sábado, 5 de abril de 2014

EL DISCURSO DE CASADO

Una de las imágenes más icónicas de la guerra civil posiblemente sea la del coronel Segismundo Casado frente a un micrófono la noche del 5 de marzo de 1939. En esta crónica desvelamos alguno de los interrogantes que se esconden tras esta fotografía. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).
EL DISCURSO DE CASADO
(75 Aniversario)

Por Florentino Areneros.

En la noche del 5 de Marzo de 1936 un grupo de militares y civiles, comandados por el coronel Casado escenificaban con un discurso radiado el golpe de estado contra el gobierno del Doctor Negrin que llevaban tiempo preparando. Mucho se ha hablado y escrito de aquel episodio desde entonces hasta nuestros días, un episodio que sería el punto de arranque de lo que luego se conocería como el Golpe de Casado. Si la guerra había comenzado con el golpe de julio de 1936, iba a terminar, o a acelerar su final, gracias a este golpe de marzo de 1939, que acabaría dando la puntilla al gobierno del doctor Negrín.

Como bien repite nuestro admirado maestro Fernando Hernández Sánchez “la victoria tiene muchos padres, pero la derrota siempre es huérfana”, tal vez ello sea el motivo de que a día de hoy todavía queden muchas lagunas por completar de aquellos hechos. Las versiones y opiniones de lo ocurrido son en algunos casos dispares, los testimonios de los testigos que se han ido recogiendo en la abundante bibliografía, así como las diferentes biografías de alguno de sus protagonistas principales, difieren de manera notable, y lo que es más significativo, seguramente muchos callen o cambien detalles y hechos de interés para eludir sus propias responsabilidades y errores. El Golpe de Casado precipitaría el desenlace de la guerra, que terminaría seguramente de la peor manera posible para los intereses de los perdedores. A la catástrofe que supuso este final habría que sumar la tragedia a la que miles de personas del bando perdedor se verían abocados, no olvidemos que tras la guerra decenas de miles de prisioneros serían fusilados, y que muchos otros miles perecerían en los centros de internamiento o realizando trabajos forzados. En estas circunstancias es comprensible que nadie quiera responsabilizarse de lo que en aquellos días aconteció, todos aseguran haber tomado las mejores decisiones posibles o haber actuado forzados por las circunstancias sin que hubiera ninguna alternativa mejor a lo que ellos se vieron obligados a hacer. Queda mucho por investigar y descubrir, incluidos algunos archivos todavía clasificados, principalmente españoles y británicos. Tal vez no haga mucha gracia al gobierno de Su Graciosa Majestad que a partir de aquellos documentos se pudiera descubrir que el gobierno su nación ayudó a implantar un régimen de corte fascista en España que se mantendría en el poder con mano de hierro durante 40 años. Tampoco entendemos ese celo que muestra el Ministerio de Defensa español en mantener como clasificados documentación de hace más de 75 años, pero como bien dice a menudo nuestro amigo Capa “será que Dios lo ha querido así”.

En la fotografía, tomada durante una visita al cuartel general del IV Cuerpo de Ejército en Alcohete (Guadalajara), distinguimos a dos de los principales protagonistas de este episodio. En el centro, con anteojos, se encuentra el coronel Segismundo Casado y a la izquierda (el único del grupo que calza alpargatas) distinguimos a Cipriano Mera. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

La lista de los que participaron en aquel episodio, bien sea por acción u omisión, es muy extensa. Como si de una comedia de enredo se tratara (espero que se me perdone la ironía) en aquellos acontecimientos participaría un extenso plantel de protagonistas principales y actores secundarios: militares, civiles, políticos, espías, traidores, diplomáticos, servicios secretos de ambos bandos y extranjeros..., mezclados en mil historias diferentes de traiciones, infidelidades y lealtades, intrigas, luchas, engaños..., todo ello en medio de un terrible caos y descoordinación, como pone de manifiesto el hecho de que mientras unidades leales al gobierno luchaban contra los golpistas en las calles de Madrid, Negrín acompañado por la mayor parte de su gabinete, así como los principales mandos militares que le prestaban su apoyo, ya habían abandonado España hacia tiempo.

No es nuestra intención hacer una crónica sobre el Golpe de Casado, sería muy difícil, por no decir imposible, condensar aquellos hechos, sobre todo teniendo en cuenta la multitud de versiones dispares que existen, un trabajo que ocuparía páginas y páginas y que además escapa a nuestras modestas capacidades y conocimientos. Pero no queríamos dejar pasar el 75 aniversario de aquellos hechos sin detenernos brevemente en ello y animamos a nuestros lectores a profundizar en el tema, seguro que es de su interés.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

Seguramente si existe una imagen icónica de aquel episodio histórico, sea la del coronel Segismundo Casado sentando frente a un micrófono, mientras se dirige a la población en un discurso radiofónico desde los sótanos del Ministerio de Hacienda en la calle de Alcalá. Aquella fotografía de aquel momento histórico sería tomada por el legendario fotógrafo Alfonso, quien también retrataría al resto de personas que intervinieron para dirigirse a la población. Como bien decía el maestro Carlos García Alix “Rufian”, las fotos nos hablan, muchas esconden secretos y misterios por desentrañar, solo hay que saber interrogarlas y dejar que te respondan. Las fotos que tomó Alfonso esa noche son tremendamente inquietantes, los rostros transmiten una enorme tensión, la seriedad y transcendencia del momento se aprecia en las caras y las expresiones de los que en ellas aparecen, sabedores sin duda de la importancia de ese instante que estaban viviendo. Particularmente lo que a mi siempre me ha llamado la atención al contemplar estas fotografías es la inquietud que produce ver a Mera, Casado o Besteiro hablando con esa vehemencia que refleja la imagen pero no saber que es lo que dicen, no saber cual es la gravedad de esas palabras que hacen que el resto de personas que aparecen en la fotografía muestren ese gesto de tremenda seriedad y preocupación. En esta crónica vamos a desvelar este misterio a nuestros lectores. Hemos recurrido nuevamente al admirado maestro Luis Romero recogiendo de su libro “el final de la guerra” los discursos que se pronunciaron ante los micrófonos aquella intensa noche, y que nos permitirán conocer algo más de los motivos que llevaron a estas personas a dar este trascendental paso que terminaría con la guerra y con la República.

El Palacio de la Torrecilla, junto al edificio del Ministerio de Hacienda en la calle de Alcalá, sería destrozado por las bombas de la aviación franquista durante uno de sus innumerables ataques sobre la ciudad de Madrid. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Pero vayamos a los hechos. A la nueve de la noche del cinco de marzo de 1939 Julian Besteiro llega al Ministerio de Hacienda en la madrileña calle de Alcalá, a escasos metros de la Puerta del Sol, un edificio que ya sirvió de puesto de mando al general Miaja al principio de la guerra, en concreto sus sótanos que habían sido habilitados y fortificados. Junto a Besteiro llegan el socialista Wenceslao Carrillo, el diputado de Izquierda Republicana Miguel San Andrés y Rafael Sánchez-Guerra, ayudante del coronel Casado. Ya en el sótano se reúnen con Casado, quien está acompañado por el general Toribio Martínez Cabrera, el coronel Adolfo Prada Vaquero y otros jefes militares, así como el comisario del Ejército del Centro Edmundo Domínguez. También se encuentra allí un importante grupo de representantes de la CNT. El último en llegar sería Cipriano Mera, quien llegaría acompañado de su comisario político Antonio Verardini.

Los presentes se reunieron en una sala para confirmar quienes habrían de ocupar las consejerías en el nuevo Consejo que se habría de formar. Casado se haría cargo de la de Defensa, y también de la Presidencia del Consejo pero de manera provisional, a la espera de que Miaja, en aquel momento en Valencia, aceptara el cargo. Besteiro ocuparía la de Estado y Wenceslao Carrillo la de Gobernación, el resto se repartiría entre los diferentes partidos y sindicatos que apoyaban el golpe.

Los discursos de los que habrían de intervenir ya estaban redactados y la hora prevista en la que habrían de dirigirse a la población por medio de la radio se ha fijado a las 10 de la noche. Sin embargo un imprevisto hace que toda la planificación se posponga: no se tienen noticias de la 70 Brigada. Esta brigada era una unidad muy fogueada que había participado en algunas de las principales batallas a lo largo de toda la guerra, estaba al mando de Bernabé López Calle “Comandante Abril” y pertenecía a la 14 División encuadrada en el IV Cuerpo de Ejército de Cipriano Mera. Su misión era la de proteger a diferentes edificios oficiales del centro de Madrid: Ministerio de la Guerra, Gobernación, Telefónica, Banco de España, Palacio de Comunicaciones, Dirección General de Seguridad y otros. La actuación de esta brigada sería de suma importancia en el desenlace de los acontecimientos de días posteriores.

Finalmente a las once de la noche se establece contacto con la brigada. Una compañía de la misma al mando del capitán Septien, se encarga de proteger el Ministerio de Hacienda, las puertas se cierran definitivamente. En el interior todo está preparado, algunos periodistas, tanto nacionales como extranjeros, permanecen en el interior del edificio para ser testigos del acontecimiento. Momentos antes de las doce de la noche los protagonistas se dirigen al despacho donde han sido instalados los micrófonos de Unión Radio. Allí se encuentra Augusto Fernández Sastre, un capitán de carabineros que durante toda la guerra se ha encargado de leer el parte diario de guerra a las doce de la noche. La alocución finalmente comenzará a esa hora, las doce de la noche, coincidiendo con el parte.

El socialista Julian Besteiro sería el primero en intervenir. Durante su discurso siempre tuvo al lado a Casado. Las caras de los presentes hablan por si solas de la trascendencia del momento. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

El locutor anuncia en primer lugar a Julian Besteiro, añadiendo que, dada su personalidad relevante, no necesitaba presentación. Besteiro trae su discurso escrito en una cuartillas, viste un abrigo negro y bajo el mismo, traje y corbata, su rostro transmite una enorme preocupación. Toma asiento junto al micrófono, una pequeña lámpara ilumina sus cuartillas, junto a él, de pie, se sitúa el coronel Casado. Besteiro. Con gesto solemne, comienza su discurso:

«Conciudadanos españoles: Después de un largo y penoso silencio, hoy me veo obligado a dirigiros la palabra por un imperativo de la conciencia, y desde un micrófono de Madrid.

Ha llegado el momento en que irrumpir con la verdad y rasgar la red de falsedades en que estamos envueltos, es una necesidad ineludible, un deber de humanidad y una exigencia de la suprema salvación de la masa inocente e irresponsable.

¿Cuál es la realidad de la vida actual de la República? En parte lo sabéis; en parte lo sospecháis o lo presentís; tal vez muchos, en parte al menos, lo ignoráis. Hoy, esa verdad por amarga que sea, no basta reconocerla sino que es preciso proclamarla en alta voz para evitar males mayores, y dar a la actuación pública urgente toda la abnegación, todo el valor que exigen las circunstancias.

La verdad es, conciudadanos, que después de la batalla del Ebro, los Ejércitos Nacionalistas han ocupado totalmente Cataluña, y el Gobierno republicano ha andado errante durante largo tiempo en territorios franceses.

La verdad es que, cuando los ministros de la República se han decidido a retornar a territorio español, carecen de toda base legal y de todo prestigio moral necesario para resolver el grave problema que se presenta ante nosotros.

Por la ausencia, y más aún, por la renuncia del Presidente de la República, ésta se encuentra decapitada. Constitucionalmente el Presidente del Consejo no puede sustituir al Presidente dimisionario más que con la obligación estricta de convocar elecciones presidenciales en el plazo improrrogable de ocho días. Como el cumplimiento de este precepto constitucional es imposible en las actuales circunstancias, el Gobierno Negrín, falto de la asistencia presidencial y de la asistencia de la Cámara, a la cual seria vano dar una apariencia de vida, carece de toda legitimidad y no puede ostentar título alguno al respeto y al reconocimiento de los republicanos.


Otra instantánea del discurso de Besteiro. Finalizada la guerra, al contrario que sus compañeros de aventura Julian Besteiro se negaría a abandonar España, moriría posteriormente en el penal de Carmona (Sevilla). (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

¿Quiere decir esto que en el territorio de la República exista un estado de desorden? El Gobierno Negrín, cuando aún podía considerarse investido de legalidad, declaró el estado de guerra, y hoy, al desmoronarse las altas jerarquías republicanas, el Ejército de la República existe con autoridad indiscutible y la necesidad del encadenamiento de los hechos ha puesto en sus manos la solución de un problema gravísimo, de naturaleza esencialmente militar.

¿Quiere decir esto que el Ejército de la República se encuentra desasistido de la opinión civil? Aquí, en torno mío, se halla una representación de Izquierda Republicana, otra del Partido Socialista, otra de la U. G. T. y otra del Movimiento libertario.

Todos estos representantes, juntamente conmigo, estamos dispuestos a prestar al Poder legítimo del Ejército Republicano la asistencia necesaria en estas horas solemnes.

El Gobierno Negrín, con sus veladuras de la verdad, con sus verdades a medias y con sus propuestas capciosas, no puede aspirar a otra cosa que a ganar tiempo, tiempo que es perdido para el Ínteres de la masa ciudadana, combatiente y no combatiente. Y esta política de aplazamiento no puede tener otra finalidad que alimentar la morbosa creencia de que la complicación de la vida internacional permita desencadenar una catástrofe de proporciones universales, en la cual, juntamente con nosotros, perecerían las masas proletarias de muchas naciones del mundo.

De esta política de fanatismo catastrófico, de esta sumisión a órdenes extrañas, con una indiferencia completa ante el valor de la nación, está sobtesaturada ya la opinión republicana toda. Yo os hablo desde este Madrid que ha sabido sufrir y sabe sufrir con emocionante dignidad su martirio; yo os hablo desde este «rompeolas de todas las Españas» que dijo el poeta inmortal que hemos perdido, tal vez abandonado en tierras extrañas; yo os hablo para deciros que cuando se pierde, es cuando hay que demostrar, individuos y nacionalidades, el valor moral que se posee. Se puede perder, pero con honradez y dignamente, sin negar su fe, anonadados por la desgracia. Yo os digo que una victoria moral de ese género vale mil veces más que una victoria material lograda a fuerza de claudicaciones y de vilipendio.

Yo os pido, poniendo en esta petición todo el énfasis de la propia responsabilidad, que en este momento grave asistáis, como nosotros los asistimos, al Poder legítimo de la República que, transitoriamente, no es otro que el Poder militar.»


Según algunos testigos, al finalizar su discurso a Besteiro se le saltaron las lágrimas. Han llegado hasta nosotros otros testimonios de aquel momento, como el del anarquista García Pradas, que dejó escrito: «Se acercó al micrófono Don Julian Besteiro, encorvado físicamente por la edad y el sufrimiento..., le temblaba la voz de emoción y de fatiga; la cana melena le caía sobre las arrugas de la frente serena, de profesor, y las muñecas descarnadas hacían sonar levemente los puños almidonados de la camisa. Pero allí había un hombre enérgico...». El Comisario del Ejercito de Centro, Edmundo Domínguez, lo describiría así en su libro “los vencedores de Negrín”: «... con voz entrecortada, salpicando con saliva las cuartillas y tropezando con las palabras, comenzó a leer el discurso ...». Una vez terminado el discurso, Domínguez apuntilla: «Se levantó confuso, maquinalmente sentía la conciencia de su acto».

Fuerzas leales a los golpistas habían tomado posiciones en diferentes puntos de Madrid antes de que comenzaran a radiarse los discursos. Posteriormente unidades partidarias del gobierno del doctor Negrín harían lo propio. Las calles de Madrid se convertirían en campo de batalla, como podemos apreciar en esta fotografía de una pieza de artillería ubicada en pleno Paseo de la Castellana. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Tras Besteiro intervendría el diputado de Izquierda Republicana Miguel San Andres, que sería el encargado de leer como portavoz el manifiesto del Consejo:

«Trabajadores españoles. ¡Pueblo antifascista! Ha llegado el momento en que es necesario proclamar a los cuatro vientos la verdad escueta de la situación en que nos encontramos. Como revolucionarios, como españoles y como antifascistas, no podemos continuar por más tiempo aceptando la imprevisión, la carencia de orientaciones, la falta de organización y la absurda inactividad de que da muestras el Gobierno del Dr. Negrín. La misma trascendencia del momento que atravesamos, el carácter definitivo de los que se aproximan, hace que no pueda continuar ni un momento más el silencio y la incertidumbre, origen del más tremendo desconcierto que se deriva de la conducta suicida de un puñado de hombres que todavía continúa aplicándose a sí mismo la denominación de gobierno, pero en los que nadie cree, ni en los que nadie confía.

Han pasado semanas desde que se liquidó con una deserción general la guerra de Cataluña. Todas las promesas que se hicieron al pueblo en los más solemnes momentos, fueron olvidadas; todos los deberes, desconocidos; todos los compromisos, delictuosamente pisoteados. En tanto que el pueblo en armas sacrificaba en el área sangrienta de las batallas millares de sus mejores hijos, los hombres que se habían constituido en cabeza visible de la resistencia, abandonaban sus puestos y buscaban, en la fuga vergonzosa y vergonzante, el camino para salvar su vida aunque fuera a costa de su dignidad. Esto es lo que no puede permitirse en el resto de la España antifascista.

No puede tolerarse, que en tanto se exige al pueblo una resistencia organizada, se hagan los preparativos para una cómoda y lucrativa fuga. No puede permitirse que en tanto el pueblo lucha, combate y muere, unos cuantos privilegiados preparen su vida en el extranjero. Para impedir esto, para borrar tanta vergüenza, para evitar que se produzca la deserción en los momentos más intensamente críticos, es para lo que se constituye el Consejo Nacional de Defensa. Y hoy, con plena responsabilidad de la tras. candencia de la misión que nos imponemos; con la absoluta seguridad de la lealtad de nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestro futuro en nombre del Consejo Nacional de Defensa que recoge sus poderes del arroyo donde los arrojara el gobierno del Dr. Negrín, nos dirigimos a todos los trabajadores, todos los antifascistas, a todos los españoles, para poniéndose al frente de los deberes que a todos incumbe, darles la garantía plena de que nadie, absolutamente nadie, podrá rehuir el cumplimiento de sus deberes y esquivar en la última pirueta arlequinesca la responsabilidad que le incumbe por sus palabras y por sus promesas.

Constitucionalmente, el Gobierno del Dr. Negrín carece de toda base jurídica en la cual apoyar su mandato. Realmente carece también de la tranquilidad y el aplomo, de la decisión de sacrificio que es exigible a todos los que, de una o de otra manera, pretenden ponerse al frente de los destinos de un pueblo tan heroico, tan abnegado como el pueblo español. En estas condiciones, al desconocer y negar la autoridad del doctor Negrín y sus Ministros para mantenerse en el poder, afirmamos nuestra propia autoridad de auténticos y genuinos defensores del pueblo español, de hombres que están dispuestos dando como garantía su propia vida, a que el destino de uno sea el destino de todos y a que nadie escape al cumplimiento de los sagrados deberes que a todos incumbe por igual.

No venimos a hacer frases. No venimos a jugar al heroísmo. Venimos a señalar el camino que puede evitar el desastre y a marchar junto con el resto de los españoles por ese camino con todas sus consecuencias. Aseguramos que no desertaremos ni toleraremos la deserción. Aseguraremos que no saldrán de España ninguno de los hombres que en España deben estar, hasta tanto que por libre determinación salgan de ella todos los que de ella quieran salir. Propugnamos la resistencia para no hundir nuestra causa en el ludibrio ni en la vergüenza. Para esto pedimos el concurso de todos los españoles. Y para esto, también, damos a todos la seguridad de que nadie, absolutamente nadie, escapará al cumplimiento de los deberes que le corresponden. «O nos salvarnos todos, o todos nos hundimos», dijo el Dr. Negrín. Y el Consejo Nacional de Defensa se impone, como primera y última, como única tarea, convertir en realidad estas palabras. Para ello recabamos vuestro auxilio. Para ello exigimos vuestra colaboración. Y nos mostraremos inexorables con los que hurtan el pecho al cumplimiento del deber.»


Cipriano Mera leería el discurso más duro de todos contra el gobierno del doctor Negrín. En la imagen podemos apreciar la intensidad que pone en sus palabras y las caras de preocupación del resto de personas que se encuentran en la estancia. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Llegaba el turno del anarquista Cipriano Mera, albañil de profesión que había llegado a mandar el IV Cuerpo de Ejército, quien pronunciaría el discurso más duro de todos, vertiendo graves acusaciones contra Negrín y los que le apoyaban. Sus palabras fueron las siguientes:

«Trabajadores antifascistas: Españoles con dignidad. Un hijo del pueblo, carne de su carne y sangre de su sangre, militar porque desde julio de 1936 siente y cumple el deber ineludible de empuñar las armas para la defensa y la libertad de su patria, se dirige a vosotros con el corazón y la conciencia en los labios, para explicaros con toda sencillez la trascendencia de la actitud que con toda la responsabilidad asume en este momento histórico.

La derrota sufrida por las armas antifascistas en Cataluña me ha resultado, además de dolorosa, inexplicable, mientras no he tenido el convencimiento de que fue precedida por la traición de unos hombres dispuestos a vender a precio de oro y de orgía la sangre generosa del pueblo español. La traición aludida que nos hizo perder pedazos de nuestra Patria, que ha estado a punto de dar al traste con el movimiento obrero español y que ha puesto en peligro la dignidad del antifascismo que es nuestro interés moral de mayor valía, ha culminado en la actitud alevosa y criminal de Juan Negrín, gobernante indigno de los combatientes y de los trabajadores, cuya política personalista le ha hecho incompatible con los Ministros de su Gabinete y no tiene más finalidad que la de hacer un alijo con los tesoros nacionales y huir, mientras el pueblo queda maniatado frente al enemigo.

Durante las últimas veinticuatro horas ha sucedido todo lo que puede suceder donde hay gobernantes traidores a sus promesas, a su pueblo y a todos los principios ideológicos y morales. Esto nos ha creado una situación delicada, ante la cual, este militar que os habla con la emoción que le produce el recuerdo de su vida austera y dura de trabajador manual, piensa que sólo se puede servir disciplinadamente a quien sirve a su Patria y que es indispensable enfrentarse con quien la roba, la vende o la traiciona. Las tres cosas ha hecho, como gobernante perjuro y desaprensivo, el doctor Negrín, y Cipriano Mera, albañil ayer y hoy uno de los Jefes del Ejército del Centro, pero siempre leal hijo del pueblo, al pueblo debe y quiere defender. Por eso se une a estos hombres de buena voluntad y de historia inmaculada, representantes del pueblo antifascista que constituyen el Consejo Nacional de Defensa y por eso también con toda su gente sobre las armas, y el pensamiento en la dignidad antifascista y de la Patria, os grita desde Madrid, desde este noble corazón del mundo: A partir de este momento, conciudadanos, España tiene un Gobierno y una misión: la paz. Pero la paz honrosa, basada en postulados de justicia y de hermandad. Estas palabras no son para vosotros sino para toda España. Sin humillaciones, ni debilidades, pero con la conciencia de nuestros actos, queremos la paz para España, pero, si por desgracia para todos, nuestra paz se pierde en el vacío de la incomprensión, también os digo serenamente que somos soldados y corno tales estamos en nuestro puesto hasta sucumbir defendiendo la independencia de España.


Durante toda la alocución de Mera, al igual que ya hubiera hecho con Besteiro, Casado permaneció de pie a su lado. Mera, que había sufrido un pequeño accidente, tenía el brazo derecho en cabestrillo. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

¡Trabajadores y combatientes! ¡Antifascistas dispuestos a morir por el honor de nuestra causa! De cara a todos los traidores y todos los enemigos. ¡Viva la España invicta, independiente y Ubre! Todos en pie de guerra por la vida y el honor del pueblo que nos dio la misión de defenderle. ¡Viva su Consejo Nacional de Defensa!»

Llegó el turno del coronel Segismundo Casado, seguramente el más esperado de todos, un discurso sorprendente, dirigido no solo a las personas que le escuchaban en la zona republicana, sino especialmente a las personas que le escucharan al otro lado de las trincheras en zona franquista. Casado coloca la pelota en el tejado franquista, cuestionando las acciones, incluso la honorabilidad, de sus compañeros de armas del otro lado, un discurso sorprendente teniendo en cuenta que Casado estaba tratando de establecer acuerdos con unos interlocutores, a los que cuestionaba en su discurso, se puede afirmar que Casado no estuvo políticamente correcto si lo que pretendía era llegar a un acuerdo con los del otro lado. He aquí lo que dijo aquella histórica noche:

«Españoles de allende las trincheras: Una vez más me dirijo a vosotros desde Madrid, quicio de la guerra, capital de la Patria y espejo de las virtudes españolas, fijándome poco en las ideas, los extravíos y las ambiciones que nos separan, pero mucho en el dolor que por igual sufrimos, y en el amor que no quiero suponer extinguido en vosotros, a este solar nativo que desde hace treinta y un meses estamos cubriendo de ruinas y de sangre.

Soy lo que siempre fui y estoy donde siempre estuve. Militar que jamás intentó mandar a su pueblo, sino servirle en toda ocasión, porque entiende que la Milicia no es cerebro de la vida pública, sino brazo nacional. Quien os habla juró lealtad y leal a ella sigue; tenía la obligación de luchar por la libertad y la independencia de su pueblo y en defenderlas cifra su mayor orgullo. Desde el infausto día en que estalló la guerra, yo, como todos los militares no sublevados contra el régimen que se dio a España, pacífica y legalmente, no he tenido que hacer abjuración alguna, mi he tenido que renovar promesas de lealtad. Me he limitado a cumplir mí obligación.

Y sin más títulos que este del deber cumplido, me dirijo a vosotros, compatriotas, con el dolor de España en el corazón y su nombre en los labios, para advertiros que el pueblo ha tenido conciencia y gallardía suficientes para buscar, en medio de los horrores de la guerra, el camino de la paz mediante la conciliación en la independencia y en la libertad.

Estos dos motivos de la guerra defensiva que sostiene la República, son los crisoles en que se funden todos los anhelos populares del lado de acá de las trincheras y así lo hemos proclamado tantas veces cuantas fueron menester y de modo rotundo y decisivo en ocasión reciente.


La última intervención sería la del propio Casado, quien leería un discurso más dedicado a los que le escuchaban al otro lado de las trincheras que a los de la zona republicana. Su alocución estuvo cargada de reproches indirectos a sus antiguos compañeros de armas del otro lado. Observen a la derecha de la imagen el brazo en cabestrillo de Cipriano Mera.(Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

No luchamos por nada ajeno a nuestra voluntad y a nuestro interés at españoles. Queremos una Patria exenta de toda tutela extraña, libre de toda supeditación a las ambiciones imperialistas que van a devastar, oí vez, a Europa y capaz de regirse internamente con plena libertad. «No hay margen para otra política que la identificación absoluta con este intento supremo de defender la España no invadida, mientras llega el momento de la independencia en la libertad y en k seguridad.» Altas palabras que tienen hoy por mandato todos los partidos políticos y todas las organizaciones obreras de esta zona. Altas palabras, compatriotas, que también a vosotros van dirigidas y que se quiera o no se quiera os han de obligar, tanto en conciencia como a los españoles del lado de acá de los frentes. Asimismo, no nos afectan únicamente a nosotros, sino a vosotros también os atañen en la misma medida, estas frases con que hemos expresado el dilema que tenemos delante y la decisión con que lo mira el pueblo. «O todos nos salvamos o todos nos hundimos en la exterminación y el oprobio.» Nuestra suerte está echada y sólo depende de nosotros mismos el salir del trance difícil, por nuestra voluntad y nuestra resolución común. Escoged, españoles de la zona invadida, entre los extranjeros y los compatriotas. Entre la libertad fecunda y la ruinosa esclavitud; entre la paz y el provecho de España o la guerra al servicio de la locura imperialista. En nuestra zona no hay extranjeros. Para que el carácter de nuestra lucha no quede en dudas mal intencionadas, hemos prescindido de la ayuda que quisieron prestarnos algunos hombres de diversos países sin intervención de ningún Estado. Sólo españoles hay en nuestro Ejército... Volved los ojos al interés patriótico. La mirada en España. Es esto lo que nos importa como base de cualquier aspiración que lícitamente podamos tener.

Nuestra guerra no terminará mientras no aseguréis la independencia de España. El pueblo español no abandonará las armas mientras no tenga la garantía de una paz sin crímenes. ¡Establecedla! No soy yo quien así os habla. Os dice esto un millón de hombres movilizados para la guerra y una retaguardia sin fronteras de retirada, dispuesta a batirse y luchar a muerte por 'la consecución de estos fines que son la paz.

Asegurar la paz de España y evitar que nuestro país se sumerja en un mar de sangre, de odio y de persecución que 'hagan imposible por muchas generaciones una patria española unida por algo más que la dominación extranjera, 1a violencia o el terror.

En vuestras manos, que no en las nuestras, están hoy la paz —necesaria para que España se recobre a sí misma— y la guerra —sangría que la debilita y la desbrava para ponerla al servicio del invasor—. Escoged, que sí nos ofrecierais la paz, encontraríais generoso nuestro corazón de españoles, y si continuaseis la guerra, hallaríais implacable, segura, templada como el acero de las bayonetas, nuestra heroica moral de combatientes. O la paz por España o la lucha a muerte. Para una y para otra decisión estamos dispuestos los españoles independientes y libres que no tomamos sobre nuestra conciencia la responsabilidad de destruir nuestra Patria.

¡Españoles! ¡Viva la República! ¡Viva España!»


El golpe se había consumado.

Florentino Areneros

33 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias maestro. Usted si que es un fenómeno.

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  2. "Asegurar la paz de España y evitar que nuestro país se sumerja en un mar de sangre, de odio y de persecución..." vaya ironía, si no fuera tan triste sonaría a broma.

    Me sumo a Modesto, qué grande maestro! gracias. Inés

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    1. Muchas gracias Ines por su amables palabras.

      Pues efectivamente, seguramente nadie podía imaginar un final más desastroso en la zona republicana, ni se pudo evacuar a todos los que hubieran querido, ni se garantizó la ausencia de represalias y tampoco se consiguió ninguna mediación internacional que evitara la catástrofe humanitaria. Un desastre absoluto en el que curiosamente todos los que participaron afirman haber hecho lo mejor que se podía hacer, ni un mea culpa ni una mínima crítica. En fin, otro de los muchos desastres de nuestra historia.

      Un saludo.

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  3. Felicidades por la crónica y gracias por acercanos en esta fecha tan señalada estos interesantísimos discursos.
    Muchas frases, aunque de "discurso y de mitin", sobre las que se podría abrir un amplio debate.
    Una pena de final, un final desastroso.
    Al fin y al cabo la guerra fue para la República una concatenación de desastres tanto en lo político como en lo militar.

    Un saludo

    R. CAPA

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    1. Muchas gracias por sus siempre sabias palabras amigo Capa.

      Efectivamente, es un tema para estudiar con detenimiento el de los discursos. hay algunos posteriores que tambiésn podrían ser de interés, y de otros protagonistas: Matallana, Miaja,.. Tal vez si nos animamos hagámos otra crónica.

      El final desastroso efectivamente, era difícil pronosticar un final peor.

      Efectivamente todos fueron desastres para la República, en lo político y en lo militar, y tanto internos como externos, pero aún así consiguió resistir durante tres años con todo en contra. Hay que reconocerle el mérito.

      Un saludo.

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    2. Personalmente, creo que el desastroso final que tuvo la Segunda República Española no fue consecuencia del Consejo Nacional de Defensa presidido por el general Miaja, sino de una penosa gestión y dirección de los diferentes gobiernos republicanos a lo largo de la guerra.

      No hay que olvidar que Negrín había vuelto a España el 10 de febrero de 1939 con la pretensión de seguir la guerra todo lo posible con la esperanza de que un conflicto internacional favoreciera la intervención de Francia e Inglaterra contra Franco. El ambiente político, militar y social que se encontró le convenció de que ese objetivo eras muy difícil, ya que nadie, salvo algún que otro exaltado, creía posible una resistencia hasta la explosión de un conflicto mundial. Solo el Partido Comunista decía defender esa opción (aunque habría mucho que decir al respecto). Por ello, Negrín efectuó un cambio general y profundo de los mandos militares que equivalía a un golpe de estado procomunista. La reacción no se hizo esperar, y el 4 de marzo se constituía el Consejo Nacional de Defensa, formado por representantes de todas las tendencias políticas excepto las comunistas.

      El Consejo Nacional de Defensa fracasó en todos sus objetivos. No hubo ninguna concesión por parte de Franco y precipitó el colapso de la zona republicana. No creo que hubiera traición por parte de sus impulsores, simplemente hartazgo de la hegemonía comunista, deseo de poner fin a una guerra que no daba más de sí con un mínimo de decencia y dignidad, y, eso sí, mucha ingenuidad.

      A mí, siempre me ha llamado la atención que un solo Cuerpo de Ejército, el IV CE al mando de Cipriano Mera fuera capaz de imponerse a los otros tres Cuerpos de Ejército que defendían los frentes de Madrid. Es un dato que los historiadores pasan por alto, pero que creo que tiene más jugo de lo que a simple vista pueda parecer (sobre esto también se podría hablar mucho).

      Por otra parte, siempre me ha parecido que quienes realmente salieron beneficiados con el golpe (o contragolpe, según se mire) de Casado, fue el Partido Comunista (los estalinistas) que, tras llevar las riendas políticas, económicas y militares durante toda la contienda, se vio liberado del peso y la responsabilidad que suponía la lucha sin salida que proponía (no creo que la creyeran posible ni ellos), o afrontar la capitulación sin concesiones que imponía Franco.

      En definitiva, que los estalinistas pudieron presentarse para la Historia como víctimas y mártires, acusando al resto de fuerzas políticas y militares de traidores que habían puesto fin a la guerra de la peor de las maneras posibles. Una perfecta cortina de humo para escurrir el bulto respecto a su hegemónica actuación durante la guerra, saliendo de todo el embolado con las manos limpias y un gran crédito moral que, durante muchas décadas, los historiadores de diferentes tendencias (tanto los afines, como muchos de los que no lo eran) han seguido analizando de la misma manera.
      Para mí, la cosa no es tan sencilla y creo que el Consejo Nacional de Defensa de marzo de 1939 necesita un profundo análisis historiográfico que no parta de ideas preconcebidas, prejuicios y axiomas que, a fuerza de repetirse durante décadas, se han convertido en verdades inamovibles.

      Un saludo y gracias por vuestra atención.

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    3. Estimado Javier, en primer lugar decirle que la pasada semana me enteré de la feliz noticia, enhorabuena.

      Y ahora vamos al “turrón”. Nadie culpa a Casado de perder la guerra, la misma hacía tiempo que estaba perdida, pero en el modo en que terminó, de todos los escenarios posibles, yo creo que acabó en el más desastroso, y de eso Casado (Miaja era un títere ornamental que no pintaba nada en el Consejo) si que tuvo mucha culpa. ¿Por qué se perdió la guerra?, a saber, cada historiador tiene su receta. Cuando Max Aub regresó a España y le hicieron esa pregunta contestó: “Primero por culpa de Inglaterra, y después por los anarquistas”.

      Negrín (y los comunistas) sabían que la guerra estaba perdida, pero ello no suponía que hubiera que entregarse o hacer una rendición incondicional. Una de sus mayores preocupaciones era conseguir una evacuación lo más amplia posible, bien negociando directamente con el enemigo (creo recordar que Negrín hace una propuesta de tres puntos en fechas anteriores), bien consiguiendo colaboración internacional (algo imposible para Casado pese a tener contactos con los servicios secretos británicos) o bien por sus propios medios apoyándose en la potencia de la flota y lo que quedaba del EPR. Lo del golpe de estado procomunista con los nombramientos daría mucho de que hablar, si se repasan “todos” los ascensos, incluido el de Casado al generalato, y los cambios de mandos realizados, veríamos que no es así, Negrín no era tonto, y sabía que dividir la unidad de las escasas fuerzas con las que se contaba era un suicidio, algo que no calculó Casado y los que le apoyaron. Recordar también que a Negrín no solo le apoyaban los comunistas, sino también los socialistas negrinistas que no eran pocos. Insinuar que Negrín era una marioneta en manos de los comunistas me parece que no se ajusta a la realidad histórica. Negrín, uno de los mejores políticos de todo el periodo republicano, por no decir el mejor, siempre tuvo autonomía y contaba con el apoyo incondicional de los comunistas. Creo que fue el propio Modesto quien pidió a Negrín hacerse con el mando del Ejercito del Centro, sustituyendo a Casado de quien ya se sabía que estaba conspirando. Negrín, en aras de mantener la unidad y evitar el desastre, se negó. ¿Podemos hablar de un golpe comunista?.

      Efectivamente el consejo fracasó en todos sus objetivos precipitando el desastre. Responsabilidad que hay que atribuirles, aunque no se les pueda acusar de traidores, por lo menos con la documentación y evidencias actuales. Más adelante lo comentaré.

      Decir que el IV Cuerpo de Ejército se impuso a los otros tres es mucho decir. En primer lugar el III Cuerpo de Ejército de Antonio Ortega no intervino, ni a favor ni en contra de nadie. Los frentes no se abandonaron, prueba de ello es que una importante ofensiva franquista fue rechazada en la Casa de Campo y Universitaria, causando gran número de bajas a los atacantes, curiosamente coincidiendo con el momento más comprometido para las fuerzas casadistas en la capital. Cuando las fuerzas de Liberino llegan a Madrid, ya casi nadie tiene voluntad de luchar, el gobierno y los principales cargos del PC han abandonando España, Pedro Checa desde Valencia pide acatar las ordenes del Consejo y nadie está por la labor de seguir con un enfrentamiento inútil. Tiene una prueba de ello en el episodio del Puente de San Fernando, allí las fuerzas de Liberino estaban bloqueadas, cualquier intento de cruzar el río habría sido una carnicería, sin embargo se les dejó pasar sin dar un solo tiro, al igual que pasó en otros muchos lugares de Madrid, donde las unidades poco a poco fueron desistiendo de combatir, que no es lo mismo que ser derrotadas. Querer dar a entender que los efectivos del IV Cuerpo eran superiores a los otros tres cuerpos, es muy difícil de creer, por mucha imaginación que le echemos. Todo esto sin poner en duda la combatividad y arrojo de las unidades anarquistas, como ya quedó constancia con la actuación de la Columna Durruti en la defensa de Madrid.

      (Continuo e otro comentario que no me permite tanta longitud)

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    4. (Viene del comentario anterior)

      ¿Beneficiados los comunistas?, un tanto atrevidas me parecen esas palabras, sobre todo teniendo en cuenta que fue la sangre de muchos comunistas la que regaba generosamente las tapias de los cementerios tras la guerra, seguramente en número sean los comunistas los que sufrieron una mayor represión tras la contienda. Un beneficio muy cuestionable.

      La “teoría de la conspiración” de que los comunistas alentaron la sublevación de Casado para lavar su imagen y actuación a lo largo de toda la guerra, yo creo que actualmente no se sostiene. El principal objetivo de Negrín era garantizar la salvación del mayor número de personas comprometidas, nunca sabremos si lo hubiera conseguido o no, pero lo que si sabemos es que el golpe de Casado y de los que le apoyaban lo que consiguió fue evacuar a un número ínfimo de personas abandonando a su suerte a decenas de miles de personas, que acabarían siendo encarceladas y muchas de ellas ejecutadas. Que el papel de Negrín y los que le apoyaban, vista la Historia, fue más “honorable” y sensato, que el papel representado por Casado y los que le apoyaban, creo que hay que agradecérselo al propio Casado y a su torpeza para gestionar la situación.

      ¿Se puede hablar de traidores?, es difícil, sobre todo teniendo en cuenta que apenas se conserva (cuando menos accesible) documentación de los acuerdos a los que se hubiera podido llegar entre Casado y Franco. Hace poco Ángel Viñas rescató una carta que Casado envió a Franco desde Londres, en ella le recriminaba con palabras muy gruesas su “falta de honor” por no haber respetado la palabra de que no se ejecutaría a ninguno de los que apoyaron directamente la sublevación. Creo que Casado se refería a un general fusilado en Barcelona, amigo de Queipo, al que Franco habría mandado fusilar como represalia por que Queipo había mandado fusilar a un general amigo de Franco al comienzo de la guerra, pese a las peticiones de clemencia del propio Franco. ¿Existió ese acuerdo al que se refiere Casado en su misiva?, de ser cierto ya si que podríamos estar hablando de traición. ¿Explica ese acuerdo la benevolencia por ejemplo con Cipriano Mera o Matallana?, no olvidemos que Mera, capturado en el 42 en Marruecos, condenado a muerte fue indultado en el 46, extraño proceder para una persona que llegó a ser comandante de un cuerpo de ejército, sobre todo si lo comparamos con otros que ocuparon puestos de similar responsabilidad. Un caso similar lo tenemos con el general Matallana. Yo no puedo afirmar nada, pero como digo, comparando con casos similares me resulta muy chocante.

      Como bien dice en su comentario “la cosa no es tan sencilla y creo que el Consejo Nacional de Defensa de marzo de 1939 necesita un profundo análisis historiográfico que no parta de ideas preconcebidas, prejuicios y axiomas que, a fuerza de repetirse durante décadas, se han convertido en verdades inamovibles”, yo estoy completamente de acuerdo y estoy seguro que en los próximos años se encontrarán más documentos y evidencias de lo que realmente ocurrió durante aquel episodio que puso punto y final a la Guerra Civil.

      Perdón por la extensión. Casi me había traído más cuenta publicar otra crónica. ;-)

      Un saludo.

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    5. Estimado Don Florentino, primeramente, muchas gracias por sus felicitaciones, se puede hacer una idea de cómo se han convulsionado mis quehaceres cotidianos en las últimas semanas, pero estamos encantados.

      Muchas gracias por su larga contestación, algo difícil de responder como se merece, tanto por su extensión, como por la enorme cantidad de datos e informaciones que proporciona. Es difícil medirse con usted maestro (¡¿Quién me mandará a mí meterme en estos embolados?!) Aun así, permítame algunas consideraciones:

      Primeramente, quisiera aclarar que al referirme en mi interior intervención a los comunistas, no lo hago al conjunto de su militancia, cuya entrega y sacrificio no pongo en duda, sino a sus cuadros dirigentes, de cuya actuación a lo largo de la guerra podrían decirse muchas cosas que, por si solas, podrían justificar muchas de las actuaciones llevadas a cabo por los miembros de la Junta de Defensa y sus seguidores. Y sí, me reafirmo al decir que dentro del bando republicano los comunistas (entiéndase sus cuadros dirigentes, su actuación y responsabilidad durante la guerra y la posterior lectura y análisis que realizaron y realizan sobre el final de la contienda) fueron los grandes beneficiados del golpe de Casado.

      Yo no digo que Negrín fuera una marioneta de nadie, pero sí que la hegemonía de los comunistas en todos los aparatos del Estado era incuestionable, lo que reducía mucho el margen de maniobra de cualquier responsable político o militar. Respecto a su afirmación de que Negrín “fue uno de los mejores políticos del periodo republicano, por no decir el mejor”, no tengo nada que objetar, desde mi humilde opinión, el listón, en general, estaba muy bajo (antes, durante y después de la guerra). La figura de Negrín llevaba muchas décadas injustamente tratada. En los últimos tiempos (al igual que ha sucedido con tantas otras personalidades de aquellos años) se ha reivindicado su figura, lo que considero necesario y positivo, pero algunas de esas últimas interpretaciones me resultan bastante forzadas y cuestionables.

      Por otra parte, al llamar la atención sobre el hecho de que el IV CE fuera capaz de imponerse al resto de fuerzas que defendían el frente madrileño, muy numerosas en número y estratégicamente mejor situadas para hacer frente al golpe de Casado en la capital, no lo hacía para elogiar su combatividad y superioridad bélica (en este aspecto no creo que fueran muy diferentes al resto de unidades republicanas), sino porque parece demostrar que había muy poca voluntad de luchar en defensa del gobierno Negrín y sus tesis.

      Comparto con usted esa sensación y sospecha de que había mucha basura flotando en el ambiente. Una basura en la que seguro que chapoteaban (unos consciete, otros inconscientemente) algunos de los principales miembros del Consejo de Defensa. La Guerra Civil Española, como todas las guerras, estuvo llena de basura, solo depende de en que punto del análisis pongamos la lupa y de los ojos con los que queramos mirar. Este aspecto de la guerra daría para un blog entero.

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    6. (continuación)

      Personalmente, creo que nada ni nadie podía evitar ya en 1939 el desastroso final que tuvo la II República Española. No sé si Franco y sus generales tuvieron en algún momento de la guerra la intención de buscar una salida negociada, pero desde luego, en 1939 su única postura era la de exigir una rendición incondicional y lograr el doblegamiento absoluto de sus enemigos políticos, cuando no el exterminio (algo que, por otra parte, habían demostrado desde el minuto cero de la sublevación en julio de 1936).

      El contexto era realmente desalentador: A finales de febrero había caído Cataluña (única zona industrial con la que contaba la República) y las tropas franquistas habían alcanzado la frontera francesa, poniendo fin al posible aprovisionamiento de armas y suministros por vía terrestre. El último pedazo de la zona republicana, la región Centro-Sur, quedaba totalmente aislado, con la única salida posible cortada por el mar. El 27 de febrero dimitió Azaña, por esas mismas fechas, Francia e Inglaterra reconocían al gobierno de Franco. La URSS hacía tiempo que había dejado de interesarse por España. La población civil estaba al límite (hambre, miseria, mercado negro…). Militarmente se contaba con una enorme masa de combatientes, pero con una moral por los suelos y en una auténtica indigencia de armas y material, de hecho, las operaciones militares que habían intentado ponerse en marcha en Extremadura y Brunete (¡¡¡otra vez Brunete!!!) habían sido un fracaso absoluto, ya que, entre otras cosas, el enemigo disponía de las órdenes de operaciones. El ambiente era de pesimismo absoluto: deserciones, traiciones, un aparente sálvese quien pueda entre muchos de los responsables políticos y militares, etc. Había una expectativa general de que sucediera algo que permitiese poner fin a una guerra que estaba irremediablemente perdida.

      La idea de resistir hasta que estallase un conflicto internacional puede resultar atractiva vista desde el análisis presente, pero en 1939 muy pocos la creían posible y estaban dispuestos a llevarla adelante. Una vez que Francia e Inglaterra habían reconocido al gobierno de Franco, poco más se podía hacer que intentar negociar directamente con él. El Consejo Nacional de Defensa lo intentó desesperadamente. Según Broué y Témime, en su libro “La revolución y la guerra de España”, los puntos presentados por el Consejo a Franco eran: 1) Afirmación de la integridad y de la soberanía nacionales; 2) Respeto de todos los combatientes cuyos motivos fueran sinceros y honrados; 3) Garantía de que no habría represarías fuera de los juicios regulares y que los delitos políticos serían distinguidos de le los de derecho común; 4) Respeto a la vida y a la libertad de los militares de Milicias y de los comisarios políticos limpios de sangre; 5)Respeto a la vida, a la libertad y a la carrera de los militares profesionales; 6) Las mismas garantías para los funcionarios; 7) Plazo de gracia de 25 días para quien quisiera marcharse de España libremente; 8) Ni soldados italianos ni marroquíes en la antigua zona republicana. Si usted lo desea, otro día podemos analizar estos puntos.

      Franco les toreó durante un tiempo y terminó respondiendo con una ofensiva generalizada e incontenible en todos los frentes (la “Ofensiva de la Victoria”).

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    7. (final)

      Es evidente que el Consejo Nacional de Defensa fracasó en todos sus objetivos, puede decirse que hizo el ridículo y, encima, sus protagonistas han pasado a la historia con ciertos tintes de indecencia, cuando no son acusados abiertamente de traidores. A pesar de sentir cierto respeto por alguno de sus integrantes, yo soy muy crítico con el Consejo, pero por cuestiones diferentes a las que normalmente se les achaca (aunque también comparto algunas de ellas). Entre mis críticas, ya he señalado su ingenuidad, y el haber posibilitado que el Partido Comunista se desentendiera de poner fin a una guerra cuya dirección habían monopolizado durante más de 2 años, pero hay otras que, quizás, exponga en otro momento. No quisiera ahora seguir acaparando este espacio y aburrir a los respetables lectores que visitan este blog.

      Gracias por su atención Don Florentino, espero poder verle pronto. Hasta entonces, reciba un cordial saludo.

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    8. Me alegro mucho de que estén encantados, es un buen principio, sobre todo teniendo en cuenta lo que viene después, y no quiero asustarle sino prevenirle.

      El honrado soy yo de contar con usted como lector y poder disfrutar de sus comentarios. Voy a tratar de responder o comentar todos los puntos que menciona aunque el tema se puede acabar disparando en diferentes direcciones hasta convertirse en inabarcable.

      No creo ni que Negrín ni que los comunistas imaginaran un final de la guerra como al que se llegó, y por supuesto no creo que en ningún momento provocaran o ayudaran a que se produjera el golpe de Casado como sostienen algunos autores, entre ellos el propio Enrique Castro. Fueron los errores de Casado los que eximieron de responsabilidad a Negrín, mi opinión es que en ningún momento Negrín pensó liberarse de esa responsabilidad que había contraído, al igual que quienes le apoyaban. Seguramente habrían preferido acabar la guerra de otra manera y asumiendo ellos la responsabilidad, decir que fueron los “beneficiados” creo que no es el término correcto, seguramente se consideraran perjudicados y disconformes con el papel que les tocó jugar.

      En cuanto a la influencia comunista podríamos abrir otro frente inabarcable. En la conferencia de Fernando Hernández Sánchez en las últimas jornadas de Gefrema, que trataba del auge y caída del PC durante la guerra se dieron varias claves a mi entender para explicarlo. Al comenzar la guerra el PC era un partido minoritario y su éxito consistió en tener claro desde el principio que todo el esfuerzo en los frentes y en la retaguardia tenía que estar orientado en un único sentido: ganar la guerra. A este fin deberían subordinarse todos los esfuerzos dejando de lado otras historias. El PC se convirtió en el referente, comenzando con el 5º Regimiento, de lo que debería ser la lucha. Es ahí donde radicó su éxito mientras otras fuerzas se centraban o diluían en facetas paralelas.

      En cuanto a los enfrentamientos en Madrid tras el golpe no se puede hablar de 3 cuerpos de ejército contra uno, se enfrentaron algunas unidades principalmente del I Cuerpo de Ejército de Barceló (que sería ejecutado por Casado), con las fuerzas que apoyaron a Casado. Todo parece indicar que se trató de una reacción espontánea de estas unidades, que actuaron por iniciativa propia. En cuanto comenzaron los combates en Madrid, Negrín y el gobierno abandonaron España, y ninguna unidad más de los diferentes frentes se unió a las unidades de Madrid que se enfrentaron a Casado. Es normal que al poco tiempo su ímpetu combativo disminuyera, sobre todo cuando empezaron atener noticias de lo que realmente estaba ocurriendo en otros lugares. Y como decía en el comentario anterior Pedro Checa, ordenó acatar la autoridad del Consejo.

      (Continúa)

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    9. (Viene del comentario anterior)

      Referente a la “basura” que flotaba en el ambiente del Consejo coincido en que todavía queda mucho por descubrir. Creo que Viñas en su último libro aporta alguna prueba, pero también se que hay documentos clasificados en el Foreing Office, así como en los archivos del Ministerio de Defensa que posiblemente puedan aportar alguna luz más al tema.

      Yo creo que el desastre si no se pudo evitar si se pudo mitigar. Es evidente que el gobierno de Negrín tenía muchos más resortes en el extranjero de los que Casado hubiera podido soñar. De haber conseguido mitigar ese desastre siempre hubiera sido mediante una intervención internacional, aunque solo fuera para proveer de medios para la evacuación del mayor número de personas posible o incluso negociar un alto el fuego tutelado mientras se procedía a esa evacuación, son conjeturas pero de lo que no cabe duda es de que Negrín tenía muchas más cartas para jugar que Casado.

      Lo que apoyaron el golpe no midieron las verdaderas consecuencias de sus actos, tal vez las diferencias y viejas rencillas influyeron de manera notable por encima de otras consideraciones. Ahora a toro pasado es fácil obtener conclusiones, pero creo que el golpe fue un gravísimo error y si permitió a Negrín y a los que le apoyaban sustraerse de mayores responsabilidades en el desastroso final, no creo que fuera por propia voluntad, conociendo un poco al personaje yo me atrevería a afirmar que Negrín, y los dirigentes comunistas que le apoyaban, habrían preferido liderar el final de la guerra aunque ello les hubiera obligado a asumir la responsabilidad histórica que ello conllevaba, señalarles como “beneficiarios” de algún arte de escapismo creo que no les hace justicia, en particular al propio Negrín.

      Seguro que los lectores del blog no se han aburrido coin sus comentarios al contrario, una lástima que nadie más se anime a participar.

      Yo también espero que coincidamos pronto. Ahora mismo me acaban de confirmar que el próximo día 29 vamos a presentar el 2º volumen de Lugares de las Brigadas Internacionales en el Lourdes, con Severiano Montero y Ken O’Keefe. Puede ser una buena oportunidad.

      Un cordial saludo.

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    10. Muy buenas de nuevo Don Florentino.

      Intentaré no faltar a la cita del día 29, aunque, tal y como se me han puesto las cosas en los últimos tiempos no puedo asegurar nada.

      Muchas gracias por responder a mis consideraciones respecto al Golpe de Casado. Tiene usted mucha razón, este tema se puede disparar en muy diferentes direcciones hasta convertirse en inabarcable. Por otro lado, quisiera pedir disculpas por el tono, quizás un poco áspero, que he podido emplear en algún momento durante mis anteriores intervenciones. No acostumbro a meterme en estos berenjenales. Como usted bien sabe, me muevo más por los terrenos de las operaciones militares, las líneas de frente y los restos de fortificaciones, un campo muy diferente al de los entresijos políticos de nuestra guerra. No obstante, hay temas que me resultan especialmente interesantes y sugerentes, y este de la Junta Nacional de Defensa es uno de ellos. Por ello, si no es abusar de su generosidad al ofrecerme su espacio, tiempo y atención, me gustaría, al hilo de sus diferentes opiniones, continuar un poco más con este asunto.

      Con la venia Don Florentino:

      Dolores Ibarruri, en “Memorias de la Pasionaria” hace la siguiente reflexión sobre Negrín y su propósito de extender la guerra hasta el estallido de un conflicto internacional:

      “Es cierto que el propio Negrín había perdido toda esperanza en el resultado de los combates… Afirmaba continuamente su voluntad de resistir, pero no hacía nada para organizar la resistencia… Negrín, que en el fondo de sus ocultos pensamientos estaba deseando descargarse del fardo gubernamental y encontrar un pretexto que justificase medidas desesperadas, en la primera reunión del gobierno en Madrid se mostró agrio y amenazador hacia los comunistas hasta que nuestro ministro Vicente Uribe le puso los puntos sobre las íes, haciéndole volver a la razón… Negrín parecía un hombre desbordado por los acontecimientos.”

      Por su parte, Enrique Líster, en “Nuestra guerra”, escribe:

      “Acaso el golpe de Casado y compañía vino, en la práctica, a dar a Negrín el pretexto para abandonar el campo de batalla con la dignidad del hombre injustamente atacado y víctima de la traición.”

      Consideraciones como estas, realizadas por los “compañeros de viaje” de Negrín, son las que hace ya bastante tiempo que me hicieron pensar en la idea de que el Golpe de Casado había resultado útil para que muchos responsables políticos y militares pudieran desentenderse cómodamente de poner fin a una guerra que habían dirigido hegemónicamente, y cuyas últimas consecuencias se adivinaban desastrosas.

      Las palabras de Líster dirigidas a Negrín, podrían hacerse extensibles a la mayor parte de los cuadros dirigentes comunistas que abandonaron España en cuanto tuvieron una buena excusa para hacerlo.

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    11. (... continuación)

      Yo creo que Casado y quienes le apoyaron, a falta, como usted bien señala, de apoyos de mayor peso, quisieron intentar jugar la carta de anticomunistas para negociar una rendición con Franco.

      Casado y los militares del Consejo (en otro momento abordaré la otra gran fuerza en la que se apoyó el Consejo: los libertarios), además, intentaron tocar el palo corporativista, es decir, ver si eran capaces, liberados de injerencias de tipo político, de llegar a un entendimiento entre militares, enemigos durante la guerra, pero, al fin y al cabo, compañeros de carrera durante muchos años.

      Una especie de nuevo Abrazo de Vergara entre militares de dos bandos enfrentados, pero españoles ambos. En esa línea, es muy posible que según fueron comprobando la poca receptividad de Franco para negociar nada, las ofertas y propuestas ofrecidas por los militares casadistas, con cierta desesperación por conseguir algún resultado positivo, fueran más lejos de lo que hubiera sido necesario, pero todo ello no deja de estar dentro de los márgenes comprensibles de un ejército derrotado que desesperadamente intenta lograr alguna concesión de un enemigo que se muestra totalmente inflexible. En cualquier caso, las tropas franquistas, según fueron entrando en la zona republicana hasta llegar al puerto de Alicante, no hicieron ninguna distinción entre el trato que dispensaron a casadistas y negrinistas.

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    12. (... continúa)

      Respecto a las causas que explican el auge del Partido Comunista y su hegemonía en la dirección política y militar de la guerra, es cierto que el PC quiso mostrarse desde el primer momento como la única fuerza con la capacidad organizativa y la disciplina interna necesarias para ello, y que su mensaje fue el de centrar todos los esfuerzos en ganar la guerra, pero habría que profundizar un poco más en ese análisis y, sobre todo, no obviar el elemento clave que supuso la intervención de la URSS en los asuntos españoles. Como usted señala, el PC era un partido minúsculo antes de la guerra. Aunque disponía de buenos militantes, carecía de una base social suficiente. Las masas obreras, verdadera fuerza humana con la que contó la República durante la guerra, estaban encuadradas mayoritariamente en las dos grandes centrales sindicales, CNT y UGT, que, a pesar de sus grandes diferencias y conflictos internos, mostraron una enorme capacidad de respuesta y espíritu combativo y revolucionario desde los primeros momentos de la sublevación de julio del 36.

      A falta de poder rebañar en esa masa obrera, y totalmente desplazado de la iniciativa revolucionaria, el PC lo intentó entre otros sectores, tales como la pequeña burguesía de izquierdas, los pequeños propietarios, los militares, etc. presentándose como los defensores de un orden que se había hecho añicos en la zona republicana. Muchos responsables políticos y militares, desbordados por la sublevación militar por un lado, y por el proceso revolucionario por otro, se dejaron seducir por la disciplinada postura comunista que, además, tenía detrás el respaldo soviético. Eso explica el auge del PC, que acabó copando todos los resortes del Estado y no le tembló la mano en machacar cualquier desviacionismo en la zona republicana (creo que todos conocemos sonados ejemplos). El PC, claramente mediatizado por los intereses soviéticos, jugó un papel oportunista con el que intentó y logró conseguir una posición que inicialmente no le correspondía. Los gobiernos republicanos en parte voluntariamente, y en parte forzados por las circunstancias, apoyaron al PC, que actuó vampíricamente sobre ellos. La postura de los comunistas españoles (disciplina, orden, defensa de la propiedad privada, discurso democrático, etc.) quiso presentarse a la comunidad internacional como contrapeso al impetuoso proceso revolucionario que se estaba viviendo en la zona republicana y lograr así el apoyo de las potencias democráticas, cuyos sectores más conservadores miraban alarmados lo que sucedía en el territorio bajo aparente control gubernamental. Pero lo que los responsables republicanos no quisieron ver es que el papel de niños buenos que intentaban jugar los comunistas españoles no convencía lo más mínimo a nivel internacional, que veían la expansión del comunismo, o dicho de otra manera, la influencia internacional de la URSS, como el más preocupante de los problemas.

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    13. No está muy claro si Barceló, jefe del I CE, actuó por iniciativa propia o respondiendo a consignas de dirigentes del PC. Algunas fuentes dicen que en un primer momento dudó y vaciló y que le costó mucho tomar la decisión de pasar a la acción. Otras fuentes dan a entender que actuó impulsivamente, sin esperar órdenes o consignas de nadie. Sea como fuere, lo cierto es que se autoproclamó jefe del Ejército Centro y emitió órdenes para que diferentes unidades marchasen sobre Madrid. No solo actuaron unidades del I CE, también unas cuantas del II CE que, a pesar de que su jefe, el teniente coronel Bueno, se mostró indeciso e intentó escurrir el bulto de las presiones de Barceló, diferentes oficiales a su mando tomaron la iniciativa y enviaron varios batallones a la capital. Ciertamente, ninguno de los sectores quedó desprotegido (tampoco el frente de Guadalajara cubierto por el IV CE).

      Derrotado Barceló, fue juzgado y condenado a la pena capital como responsable de la muerte de los coroneles casadistas Arnoldo Fernández Urbano, Joaquín Otero Ferrer y Pérez Gazzolo y del comisario político Ángel Peinado Leal, hechos prisioneros en la Posición Jaca y fusilados en El Pardo el 6 de marzo. Ambos episodios son lamentables y demuestran hasta qué punto estaba rota la unidad dentro de las filas republicanas.

      Se me ha vuelto a ir la mano. Lamento mi incapacidad para sintetizar en ideas concretas sin aburrir al personal. Lo intentaré en la próxima ocasión.

      Si a usted no le importa, Don Florentino, quisera tratar un poco el papel jugado por los libertarios en los sucesos de marzo de 1939, no comparto el papel que con frecuencia se les asigan de mera comparsa de Casado. Pero no se asuste, que no será esta noche (creo que por hoy ya es suficiente). Quizás mañana o a lo largo del fin de semana.

      Un saludo y mil gracias por abrirme las puertas de su blog.

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    14. Buenas de nuevo Don Javier,

      Pensé que habíamos terminado, dejando claras nuestras visiones respectivas, pero veo que no, y lo más inquietante es que avisa de que ya está preparando otra andanada. Esto no es ningún reproche, al contrario, yo encantado de dialogar con usted, que en ningún momento abusa de mi generosidad. Lo que lamento es que seguramente tanto esfuerzo quede en terreno baldío, ya que sospecho que no muchos accederán a leer estos jugosos comentarios. Si usted quiere tratar por ejemplo el papel de los libertarios en los sucesos del 39, como anuncia en su comentario, tiene abiertas de par en par las puertas de Sol y Moscas para publicar una crónica, seguramente así su opinión llegue a muchísima más gente. Ya hemos contado la colaboración de algunas primeras figuras como Inés Tremis, Aitor Miñambres Amézaga o R. Capa, y sería todo un lujo poder contar la presencia de un maestro de su categoría en estas páginas.

      No hay nada de que disculparse tampoco, yo no veo ninguna aspereza en su tono, si por mi parte, aunque no lo creo, ha notado usted algo similar, le pido también disculpas.

      Y ahora al turrón. Como decía en la crónica parafraseando a Fernando Hernández Sánchez “la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana”. Las citas de Ibarruri y Lister no carecen de interés, pero se podrían adjuntar muchas más en el sentido contrario, de todos los que han escrito a posteriori de aquellos acontecimientos muy pocos son los que han entonado el “mea culpa” y sin embargo si son muchos, por no decir todos, los que de una forma u otra cargan el mochuelo al prójimo, asegurándose para si las decisiones y reflexiones más acertadas. Además tanto Pasionaria como Lister, sin olvidar a Carrillo, creo que son grandes ejemplos de lo que es el malabarismo ideológico como demostraron a lo largo de su larga trayectoria política. Ambos fueron convertidos en héroes durante la guerra, aunque algunos los tildan de villanos, si tomamos como referencia los retratos que de ellos hace Enrique Castro Delgado por ejemplo, de los que salen, muy, pero que muy mal parados. Veo normal que los dos pretendan salir lo mejor parados del trance, sobre todo si alguien les cuestiona de por qué no hicieron más para contrarrestar el golpe y Negrín es un firme candidato para señalarle como responsable y que se coma el marrón, en vez de compartirlo. Pero de ahí a pensar como se ha insinuado, que el golpe contaba con el beneplácito y apoyo oculto de Negrín y los comunistas, a mi particularmente me resulta escasamente creíble.

      Continuará....

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    15. (Continuación)

      Que Casado quiso jugar la baza del anticomunismo eso es innegable y esta probado documentalmente. También trató de establecer un acuerdo entre “camaradas” de armas, un pacto de honor, de ello también hay constancia documental, pero lo que no sabía Casado es que eran englobados dentro del término de “marxistas” o “rojos”, pese a sus actos. En ese aspecto los golpistas pecaron de ingenuos, sobre todo teniendo en cuenta que solamente un mes antes Burgos había promulgado la Ley de Responsabilidades Políticas, toda una declaración de principios de lo que habría de venir después. Evidentemente los franquistas no harían distinciones entre negrinistas o casadistas, como le digo para ellos todos eran “rojos” y merecían el mismo trato, aunque hubo algunas excepciones como en el caso ya comentado de Mera o Matallana.

      Y los comunistas.... ay los comunistas. ¿Qué no se ha dicho ya de los comunistas?. A mi modesto entender los comunistas fueron la fuerza política que mejor supo responder al golpe de julio de 1936, algo de lo que la población se percató desde el primer momento prestándole su apoyo y simpatías. Si el PC alcanzó la influencia y poder que tuvo, fue tanto por sus aciertos, como por los errores e inacciones de otros. ¿Intereses soviéticos?, ¿cuáles eran los intereses soviéticos?. La URSS no tenía ningún interés en instaurar algo similar a una dictadura del proletariado o un soviet en España, al contrario, quería que España siguiera siendo una república parlamentaria de corte similar a Francia o Gran Bretaña, Stalin temía ganarse la inquina de las potencias democráticas y quedarse solo en Europa frente al peligro nazi, aquí se llevó a cabo lo que se conocería posteriormente por “realpolitik”. Seguramente Francia e Inglaterra no habrían visto con malos ojos un enfrentamiento entre Alemania y la URSS, sin embargo serían Stalin y Hitler los que firmarían un pacto en septiembre de 1939, días antes de que comenzara la IIGM.

      Por la misma razón, el temor a tener que enfrentarse a Alemania en una nueva conflagración europea, Francia e Inglaterra firmaron el pacto de No Intervención el 3 de septiembre de 1936, cuando todavía el poder comunista en la España republicaba estaba en pañales coloquialmente hablando. Las potencias democráticas a quien temían era a Hitler (que ya había tomado partido descaradamente junto a la Italia fascista por uno de los bandos y lo seguiría haciendo tras la firma del pacto) no a que España acabara siendo un país comunista. Desde ese momento, como sostienen muchos historiadores liderados por Ángel Viñas, la República había perdido la guerra, ya solo era cuestión de tiempo. Lo del peligro comunista es un mito que se ha manejado tanto por historiadores neofranquistas para justificar el golpe, como por otros historiadores para justificar la inacción de las potencias democráticas, pero para mi no deja de ser solamente eso, un mito. Aunque muy socorrido, esa es la verdad.

      Continuará....

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    16. (Continuación y fin)

      En cuanto al papel de Barceló no creo que actuara siguiendo dictados del PC, también habría que estudiar en detalle el papel de Ascanio. Yo pienso que actuaron de manera autónoma pensando que en otros puntos de España se iba a producir una reacción similar en otras unidades, si el PC y Negrín hubieran querido actuar no se hubieran limitado a hacerlo con tan escasas unidades y en un solo punto de la geografía, el menos dudoso de todos era Ortega, y sin embargo fue quien hizo menos. Una vez dado el paso por Casado y los que le apoyaban, una resistencia organizada lo único que hubiera conseguido es aumentar el desastre.

      En los últimos tiempos resurge con fuerza la idea de responsabilizar a los comunistas de todo lo acontecido, es un recurso muy cómodo para cerrar el tema de la Guerra Civil. El “peligro comunista” fue utilizado por la historiografía franquista para justificar el golpe que desencadenaría la guerra, un recurso que heredaron jubilosos los historiadores neo-franquistas, y que ahora sorprendentemente parece estar tomando fuerza en diversos ámbitos. No es la primera vez que me encuentro en conferencias y presentaciones con planteamientos que hacen pensar que se trató de una lucha entre dos totalitarismos, es decir fascismo contra comunismo. Dos bandos donde acabó mucha gente impulsada por la inercia de los acontecimientos pero que en realidad no comulgaban con ninguna de las dos doctrinas. Es aquí donde aparecen los que se denominan “neutrales” o ese conglomerado sociológico que se conoce como “la Tercera España”, ya teníamos un actor protagonista: el fascismo, ahora hacía falta encontrar otro actor que pudiera darle réplica: el comunismo. Ya está el guión hecho. Yo solo soy un aficionado, pero esto me parece simplificar manipulando la realidad un tema histórico para obtener una solución política a un problema sociológico difícil de cerrar y que está enquistado todavía en mucha gente. La mejor solución a mi modesto entender es tratar de dar a conocer los hechos con objetividad, asumiendo cada uno sus responsabilidades y errores, no desde la llamada “neutralidad”, un concepto turbio para mi. Y eso es lo que tratamos de hacer con nuestros limitados medios y conocimientos en Sol y Moscas.

      Lo dicho Don Javier, encantados de tenerle por aquí. Pase y póngase cómodo, está en su casa. Tiene las puertas abiertas.

      Saludos.

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    17. Don Florentino, muchas gracias por sus amables palabras.

      Efectivamente, esta controversia abierta entre usted y yo podría alargarse hasta el infinito. Hay suficientes argumentos para explicar, justificar o inventar cualquier teoría sobre episodios tan enrevesados como los que estamos tratando. Lo que no ha conseguido la amplia bibliografía generada desde aquellos días, no lo vamos a conseguir usted y yo en el reducido espacio que proporciona un blog. En el fondo, creo que no estamos haciendo más que repetir un diálogo que ya se ha entablado en multitud de ocasiones, aunque eso sí, sin la crispación que estos temas suelen generar, lo cual, es de agradecer.

      Alguien dijo que “la Historia es algo que nunca pasó, contado por alguien que nunca estuvo allí”. Independientemente de la existencia de documentos, testimonios, monografías, etc. la Historia nunca puede ser una ciencia exacta. El relato historiográfico, irremediablemente, se construye desde posiciones subjetivas más o menos disimuladas. El simple hecho de que usted y yo tratemos de analizar aquellos sucesos desde el momento presente, condiciona totalmente nuestra interpretación de los mismos.

      Por mi parte, voy a dejarlo aquí. Creo que las diferentes visiones han quedado más o menos claras. Solo permítame realizar algunas consideraciones respecto a la parte final de sus últimos comentarios referente al “peligro comunista”.

      Lamento que mis referencias al papel del comunismo durante la guerra civil española en anteriores intervenciones puedan relacionarse con la ya clásica teoría del “peligro comunista” que, como usted bien indica, fue utilizada en su momento por los sublevados para justificar su proceder contra la República y, en los últimos tiempos, ha vuelto a tomar fuerza en ciertos círculos. La teoría de una República española víctima del enfrentamiento entre dos totalitarismos (estalinismo versus fascismo) es simplificar las cosas hasta el absurdo. Pero también lo es la otra interpretación, tan ampliamente extendida, consistente en interpretar la guerra civil como un enfrentamiento entre democracia y fascismo, en la cual, se encuadran eminentes historiadores actuales.

      Las causas de un conflicto como fue la guerra civil española venían de muy lejos, como mínimo, de casi un siglo antes, aunque podría irse aún más atrás. Estén tranquilos, no voy a abrir ese melón.

      La guerra civil es una olla podrida en la que se cuecen y recuecen muchos ingredientes. No voy a desglosar todos ellos, sería imposible, pero si me gustaría terminar señalando uno de ellos que, a mi humilde entender, se suele pasar por alto, se presenta como algo anecdótico, o es aprovechado como chivo expiatorio para echar las culpas de casi todos los males y problemas por los que pasó la República durante la guerra (e incluso antes de que estallase el conflicto), pero que a mi entender, es uno de los elementos más importantes a tener en cuenta para analizar la historia de España, al menos, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el final de la guerra civil en 1939, se trata del elemento revolucionario y, muy especialmente, del anarquismo y el anarcosindicalismo como movimiento de masas, una particularidad de la historia contemporánea de España que, en líneas generales, ha despertado mayor interés entre hispanistas e historiadores extranjeros que entre los investigadores de nuestro propio país, pero que marca claramente la diferencia con respecto a otros países en el mismo periodo histórico y es la clave para entender algunos de los episodios más importantes de nuestra guerra civil.

      Termino con mis elucubraciones, había dicho que iba a dejarlo y otra vez he perdido el sentido de la medida.

      Sugerente su ofrecimiento de preparar una crónica para este blog sobre el papel de los libertarios en el golpe de Casado. Es posible que me anime, Don Florentino (espero que no termine lamentándolo).

      Gracias y un saludo.

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    18. Efectivamente podríamos alargarnos hasta el infinito, y hemos estado a punto de conseguirlo, yo calculo que nos han faltado solamente unos pocos metros. Yo también creo que lo mejor es dejarlo aquí, cada uno hemos dado nuestra interpretación de los hechos, que es de lo que se trata.

      Lo del peligro comunista no lo digo por usted, es una sensación “global” que empiezo a notar en muchos ámbitos. Ya desde el final de la guerra personajes como Suñer (un gran propagandista) orientaron de por donde iban a ir los tiros con su “Rusia es culpable”, frase que sirvió de enganche para la División Azul y de paso exoneraba de las culpas propias. Y creo que entender la guerra como un enfrentamiento entre fascismo y comunismo como se pretende, aparte de equivocado, hace muy poca justicia a todos los que lucharon para defender la República, fueran comunistas o no, metiéndolos en un mismo saco. De lo que no tengo ninguna duda es de que en España se libró el primer combate contra el fascismo en todo el mundo, algo de lo que mucha gente parece no haberse dado cuenta todavía.

      Suscribo totalmente lo del SXIX, apasionante para los historiadores pero un desastre para la nación, que creo un sustrato sobre el que emergieron conflictos muchos años después, incluso en la actualidad podríamos decir que el XIX sigue dando guerra, por ejemplo con el tema de los nacionalismos. Pero como sabiamente dice usted, mejor no abrir otro melón.

      Ha sido un placer dialogar con usted y espero a que se anime con esa prometedora colaboración en el futuro, los lectores de Sol y Moscas (que ya empiezan a ser un grupito de cierta entidad) seguro que le estarán muy agradecidos, al igual que toda la redacción.

      Un cordial saludo.

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  4. Don Florentino, aquí el desmochado marqués de Torrebrúnez, me recuerda?. Bien me siguen emocionando sus relatos, aunque sean como siempre de otra gente, pero para mi, son suyos de usted, temple sereno y mandando en los medios, buen espada aunque algo lento a la hora de matar. Se le quiere, maestro!

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    1. ¿Cómo no voy a recordarle?, que alegría saber que todavía anda usted por aquí, todo un honor para este modesto blog el contar con la presencia del Marqués de Torrebrunez, con Grandeza de la Moncloa.

      Lo que pretendemos es dar a conocer a nuestros lectores las historias que a nosotros nos han llamado la atención, aunque como bien señala a veces tardamos mucho en colocar el morlaco en suerte para el volapié y alargamos en exceso la faena, a riesgo de recibir los avisos reglamentarios. Trataremos de mejorar en el futuro en esta faceta.

      Espero seguir viéndole por aquí. Reciba un cordial saludo.

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  5. Es de agradecer poder "asistir" a este debate tan interesante entre estos dos expertos analistas, Javier Calvo y D. Florentino.
    Análisis, reflexiones, distintos puntos de vistas, coincidencias, divergencias, aportación de datos ...
    Un disfrute y un placer poder leer sus intervenciones sobre este momento tan importante en el desenlace final de la guerra.
    Un saludo para los dos.

    R. CAPA


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    1. Lo que es de agradecer es que alguien se tome la molestia y el interés en leerse ambas parrafadas, y que encima ¡¡te feliciten!!. Eso si que tiene mérito.

      Muchas gracias Capa. Un saludo.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Pues sin duda me interesa, y por eso me lo he leido todo. Interesantisimo doble análisis. El Anarquismo, en mi humilde opinión, la disparidad de criterios en la llevanza de la guerra, y los intereses de un partido u otro, fueron las causas mas importantes por las cuales la República tiró por el retrete, todo el inmenso esfuerzo , la movilización y la fe democrática de un país. La desunión ya sabe donde nos lleva, y en este país somos así, nos unimos para casi ninguna cosa.

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    1. Muchas gracias Miguel por su comentario y por visitar el blog.

      Parece que es una historia condenada a repetirse, no solo la desunión, sino también el enfrentamiento y rencillas entre las fuerzas progresistas es una constante en España desde el Siglo XIX, con resultados desastrosos para ellos. pero pareec que no se aprende de la Historia.

      Saludos.

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  8. D.F lorentino cuenta a no mas entre los que se han leído TODO , en este momento acabo de hacerlo me ha emocionado y sorprendido gratamente leer frases cono esta:
    "Todo esto sin poner en duda la combatividad y arrojo de las unidades anarquistas, como ya quedó constancia con la actuación de la Columna Durruti en la defensa de Madrid."

    Tanto he oido en sentido contrario que se me ocurre pensar si no será una broma del autor.

    Lo que me pacere una broma y mala es la frase de mi estimado literariamente hablando, Max Aub:

    Cuando Max Aub regresó a España y le hicieron esa pregunta contestó: “Primero por culpa de Inglaterra, y después por los anarquistas”.

    Esta visto que "lo anti" lo que fuese si era grave.

    Muchas gracias por su esfuerzo Javier y Florentino en explicarnos lo así pudo ser si así os parece.

    Salud.

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    1. Bueno, se puede entender como uno quiera el efímero paso de la Columna Durruti por Madrid. Max Aub ha sentado cátedra, una eminencia como nuestro querido, admirado y nunca bien ponderado amigo Juan Manuel Riesgo, opina igual: la guerra se perdió por los anarquistas.

      Salud y saludos.

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  9. Yo también me lo he leído todo.
    Muy interesante.
    (oigan)

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