor checo y teniente coronel romero con salacot, viendo una bomba de aviación que no exploto.

011038.JPG – soldado removiendo la tierra alrededor de la bomba de aviación sin explotar.

011039.JPG – oficial del EPR disparando, rodilla en tierra, con el fusil zh 29. Detrás, observando, el instructor checo, una chica con sombrero de paja, tal vez la traductora del checo y el teniente coronel Carlos Romero con su pipa y salacot. (foto 3)

011040.JPG – teniente coronel Carlos Romero probando el fusil zh 29. (foto 4)

011041.JPG – teniente coronel Carlos Romero probando el fusil zh 29. (foto 5)

ALGUNAS CONSIDERACIONES PREVIAS

SUPONGO que el “instructor checo”, el personaje vestido de oscuro con ropas civiles y aspecto eslavo, es de nacionalidad checa coincidente con el origen del arma. En el archivo fotográfico aparece descrito como “general ruso”.

FOTO 2: El instructor checo cuerpo a tierra manejando el fusil ZH-29 durante la exhibición. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

SUPONGO que las fotos están tomadas en algún lugar de Madrid porque Alfonsito no viajaba fuera de la capital por sus propios medios. Acompañaba a otros fotógrafos para cubrir eventos militares cuando el ejército republicano organizaba un convoy de reporteros a una zona del frente. En esta ocasión no aparece ningún representante de la prensa, solo el intrépido Alfonsito.

SUPONGO que el paisaje pertenece a la zona del valle del río Jarama. Hay fotos de mujeres lavando ropa en el río, con una mención en el archivo al final de los combates en esa zona. Además la presencia de una bomba de aviación sin explotar en la secuencia de fotos y la actuación de un artificiero recuperándola, corroborarían la suposición de que estamos cerca de la línea del frente.

FOTO 3: oficial del EPR disparando, rodilla en tierra, con el fusil ZH-29. Detrás, observando, el instructor checo, una chica con sombrero de paja, tal vez la traductora del checo y el teniente coronel Carlos Romero con su pipa y salacot. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

SUPONGO que las fotos se toman en pleno verano. La indumentaria de los presentes, las prendas de cabeza, (sombreo de paja, salacot con agujeros) o la traductora con gafas de sol, así lo sugieren. Además el fusil semiautomático ZH 29 se fabricaba en Brno, Moravia. El 1 de octubre de 1938 Alemania se anexiono ese territorio de Checoeslovaquia. Así pues, la visita de los “vendedores-instructores” checos tuvo que realizarse entre nov 1936 (romero lleva las nuevas insignias de rango del EPR) y oct 1938 cuando la fábrica checa pasa a manos alemanas. El verano de 1938 me parece menos probable para la exhibición de un fusil del que no tienen existencias almacenadas y cuya producción tardaría en llegar a las manos de la República Española.

Como conclusión de tanta suposición: creo que las fotos fueron tomadas en la zona del Jarama en agosto de 1937. Y es solo eso, una suposición.

La secuencia fotográfica nos permite identificar sin lugar a dudas el arma como el fusil semiautomático checo ZH 29. Podemos compararlo con la foto 1 que presenta un ZH 29 en manos chinas y el corte esquemático del arma sacado de un manual ruso.

Corte esquemático del arma sacado de un manual ruso. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El teniente coronel Carlos Romero Giménez, el hombre con salacot, aparece en por el momento, en 60 fotografías diferentes del Archivo Fotográfico Alfonso, siendo fácil su identificación por su afición a fumar en pipa. en otras secuencias se le cita como jefe de las industrias de guerra romero, con imágenes de brillantes morteros recién construidos, lanzaminas de pequeño calibre, ensamblaje de ametralladoras Hotchkiss y fundición artesanal del hierro.

En Internet aparece información sobre la mina antitanque romero, una caja rectangular de hierro fundido pensada para contener de 20 a 50 kilos de dinamita, que se accionaba mediante un detonador de vidrio, al paso de un vehículo pesado. Con este curriculum cabe pensar que el coronel Carlos Romero Giménez podría formar parte de una hipotética comisión republicana encargada de evaluar el fusil ZH 29.

