miércoles, 30 de diciembre de 2015

FELIZ 2016



Estimados amigos,

Nuevamente otro año que termina y otro que comienza, y queremos aprovechar para transmitir desde la Redacción de Sol y Moscas nuestros mejores deseos para este año que empieza a todos nuestros lectores.

El 2016 comienza con un montón de incertidumbres económicas políticas y sociales, pero para los amantes de la “guerracivilmaquia” puede ser un año muy interesante. Este año se cumplirá el 80 aniversario del golpe militar que desencadenaría la Guerra Civil y como siempre ocurre cuando nos encontramos con una cifra redonda la actividad está asegurada. Tendremos actos conmemorativos, homenajes, conferencias, coloquios, artículos en prensa, mesas redondas, programas especiales en radio y televisión, encendidas tertulias donde los “todólogos” indocumentados más voceras nos iluminaran sobre las causas y consecuencias de aquella guerra con teorías peregrinas. Y por supuesto no podrán faltar las nuevas publicaciones que los primeros espadas de este noble arte de la “guerracivilmaquia” sacarán al mercado aprovechando esta singular efeméride. Desde esta redacción trataremos de dar cobertura a todos estos festejos y participar también del jolgorio con la publicación de algunos monográficos especiales a lo largo del año, aunque conociendo a nuestros redactores de cabecera y su legendaria laxitud no nos atrevemos a comprometernos con nada.

Hay que reconocer que el año empieza calentito, el encendido debate sobre los nombres de algunas calles de Madrid promete dar mucho juego, me temo que estemos asistiendo a una nueva “guerra de esquelas” como la que vivimos hace algunos años. Esperemos que este debate sirva para zanjar definitivamente algunos temas como este de las calles, o el vergonzante tema de las fosas después de 80 años, o saber por fin que ocurrirá con algunos monumentos como el Valle de los Caídos o el Arco de la Victoria. La nueva composición del Parlamento, así como la de muchos consistorios va a dar mucho juego, 2016 se presenta como un año muy movido.

Terminamos el año con un vídeo realizado a partir de una muy curiosa y original versión de La Internacional a ritmo de swing que no pueden dejar de escuchar, que esperemos sirva para compensar las encendidas quejas y críticas que hemos recibido por la publicación de la crónica sobre el “80 aniversario del Cara al Sol” que ha causado malestar e inquietud en algunos de nuestros lectores. Como dijo “el Guerra” (el torero, no el político): “hay gente pa tó”. Les recomendamos poner el vídeo a pantalla completa.



Reciban un cordial saludo y nuestros mejores deseos para el 2016.
Feliz Año Nuevo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

EL PALACIO GANS

Fachada del Palacio Gans en la madrileña calle de princesa. Este singular edificio llevaba cerrado desde hace muchos años, y durante unos breves días de manera excepcional se podrá visitar su interior. Sus muros fueron testigos de unos dramáticos acontecimientos en el verano de 1936. FOTO JAZ. (Clic en la imagen para verla ampliada).
PALACIO GANS:
LA CASA DEL CRIMEN
ABRE SUS PUERTAS

Por Florentino Areneros.

En el otoño de 2011 publicábamos una crónica de título “El crimen de la calle Gaztambide” (clic aquí para ir a la crónica) , que se iniciaba con el hallazgo del cadáver de una anciana en un piso de la calle Gaztambide de Madrid, se trataba de un asesinato que a día de hoy todavía no ha sido esclarecido. Aquel crimen no era el primero que se cebaba con aquella familia. Setenta y cinco años antes, en el mes de agosto de 1936, los hermanos Ricardo y Manuel Gans, tíos de la anciana encontrada muerta, eran detenidos en el palacete donde vivían en la calle de la Princesa. Sus cuerpos aparecerían varios días después en la Ciudad Universitaria.

El apellido Gans está íntimamente ligado al barrio de Argüelles, en 1874 llegaría a España Richard Gans quien con el tiempo llegaría a convertirse en uno de los principales empresarios del sector de las artes gráficas de todo el país.

En 1886 se inauguraría la nueva sede de la empresa en la calle de la Princesa en un edificio que se todavía se conserva. Durante la Guerra Civil, dada su proximidad al frente, sufriría importantes daños al igual que la mayoría de edificios del barrio. En la imagen vemos el edificio de la Fundición en una foto tomada desde la esquina de Hilarión Eslava con Rodríguez San Pedro. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Se conservan todavía dos edificios de su propiedad en el barrio que destacan por su singularidad. Uno de ellos es la Fundición Tipográfica Richard Gans, un edificio industrial, probablemente el último de estas características que se conservan en la zona, que tiene su entrada principal por la calle Princesa, mientras que el acceso a lo que eran los talleres y almacén lo tiene por la calle de Altamirano, donde podemos contemplar su singular fachada. El otro edifico es el palacete que el industrial mandó construir también en la calle de la Princesa, justo enfrente de la fundición. Se trata de uno de los muchos palacetes construidos en el barrio de Argüelles por familias acomodadas a finales del Siglo XIX y principios del XX, desgraciadamente la mayoría de ellos ya han desaparecido y solo se conservan unos pocos, entre ellos el de la familia Gans en la calle Princesa 66. Esperemos que los que todavía se mantienen no acaben siendo pasto de la especulación.

Fachada de la Fundición a la calle de Altamirano en la actualidad. Fotografía publicada por cortesía de Carlos Viñas-Valle perteneciente a su fotoblog MadridlaCiudad. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Pero además de su singularidad, estos dos edificios tienen la peculiaridad de que llevan muchos años, cerrados, como si el tiempo se hubiera detenido en su interior, lo que sin duda le proporciona un cierto halo de misterio, sobre todo si se conoce la dramática historia que ocurrió en este lugar. Muchas veces cuando he pasado por allí he intentado ver lo que había tras el cristal de la puerta del palacio, o ver que esconde la gigantesca nave de Altamirano cuando de vez en cuando se abre su puerta.

Vestíbulo de entrada al palacio. Foto New Town Market Madrid. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Hoy caminaba por la calle Princesa cuando me he encontrado con la grata sorpresa de que las puertas del palacete estaban abiertas y por fin he podido entrar. Durante estos días navideños se está celebrando un mercadillo, el New Town Market Madrid, lo que nos permite conocer el interior de este singular y representativo edificio, aunque el jardín posterior no está accesible y solo se puede contemplar, con su fuente central y la bella decoración de azulejos que todavía se conserva, desde las ventanas del interior. Aprovechen estos pocos días que a partir del día 5 de enero el palacete volverá a cerrar sus puertas, tal vez no haya otra oportunidad en mucho tiempo, y de paso pueden aprovechar para hacer sus compras de navidad, o colaborar con la Fundación Isabel Gemio, que también participa en este singular mercado para recaudar fondos para sus fines benéficos. Si finalmente se deciden a visitar este singular lugar no dejen de leer nuestra crónica “El crimen de la calle Gaztambide” (clic aquí para ir a la crónica), donde podrán conocer la historia de Richard Gans, de su empresa, los edificios y el terrible drama que se cebaría con su familia. Estamos seguros que será de su agrado y contemplaran el edificio con otra mirada.

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MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL MERCADO Y HORARIOS:


Facebook: New-Town-Market-Madrid
Twitter: @NewTownMarket
Email: newtownmarketmadrid@gmail.com



martes, 15 de diciembre de 2015

MONUMENTOS PROTEGIDOS

Durante la guerra se crearía el Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid que entre sus muchas tareas incluía la de proteger los principales monumentos de la ciudad de los bombardeos indiscriminados de la aviación y la artillería franquista. En la imagen vemos la estructura de protección de la Cibeles, rebautizada por los madrileños como la “Linda Tapada”. Fotografía Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

MONUMENTOS
PROTEGIDOS

Por Florentino Areneros.

Hace unos días en sensacional grupo de Facebook Historias Matritenses (haga clic aquí para visitar el grupo) comencé a colgar alguna fotos de monumentos de Madrid durante la Guerra Civil que habían sido protegidos para evitar los daños que podrían producirles los continuos bombardeos, tanto artilleros como de aviación, que sufría la ciudad. Las fotos tenían un gran valor documental y testimonial por si mismas, pero detrás de esas fotografías y de la construcción de aquellas protecciones se escondía una interesante historia que merecía ser contada y conocida. Esta crónica viene a intentar complementar a aquellas fotos.

Uno de los muchos edificios alcanzados por las bombas sería la Biblioteca Nacional. En estas imágenes podemos apreciar los daños causados a la estatua de Lope de Vega que flanquea la entrada principal al edificio. Fotografías Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Madrid tendría el dudoso honor de ser la primera gran ciudad del mundo que habría de sufrir bombardeos indiscriminados sobre la población civil por parte de la aviación, una nueva táctica militar que se ensayaría en España por parte de la Legión Cóndor y de la Aviación Legionaria italiana. Las nuevas estrategias de guerra como la Guerra Celere de los fascistas italianos, o la Blitzkrieg de los nazis alemanes, contemplaban entre sus objetivos además de los meramente militares los que vayan contra “los pilares de la voluntad de resistencia enemiga”. Madrid sería la primera ciudad en la que se ensayarían estas nuevas tácticas, y su población civil la primera en padecerlas, algo que posteriormente tendrían que sufrir otras poblaciones, como Valencia, Barcelona o Guernica entre otras muchas durante la Guerra Civil, o bien otras como Londres, ya en la Segunda Guerra Mundial. En un documento de las fuerzas aéreas franquistas de título “PROYECTO DE ATAQUE AÉREO MADRID (Proyecto de un gran bombardeo que posiblemente se realizará el día 30 de octubre)” podemos leer: “este bombardeo tiene por objeto deprimir la moral del adversario al poner sobre la capital un gran número de aviones a las horas de funcionamiento de las oficinas y de mayor circulación en las calles”. Casualmente, o quizá no, el día anterior a este ataque, el director de operaciones de la Oficina del Mando Aéreo de la Luftwawaffe, mayor Deichmannn, expuso en una conferencia pronunciada el 29 de octubre de 1936 y titulada “Principios de guerra aérea operacional” numerosos criterios en la selección de objetivos, entre ellos un criterio en el que “basar los ataques contra la moral de esa nación”. El 30 de octubre de 1936 se autoriza en Berlin por parte de Adolf Hitler la creación de la Legión Cóndor, aunque ya llevaban tiempo operando en España aparatos y pilotos alemanes. Ese mismo día Madrid sufre un terrible bombardeo aéreo que deja decenas de víctimas civiles en sus calles, entre ellos numerosos niños. Las fotos de los cadáveres de aquellos niños, rescatadas por el escritor Arturo Barea antes de que fueran destruidas, darían la vuelta al mundo.

Fotografía de Robert Capa tomada en la calle de Alcalá a la altura de la iglesia de las Calatravas en la que apreciamos una escuadrilla de bombarderos de la aviación franquista sobrevolando Madrid. Fotos: Magnum Photos- The American Suitecase. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Pero no solamente sería la aviación la que bombardearía Madrid, también la artillería ubicada en la cercana Casa de Campo se encargaba casi a diario de recordar a los madrileños que vivían en una ciudad sitiada que cualquier día podía ser ocupada. Los bombardeos fueron prácticamente diarios, y uno de los principales objetivos baterías franquistas sería la Gran Vía, que empezó a ser conocida popularmente como la “Avenida del Quince y Medio”, por el calibre de los obuses que caían en ella. Estos ataques causarían graves daños en la ciudad, muchos edificios serían gravemente dañados y otros completamente destruidos, las bombas caerían también en lugares públicos. Entre los lugares que resultaron afectados podemos destacar por su importancia el Museo del Prado, la Biblioteca Nacional o el Palacio de Liria, entre otros muchos. Tampoco se librarían las iglesias, como la de San Luis, que se encontraba entre Montera y la Plaza del Carmen, o la de San Sebastián en la calle Atocha, o la de San Salvador y San Nicolás en Antón Martín. Las autoridades republicanas tomarían diversas iniciativas para tratar de minimizar estos daños, entre ellas la creación el 2 de abril de 1937 del Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid, dependiente del Ministerio de Comunicaciones, Transportes y Obras Públicas.

No hay que confundir este Comité con la «Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico» o «Junta de Defensa y Protección del Tesoro Artístico Nacional» creada en julio de 1936 a iniciativa de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, que sería dirigida por el pintor Josep Renau. Esta Junta realizaría también una importantísima labor, no solo para evitar los daños y perjuicios que pudieran ocasionar los bombardeos y la propia actividad bélica, sino también para evitar los saqueos y desmanes que se produjeron en la retaguardia republicana. Entre sus muchas labores durante la contienda, quizá la que haya obtenido mayor repercusión y eco haya sido el traslado de los cuadros del Museo del Prado, de los que el Presidente de la República Manuel Azaña llegó a decir en una conversación con Juan Negrín: «El Museo del Prado es más importante para España que la Monarquía y la República juntas».

Además del Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid se crearía la Junta Delegada del Tesoro Artístico de Madrid, encargada de velar por la salvaguarda de las obras de arte de la capital. Entre sus cometidos estuvo la evacuación de los cuadros del Museo del Prado como vemos en la fotografía. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Pero volvamos a los monumentos madrileños, en la Memoria sobre los años 1937 y 1938 publicada por el Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid se indicaba que este nuevo organismo venía «a encauzar y organizar los problemas creados en la Capital por la guerra, y a preparar, con una labor previsora, aquellos otros que en un futuro, queremos suponer no lejano, se plantearán al desenvolvimiento de la capital de España, ya que a juzgar por lo ocurrido en otros países durante la Gran Guerra, después de la que actualmente nos aflige experimentarán nuestras ciudades, y especialmente Madrid, un considerable desarrollo». Según ese mismo documento, los agobios y preocupaciones del momento, así como la falta de medios se limitaron a «tratar de absorber la mano de obra ociosa que se encontraba en la Capital, dedicándose exclusivamente a los trabajos de desescombro, organizando estos con la limitación de medios, principalmente herramientas, de que se disponía».

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

El 30 de junio de 1937 el Comité recibiría un nuevo impulso ampliando de manera notable sus funciones y actividades. El Comité pasaría a encargarse de garantizar el suministro de agua y electricidad, protección de monumentos, desescombro y socorro de bombardeos, encargándose también de intentar evitar la propagación de epidemias, garantizando el mantenimiento de la red de saneamiento y alcantarillado, abriendo nuevas casas de baños y creando un Cuerpo de Visitadoras Sociales «que realizan la delicada labor de la inspección domiciliaria, descubriendo así los focos de hacinamiento e insalubridad».

Miles de fincas, como esta de la imagen del barrio de Argüelles, resultarían afectadas por los bombardeos. Fotografía Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

El Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid tendría una intensa actividad desde su creación. Según la Memoria de este organismo citada anteriormente, en Madrid entre 1937 y 38 se verían afectadas por los bombardeos un total de 3543 fincas que resultarían dañadas por los bombardeos, quedando 146 totalmente destruidas, 229 semidestruidas y 3178 afectadas, lo que nos permite hacernos una idea del duro castigo que sufrió la ciudad durante aquellos años. En distritos como el de Palacio, uno de los que contaba con mayor número de fincas junto con el de Centro y Hospicio, de 1243 fincas resultarían dañadas 905, es decir cerca del 75 por ciento de las casas de este popular distrito madrileño serían afectadas por los bombardeos.


Las tareas de protección de los monumentos se realizarían tras un detallado estudio, adecuando a cada monumento la solución más óptima. En la imagen vemos el detallado croquis realizado para la construcción de la protección de la portada del palacio del Marqués de Torrecilla. Fotografía Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Como mencionábamos anteriormente una de las misiones del Comité desde su creación sería la protección de monumentos urbanos, tarea que encargaría a un selecto grupo de profesionales, incluidos arquitectos, que realizarían un excepcional y cuidado trabajo, como prueban las fotografías que se han conservado de su labor. La existencia de planos detallados de cómo habría que construir estas protecciones nos demuestran que no se dejó ningún detalle al azar, y que estos trabajos son el resultado de un pormenorizado estudio y diseño. En las fotografías también podemos apreciar el primoroso trabajo realizado por los profesionales del gremio de la construcción y la albañilería que levantaron estas protecciones, algunas de ellas, por lo minucioso y detallado del trabajo podrían considerarse por si mismas también obras de arte, sobre todo si las comparamos con algunas “cosas” que denominan arte en la actualidad. Me ha llamado poderosamente la atención la finura y calidad del trabajo con ladrillos, la maestría de estos profesionales la podemos contemplar todavía en muchos edificios madrileños, que algunos catalogan como neomudejar mientras otros defienden la existencia de un estilo madrileño propio, cuyas fachadas realizadas íntegramente con ladrillos son verdaderas obras de arte.

Como dicen que una imagen vale más que mil palabras, pasamos directamente a las imágenes para que ustedes puedan corroborar todo lo que les estamos comentando.

CIBELES

La fuente de la Cibeles es el monumento más emblemático y representativo de todos los de la ciudad de Madrid, y ya lo era durante la contienda. Los bombardeos afectarían a edificios cercanos como el Banco de España o el edificio de Correos y Telégrafos, cayendo algunos proyectiles en la misma plaza, como atestiguan diferente fotografías. La propia fuente, en concreto uno de los leones que tiran del carro de la diosa, resultaría dañada durante estos ataques.

La fuente sería protegida con la construcción de una estructura de ladrillos que la rodeaba, rellenándose posteriormente con tierra, rematando todo el conjunto con sacos terreros. Esta nueva visión de la fuente impulsó a los madrileños a pasar a denominarla como “la Linda Tapada”.


En la imagen podemos apreciar los daños en el hocico de uno de los leones (no sabemos si Atalanta o Hipómenes) que tiran del carro de la diosa Cibeles. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Fotografía de Virgilio Muro en la que vemos el inicio de la construcción de la protección de la fuente de la Cibeles. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Dos fotografías de Gerda Taro en las que apreciamos a los albañiles trabajando en el muro de ladrillo que rodeaba a la fuente. Observen en la fotografía inferior que los tres trabajadores llevan el preceptivo chaleco, elegancia hasta en el tajo. Fotos: Magnum Photos- The American Suitecase. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

A las pocos horas de que las fuerzas franquistas entraran en la ciudad, un grupo de niños desenterraba a la “Linda Tapada”, en la imagen les vemos posando mientras hacen el saludo de los vencedores. Fotografía Santos Yubero. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).


APOLO

La fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones, se sitúa entre las de Cibeles y la de Neptuno en el Paseo del Prado, y sería también protegida durante la guerra con una estructura similar a la de la Cibeles. En un artículo publicado en el ABC republicano el 4 de agosto de 1937 (clic aquí para ir al artículo)se recogen las nuevas denominaciones, que, con gran ingenio y no sin cierta sorna, los madrileños habían dado a algunos monumentos y lugares de Madrid, y así como a la Gran Vía se la conocía como la “Avenida del Quince y Medio” o a la Cibeles como la “Linda Tapada” como ya hemos comentado, a la Plaza de Bilbao se la conocía como la “Plaza del Gua” por ser el lugar donde caían los proyectiles lanzados contra la Telefónica que quedaban largos y se pasaban del objetivo. El tramo comprendido entre la Plaza de Castelar y la Glorieta de Atocha sería conocido como la Avenida del “Ocaso de los Dioses” debido a que todos ellos, Cibeles, Apolo y Neptuno, habían sido cubiertos y ocultados.

Dos imágenes de los trabajos de construcción de la protección de la Fuente de Apolo en el Paseo del Prado, y de esta una vez terminada esta. Fotografía Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

NEPTUNO

La última fuente de lo que entonces era conocido como la Avenida del “Ocaso de los Dioses” sería la de Neptuno, que al igual que la de Cibeles y Apolo sería rodeada de un muro de ladrillo que se rellenaría con tierra, completándose el conjunto con sacos terreros, que en el caso de esta fuente formaban una especie de garita con tejadillo, reforzada con listones de madera, en cuyo interior se encontraba la figura del dios de los mares. Al igual que las otras, la de Neptuno también sería rebautizada como “El Emboscao” y la plaza donde encontraba pasó a conocerse como “Plaza del Emboscao”.

Dos instantáneas en las que vemos diferentes fases de la construcción de la protección de la Fuente de Neptuno. Fotografía Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

La fuente y monumento de Neptuno una vez finalizada la estructura de protección. Una vez concluido el trabajo, Neptuno pasaría a ser conocido como el “Emboscado”. Fotografía Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Al igual que ocurriría con Cibeles, la fuente de Neptuno sería desenterrada en los momentos posteriores a la entrega de la ciudad. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

PLAZA MAYOR

En la Plaza Mayor no encontramos con la estatua ecuestre de Felipe III, el rey bajo cuyo reinado se finalizaría la construcción de la plaza tal como hoy la conocemos. La altura y volumen del monumento, obligó a construir una sólida estructura de tablones de madera sobre la que poder superponer los sacos terreros que protegían la escultura. Todo el conjunto sería posteriormente forrado con paredes de ladrillo quedando toda la estructura coronada con un tejadillo de chapa.

Como curiosidad recordar que una vez proclamada la II República en 1931 la estatua sufriría un atentado. Aprovechando que existía una abertura en la boca del caballo, alguien introdujo un cartucho de dinamita con la idea de volar la imagen, aunque solo conseguiría reventar la metálica panza del equino. La detonación hizo que se produjera una lluvia de huesecillos y plumas de los cadáveres de muchos pajarillos que a lo largo de los años se habrían introducido por la boca del caballo quedando atrapados en su interior. Durante la restauración la boca del caballo sería sellada como podemos comprobar en la actualidad.

Diferentes fases de la construcción de la estructura de protección de la estatua ecuestre de Felipe III en la Plaza Mayor de Madrid. Fotografías Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Dos tomas de la protección una vez terminada. Fotografías Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).


DESCALZAS

El Monasterio de las Descalzas, pese a su sobriedad exterior, alberga en su interior uno de los mayores patrimonios artísticos de toda la ciudad. El edificio recibiría el impacto directo de varios proyectiles durante la contienda, que dañarían la edificación. Las autoridades realizarían las reparaciones necesarias para minimizar los daños, protegerían las partes más sensibles y trasladarían las piezas que se podían mover a lugares más protegidos.

En esta serie de fotografías podemos contemplar diversas obras y trabajos realizados en el interior del Monasterio de las Descalzas para proteger este importante conjunto artístico madrileño. Fotografías Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Además de la protección del edifico y sus instalaciones, el resto de piezas de incalculable valor que atesora este histórico edificio serían catalogadas y trasladadas e lugares más protegidos, como atestiguan estas instantáneas de David Seymour “Chim”. Fotos: Magnum Photos- The American Suitecase. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).


TORRECILLA

El Palacio del Marqués de Torrecilla es obra del arquitecto Pedro de Ribera, se encuentra al comienzo de la calle de Alcalá, casi en la misma Puerta del Sol. Durante la guerra resultaría alcanzado por las bombas de la aviación franquista, que destruirían todo su interior, quedando únicamente en pie la fachada del edificio con su bella portada labrada en granito. El Comité de Reforma se encargaría de las obras de protección de la monumental portada, así como de la consolidación de la fachada para evitar su caída. Los trabajos se realizaron tras un minucioso estudio, como prueban los detallados planos que se conservan del proyecto.

En esta serie de fotografías podemos apreciar las diferentes fases de la construcción de la estructura que protegía la monumental portada del Palacio del Marqués de Torrecilla ubicado en el inicio de la calle de Alcalá. Fotografías Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).


PLAZA de ORIENTE

Otro de los monumentos más destacados de la ciudad es la estatua ecuestre de Felipe IV que encontramos en la Plaza de Oriente. Obra del italiano Pietro Tacca sobre un diseño de Diego Velázquez, también contaría con la colaboración de Galileo Galilei, quien realizaría los cálculos necesarios para asegurar la estabilidad de toda la escultura, que se sustenta únicamente sobre las dos pata traseras del caballo, siendo la única estatua ecuestre en todo el mundo de estas características. Estatuas con caballo y con rey (u otro personaje) hay muchas por el mundo, pero que descanse solamente sobre dos patas no encontramos más que la de Felipe IV en la Plaza de Oriente.

Al igual que la de su padre Felipe III en la Plaza Mayor, para proteger el conjunto se construiría una singular estructura forrada completamente de ladrillo, rematada también con tejadillo de chapa, y rellenada de tierra y sacos terreros. En este caso los albañiles echarían el resto y como podemos apreciar en las fotografías colocarían filas horizontales de ladrillos de otro color para darle más prestancia al conjunto.

La espectacular estatua de Felipe IV en la Plaza de Oriente también sería protegida con una sólida estructura de ladrillo rellena de arena. En estas dos imágenes podemos contemplar la construcción una vez finalizada. Fotografías Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Por su proximidad a la primera línea de frente el Palacio de Oriente sería alcanzado por numerosos proyectiles lanzados desde la zona franquista como ya comentamos en nuestra crónica “la farola republicana del Palacio Real” (clic aquí para ir a la crónica). En la imagen podemos contemplar la fachada oeste que mira a la Casa de Campo, la más dañada, con la protección de la escalera que baja al Campo del Moro. Fotografía Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

FUENTECILLA

La Fuentecilla de la calle de Toledo, es otro de los monumentos que serían protegidos durante la guerra. Aunque artísticamente tal vez no alcance el valor de los ejemplos anteriores, su ubicación en uno de los barrios más populares de Madrid, la convierten en otro de los monumentos singulares de la capital.

La Fuentecilla de la calle de Toledo, pese a ser monumentalmente más modesta de lo visto hasta ahora, también sería protegida de los bombardeos. Fotografías Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).


SAN ISIDRO

Y terminamos en los Reales Estudios de San Isidro, el actual Instituto de educación Secundaria San Isidro, en la madrileña calle Toledo, junto a la antigua catedral de la que ya hablamos detenidamente en una crónica anterior. Un edificio y una institución con una larga trayectoria y tradición que cuenta entre sus alumnos con madrileños ilustres como Lope de Vega, Francisco de Quevedo o Pedro Calderón de la Barca entre otros muchos. Durante la guerra se protegería la portada de la entrada principal, más pequeña que la de Torrecilla, pero no por ello de menor valor.

Al igual que la portada del Palacio de Torrecilla, la de los Reales Estudios de San Isidro en la calle Toledo también sería protegida. Fotografías Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Y hasta aquí nuestro recorrido por los monumentos protegidos por el Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid de los bombardeos durante la guerra. Un organismo desconocido y olvidado por la mayoría de historiadores y estudiosos, pero que realizó una intensa y efectiva actividad durante la guerra, que nos permite seguir contemplando en la actualidad algunos de los rincones y de las obras de arte más significativos y singulares de Madrid.

Florentino Areneros.

viernes, 4 de diciembre de 2015

CARA AL SOL

“Cara al sol con la camisa nueva” lámina de Carlos Saenz de Tejada (1940). Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.
CARA AL SOL
80 ANIVERSARIO

Las IV Jornadas de Gefrema se cerraron el pasado domingo con una monumental ruta por la Gran Vía, un recorrido desarrollo del extenso artículo central "Gran Vía: la Avenida del Quince y Medio" publicado en el último número de la prestigiosa revista Frente de Madrid. Durante la parada en la Plaza del Callao se habló como no podía ser de otro modo del legendario hotel Florida y de las vivencias y peripecias de algunos de sus ilustres huéspedes durante la guerra, como los escritores Ernest Hemingway, John Dos Passos, André Malraux o Antoine de Saint Exupery, entre otros, a los que acompañaban periodistas del la categoría de Marta Gelhorn, Herbert Mathews, ...También se habló del edificio Capitol, de su cine donde los madrileños acudian en masa a ver películas como Tchapaief o los marineros del Konstrad, y de su hotel que contó durante un tiempo con un único inquilino: el enigmático Mijail Koltsov, mucho más que un simple corresponsal del Pravda en la Guerra Civil. Para todos los que no pudieron acudir a aquel recorrido guiado por toda la Gran Vía, ahora tienen la oportunidad de hacerlo haciendo clic aquí .

Frente a la plaza del Callao se alza en el 46 de la Gran Vía el impresionante edificio del Palacio de la Prensa, flanqueado por las calles de Tudescos y de Miguel Moya. Esta última debe su nombre al periodista madrileño Miguel Moya Ojanguren, fundador y primer presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, cargo que ocuparía hasta su muerte en 1920. En esta calle se encontraba en los años 30 un restaurante vasco de nombre Or-Kompon, que en euskera significa "allá tú". Anteriormente en este mismo local se ubicaba según relata Agustín de Foxá «la “Galería”, especie de “Rastro” aristocrático, donde acudían los conferenciantes franceses a impregnarse de fácil tipismo. Allí se vendía al esnobismo del momento, libros raros de brujería, viajes y recetas, grabados antiguos, zuecos, cerámica y mantones de Manila». Este era uno de los puntos de reunión del fundador de la Falange José Antonio Primo de Rivera con sus más incondicionales y fieles colaboradores, entre los que se encontraban un selecto grupo de hombres de letras, a los que José Antonio denominaba "movimiento poético". Junto al Or-Kompon, otro de los lugares preferidos por la cúpula de Falange para sus reuniones era la "Ballena Alegre", que se encontraba en los sótanos del café Lion, situado en Alcalá 59, entre Cibeles y la Puerta de Alcalá. Como curiosidad, destacar que mientras los falangistas se citaban en el sótano, en el café se reunían los miembros de la tertulia Cruz y Raya, creada por José Bergamín, y que sería el origen de la revista de igual nombre, entre los habituales a esta tertulia era fácil encontrar a Alberti, Miguel Hernández, Neruda, Cernuda, Lorca, o el torero Ignacio Sánchez Mejías, entre otros. Nos podemos imaginar las miradas que se cruzarían entre unos y otros al coincidir allí, sobre todo teniendo en cuenta que en alguna ocasión bajo los abrigos se escondería alguna pistola.

La madrileña calle de Miguel Moya, al fondo la Gran Vía y la Plaza del Callao. En alguno de los locales de esta calle (no hemos conseguido localizarlo) se encontraba el restaurante vasco Or-Kompon, donde se compondría el “Cara al Sol” hace ahora 80 años. FOTO JAZ. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Tras el discurso de clausura del Segundo Consejo Nacional de Falange, que tuvo lugar en el cine Madrid de la Plaza del Carmen, el 17 de noviembre de 1935, los dirigentes de la formación comenzaron a gestar la idea crear un himno que cerrara de manera solemne y grandiosa este tipo de actos y otras celebraciones organizadas por la Falange. La idea tuvo una aceptación inmediata, empezando por el propio José Antonio: «voy a reunir a una escuadra de nuestros poetas y hasta que no lo tengamos no los suelto». Entre los elegidos para componer esa escuadra de poetas se encontraban Agustín de Foxá, José María Alfaro, Rafael Sánchez Mazas, Pedro Mourlane Michelena, Jacinto Miquelarena y Dionisio Ridruejo. De la música se encargaría el compositor Juan Tellería. Tras asistir al estreno de la película “La Bandera”, parte de los elegidos se reunieron en casa de Marichu Mora, donde José Antonio los convocaría para el día siguiente: «Os espero mañana por la noche en la cueva del Or-kompon. Irá el músico. Si falta alguno, mandaré que se le administre el ricino». Al parecer la “administración de ricino” constituía un método infalible para aunar voluntades y evitar discrepancias.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

La cueva del Or-Kompon era un restaurante vasco que se encontraba en la calle Miguel Moya como ya hemos señalado. Agustín de Foxá recogería este momento en su libro “Madrid de corte a checa” y escribiría posteriormente en 1940 un relato ampliado para Ediciones Españolas con ilustraciones de Carlos Saenz de Tejada, donde narraba la gestación del himno aquella noche del 3 de diciembre de 1935. En su narración nos describía el restaurante: «Era una especie de cueva con acuarelas de Guipúzcoa en los zócalos, carros de bueyes rojos con lana sobre la testuz, caseros de boina, frontones, maizales y curas con paraguas bajo los cielos plomizos de Loyola», tal vez la presencia en el grupo de los vascos Mourlane Michelena, Miquelarena o Sánchez Mazas que se había criado en Bilbao, así como el maestro Tellería, influyó en la elección del local. Aquella noche solo se escribiría la letra del himno, la música había sido compuesta un año antes por Juan Tellería y llevaba por título “Amanecer en Cegama”, localidad natal del músico, a la que se añadirían posteriormente las estrofas que nacerían aquella noche en el Or-Kompon. A algunas personas el inicio de esta melodía les recuerda el comienzo de La Marsellesa.

José Antonio Primo de Rivera con uniforme falangista durante un mitin. Foto Campúa. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Además de los poetas ya citados y el propio José Antonio, formaban parte del grupo Agustín Aznar y Luis Aguilar, dos hombres de “acción” de Falange, famosos por lo contundente de sus métodos. La misión de ambos no era tanto vigilar ante un posible amenaza (en aquellos tiempos los enfrentamientos armados entre falangistas y miembros de otras organizaciones opuestas era algo habitual), como evitar la “deserción” de los allí reunidos hasta que la letra no estuviera compuesta. Si fallaba la amenaza del ricino, allí estaban Aznar y Aguilar como segunda línea de persuasión.

Nada mejor que el relato de Agustín de Foxá, uno de los testigos y protagonistas, para hacernos una idea de lo que ocurrió en la Cueva del Or-Kompon aquella noche:

El tema de la conversación de aquella noche fue el teatro y la música. Se comentó El joven piloto, zarzuela de Luis Bolarque y de Jacinto Miquelarena.

Había un gran jaleo de vasos; los mozos trajeron chacolí, sidra y bacalao; alguien dijo:
—Vamos a hacer una sangría.

Después de la cena, el maestro Tellería se puso al piano. Tocaba pasodobles y tangos.
—Oye; toca eso que hiciste el otro día.

Sonó una música enérgica, alegre y guerrera.
—¿Te gusta, José Antonio?
—Está bien. ¿A ver cuántos poetas hay aquí?

Nos contó, añadiendo:
—Vamos a hacer un himno para que lo canten los chicos.

Un mozo trajo unas cuartillas y nos desperdigamos por las mesas. Bolarque, con su fino oído musical, hacía los “monstruos”, es decir, las estrofas sin sentido que llenaban la música y que luego había que sustituir por otras poéticas. Recuerdo que uno de ellos era:

“Adiós, adiós, el Capitán se va.”

Hecho sin duda, bajo la influencia de la desoladora estrofa de José María Alfaro que ya hemos citado. Trazó el plan José Antonio.
—Nuestros muchachos exigen una canción alegre, de guerra y de amor, pero exenta de odio. No ha de ser engolada ni solemne. En la primera parte debemos hablar de la novia; luego, de la muerte, haciendo una alusión a la guardia eterna de las estrellas, y después algo sobre la paz y la victoria.

Con su voz caliente, un poco nasal, nos recitó media estrofa que ya traía pensada:

Traerán prendidas cinco rosas
las cinco flechas de mi haz.

“Traeran prendidas cinco rosas” lámina de Carlos Saenz de Tejada (1940). Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

El músico, despeinado, golpeaba las teclas. Yo escribía en una mesa entre migas de pan y las peladuras en espiral de la fruta. Quise poner un arranque brioso.

De cara al sol con la nueva camisa
que me bordaste ayer.

José Antonio y Rafael Sánchez Mazas hicieron algunas modificaciones. Se suprimió la preposición “de” y se puso “camisa nueva” por necesidades de rima. En el segundo verso se añadieron las palabras “tú”, que daba energía y perfilaba la idea de la novia, y “en rojo” porque resultaba corto ese verso. Hubo una larga pausa. Todos meditaban sobre las cuartillas y algunos mordían el lápiz y miraban al techo. Al final se nos acercó Ridruejo leyéndonos un papel arrugado. Había modificado una idea de José Antonio y añadido el verso completo.

Volverán banderas victoriosas
al paso alegre de la paz.

No fue tan fácil capturar el adjetivo “alegre”. En los primeros papeles (que Bolarque conservó hasta la revolución) aparecían los adjetivos “recio” y “fuerte”.

No recuerdo exactamente quién lo propuso. Únicamente sé que, cuando quedó flotando en el aire, hicimos el ademán de cogerlo con la mano. Eso era. Alegre.
—Eso, eso es magnífico.

Aznar, que vigilaba la puerta, preguntó por José María.
—Está arriba en la barra. Voy a buscarle.

“Que tú bordaste en rojo ayer” lámina de Carlos Saenz de Tejada (1940). Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

No salía la segunda estrofa. A mí me resultaban barrocos todos los intentos basados en centurias formadas sobre nubes y desfiles pálidos de muertos. Bajó Alfaro y nos recitó la estrofa de la sonrisa de la primavera.

Volverá a reír la primavera
y será la vida, vida nueva.

Eran las dos y media de la madrugada. Encendí un pitillo, algunos querían marcharse pero Agustín Aznar y Luis Aguilar vigilaban la puerta.
—De aquí no sale nadie.

Campanudo y taciturno, don Pedro Mourlane, el canciller, como le llama José Antonio en las cenas de Carlomagno, tachaba con una línea de lápiz el segundo verso, que ya no iban a repetir los camaradas, y escribía con letra menuda encima unas palabras. Preguntó:
—¿No os gusta más esto?

Que por cielo, tierra y mar se espera.

Todos aprobamos unánimes y le felicitamos.

José María Alfaro acaba de encontrar la palabra decisiva, la promesa del amanecer de España. Escribió al lado de José Antonio:

¡Arriba, escuadras, a vencer,
que en España empieza a amanecer!

Impaciente propuso Bolarque:
—Aunque el himno está incompleto, vamos a cantarlo.

José Antonio se frotaba infantilmente las manos y nos agrupamos todos alrededor del piano. Se abrieron los primeros compases. Comenzamos a cantar. La música sonaba vibrante; eran voces juveniles que invocábamos a la muerte y a la victoria; nos poníamos firmes inconscientemente y levantábamos el brazo.

Era que estaba allí el himno arrebatándonos, sorprendiéndonos a nosotros mismos, vivo ya, independiente, desgajado de sus autores.

En los ojos de José Antonio brillaba una luz de entusiasmo velada por una ligera tristeza. Le parecía escuchar en la apartada calleja las pisadas rítmicas de sus camaradas que marchaban hacia un frente desconocido. Y se imaginó a sus mejores, pronunciando moribundos en la tierra, en el mar y en el aire, aquellas palabras que hacía unos minutos sobre el papel no eran nada y que ya no pertenecían a los poetas.

Comentaba José Antonio, todavía enardecido:
—Ha quedado estupendo.

Añadía:
—Le haremos cantar en la calle de Alcalá con acompañamiento de pistolas.

Exaltábale Rafael:
—Esto es lo bueno, lo popular, los consonantes fáciles: “lleva” con “nueva”.

Aludía a los dos versos de la primera estrofa.

Flotaba sobre las mesas el humo denso de los pitillos. Salimos de “Or-Kompon”. Hacía frío aquella noche. Subimos por Alcalá, entre faroles, levantándonos los cuellos de los abrigos. Al día siguiente en el despacho de mi padre –espadas, cotas de malla, viejos libros ilustrados por Gustavo Doré- encontré yo la estrofa de los caídos. José Antonio había interpretado poéticamente el más allá por medio de la estrellas. Fui fiel a su idea; pero, por razones métricas, escribí, en lugar de estrellas, “luceros”. Me quedó así la estrofa:

Si caigo aquí, tengo otros compañeros
que montan ya la guardia en los luceros,
impasible el ademán,
y están
presentes en nuestro afán.

Fui por la noche a buscar a José Antonio y se la leí. Como la estrofa resultaba corta con relación a la música, añadió él estos tres versos:

“Si te dicen que caí” y “volverán banderas victoriosas” láminas de Carlos Saenz de Tejada (1940). Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Si te dicen que caí, me fui
al puesto que tengo allí.

Le hice un reparo.
—Dos veces “caí” no me gusta.
—Tienes razón.

Entre los dos escribimos:

Formaré juntos a mis compañeros
que hacen guardia sobre los luceros.

Acabábamos de hacer la Canción de la Falange. Bajamos los dos por la calle de Ológaza y me despedí de José Antonio. Tardé varios días en volverle a ver. Por la Gran Vía pasaban grupos de gente que salían del “Cine Avenida”, donde acaba de estrenarse la película titulada La Bandera. Había neblina en los faroles.

Todo esto sucedía exactamente el cuatro de diciembre del año 1935.

Agustín de Foxá


El himno tendría su puesta de largo el 2 de febrero de 1936 en un multitudinario mitin en el cine Europa de Madrid de la calle Bravo Murillo, en el corazón del barrio de Tetuan, que era conocido por aquel entonces como “la pequeña Rusia” por la fuerte implantación que las formaciones izquierdistas y anarquistas tenían en la zona. Desde ese día el “cara al sol” pasaría a formar parte esencial de la estudiada simbología y cuidada puesta en escena que la nueva formación política incluía en todos sus actos públicos. Durante la guerra se convertiría en todo un clásico, tanto en las celebraciones y actos oficiales, como entre la tropa, que lo adoptó como un canto propio. Su popularidad fue en aumento en paralelo al aumento de la influencia que la Falange iba adquiriendo en la zona franquista, aunque para muchos esa influencia no era tal, sino que más bien se trataría de una fagocitación del naciente régimen del ideario falangista, necesitado de una base ideológica sobre la que sustentar su identidad. Esta “apropiación”, que implicaba también la fusión con los carlistas en una misma organización, causaría malestar entre muchos “camisas viejas” que entendían que se había perdido la esencia de los principios fundacionales. Este malestar llevaría a muchos de ellos a la cárcel, e incluso a ser condenados a muerte, como el propio Manuel Hedilla, sucesor de José Antonio al frente de la Falange tras la muerte de este, quien sería condenado a dos penas de muerte por conspirar contra Franco, penas que le serían finalmente conmutadas.

José Antonio Primo de Rivera flanqueado por Julio Ruiz de Alda, Raimundo Fernández Cuesta y otros falangistas, fotografiados en febrero de 1936 a la salida de un mitin en el cine Europa de la calle Bravo Murillo. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Finalizada la contienda, el “Cara al Sol” tomaría carácter de himno oficial del nuevo régimen junto con el “Oriamendi” y la propia “Marcha Real”. Su presencia era constante en la vida pública española, llegando incluso a cantarse en las escuelas. Seguramente ninguno de los asistentes a la cena en la Cueva del Or-Kompon en aquella fría noche de diciembre de 1935 imaginaron el destino que le esperaba a su creación.

Tras el golpe militar de julio de 1936 que desencadenaría la Guerra Civil, todos los presentes aquella noche en el Or-Kompon serían protagonistas de alguna u otra manera, con mayor o menor presencia, en aquella contienda que condicionaría su futuro.

Al comenzar la guerra José Antonio Primo de Rivera se encontraba preso en la prisión de Alicante. Había sido detenido y encarcelado en Madrid en marzo de 1936 por posesión de armas, siendo trasladado posteriormente a Alicante en junio de ese mismo año. Desde la cárcel José Antonio había participado en los preparativos del golpe, llegando incluso a negociar la participación de los falangistas en la insurrección con el propio general Mola, el “Director” del golpe.

Finalmente sería condenado a muerte por conspiración y rebelión militar. Hubo algunos proyectos para liberarle en operaciones tipo comando, también se intentó su canje por otros prisioneros, incluso según algunas fuentes el propio José Antonio se ofreció para intentar negociar con los sublevados el final de las hostilidades ante el dramático desarrollo que estaban tomando los acontecimientos. Pero todos los intentos serían en vano, y sería fusilado en la prisión de Alicante el 20 de noviembre de 1936, el mismo día que en Madrid moría el líder anarquista Buenaventura Durruti.

Imagen de estudio de José Antonio Primo de Rivera. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Indirectamente la muerte de José Antonio, a la que habría que sumar el fallecimiento en sendos accidentes de aviación de los generales Sanjurjo y Mola, facilitaría al general Franco una cómoda posición como líder único, indiscutible e incuestionable en el nuevo régimen. ¿Habría cambiado algo el destino de España o el propio desarrollo de la guerra si José Antonio hubiera continuado vivo? Nunca lo sabremos.

El escritor y poeta Rafael Sánchez Mazas. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Otro de los asistentes a aquella cena en el Or-Kompon, el escritor Rafael Sánchez Mazas, sería protagonista de una serie de peripecias durante la guerra dignas de llevarse a una novela y al cine, como acabaría ocurriendo finalmente. Al iniciarse la guerra es detenido y acaba ingresando en la Cárcel Modelo, de la que consigue salir gracias a las gestiones de Indalecio Prieto, seguramente las raíces bilbaínas del preso influyeron en la decisión del líder socialista, refugiándose posteriormente en la embajada de Chile donde permaneció más de un año. En el otoño de 1937 abandona la embajada con la intención de llegar hasta Francia, pero es detenido a finales de noviembre en Barcelona. Pasaría por diversas prisiones y finalmente en enero de 1939, con las fuerzas franquistas avanzando de manera imparable hacia la frontera francesa, cuando iba a ser fusilado consigue huir, llegando posteriormente hasta las líneas franquistas. Las peripecias de Sanchez Mazas inspirarían a Javier cercas su novela “Soldados de Salamina”, que a su vez estaría en la génesis de la película de David Trueba de igual título.

Filmación en la que el propio Rafael Sánchez Mazas relata como fue su fallido fusilamiento y posterior fuga. Haga clic sobre la imagen para ver el vídeo.

Tras la guerra sería nombrado ministro sin cartera, cargo que desarrolló sin mucho entusiasmo, llegando tarde a la mayoría de consejos de ministros hasta que un día Franco le dijo que “no era necesario que volviera más”. Fue padre del también escritor Rafael Sánchez Ferlosio y del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, de este último podemos decir que le salió “rana” ideológicamente hablando, ya que fue uno de los más destacados exponente de la canción protesta contra el franquismo.

Cartel de la película Soldados de Salamina de David Trueba, inspirada en la novela homónima de Javier Cercas donde relata las vivencias de Sánchez Mazas durante la guerra. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

El compositor Juan Tellería Arrizabalaga, sería detenido al comenzar la guerra. Al quedar en libertad se afilió a la CNT para borrar el rastro de su pasado falangista, llegando incluso a poner música a algunas producciones cinematográficas del sindicato anarquista. A su muerte se le erigió un monumento en su localidad natal de Zegama, que sufriría un atentado de ETA finalizando los años 60 del pasado siglo. Tiene una calle, o sería más correcto decir callejón, dedicada en Madrid en lo que fuera el complejo de los Sindicatos Verticales y sede del diario Pueblo, el actual Ministerio de Sanidad del Paseo del Prado.

Agustín de Foxá, conde de Foxá (o de si mismo, como le gustaba decir) y marqués de Armendariz, fue escritor y diplomático. Además de aportar algunos de los versos de el “Cara al Sol”, dejó tras de si una variada obra literaria, donde sin duda destaca por encima del resto, la ya mencionada novela “Madrid de corte a Checa”. Pasa los primeros meses de la guerra desarrollando su labor como diplomático en la embajada española en Bucarest, desde donde se traslada a Salamanca, lugar en el que escribirá su famosa novela y donde cada noche leía lo que había escrito en el célebre café Novelty de su Plaza Mayor. Finalizada la guerra es destinado a Roma donde tiene un encontronazo dialéctico con el conde Ciano, yerno de Mussolini, que apunto está de costarle muy caro. Durante una cena Ciano advierte a Foxá de que la bebida acabará matándolo, a lo que este le responde que prefiere que le mate la bebida a que lo haga Marcial Lalanda, en alusión a la fama de cornudo del italiano, que intentó retarlo a duelo allí mismo. Este incidente pondría en la picota a Foxá que sería acusado de espía de los aliados. La intervención de otro cuñado, en este caso Serraño Suñer “cuñadísimo” de Franco, consiguió que el incontinente Foxá regresara a España: «El camarada Foxá saldrá de Italia por chistoso, pero no por espía».

El escritor y diplomático Agustín de Foxá. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Agustín de Foxá continuaría compaginando su carrera diplomática y literaria, hasta su temprana muerte en 1959 cuando contaba 53 años. Su catalogación por el gran público como un autor franquista, algo que él nunca negó, llegando incluso a presumir de ello: «Soy aristócrata, soy conde, soy rico, soy embajador, soy gordo, y todavía me preguntan por qué soy de derechas. ¿Pues qué coño puedo ser?», quizá haya influido en que no haya obtenido el merecido reconocimiento literario, algo que si han logrado otros autores que también coquetearon en su momento con el franquismo y la falange, como Torrente Ballester, Pedro Laín Entralgo o el propio Camilo José Cela entre otros muchos. Agustín de Foxá también tiene calle dedicada en Madrid.

Agustín de Foxá junto al diestro Manolete y a Lupe Sino, pareja del torero tras la guerra. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Y vamos a terminar las breves semblanzas de los presentes en la Cueva del Or-Kompon la noche en que nació el “Cara al Sol” con la figura de Dionisio Ridruejo, que sería el que experimentaría una mayor transformación tras la guerra. Ridruejo era un falangista convencido, de primera hornada, gran admirador de José Antonio Primo de Rivera al que dedicaría varios sonetos. La guerra le sorprendería en zona sublevada, siendo testigo del incidente entre Millán Astray y Unamuno en la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, Día de la Raza. Nombrado por Hedilla jefe provincial de la Falange en Valladolid, es allí donde ya tiene sus primeros desencuentros con el nuevo régimen al publicar un discurso de Jose Antonio en el que se criticaba a ciertos sectores sociales, compañeros ahora, por imposición, de la Falange. Posteriormente sería nombrado Director General de Propaganda, aunque sus problemas con las autoridades continuarían. A punto de caer Cataluña, Ridruejo imprime propaganda en catalán para ser distribuida entre la población, sobre todo en Barcelona, pero un alto grado militar, el general Álvarez Arenas, decidió que quedaba prohibida la utilización de esa lengua y el material ya impreso fue almacenado. Sería cesado del cargo en mayo de 1941.

Finalizada la guerra Dionisio Ridruejo se alistaría en la División Azul. En la imagen vemos a un grupo de componentes de esta unidad por tierras rusas. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Dionisio Ridruejo se alistaría como voluntario y como soldado raso en la División Azul, en sus propias palabras «En rigor fui a Rusia –cuenta Ridruejo– a intervenir en la guerra, porque creía en aquella joven Europa heroica y popular de que estaban llenas las imaginaciones de ciertos fascistas ingenuos». Y será a partir de su vuelta del frente ruso cuando comienza su desengaño con el nuevo régimen. En julio de 1942 escribe una carta al mismo Franco de la que recogemos algunos párrafos:

«Mi general: Si me atrevo a distraer la atención de V.E con esta carta es simplemente por una razón de conciencia… Seguir viviendo silencioso y conforme como un elemento, aunque insignificante, del Régimen me parece en el estado actual de cosas un acto de hipocresía… Durante mucho tiempo he pensado, junto con algunos servidores más inteligentes y leales –más exigentes y antipáticos quizá también– que ha tenido Vuecencia, que el Régimen que preside a través de todas sus vicisitudes unificadoras, terminaría por ser al fin el instrumento del pueblo español y de la realización histórica refundidora que nosotros habíamos pensado. No ha resultado así y se lleva camino de que no resulte ya nunca… Lo cierto es que los falangistas no se sienten dirigidos como tales, no ocupan los resortes vitales del mando, pero en cambio los ocupan en buena proporción sus enemigos manifiestos y otros disfrazados de amigos, amén de una buena cantidad de reaccionarios… La Falange gasta estérilmente su nombre y sus consignas una obra generalmente ajena y adversa perdiendo su eficacia, y la pugna hace que toda su obra aparezca llena de contradicciones y sea estéril»

El escritor, poeta y político Dionisio Ridruejo acabaría abandonando la Falange y renegando del franquismo. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Sería separado del Partido, sus obras censuradas, sufriría diferentes destierros y confinamientos. Ridruejo se había convertido en un personaje incómodo para el régimen, seguramente su trayectoria y prestigio dentro de falange impidieron que se tomaran medidas más drásticas contra él. Finalmente sería enviado a Roma como corresponsal de la “Prensa del Movimiento” en 1948. Roma era la capital de un país que acababa de salir de una guerra y de dejar de lado una dictadura fascista, la visión de cómo se afronta la posguerra en Italia, comparándola con lo que estaba ocurriendo España, le hace replantearse nuevamente su perfil ideológico.

De regreso a España, en 1956 crea Acción Democrática por lo que es detenido y encarcelado en Carabanchel. En 1962 se exilia en París, siendo encarcelado nuevamente a su regreso. Continuaría con su intensa actividad literaria y política, ahora reconvertido a la social democracia no marxista, hasta su muerte en 1975, unos meses antes del fallecimiento del dictador. Para muchos Dionisio Ridruejo fue un precursor y artífice de la Transición, aunque no lograra verla realizada, así como de la reconciliación entre españoles. Pese a su trayectoria y a su obra, es un autor y político totalmente desconocido para la mayoría de españoles. Dionisio Ridruejo no tiene calle dedicada en Madrid.

Dionisio Ridruejo, con unos papeles en la mano, en una instantánea tomada durante la guerra. Haga clic sobre la imagen para verla ampliada.

Al igual que Dionisio Ridruejo, muchos falangistas se sentirían traicionados y utilizados por el nuevo régimen. Algunos serían también perseguidos y represaliados como el propio Ridruejo, y muchos como él acabarían abandonando la formación. Otros continuarían manteniendo una Falange paralela donde afirmaban conservar las esencias de la formación que creara José Antonio. Pero la mayoría continuarían formando parte de la Falange que había sido fagocitada por el nuevo régimen nacido tras la contienda. Muchos de los miembros de la Falange “oficial”, la del régimen, abandonarían la formación tras la muerte de Franco pasando a integrarse en las filas de los nuevos partidos democráticos o en otros organismos, como fue el caso de Adolfo Suarez, Rodolfo Martín Villa o de Juan Antonio Samaranch, por citar solo algunos de los más conocidos. Considerados como padres de la democracia y convertidos en una especie de héroes para muchos españoles, para otros solo fueron unos camaleones políticos que supieron adaptarse a las circunstancias más favorables de cada momento.

Imagen de archivo de Rodolfo Martín Villa en la que le vemos brazo en alto parece que entonando una canción en un acto oficial, tal vez el “Cara al Sol”. No sabemos ni el lugar ni la fecha de la toma, pero en la columna del fondo se distingue perfectamente el impacto de un disparo de fusil.

Hace unos días el ahora afamado y meloso entrevistador Bertín Osborne, respondía airado a una pregunta sobre Franco, que varios familiares suyos habían sido ejecutados en Paracuellos, pero que él ya lo había olvidado, y que si él podía hacerlo, por qué no el resto de españoles. Olvidar nos parece un error, se puede perdonar, se puede recordar sin rencor, se debe tratar la Historia con objetividad y rigor, pero nunca olvidar nuestra Historia, ni Paracuellos, ni las decenas de miles de españoles que todavía permanecen de manera incomprensible enterrados en cunetas, aunque nos desagrade recordarlo. Ya lo dejó escrito Cervantes hace más de cuatrocientos años en las páginas de El Quijote: «habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y nonada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir». Hagamos caso a Don Miguel y no olvidemos nuestra Historia.

Y hasta aquí esta crónica sobre lo sucedido hace ahora 80 años en un restaurante de una pequeña calle que nace en la Gran Vía. Una de las muchas historias apasionantes que acontecieron en la Gran Vía durante la Guerra Civil, y que ahora pueden conocer gracias a los itinerarios guiados de Rutas Sol y Moscas.

Florentino Areneros.