FOTO 4: Teniente coronel Carlos Romero probando el fusil ZH-29. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

SIN EMBARGO HAY UNA SERIE DE PREGUNTAS PARA LAS QUE NO TENGO RESPUESTA:

1 - ¿POR QUE ELEGIR LOS ALREDEDORES DE MADRID PARA LA PRUEBA?
La retaguardia valenciana, alejada del enemigo, y en contacto con el gobierno republicano, parece el lugar idóneo para realizar la prueba del arma. En el frente madrileño no había ningún poder político que pudiera decidir la compra del fusil. Además es más fácil mover a los expertos en armamento desde Madrid a valencia que trasladar la comitiva con el arma y los instructores (personajes vip que no pueden ser capturados por el enemigo) la traductora, la escolta, etc. Desde la retaguardia valenciana al frente madrileño.

2 – ¿COMO SE EXPLICA LA PRESENCIA DEL FOTÓGRAFO?
No parece que se deba dar publicidad a la prueba de un arma nueva. No suele ser común que los fotógrafos de prensa sean testigos de la evaluación de un nuevo dispositivo militar. estas restricciones se incrementan en una situación de guerra, donde además, se debería evitar dar información a la Comisión Internacional de No Intervención, empeñada en frustrar los envíos de material bélico a los combatientes.

3 - ¿COMO ES POSIBLE QUE NO HAYA NINGUNA OTRA EVIDENCIA DE ESTA EVALUACION?
No he encontrado ninguna referencia escrita sobre este acontecimiento. No hay citas que la relacionen con Carlos Romero, ninguna referencia de la fábrica checa Zb de Brno o del gobierno checo de la época, habida cuenta de la publicidad positiva que para sus posibles clientes generaría mencionar este evento. Si que se mencionaron las pruebas del arma en concursos realizados en los EEUU, Escandinavia, o Sudamérica. Consta la venta del arma a la republica china y su uso contra la invasión japonesa. De España nada. Era un secreto a voces que el gobierno checo comerciaba con la República Española vendiendo una variada panoplia de efector militares: cascos, fusiles, munición, ametralladoras, granadas de mano, espoletas, cañones, incluso algún avión. Entonces ¿por qué silenciar este asunto en concreto?

Ramiro Alalado

viernes, 8 de noviembre de 2019

LAS MILICIAS VASCAS ANTIFASCISTAS

Miliciano vasco recargando su fusil polaco en uno de los parapetos de Moncloa, febrero de 1937. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Entre los próximos 21 y 24 de noviembre se van a celebrar las VIII Jornadas de Gefrema en el salón de actos del centro Cultural de los Ejércitos de Gran Vía 13. Serán dos días de conferencias (21 y 22) y dos días de rutas guiadas (23 y 24). Comienzan las conferencias el jueves 21 de noviembre con la presentación del número 36 de la revista Frente de Madrid, y la intervención de Carlos Iriarte Aguirrezabala, quien nos hablará de Las Milicias Vascas Antifascistas en Madrid, una unidad singular compuesta por vascos residentes en Madrid al iniciarse el conflicto, o que llegaron desde otros lugares de España, y que permanecerían en primera línea del frente madrileño prácticamente durante toda la contienda.

Carlos Iriarte ha escrito un extenso y documentado artículo, el central del nuevo número de la revista que se presentará en estas VIII Jornadas, donde los interesados podrán conseguir su ejemplar. Como aperitivo a este artículo Carlos Iriarte nos envía una pequeña colaboración para publicar en Sol y Moscas, con algunas anécdotas y curiosidades de esta unidad y de alguno de sus componentes, que estamos seguros serán del interés de nuestros lectores. Al final del artículo podrán encontrar información de las VIII Jornadas y sobre la revista que se presentará en las mismas.


ANECDOTAS Y VIVENCIAS DE LAS
MILICIAS VASCAS ANTIFASCISTAS


Por Carlos Iriarte Aguirrezabala.

La extensa cobertura mediática que recibieron las Milicias Vascas ha sido una fuente imprescindible para el estudio de su trayectoria, pero también nos ha dejado un extenso anecdotario del que rescatamos aquí algunos ejemplos.

El tono ameno de estos episodios, sin embargo, no disminuye su valor histórico. No tanto por su contenido, sino por la imagen que contribuyeron a crear: un vasco romantizado de intenciones puras, “corazón de niño”, que hacía gala de un valor ingenuo, perfecto para la guerra. Un prototipo de héroe necesario en los tiempos que corrían.

Uno de los casos más conocidos es el del llamado “Rey Mago anarquista”. El 10 de febrero de 1937 la revista Mundo Gráfico publicaba una entrevista a Clemente Famaraza Sandegui, miliciano de las MVA de filiación anarquista, que luchó en el desembarco de Mallorca y llegó a Madrid con la Columna Casanellas, acabando por integrarse en las Milicias Vascas: “¿Qué iba a hacer sino pelear con mis paisanos, corriendo su misma suerte?”

El miliciano donostiarra Clemente Famaraza, que se haría famoso por donar sus ahorros para comprar juguetes para los hijos de los milicianos. (Fotografía Mundo Gráfico 10-2-1937). (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Unos días antes de la entrevista, se había presentado ante el comandante Lizárraga, ofreciendo una donación de cuarenta duros con los que comprar juguetes para los hijos de los milicianos. Sus motivaciones se remontaban a su infancia como huérfano: “Muchas veces, en la calle, recuerdo que me quedaba embobado ante los escaparates de juguetería y caminaba detrás de un niño cualquiera que tuviese en sus manos lo que a mí nunca me dieron… Cerca de casa vivían dos chiquillos. El día de Reyes les regalaron un tren maravilloso, que andaba solo por sus raíles, y lo ponían todas las tardes junto a mi puerta, para darme envidia… Aquello, tan trivial, al parecer, me hizo sentir y pensar.”

“Una sonrisa infantil vale medio mundo… Deja que los niños rían. Ellos son los hombres del mañana, y deben crecer lejos de toda amargura, para que tengan un porvenir dichoso, sin recuerdos obscuros, como los míos… ¿Doscientos pesetas? Bien. ¿No vale muchísimo más cualquiera de sus sonrisas? Una fortuna que yo tuviera sería para ellos.”

Varios milicianos se agolpan en torno a este artillero de Lekeitio, famoso por su puntería. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

La misma “esencia infantil” salía a relucir unos meses después en un reportaje de Ahora:

“Una chabola, en la que viven marineros vascos, que parece con sus literas de madera un pesquero de Bermeo o Portugalete, y que tiene dentro unos hombres sanos y fuertes que hablan siempre del mar lejano y que cuando señalan a la Casa de Velázquez, dicen “Ya quisiéramos ir navegando hasia adelante”… Un soldado de Ortega que ha inventado la perfecta teoría de los tiros: “El bala no es de temer. Lo que es peligroso es la velosidad del bala”…[sic]”

Más allá de la propaganda, los vascos hicieron honor a su fama de deportistas, enfrentándose durante un festival deportivo a los carabancheleros del batallón Primero de Mayo:

“Al aparecer en la tribuna nuestro querido compañero Ortega, en compañía de los demás jefes: Cardenal, Prada, Barceló, Rodrigo, Rillo, Sansinenea, López-Tovar, Rosales, etc., se le tributó una entusiasta ovación al tiempo que la Banda de la Brigada interpretaba el “Himno de Riego y el “Guernikako Arbola”; dándose a continuación vivas al Teniente Coronel Ortega, a la República, al Ejército Popular y a Euzkadi Azkatuta.
[…]

Se corrieron varias pruebas pedestres. Hubo lanzamiento de disco y distintos juegos olímpicos, bajo la dirección del capitán profesor de gimnasia, Heliodoro Ruiz. Y por último, se jugó un animado partido de fútbol entre los equipos de la Brigada, tercer Batallón (Primero de Mayo) contra el segundo (Milicias Vascas Antifascistas), obteniendo la victoria los muchachos vascos por una mínima diferencia: tres goles contra dos.”

El teniente coronel Ortega (con un ramo de flores) junto al general Miaja (centro con gafas) presidiendo un festival deportivo en el estadio de Chamartin. A la izquierda de la imagen, de espalds a Otega, distinguimos a Santiago Carrillo. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Sin embargo, los miembros del batallón iban mucho más allá de este estereotipo. Militares, artistas plásticos y músicos engrosaron sus filas, y dejaron su impronta. La música destacó especialmente, debido al capitán Sansinenea, barítono de profesión.

Su voz resonaba allá donde iban los vascos, entonando zortzikos como el clásico bilbaíno de “Aquí venimos los barbis”, y protagonizando alguna anécdota:

“Cuando menos se esperaba, un aire vasco cantado con buena voz despertaba a los durmientes haciéndoles reclinarse y llenaba de emoción a centinelas e imaginarias; los mismos enemigos dejaban de disparar, indicando que en las trincheras de enfrente se ponían a la escucha de los muchachos del hoy batallón vasco. Cuentan que en Navalcarnero un andaluz de Riotinto que se acercó a oír zortzicos exclamó: “Ezo eztá mu bien, pero en ahora debía cantá flamenco.” Naturalmente, Sansi no pudo complacerle porque el flamenco no le va ahora.”

Ortega y Sansi junto a otros miembros de las MVA, con las oficinas de la GAL de fondo. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

La carrera de nuestro barítono tendría influencia hasta nuestros días, aunque de manera indirecta: fue sin duda quien tuvo la idea de crear un himno de las Milicias Vascas; una composición que tendría una curiosa evolución hasta llegar a nuestros días.

La partitura la llevó a cabo el compositor donostiarra Pablo Sorozábal, con quien Sansi mantenía una estrecha relación: fue Sorozábal quien le lanzó al estrellato al darle el papel del comisario del Soviet Pedro Stakof en su famosa opereta “Katiuska, la mujer rusa” para su estreno en Madrid. En esta obra compartía escenario con Conchita Panadés, con la que se casaría en abril de 1937.

El himno que creó para las Milicias Vascas era una melodía para txistu a la que bautizó “Euzko Indarra” (“Fuerza Vasca”), que al poco tiempo recibió una letra del puño de Sansi.

El compositor Pablo Sorozabal, autor del Himno de las Milicias Vascas, en una foto de 1942. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Por desgracia, la delicada posición política del batallón vasco en la primavera de 1937 tuvo que ver con que el himno no fuese muy utilizado, y Sorozábal continuó su desarrollo por cuenta propia, instrumentándolo y rebautizándolo como “Euzkadi libre”, composición que solo se interpretó en una sola ocasión.

El fin de la guerra y la llegada del franquismo la relegó a un cajón, del que no saldría hasta 1956. Por aquel entonces, la sociedad Ozio-Bide de Deba buscaba una pieza original para la tamborrada de las fiestas locales y Sorozábal, habitual veraneante de la villa, parecía el candidato perfecto para componerla. Así narraba la petición el socio Txema Vitoria: “Un buen día se organizó un marmitako en la Sociedad al que se invitó al Maestro. Nadie se atrevía a proponerle la composición de una pieza para la Tamborrada y, según cuenta José Ignacio Urbieta, a él se le ocurrió preparar para postre, un brazo de gitano, en el que dibujó un pentagrama con unos compases de la zarzuela Katiuska. Sorozábal preguntó por el autor del postre y al ir a cortarlo reconoció las notas y dijo: "iPero esto es mío!". A lo que José Ignacio Urbieta contestó: "Sí, pero a nosotros nos hacen falta unos compases para la Tamborrada". De inmediato contestó el maestro: "yo te los hago". Y así fue como, al año siguiente, 1956, recibimos la "Marcha de Deba" o "Hirugarren Kalez-kale".”

La melodía de la Tamborrada de San Sebastian es una drivación del Himno de las Milicias Vascas que compusiera el maestro Sorozabal para esta unidad durante la guerra. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Esta marcha, sin embargo, no era una composición del todo original, sino que se trataba de una variación de “Euzkadi Libre”. De este modo pasó a ser tocada anualmente en las fiestas de Deba. Pero no sería el último salto de la carrera del viejo himno de las Milicias Vascas: de Deba pasó a ser interpretada en la multitudinaria tamborrada de San Sebastián, que se celebra todos los años el 20 de enero.

Carlos Iriarte Agurrezabala.

REVISTA FRENTE DE MADRID
NÚMERO 36


El próximo jueves 21 de noviembre a las 17:00 horas se presentará en el Centro Cultural de los Ejércitos de Madrid (Gran Vía 13) el número 36 de la revista Frente de Madrid, con una conferencia sobre las Milicias Vascas Antifascistas a cargo de Carlos Iriarte Aguirrezabala, autor del artículo central de la misma. La entrada es libre hasta completar aforo.


VIII JORNADAS DE GEFREMA

Esta conferencia está incluida en las VIII Jornadas de Gefrema. Pueden encontrar información más completa sobre las mismas en las siguientes imágenes: