viernes, 11 de mayo de 2012

¿SE ESTÁ PERDIENDO LA RAZA? (II PARTE)

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Desde su llegada al trono de España la dinastía Borbón los escándalos, pelotazos, fraudes, adulterios, traiciones, intrigas, etc. se han sucedido sin que a los españoles pareciera preocuparnos. Sin embargo en la actualidad, por unas menudencias y algún desliz sin mayor importancia si los comparamos con otros pasados, los ciudadanos ponen inmediatamente el grito en el cielo. ¿Qué está pasando?, ¿se está perdiendo la raza?. (Haga clic en cualquiera de la imágenes para verlas ampliadas).

¿SE ESTÁ PERDIENDO LA RAZA? (II PARTE)

Por nuestro corresponsal Abilio Ovejero.

En nuestra crónica anterior haciamos un pequeño resumen de los aconteceres de la dinastía Borbón desde los comienzos del Siglo XIX, una historia de sexo, pasiones, intrigas, traiciones, infidelidades, negocios sucios, asesinatos, atentados, guerras y odios. Si tras leerla pensaron alguno de ustedes que aquello no se podía superar, he de decirles que se equivocan, como comprobaran si siguen leyendo.

Finalizábamos aquella crónica anunciando el matrimonio de la joven reina con uno de sus primos, Francisco de Asís, hijo del hermano de Fernando VII, Francisco de Paula. El candidato elegido no es del gusto de la joven reina, además las malas lenguas acusan al pretendiente de ser homosexual (aunque no podemos confirmar que fuera a “clubes de hombres nocturnos” y encontrara el infierno). Seguramente ustedes pensaran: “pues se busca otro y punto”. Nada más lejos de la realidad estimados amigos, la elección del futuro rey no era una cuestión baladí, existían muchos intereses cruzados y no abundaban los candidatos que reunieran las características apropiadas, nada que ver con lo que pasa ahora que los monarcas se pueden casar con un jugador de balonmano, con una periodista, o con un… eehhh…, estooo…., bueno, pues eso, con cualquier persona, ya me entienden.

La actual Familia Real, pese a tener lo suyo, es todo un ejemplo si la comparamos con los Borbones del Siglo XIX, más cercanos a la familia Channing en Falcon Crest que otra cosa. Lo malo es que en vez de viñedos se jugaban el provenir de España, y así nos fue.

Como comentábamos en la crónica anterior la reina madre, que debía hacerse cargo de la regencia hasta la mayoría de edad de su hija, se había casado con un sargento de su Guardia de Corps, de nombre Fernando Muñoz, con el que tendría ocho hijos, el cual rápidamente dio innegables muestras de poseer un fino olfato para los chanchullos, llegándose a decir que había pocos negocios en los que la reina madre no estuviera de por medio. La situación fue deteriorándose, y el general Espartero se hace con la regencia ante la minoría de edad de Isabel y manda al exilio parisino a la reina madre, marido e hijos, que ya eran conocidos popularmente como “los muñoces”, aunque bien es cierto que la reina madre, no estaba dispuesta a dejar de influir en las cosas de palacio. No debemos olvidar tampoco a los tíos por parte de padre de la reina, el infante Carlos que reclamaba el trono y había provocado una sangrienta guerra, y al infante Francisco de Paula, que también tendrían mucho que decir en el futuro. En medio de todo ello se encontraba la pobre Isabel, con solo dieciséis añitos, rodeada por una serie de personajes cada uno con sus propios intereses, sin tener en cuenta para nada el interés o preferencias de la propia reina.

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Cada uno de los “lobbys” con intereses en la elección del candidato comenzó a jugar sus cartas, la lista de posibles candidatos era variada. Se propuso al hijo del infante Carlos, su primo Carlos Luis de Borbón, conde de Montemolín, para de este modo terminar con el contencioso “carlista”, pero finalmente se desestima, habían perdido la guerra. Los “muñoces”, que habían regresado del exilio tras la salida de Espartero y la llegada de Narváez, proponen al príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo, todo un galán, primo de la todopoderosa reina Victoria de Inglaterra (por si éramos pocos solo faltaba la Pérfida Albión) que apoya la unión, algo que no agrada nada a los franceses (si no éramos suficientes, ahora los gabachos), que proponen a los hermanos Orléans: Enrique, duque de Aumale, y Antonio, duque de Montpensier, hijos del Rey Luís Felipe de Francia. Como se pueden imaginar, estos candidatos no gozaban de las simpatías de Inglaterra. No se vayan a pensar ustedes que esto era una cuestión de menor importancia, era tal la trascendencia del matrimonio, que los británicos y franceses para no llegar a más acaban firmando el Tratado de Eu en 1845, que reduce el número de candidatos solamente a la rama Borbón, siempre que no tengan opciones al trono de Francia. Como ven mucho antes de Merkel, Camerón y Sarkozy, ya se nos decía lo que teníamos que hacer.

Isabel II fue heredera de una situación que se precipitaba hacia el abismo desde el reinado de su abuelo Carlos IV, al que tras la Guerra de Independencia, siguió el catastrófico de su padre y después el periodo no menos caótico de la regencia de su madre, marcado por una guerra civil con los partidarios de su tío Carlos. Pero aún teniendo el listón muy alto, la joven princesa conseguiría superar en torpeza e ineptitud a todos ellos, aconsejada casi siempre por esa oligarquía patria de la que todavía disfrutamos los españoles.

La lista se reduce y los “muñoces” proponen otro candidato: el hermano menor de la Reina Madre María Cristina, Francisco de Paula de Borbón-Dos Sicilias, conde de Trapani. Pero el muchacho parece que es un poco zangolotino, no tiene buena prensa en España y finalmente es descartado, no sin antes provocar la decisión un rifi rafe entre Maria Cristina y Narvaez, que haría dimitir a este último. Tras este descarte ya solo quedaban dos candidatos, los hijos de Francisco de Paula, hermano de Fernando VII: Francisco de Asís, Duque de Cadiz y Enrique, Duque de Sevilla, ambos primos de la reina. El elegido finalmente será Francisco de Asís.

Como hemos dicho anteriormente, la única que no tenía vela en este entierro era la propia Isabel, la cual, según cuentan, en el momento de conocer la elección exclamó: “No, la Paquita no…, con cualquiera menos con la Paquita”. El disgusto fue tremendo, y al parecer fueron varios los días que pasó en su cuarto llorando, además para hacer más profunda la herida, se decidió casar a ambas hermanas a la vez, Isabel y Luisa Fernanda, eligiendo como esposo de esta última a Antonio de Orleáns, Duque de Montpensier, un marido de mayor jerarquía (sin contar otras cualidades) que el que le ha tocado en suerte a Isabel. Nadie puede negar que la vida había sido bastante dura con Isabel. La boda (aunque sería más correcto decir las bodas) se celebró en la capilla del palacio el 10 de octubre de 1846, tras lo cual los recién casados partieron hacia San Ildefonso de luna de miel.

Isabel II (sentada a la izquierda) sería obligada a casarse con un primo suyo, Francisco de Asís, conocido popularmente como “La Paquita” o “Paco Natillas” debido a que se sospechaba que visitaba “clubes de hombres nocturnos”, como diría algún obispo.

La relación fue un rotundo fracaso, ambos cónyuges no congeniaban en absoluto, sin olvidar la supuesta homosexualidad de Francisco, que llevó a decir a la reina que en la noche de bodas “llevaba más puntillas que ella”. La distancia, incluso el desprecio, se fue haciendo mayor entre ellos. Isabel comienza a llevar una vida festiva y desordenada, no hay fiesta a la que no asista, en compañía la mayoría de ocasiones de su prima, y a la vez cuñada, la infanta Josefa. Uno de los lugares preferidos de la reina es el restaurante Lhardy, donde no es raro verla acompañada de jóvenes de la nobleza e incluso de populares actores o artistas.

La situación en palacio es cada vez más tensa, la relación de Isabel con su madre es ya de abierta hostilidad, no sin razón la considera la culpable de su desgracia conyugal y finalmente los “muñoces” acaban haciendo las maletas y marchando a Francia. Para complicar más la situación, Isabel entabla algo más que amistad con el general Serrano, un militar liberal que es Ministro de la Guerra, y se murmura que son amantes. La relación de los reyes es ya insostenible, Isabel quiere la nulidad. El asunto supera el ámbito familiar y trasciende a la vida política del país, siendo conocido ya como “la cuestión de palacio”. En abril de 1847 (no han pasado ni seis meses de la boda) la ruptura se oficializa, Isabel marcha a Aranjuez y Francisco a El Pardo, la reina a su vez inicia los trámites de la nulidad matrimonial, alegando coacción moral e impotencia de su esposo. Periódicos como The Times, se hacen eco de la noticia.

El general Francisco Serrano, oficiosamente sería el primer amante de la reina dentro de una larga lista. Este papel de “favorito” lo utilizaría para sus intereses particulares, al igual que harían otros posteriormente.

Las intrigas se desatan, Serrano es una baza importante, los liberales lo utilizan para manejar a la reina, y los conservadores, apoyados por los “muñoces” y por el propio rey, quieren aprovechar la relación sentimental de la reina para quitársela del medio, sustituyéndola o bien por el propio Francisco o bien por su hermana Luisa Fernanda y su marido. Tras negociaciones a muchas bandas, los reyes deciden “reconciliarse” nuevamente. Por su parte Serrano pone tierra de por medio, y tras recibir una importante compensación económica (aquí el que no corre vuela), marcha destinado a Granada, otro mazazo para la reina nuevamente abandonada a su suerte.

La reina se encuentra rodeada en palacio de personas hostiles a su persona, y algún que otro personaje singular, como el confesor del rey, el padre Fulgencio, un tipo raro e intrigante que ejerció una gran influencia entre las paredes de palacio. También se encontraba por allí la monja sor Patrocinio (les prometo que no me invento los nombres) conocida como “la monja de las llagas”, una hermana que había padecido varias “experiencias místicas”, entre ellas la aparición de llagas en manos pies y costado, así como un vuelo en que un diablo la condujo por tierras de Guadarrama, rapto que finalizó depositándola sobre un tejadillo del convento, en el que la monja había sido descubierta por sus hermanas de Orden, fatigada y sucia de tierra y restos vegetales. En pleno SXIX ya la gente no se creía estas cosas, y tras ser juzgada, acabaría acusada de impostora y condenada a ser desterrada de la Corte en 1836. Posteriormente sería perdonada y consiguió introducirse en palacio, donde ejercería una gran influencia sobre Francisco e Isabel. Ante este panorama, Isabel decide buscarse compañía y esta vez se fija en el marques de Bedmar, un joven aristócrata. Al igual que anteriormente ocurriera con Serrano, es ahora Bedmar el centro de las intrigas políticas, y gracias a su influencia sobre la reina consigue que Narváez sea cesado por esta, aunque posteriormente al día siguiente le reincorpora al cargo, tras ser aconsejada por los “muñoces”. Narváez, regresa más cabreado que una mona y sabedor de los tejemanejes de palacio manda al padre Fulgencio confinado a un convento de los escolapios, y a sor Patrocinio a Talavera. Al rey, que estaba también en el ajo, lo confina en sus dormitorios, menudo era este Narváez, aunque al poquito le dejó salir.

El general Ramón María Narváez, todo un clásico en todos los tejemanejes gubernamentales de un periodo del SXIX, que tuvo que padecer muchos de los caprichos de la reina, su familia y la camarilla de palacio.

Con lo visto hasta ahora ya se pueden ir haciendo ustedes una idea de cómo era la vida en palacio: una reina manipulada por una camarilla y un “favorito” (asociado a algún grupo político o de intereses económicos, incluidas corruptelas varias) que a la larga acaban determinando las decisiones políticas que han de regir el país. Mientras tanto la nación queda estancada, la pobreza aumenta y España ve como se pierde el tren de la modernidad. Las algaradas y pronunciamientos se suceden, muchas veces corre la sangre generosamente, y empieza a nacer una conciencia republicana en amplios sectores de la población, que empieza a ver en la monarquía la causa de los males de España.

Pero volvamos a la crónica rosa, Isabel sigue con sus veleidades y vida libertina, su marido el rey Francisco, tiene ya asumido su papel en esta historia y decide sacar tajada del asunto chantajeando a la reina y a los políticos de turno para evitar escándalos, así es nombrado intendente del Real Patrimonio y administrador de los bienes de la Corona. En 1850 nacería el primer hijo de Isabel, de nombre Fernando que fallecería a las pocas horas de nacer, la muerte del bebe supuso un duro golpe para la reina, pero a principio del nuevo año establece una nueva relación con otro joven aristócrata, José María Ruiz de Arana, al que permanecerá unida por un periodo de cinco años.

Mientras tanto Narváez hastiado de la situación decide marcharse definitivamente, y nuevamente los “muñoces” y la camarilla de palacio rigen desde la sombra los destinos del país. Isabel anuncia un nuevo embarazo, y a finales de diciembre de 1851 nace Isabel Francisca de Asís y Borbón, que posteriormente será popularmente conocida como “La Chata”, pese al nombre todo los indicios apuntan a que Francisco no es el padre si no Ruiz de Arana, pero nunca lo sabremos. Cuando la niña va a ser presentada a la Virgen de Atocha, la reina sufre un atentado, un clérigo se arrodilla como si fuera a entregarle algo, y cuando se acerca la reina, saca un estilete de debajo de su sotana e intenta apuñalar a la reina, pero los volantes del vestido y un firme corsé de ballenas, impiden que la reina sufra heridas de importancia. El atacante es detenido en el momento, se trata del cura Mateo Merino, un sacerdote que ya luchó contra los franceses y que es un declarado liberal, detenido y encarcelado en varias ocasiones por participar en revueltas y algaradas, un personaje apasionante, que como anécdota diremos que residía en el madrileño callejón del Infierno nº2. Tras ser juzgado, es condenado a morir a garrote vil. Aunque no consiguió probarse, muchos piensan que Merino era parte de una conjura, en la que algunos sitúan al propio marido de la reina y a su camarilla teocrática.

Una caricatura de época de el cura Merino, un peculiar sacerdote de ideas liberales que había combatido contra los franceses y que acabaría atentando contra la reina, lo que le costaría la vida ejecutado con garrote vil.

La reina, que ha visto acrecentarse su popularidad entre las clases populares tras el atentado, sigue a los suyo en palacio donde continúa su relación con Ruiz de Arana. La reina madre, o el clan de los “muñoces” para ser más exactos, son los auténticos amos del país. Isabel está nuevamente embarazada (no me hagan preguntas) y en enero de 1854 nace su hija Cristina que muere a los pocos días. Ese mismo año se destapa un escándalo financiero de gran magnitud relacionado con las jugosas concesiones del ferrocarril, entre los implicados aparece el Marqués de Salamanca, ministro en varias ocasiones, y como era de esperar en algún momento, también los “muñoces”. La gente, que llevaba mosca mucho tiempo, no aguanta más y se echa a las calles, O’Donell subleva a las tropas del cuartel de Vicalvaro, la famosa “Vicalvarada”. Y ya saben ustedes si leyeron nuestra crónica del Dos de Mayo como las gastan en Madrid las masas cuando se enfadan. Por de pronto le metieron fuego a las casas del Marques de Salamanca y a la residencia de los “muñoces”. El conflicto se extendió a toda España, y finalmente se recurrió a un anciano Espartero, que junto a O’Donell, entraría en Madrid a finales de julio entre el clamor popular.

Tras estallar un escándalo financiero en el que estaban implicados miembros de la Familia Real, el general O’Donnell sublevaría a las tropas de la guarnición de Vicalvaro, lo que se conocería como “La Vicalvarada” a la que se sumaría el pueblo de Madrid.

Tras esta revolución de 1854, los “muñoces” volverían a ser despachados al exilio tras serles confiscados sus bienes (ya he perdido la cuenta de las “espantás” de esta familia, aunque en esto hay que reconocer que los franceses con el tema de la guillotina se evitaban problemas futuros) y comenzaría lo que se conoce como el Bienio Progresista, que coincidiría con un periodo de crisis económica y en 1856 O’Donnell cede su puesto a Narváez. En ese periodo Isabel II y Ruiz de Arana terminan su relación, la soberana cuenta solo con 27 años, tras esta ruptura comenzará una nueva relación con Enrique Puigmoltó, capitán del ejército. A comienzos de 1857 se anuncia que la reina está nuevamente embarazada (tampoco me hagan preguntas), Francisco de Asis hastiado ya, se niega a transigir con el reconocimiento de la criatura, en esta ocasión ni siquiera le hace cambiar de opinión el millón de reales que según las malas lenguas cobra por cada reconocimiento, sin embargo la intervención de sor Patrocinio (la de las llagas), que ejerce una gran influencia sobre el rey, le hace cambiar de opinión. En esa época también entra en escena otro personaje peculiar que pasa a formar parte de la camarilla de palacio, se trata del padre Claret, que ejercerá de confesor de la reina y consejero religioso. Claret, que conoce ya todos los tinglados de palacio, va a ejercer una gran influencia en la reina, consigue que el Papa se encargue de apadrinar al futuro bebe, pero pide a la reina que expulse a Puigmoltó, la reina se niega y Claret abandona palacio, pero la reina recapacita y Puigmoltó es destinado a Inglaterra. En 1857 nacería Alfonso Francisco Fernando Pío Juan de María de la Concepción Gregorio Pelayo de Borbón y Borbón , que reinaría como Alfonso XII, aunque para muchos debería apellidarse Puigmoltó y Borbón, no en vano la maledicencia popular acabaría conociendole por el sobrenombre de “el puigmoltolejo”. Tras el nacimiento Isabel comenzaría una época de gran espiritualidad, influida enormemente por el padre Claret.

En 1857 la reina Isabel II daría a luz a su hijo Alfonso, del que muchos atribuyen la paternidad a Enrique Puigmoltó, amante de la reina en aquella época, por lo que popularmente le llamaron “El Puigmoltolejo”.

A partir de aquí podemos hablar de “más de los mismo” hasta el final del reinado de Isabel II, tendría nuevos amantes, el más conocido de ellos sería Miguel Tenorio de Castilla. Por su parte a Francisco también se le atribuye un romance, en este caso con Antonio Ramón Meneses, su secretario y apuesto joven. Isabel II tendría 11 hijos durante su matrimonio, de los que solamente cinco llegarían a edad adulta. El tiempo pasa, el país sigue sin levantar cabeza y acumulando un enorme retraso respecto a otras naciones europeas. La popularidad tanto de la reina, como de la familia (los “muñoces” habían regresado nuevamente) y de la propia institución monárquica, está bajo mínimos, gran parte del pueblo le achaca los males patrios y los ideales republicanos toman fuerza día a día. Episodios como la Noche de San Daniel, o la revuelta de los sargentos del cuartel de San Gil, seguidos ambos de una desmedida represión acaban de socavar el poco prestigio que le quedaba a la reina y a la institución.

En septiembre de 1869 el vicealmirante Topete se subleva en Cádiz, el mismo lugar en que 50 años antes lo hiciera Riego contra Fernando VII, comenzando lo que se conocería como Revolución de 1868 o “La Gloriosa”. A Topete le apoyan un buen número de militares, destacando entre todos ellos Serrano, un viejo conocido de la reina, y Juan Prim Prats, un general catalán de ideas liberales y progresistas que ha destacado en el campo de batalla, tanto en Marruecos como en México. Los leales a la reina se organizan al mando del general Pavía y plantan pelea a los sublevados, pero son derrotados en la Batalla de Alcolea, la reina se ve obligada a exiliarse a Francia, tras 25 años de reinado y con solo 38 años de edad.

El general catalan Juan Prim y Prats fue una pieza clave en el desenlace del periodo final del reinado de Isabel II, y uno de los artífices de la llegada de Amadeo I. Tras su muerte en atentado, muchos vieron la mano del cuñado de la reina, Antonio de Orleáns. El la imagen le vemos al frente de los Voluntarios Catalanes, combatiendo en Tetuan.

Comienza lo que se conoce como el Sexenio Democrátrico. Prim se hace cargo del gobierno y Serrano ejerce de regente. Su principal objetivo es buscar un monarca de ideales liberales y democráticos para sustituir a la dinastía Borbón, tarea tan difícil que el propio Serrano manifiesta: «¡Encontrar a un rey democrático en Europa es tan difícil como encontrar un ateo en el cielo!». El Sexenio fue nuevamente un periodo convulso, y lleno de sobresaltos. Tras varios intentos y descartes se elegiría como rey a Amadeo de Saboya el 27 de diciembre pero tres días después, su principal valedor, Prim es asesinado en un atentado en las calles de Madrid mientras se desplaza en su berlina, un atentado en el que muchos intuían detrás la mano del Duque de Montpensier, del que hablaremos más adelante. Tras dos años de reinado, Amadeo de Saboya, incapaz de hacerse con las riendas del país y aburrido de las intrigas del ruedo ibérico, abandonaría. Tras Amadeo se proclamaría la Primera República en febrero de 1873, un experimento federalista de corta vida que acabaría el 3 de enero de 1874 con la entrada del general Pavía al frente de la Guardia Civil en el Congreso (seguramente esto les recuerde algo, para que luego digan que la historia no se repite). A finales de ese año, un pronunciamiento militar del general Martínez Campos en Sagunto, proclama rey de España a Alfonso XII, vuelven los Borbones, aunque algún malvado diría que en realidad vuelven los Puigmoltó.

Tras el abandono de Isabel II se inicio un periodo conocido como el Sexenio Democrático, que finalizaría con la entrada del general Pavía en el Congreso al mando de la Guardia Civil, algo similar al episodio protagonizado por Tejero seis años después de la muerte de Franco, aunque en esta ocasión fracasaría.

Antes de centrarnos en el breve reinado de Alfonso XII (con el que acabaremos esta crónica, lo prometo) quiero hablarles de Antonio de Orleáns, Duque de Montpensier, hijo del rey Luis Felipe de Francia. Como hemos dicho en esta crónica, estaba casado con Luisa Fernanda, hermana de Isabel II, y durante todo el reinado de la misma, estuvo intrigando para hacerse por medio de su mujer con el trono, algo habitual en esta familia, casi genético, como ya han podido comprobar: Fernando quiso quitar el trono a su propio padre, cambio la ley para que no reinara su hermano Carlos, este desató una guerra para quitárselo a su cuñada primero y a su sobrina después, y como no podía ser menos a Isabel se lo quería quitar su hermana. Como decían los Payasos de la Tele: “no hay nada más lindo que la familia unida”. El duque de Montpensier, tomaría parte en La Gloriosa, convencido de que él y su esposa serían proclamados reyes tras ser derrocada Isabel, pero el tiro se lo dio en el pie (lo siento, no he podido contenerme), y finalmente sería Amadeo el designado, estudios posteriores parecen señalar a un duque desairado como el instigador del atentado que acabaría con la vida de Prim. Sin embargo el tiro que si le salió centradito, fue el que le metió al primo de su mujer y hermano del rey consorte: Enrique de Borbón, al que mandaría al otro mundo durante un duelo a pistola que tuvo lugar en Leganés. Al parecer un comentario sobre la hombría del rey dicho en presencia de su hermano, impulsó a este a retar a duelo al duque, aunque otras versiones sostienen que Enrique, un aristócrata muy liberal, atacó duramente al intrigante Duque en varios artículos de prensa, y fue este el que le retó. Antonio de Orleáns sería condenado por esta muerte, pero poquito, ya saben ustedes que a las personas influyentes se las condena pero poquito que diría Gila, o se les prescribe, o se les indulta, no piensen ustedes que es algo de nuestros tiempos. Con la muerte de Enrique, el Duque de Montpensier se cerraba todas las puertas al trono de España.

Don Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, hijo del rey Luis Felipe de Francia y esposo de Luisa Fernanda, hermana de Isabel II. Este personaje intrigó continuamente para hacerse con el trono de su cuñada, hasta que en un duelo le descerrajó un tiro al hermano del rey, con lo que se cerró las puertas al trono. Aún así conseguiría casar a una de sus hijas con el rey Alfonso XII.

Buenos volvamos a los Borbones, o a los Puigmoltó según versiones. Alfonso llegaría a España en enero de 1875 y sería proclamado rey ante Las Cortes. Su reinado sería breve, ya que fallecería de tuberculosis solamente 10 años más tarde, pero en ese tiempo finalizaría la última guerra carlista y se conseguiría llegar a un acuerdo en Cuba con los independentistas que garantizaba el fin momentáneo de las hostilidades, por todo ello sería conocido como “El Pacificador”. Pero volvamos a la prensa rosa, había que casar al rey, como ya habrán comprobado la generación en serie de herederos era una cuestión de estado, y ya saben ustedes la querencia que tenían los Borbones a casarse entre primos, con lo que la elegida es Maria de las Mercedes de Orleáns, la hija de Luisa Fernanda, hermana de Isabel II, y de Antonio de Orleáns, ya saben, el intrigante que había matado en duelo al hermano del rey, es decir al tío de Alfonso XII, vaya lío ¿no?. Pero en aquella época a los españoles estas cosas no les importaban, no es como ahora que nos hemos vuelto más tiquismiquis, mas ñoños, se imaginan ustedes que en los tiempos que corren se produjera un hecho similar. Seguro que hoy en día algún "Jaime Peñafiel" podía el grito en el cielo si se decidiera que la Infanta Leonor se tiene que casar con su primo Froilan y para colmo, resultará que Marichalar, el padre del futuro rey consorte, le había metido un tiro entre ceja y ceja a Urdangarín en un duelo por un quítame allá unos bonus, es decir el padre del novio se había cargado a un tío de la heredera a la corona. Vamos que Hola y Sálvame De Luxe se disparaban en bolsa, pero a la gente como que no le haría gracia, no seria serio en un país moderno.

La boda de Alfonso XII con su prima María de las Mercedes, la cual fallecería a los pocos meses de casarse, sería recordada durante mucho tiempo, dando lugar a coplas, canciones e incluso películas ya bien entrado el Siglo XX.

Pero para que vean ustedes que cuando les digo que se esta perdiendo la raza no estoy muy desencaminado, esto no solamente no supuso ningún sobresalto en la España del momento, al contrario, aquel matrimonio gozó de una gran popularidad. La temprana muerte de María de las Mercedes a los pocos meses de la boda, hizo que aquella relación tomara tintes de leyenda, incluso se hicieron coplas muchos años después, recuerdan ustedes aquella de Doña Concha Piquer cuyo estribillo decía: “María de la Mercedes / no te vayas de Sevilla / que en nardo cambiarse puede / el rosa de tus mejillas”, que bonito. O aquella canción de los juegos infantiles “¿Dónde vas Alfonso XII, dónde vas triste de ti?...”, cancioncilla de la que nacería una película muy celebrada en espacios tipo "Cine de Barrio". Alfonso XII se volvería a casar, ya saben ustedes aquello de fabricar niños en serie, en esta ocasión con María Cristina de Habsburgo, emparentada con el Emperador de Austria, Como decíamos, Alfonso murió joven, pero cumplió con la dinastía y antes de fallecer su mujer estaba embarazada de un varón que habría de ser el futuro rey, y antes había tenido dos hijas más. Seguramente estén ustedes extrañados de que Alfonso llevará más o menos una vida “normal”, pues no es así, como no podía ser menos en esta familia, Alfonso también tuvo su canita al aire. En 1872 conocería en Viena a la cantante de ópera Elena Sanz, con la que mantendría una apasionada relación que mantendría durante sus dos matrimonios hasta el final de sus días. Una relación de la que nacerían dos hijos. Alfonso XII, que era bastante supersticioso, antes de morir pidió que al niño que habría de nacer no le pusieran Alfonso, ya que el 13 era un mal presagio, como luego se demostró. Podríamos escribir una nueva crónica sobre una supuesta maldición que persigue a la dinastía Borbón desde que Felipe V tomara el relevo del último rey de la dinastía de los Austria: Carlos II “El Hechizado”. Desde entonces los Borbones no dejan de sufrir periódicamente calamidades y desgracias, una maldición que es conocida como la de “los niños muertos”. A ver si me da permiso Don Florentino y me pongo a escribir una crónica sobre ello, aunque si no tiene que ver con la guerracivilmaquia la cosa se pone difícil.

Tras la Guerra de Sucesión, los Borbones de la mano de Felipe V (quien sucedería al Carlos II “el Hechizado”), llegarían al trono de España. Desde entonces una serie de desgracias y acontecimientos han tenido como protagonistas a esta dinastía, llegando algunos a hablar de una maldición que recae sobre esta familia.

Y hasta aquí esta apasionada crónica en dos partes en las que repasamos la vida de los Borbones durante el Siglo XIX, una historia apasionante en la que nos podríamos haber extendido muchísimo más ( y también haber hecho más pupa)si no fuera porque Don Florentino luego me llama al orden por enrollarme. Una historia ligada un periodo histórico no menos apasionante, en el cual les recomiendo profundizar, sin duda todos aquellos acontecimientos acabarían influyendo sobremanera en el devenir del SXX hasta y en las causas que propiciaron la proclamación de la II Republica y en el desenlace de la Guerra Civil.

Como han podido comprobar, los reyes tenían que hacer cosas muy, muy, muy gordas para que la gente se enfadara, no como ahora que por una simple cacería, que encima se la paga un amigote, o por una supuesta canita al aire con una bella señorita, o porque el yerno hace algunos pinillos financieros que ya han prescrito, nos ponemos hechos unos basiliscos, y aunque el hombre ya ha perdido perdón, todavía andamos hurgando en la herida. Todo esto es una prueba irrefutable y concluyente de que los españoles ya no somos lo que éramos, está claro que indefectiblemente se está perdiendo la raza. Y esto es algo que podemos apreciar también en nuestros políticos, lo que ha pasado con Sarkozy utilizando el nombre de España en una campaña era algo impensable hace 200 años, esas ofensas no podían quedar impunes. Me imagino una cumbre del G20 hace 200 años a la que asiste Mariano Rajoy con su navaja de siete muelles asomamdo el mango de asta por la parte superior del refajo de "a cinco vueltas" que le comprime la barriga. Seguramente en medio de las deliberaciones un ruido sordo interrumpiría a los asistentes: “clac-clac-clac-clac-clac-clac-clac”, y como en la película “la princesa prometida” se oiría una voz increpando a Sarkozy: “soy Mariano Rajoy Brei. Tú citaste el nombre de España en campaña. Prepárate a morir”. A los pocos días veríamos a Carla Bruni de negro (con lo bien que le sienta, aunque realmente a esta mujer le sienta bien cualquier color). O si quieren, se pueden imaginar también una reunión de mujeres presidentas en la vecina Lisboa, y que coinciden en la legendaria peluquería del Chiado “O Vaporouso Cardadu” la presidenta argentina Cristina Kirchner y la madrileña Esperanza Aguirre, vamos…, la que se hubiera liado hace 200 años habría sido parda, y si al salir la rioplatense todavía conservaba un mechón se podía considerar una mujer afortunada. Pero todo esto es ya parte del pasado y no volverá a ocurrir, porque lamentablemente e irremediablemente amigos lectores aunque nos cueste reconocerlo, podemos afirmar rotundamente que: “SE ESTÁ PERDIENDO LA RAZA”.

Abilio Ovejero.


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viernes, 4 de mayo de 2012

¿SE ESTÁ PERDIENDO LA RAZA?

Durante el Siglo XIX los Borbones protagonizaron innumerables escándalos: desfalcos, infidelidades, traiciones, pelotazos, homicidios y un largo etcétera sin que los españoles nos rasgáramos las vestiduras. Sin embargo en la actualidad, la muerte de un paquidermo, una supuesta canita al aire o un desfalquillo ya prescrito del yerno, nos causan tremenda indignación. Por alguna razón los españoles nos hemos vuelto más ñoños y tiquismiquis con el paso de los lustros, ¿qué nos está pasando?,¿se está perdiendo la raza?. (Haga clic en cualquiera de las imágenes para verlas ampliadas).

¿SE ESTÁ PERDIENDO LA RAZA?

Por nuestro corresponsal Abilio Ovejero.

Estimados lectores de Sol y Moscas, nuevamente Don Florentino me concede otra oportunidad de colaborar en esta prestigiosa publicación, todo un honor para mi persona. Espero estar a la altura de la confianza que en mi deposita este auténtico auriga de la guerracivilmaquia periodística, al que desde aquí quiero agradecer públicamente esta atención para conmigo.

Hace tiempo, escribí una crónica de título ”el gen del asedio”, que habría de servir de introducción a otra sublime crónica que Don Florentino, con su magistral pluma, dedicaría al 75 aniversario del episodio del Alcázar de Toledo. En aquella crónica, tras un riguroso y científico análisis histórico quedaba demostrada la existencia de un gen exclusivo de los españoles, o más concretamente de los ibéricos.

Diferentes autores manejan diversas teorías para explicar el origen de la Guerra Civil, la mayoría de ellos coinciden en señalar el fracaso del golpe militar de julio de 1936 como el desencadenante del conflicto, otros te hablan de la revolución de octubre del 34, otros del golpe de Sanjurjo del 32, incluso para algunos responde a una reacción causa-efecto al asesinato de Calvo Sotelo, entre otras muchas, porque hay cada hooligan de la historia que quitan el hipo, alguno de ellos con su carrera de historia terminada y todo, no se vayan ustedes a creer. Es muy complicado que finalmente se llegue a un consenso en este punto, sobre todo teniendo en cuenta que hay muchos interesados en defender su versión aun a sabiendas de que es falsa y manipulada. Pero en lo que hay una gran coincidencia es en la enorme influencia que en el devenir de los acontecimientos del Siglo XX, tuvo el nefasto Siglo XIX español, que desde la guerra de Independencia hasta el desastre del 98 tuvo una historia convulsa que acabaría pos sumir a la nación en un retraso respecto a otras potencias europeas y a crear unas enormes diferencias sociales, con unas altísimas tasas de analfabetismo y de pobreza.

Tras el desastroso Siglo XIX, España iniciaría la nueva centuria con gran parte de su población sumida en la más absoluta pobreza. En la imagen vemos un dibujo de Gutierrez Solana que muestra uno de los muchos comedores para pobres que se podían encontrar por todo el país.

En todo ese tiempo, desde la Guerra de Independencia hasta nuestros días, hay una presencia constante, que con mayor o menor protagonismo ha influido y condicionado la historia de España, nos referimos a la familia Borbón. Una familia que ha protagonizado innumerables errores, escándalos y “espantás” que diría Don Florentino, pero que sin embargo siguen ahí como quien no quiere la cosa. Esta permanencia pese a las continuas y sonoras meteduras de pata es algo de lo que no encontramos equivalencia en otros países, donde por mucho menos tiran de guillotinas u otros útiles abdicantes. Lo más parecido que hemos encontrado, es la permanencia de Victoriano Sánchez Arminio al frente del Comité Nacional de Árbitros tras casi 20 años, tiempo durante el cual la Liga Española se ha convertido en la mejor del mundo, donde juegan los más grandes y afamados jugadores, pero que paradójicamente tiene a los peores árbitros del planeta, y sin embargo este personaje, al igual que su amigo Villar (si, si, ese del famoso Villarato) siguen ahí imperturbables, y lo que te rondaré morena. Pues amigas y amigos lectores, con los Borbones pasa tres cuarto de lo mismo, por muy mal que lo hagan, como el turrón El Lobo, siempre vuelven a casa por Navidad a darnos la charla.

Todos los años por Navidad, como el turrón el Lobo, podemos asistir al discurso del monarca, donde nos da sabios consejos, aunque en ocasiones ni él mismo hace caso.

La dinastía de los Borbones protagonizaría una serie de acontecimientos y sucesos en España a lo largo del Siglo XIX, al lado de los cuales lo del elefante, lo de la tal Corinna y su supuesta relación con el monarca, o los chanchullos de Urdangarín se convierten en cosas de simples aficionados. A esta familia en España les hemos permitido de todo, e incluso después de echarlos les hemos pedido que vuelvan, y tampoco nos han preocupado mucho sus chanchullos y vida privada, entonces, ¿cuál es la razón de que ahora nos preocupemos por un simple paquidermo?, ¿Qué nos importa que eche una canita al aire, y más a su edad?, ¿Qué mal hay en que el yerno quiera hacer sus pinitos financieros, sobre todo si ya han prescrito los posibles delitos?. Está claro que los españoles nos estamos volviendo más tiquismiquis que nuestros abuelos, la razón no está clara, tal vez la dieta o la televisión, y habrá de ser objeto de estudio concienzudo por parte de genetistas y sociólogos, pero la pregunta está ahí: ¿se está perdiendo la raza?.

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Para que ustedes se hagan una idea de lo que les digo, vamos a comenzar a repasar la Historia a principios del Siglo XIX. En aquellos años era Rey de España Carlos IV, que había sucedido a su padre Carlos III (posiblemente uno de los pocos Borbones que se salven de la quema). Carlos IV era, según nos los describen los historiadores, un rey de carácter débil (que además se llevó un susto de muerte con el tema de la Revolución Francesa), y estaba muy influido por su mujer María Luisa de Parma, que era quien realmente llevaba las riendas del reino, o los pantalones, como prefieran.

La familia de Carlos IV retratada Goya. Podemos señalar este reinado como el punto de inicio de una serie de despropósito y escándalos que se prolongarían durante todo el siglo. Observen en la relación de la foto inferior como la esposa de Fernando VII la han puesto mirando a Cuenca, seguramente por que en el momento de posar, todavía no se había decidido por ninguna (posteriormente tendría cuatro esposas).

María Luisa era una mujer peculiar, además de prima hermana de Carlos por parte de padres. Tenía un difícil carácter, y era una persona muy caprichosa (algo comprensible si eres rey, faltaría más). Con Carlos IV tendría 14 hijos, además de 10 embarazos más que acabaron en abortos, ya ven ustedes que actividad, me gustaría saber que dieta hacían, o tal vez fuera porque no había televisión. Pero por si esto no fuera suficiente, se le atribuyen numerosos amantes, destacando entre todos ellos el de un sargento de su Guardia de Corps de nombre Manuel Godoy (aunque algunos autores desmienten tal relación), que gracias al favor de la reina acabaría subiendo como la espuma y llegaría a ocupar las más altas responsabilidades en la gobernación de la nación, y como era costumbre si tenías el favor real, se le concederían diferentes títulos nobiliarios: duque de Sueca, duque de Alcudia, Príncipe de la Paz, Príncipe de Bassano y además Grande de España, e incluso “Generalísimo”, ahí es nada. Para los seguidores de la prensa del corazón hay que decir que la reina tenía un pique importante con la Duquesa de Alba, amiga a su vez, o algo más, de Francisco de Goya, con la que tuvo una gran rivalidad.

La esposa de Carlos IV Maria Luisa de Parma, era en realidad quien manejaba los resortes del reino. Se la atribuyen diversos amantes, entre ellos un sargento de su Guardia de Corps, Manuel Godoy, que con el tiempo y gracias al favor de la reina, legaría a ser el principal gobernante de la nación.

Sería largo el narrar los acontecimientos durante el reinado de Carlos IV, o de Godoy, donde se produjeron acontecimientos tan señalados como la Batalla de Trafalgar o el Motín de Aranjuez, y para no aburrirles, nos vamos directamente a Bayona en 1808. Allí nos encontramos con Carlos IV, junto a napoleón Bonaparte y a Fernando, hijo del primero, el cual ya había intentado hacerse con el trono de su padre el año anterior en lo que se conoció como Conjura de El Escorial, haciendo bueno el refrán de “cría cuervos…”. Allí en Bayona, a finales de abril de 1808, Napoleón tuvo que asistir al lamentable espectáculo de padre e hijo tirándose los trastos a la cabeza, y ambos acabarían cediendo sus derechos al emperador francés (tras llegar a un generoso acuerdo económico previo, por supuesto), y este a su vez cedería estos derechos en la persona de su hermano José, que sería conocido en España como Pepe Botella, que contrariamente a lo que algunos pudieran pensar no tiene nada que ver con nuestra alcaldesa Ana Botella.

Retrato de Manuel Godoy, que de sargento de Guardia de Corps, llegaría a las más altas responsabilidades en el gobierno de la nación, al cual se le otorgarían diferentes títulos y distinciones.

Mientras tanto en España se había montado una buena. En Madrid el pueblo se había echado a la calle, pero a lo grande, sin reparar en gastos. Nada que ver con las algaradas actuales de romper escaparates y quemar contenedores que tanto enervan a nuestra presidenta Esperanza Aguirre, Condesa de Murillo. Así, mientras la familia Borbón hacía sus apaños en tierras francesas, en España la sangre corría por las calles y se iniciaba una cruenta y sangrienta guerra que habría de durar cinco terribles años, periodo durante el cual se redactaría la Constitución de Cádiz, de la que ahora se cumple su bicentenario. Una constitución moderna para su tiempo, que sentaba las bases para establecer un estado moderno, más acorde con los nuevos tiempos políticos que habrían de imperar en el mundo tras el cambio que supuso la Revolución Francesa.

Tras la derrota de Napoleón, Fernando VII, que ya era conocido como “El Deseado”, regresaría a España en 1814, no sin antes haber llegado a diferentes acuerdos con Napoleón. Sin embargo, se negaría a acatar la nueva constitución, y restableció la monarquía absoluta, con lo que el lío estaba nuevamente asegurado. Tras varios años de tira y afloja, y tras el pronunciamiento del general Riego (el de el himno) el rey se declararía un convencido constitucionalista, aunque en las sombra maniobraba para retomar el poder absoluto. El rey acató la constitución, comenzando así el trienio liberal, que vería terminar sus días con la llegada desde Francia de los Cien Mil Hijos de San Luís, que reinstaurarían la monarquía absoluta en 1823, dando inicio a lo que se conoció como Década Ominosa, y ya se pueden imaginar por el nombre como fueron aquellos diez años.

Fernando VII entraría en la historia intrigando para hacerse con el trono de su padre. Su reinado fue uno de los más nefastos de toda la historia de España, de ser conocido como “el Deseado” al principio de su reinado, acabaría siendo designado como “el Felón”.

Fernando moriría en 1833, ahora ya era conocido con el sobrenombre de “el Felón”, tras un reinado plagado de traiciones, engaños y mal gobierno, que dejarían a España el la “pole position” del desastre. Durante su azarosa vida había contraído matrimonio en 4 ocasiones, en primer lugar con su prima María Antonia de Nápoles con la que no tuvo descendencia. Posteriormente con su sobrina Isabel de Braganza y tras la dramática muerte de esta durante un parto, lo haría con María Josefa Amalia de Sajonia, con la que tampoco tendría descendencia. Tras la muerte de esta última en 1829 (estaba claro que casarse con este rey era un deporte de riesgo), se casaría con su sobrina María Cristina, con la que engendraría dos hijas: Isabel, que reinaría como Isabel II, y Luisa Fernanda.

La reina María Cristina, cuarta esposa de Fernando VII con quien tendría dos hijas. A la muerte de este ocuparía la regencia, tiempo en el que no sabemos si influida por las andanzas de su suegra, se emparejó con una sargento de la Guardia de Corps con el que tendría ni más ni menos que la friolera de ocho hijos.

Antes de morir Fernando firmaría la Pragmática Sanción, que permitiría reinar a su hija Isabel en detrimento de su hermano Carlos, al que le correspondería heredar el trono según las leyes anteriores. Como se pueden imaginar tratándose de esta familia, el lío volvía a estar asegurado y comenzó la Primera Guerra Carlista (1833-1840), que enfrentaría a los seguidores del infante Carlos, apoyado por los sectores más conservadores y por territorios interesados en mantener sus privilegios forales como el País Vasco y Navarra, o bien en recuperarlos como Aragón o Cataluña, que los habían perdido tras la llegada de los Borbones. En el otro bando se encontraban los partidarios de la Reina Regente, es decir María Cristina, principalmente liberales y constitucionalistas, muchos de los cuales habían sido represaliados anteriormente durante el reinado de Fernando VII. El carlismo, pese a perder esta guerra y dos posteriores, se mantendría prácticamente hasta nuestros días, desarrollando un papel de crucial importancia durante la Guerra Civil y el posterior régimen franquista, aunque serían muchos los carlistas que se sentirían engañados por le general Franco.

Ya en el Siglo XX y en plena Guerra Civil, el régimen franquista haría suyo parte de la simbología e ideario del carlismo tradicional, muchos de cuyos seguidores se sintieron traicionados por el régimen. En la foto vemos al general Franco presidiendo el Desfile de la Victoria de 1939 en Madrid, tocado con la tradicional boina de los carlistas.

Pero por lo poco que hemos visto por hasta ahora de esta familia, ya se pueden ustedes imaginar que en este periodo bélico no se iban a estar quietos, y la regente María Cristina (Isabel era una niña todavía), no sabemos si siguiendo el ejemplo de su suegra María Luisa, la mujer de Carlos IV, también se lió con una sargento de la Guardia de Corps, de nombre Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, con el que tendría ni más ni menos la cantidad de “ocho hijos, ocho” (sigo pensando en la dieta o en la televisión). Al igual que Godoy, este sargento venido a más, sería elevado a la categoría de Duque de Riansares con Grandeza de España, así como Marqués de San Agustín, además de Teniente General y senador vitalicio. Sin olvidar que a los ocho retoños también fue necesario crearles algún condado, ducado, marquesado y similares. El Duque de Riansares pronto se descubriría como un lince para los negocios, y junto con su mujer crearon diferentes empresas promotoras de ferrocarriles, un negocio en auge en aquellos años, y otras inversiones (incluyendo negocios con el tráfico de esclavos). El Duque tenía una fluida relación con promotores de la categoría de los Rothschild, los banqueros franceses Laffitte y el autóctono Marqués de Salamanca, otro angelito de la época cuya figura avergonzaría a algunos que hoy en día, con indisimulada vanidad y gran orgullo, se tildan como especuladores inmobiliarios y financieros, unos mindundis a su lado. Era tal la avidez de esta familia que se llegó a decir que «no había proyecto industrial en el que la Reina madre no tuviera intereses». Lo de la Reina y el sargento clamaba al cielo, y en 1840 se haría con el poder el general Espartero que mandaría a reina, marido, negocios y retoños al exilio francés. Ya fuera de España, María Cristina aprovecharía para darse una vuelta por Roma, donde el papa Gregorio XVI (o Gregorio "equis uve palito" que cantaban los jóvenes en las jornadas con el Papa del pasado verano madrileño) daría la bendición a su matrimonio morganático con el sargento.

El Duque de Riansares, que de sargento de la Guardia de Corps y tras contraer matrimonio morganático con la viuda de Fernando VII, se convertiría, además de en noble, en un acaudalado hombre de negocios que haría sonrojar de vergüenza a los supuestos amaños que se le atribuyen Iñaki Urdangarín.

Nos encontramos en 1840, con el general Espartero de regente y una reina niña todavía menor de edad. En este momento, España ha perdido ya la mayoría de sus posesiones de ultramar, y la inestabilidad política es una constante. Las Cortes deciden que es necesario que la futura reina tenga una formación acorde con los principios constitucionales y designan a Agustín Argüelles, uno de los padres de la Constitución de Cádiz, como tutor de la princesa. Le ayudaran en esta tarea el poeta y escritor José Quintana y José Vicente Ventosa, que diseño un innovador sistema pedagógico hecho a propósito para las infantas (su hermana Luisa Fernanda también entraba en el lote formativo), que incluía incluso juegos para motivar el deseo de aprender. Sin embargo los resultados no fueron los esperados, la niña no daba señales de querer esforzarse y aprender. La situación en palacio no era favorable para el cometido de Argüelles, así, nada más iniciar su misión encomendada, tuvo que hacer frente a una rebelión de las damas de compañía de la reina, conocido como el “motín de las damas de Palacio”, que dimitieron en masa como protesta por la marcha de la Reina Cristina, así como por la presencia de liberales en Palacio, incluyendo a la nueva aya de la niñas, la condesa de Espoz y Mina, viuda del general liberal del mismo nombre, ya que esta no era si quiera “grande de España”.

La reina Isabel II a la edad de quine años pintada por Madrazo.

En 1843 terminó el periodo esparterista, tras el pronunciamiento militar de Narváez y Serrano (otro pronuciamineto más de los muchos del SXIX), y con el mismo terminaría también el programa de educación de la futura reina, que de todas formas había sido un rotundo fracaso. En ese momento Isabel contaba solamente con 13 años, lo que no impidió que fuera proclamada reina a esa edad tras promulgarse una ley por la que se la declaraba mayor de edad. De esta forma nos encontramos con una niña técnicamente huérfana en el Trono de España, con una mínima formación académica y cultural, convertida en un títere de los gobernantes de cada momento y rodeada de una camarilla de personajes singulares que habrían de ejercer una influencia determinante en el comportamiento y acciones de la Reina, y de rebote en la Historia de España.

En nuestra próxima crónica conoceremos un poco más de la vida en palacio de Isabel II, a la que se le atribuyen un buen número de amantes, así como episodios de gran laxitud moral que rozaban la orgía. En la imagen uno de los dibujos del folletín de título "LOS BORBONES EN PELOTA" creado por los hermanos Bécquer como crítica y caricatura de los desmanes palaciegos.

Y vamos a poner aquí, en el momento en que Isabel II es proclamada reina, el punto final a la primera parte de esta crónica. En una próxima entrega les contaremos como la joven reina es obligada a casarse con solamente 16 años, con su primo hermano Francisco de Borbón, Duque de Cádiz, conocido popular y maliciosamente como “la Paquita” a causa de su supuesta homosexualidad. También conoceremos historias de infidelidades varias, paternidades reconocidas a golpe de talonario, supuestas orgías sexuales en Palacio, e incluso tiroteos entre la familia, con muertes incluidas. Todo un auténtico folletín decimonónico que no deben dejar de leer.

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Abilio Ovejero.


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viernes, 27 de abril de 2012

DERRIBO Y MUERTE DEL PILOTO SERGEI TARJOV (II PARTE)

Durante la Batalla de Madrid la ciudad sufriría un buen número de bombardeos indiscriminados que provocarían innumerables victimas civiles. En la imagen vemos un bombardeo Savoia SM81 escoltado por un grupo de “chirris”. (Hacka clic en cualquiera de las imágenes de esta crónica para verlas ampliadas).

DERRIBO Y MUERTE DEL PILOTO SERGEI TARJOV (II PARTE)

Finalizaba nuestra anterior crónica en una habitación del hotel Palace de Madrid la noche del 13 de noviembre de 1936, donde el “periodista” Mijail Koltsov conversaba con Sergei Tarjov “Antonio”, capitán de una escuadrilla de Polikarpov I-15, los populares “chatos”, cuyo aparato había sido abatido esa misma mañana en un espectacular duelo aéreo en el cielo de Madrid, el más importante de toda la guerra hasta aquel momento por número de aparatos que intervinieron en el mismo. Tarjov ante la imposibilidad de controlar el aparato se vio forzado a saltar en paracaídas. Mientras descendía es confundido con un piloto alemán y los milicianos abren fuego sobre él causándole graves heridas, de las que es operado ese mismo día en el hotel Palace convertido en hospital de sangre.

Sergei Fedorovich Tarjov había nacido en Saratov, Rusia, el 8 de octubre de 1909. Desde 1929 era miembro del partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Por medio del Komsomol (Unión Comunista de la Juventud) sería enviado a estudiar en la Escuela Militar de Leningrado para ingresar en la fuerza aérea, la formación práctica la realizaría en la Escuela de Pilotos Militares de Orenburg. Se graduó en julio de 1929 como piloto militar, siendo destinado a los distritos militares de Kiev y Bielorrusia. En 1934 se graduó en la escuela de vuelo superior táctico. En Febrero de 1936, antes de de ir a España, pasó a comandar el Escuadrón 107 de la Aviación de Combate de la URSS.

El piloto ruso Sergei Tarjov “Antonio”.

En esta crónica, continuación de la anterior, seguiremos repasando los textos del “Diario de la guerra de España” de Mijail Koltsov referidos a la guerra en el aire, entre los días 13 y 23 de noviembre de 1936, que fueron los días de mayor intensidad de la Batalla de Madrid. Koltsov oficialmente era corresponsal del diario Pravda en España, sin embargo sus funciones iban mucho más allá, fue asesor político, asesor militar y llegó a intervenir directamente en algunos combates, como ya vimos en una crónica anterior sobre el asalto al Alcázar de Toledo. Mijail Koltsov llegaría incluso a ser considerado por algunos como “los ojos y los oidos de Stalin en España”, y no cabe ninguna duda de que en aquellos días ejercía un gran poder, y pocas cosas y decisiones escapaban a su control. El novelista Hemingway llegaría a decir de él que era “uno de los tres hombres más importantes de España”. Por ello la lectura de su diario, de una gran calidad literaria por otra parte, es un ejercicio imprescindible para todo aquel aficionado a la guerracivilmaquia que quiera conocer como fueron los primeros meses de la guerra, y más concretamente la Batalla de Madrid. Recomendamos a nuestros lectores, los que todavía no lo hayan hecho, la lectura del “Diario de la guerra de España” de Mijail Koltsov, reeditado por Planeta en 2009 con un interesante prólogo de Paul Preston.

Retomamos el relato de Koltsov (omitiendo lo que no tenga relación con la guerra en el aire o con Sergei Tarjov) en la mañana del 14 de noviembre de 1936, uno de los momentos álgidos de la Batalla de Madrid, cuando se luchaba, a veces cuerpo a cuerpo, en las trincheras de la ciudad, y la intensidad de los bombardeos indiscriminados de la aviación franquista, y la frecuencia de los combates aéreos aumentaban.

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14 de noviembre

Hoy, por la mañana, ha sido volado el puente de Segovia. Lo ha volado un Junker de una bomba, sin quererlo él mismo. Apuntaba a las unidades republicanas que estaban junto al puente. Cerca de la estación de Atocha, las bombas han estropeado la fachada del Ministerio de Fomento. Dos enormes columnas de mármol se han deshecho como si fueran de azúcar. Al lado del ministerio, una bomba ha abierto un embudo muy hondo, por el que se ven los raíles del metro. Bien es verdad que el metro, aquí, no está construido a gran profundidad. La potencia de las bombas es enorme. Son bombas de media tonelada.


…las bombas han estropeado la fachada del Ministerio de Fomento. Dos enormes columnas de mármol se han deshecho como si fueran de azúcar.

Lo ocurrido con Antonio ha causado una honda impresión en el Estado Mayor. Se ha dado una orden especial sobre la salvaguarda de la vida de todos los pilotos, aunque sean enemigos, que efectúen un aterrizaje forzoso o que salten en paracaídas sobre territorio republicano. Todos los aviadores ilesos serán dirigidos inmediatamente al Estado Mayor, sin hacerlos objeto de ofensas de palabra ni de hecho. Se ordena que a los heridos se los conduzca inmediatamente al hospital. Quienes infrinjan la orden serán entregados a un tribunal militar.

El general Miaja (sentado) junto a su ayudante el general Cardenal.

En la orden se dice:

«Comprendemos muy bien el sentimiento de ira y de furia que se apodera de los milicianos al ver a los fascistas destructores de nuestras casas. Pero principios de orden militar nos obligan a exigir de todas las unidades una actitud correcta respecto a los aviadores prisioneros. El piloto que salta en paracaídas, queda fuera de combate y, al mismo tiempo, es de gran valor la información que de él se puede obtener. El mando espera que no serán las medidas de castigo, sino la conciencia de los combatientes republicanos, lo que hará cumplir esta orden.»
La orden se ha publicado en todos los periódicos y ha sido transmitida por radio.


15 de noviembre

Como respuesta a la magnánima orden sobre el humano trato que se ha de tener con los aviadores, los fascistas han arrojado sobre el aeródromo madrileño de Barajas una carga monstruosa. Al paracaídas iba atada una caja de madera con la inscripción: «Valladolid.» Al abrir la caja, se ha encontrado dentro un cadáver cortado en pedazos, un montón espantoso de carne ensangrentada y trozos de ropa. Por algunos indicios se ha logrado reconocer el cuerpo del aviador de un caza republicano, José Galarza, quien ayer participó en un combate aéreo y efectuó un aterrizaje forzoso en territorio enemigo. Para llevar a cabo su acción, los fascistas necesitaron por lo menos varias horas. Tuvieron que cortar el cuerpo de José Galarza (¿muerto o vivo?) a lo matarife, en pedazos; luego tuvieron que colocar esos trozos en una sábana, atarla para hacer un lío, colocarlo en la caja, atarla al paracaídas, entregarla a un aviador, efectuar el vuelo con la caja y arrojarla.

Al paracaídas iba atada una caja de madera con la inscripción: «Valladolid.» Al abrir la caja, se ha encontrado dentro un cadáver cortado en pedazos, un montón espantoso de carne ensangrentada y trozos de ropa.

El capitán Antonio se consume en la cama. Le es muy difícil no moverse. Exige que le visiten sus «muchachos» de la escuadrilla de “chatos”, los llama por su nombre, cita entre ellos a José Galarza. Un obús ha estallado nuevamente junto al Palace. Las paredes han temblado. Los heridos han saltado de sus camas y han salido al corredor. Ha saltado y ha salido, también, Antonio. A duras penas lo han metido en la cama. Tiene vaga la mirada, habla mucho. El médico ha dicho que empieza la peritonitis.

Durante todo el día se han librado incesantes y encarnizados combates aéreos. Los «chatos» pelean intrépidamente contra la aviación fascista que casi es tres veces superior. A las dieciséis horas, durante su cuarto combate del día, un caza republicano, separándose de su eslabón, ha atacado audazmente a un grupo de Junkers. Tras él se ha lanzado una bandada entera de Heinkels y lo han derribado. El aviador ha saltado en paracaídas y ha caído indemne en el paseo de la Castellana. La muchedumbre, entusiasmada, ha llevado en brazos al valiente a un automóvil. A los quince minutos ya se encontraba en el edificio del Ministerio de la Guerra. Los miembros de la Junta de Defensa aplauden al héroe, le abrazan. El piloto, Pablo Palancar, se siente confuso ante semejante recibimiento. Tiene los cabellos enmarañados, de sus atrevidos ojos no ha desaparecido aún la excitación de la lucha y del peligro. Informa brevemente y pide permiso para volver en seguida a su unidad.


Pavel Rigachov “Pablo Palancar”.

17 de noviembre

Noche de pesadilla. Los Junkers han volado furiosos desde las once de la noche hasta las cinco de la madrugada. Han atacado con bombas de media tonelada toda la parte central de la ciudad. Los edificios más afectados por el bombardeo han sido los hospitales.

En el Palace vibraban sin cesar las paredes, tintineaban los cristales rotos, gritaban histéricamente los heridos. La enfermería se ha convertido en un manicomio ensangrentado. No he podido ir a ninguna parte, hasta el amanecer he permanecido sentado junto a la cama de Antonio, sosteniendo en mis manos las suyas, grandes, pero ya débiles y húmedas, procurando no estremecerme con él cuando retemblaban las bóvedas, cuando la oscuridad absoluta quedaba rasgada por el relámpago de las explosiones y el precipitado rumor de pasos en el corredor despertaba el gregario deseo de lanzarse hacia abajo y refugiarse en el sótano. ¡Antonio no puede correr, no debe ser llevado a ninguna otra parte!


Los Junkers han volado furiosos desde las once de la noche hasta las cinco de la madrugada. Han atacado con bombas de media tonelada toda la parte central de la ciudad”. En la imagen vemos la calle Costanilla de los Ángeles.

-¡¿No me abandonarán, aquí?! ¿,No me dejarán? Me parece que ya han salido todos. ¿Por qué nos quedamos, nosotros?
-No se ha ido nadie, quédate tranquilo en la cama. Sobre nosotros tenemos nada menos que cuatro pisos. Además, yo estoy contigo, a tu lado, esto significa que no pasa nada grave, ¿no es así?
-;No te vayas por nada del mundo! De otro modo, también yo me levantaré e iré detrás de ti.
Se durmió, mejor dicho, quedó adormilado, inconsciente, después de las cuatro de la madrugada. Yo salí a la calle -en torno, ruinas, cascotes, huellas de incendios-. El Palace ha sufrido poco; en cambio, a su lado ha sido reducido a cenizas un gran hotel de lujo, el Savoy, uno de los mejores de Madrid. Del bar instalado en la planta baja, por una verdadera casualidad, ha quedado el mostrador con licores. Estremecido por el frío matinal, he contemplado cómo dos mozos, riendo, probaban el contenido de las botellas.


El Palace ha sufrido poco; en cambio, a su lado ha sido reducido a cenizas un gran hotel de lujo, el Savoy, uno de los mejores de Madrid.”. En la fotografía vemos el Hotel Savoy, ubicado en la Plaza de Platerias Martínez, se conserva el edifico aunque ya no es un hotel.

En el hospital de San Carlos han quedado completamente destruidos los dos pisos superiores. Han sufrido mucho el hospital provincial de Madrid de la Federación Sanitaria y el hospital de la Facultad de Medicina de la Universidad. En San Carlos hay veintitrés muertos y noventa y tres heridos por efectos del bombardeo. Además, a consecuencia de la evacuación precipitada del hospital, por la noche, han muerto noventa heridos.
Se supone que las bombas no han caído en los hospitales por casualidad.
Los bombarderos arrojaban primero hacia abajo bengalas luminosas, veían cuáles eran los edificios y luego echaban las bombas.


19 de noviembre

Estas cuarenta y ocho horas han sido lo más terrible de cuanto hasta ahora ha experimentado la desgraciada ciudad.
Madrid arde. Las calles están llenas de luz, en las calles hace calor, pero no es de día ni es verano, sino una noche de noviembre. Camino por la ciudad; un enorme resplandor ilumina las calles por todas partes, a dondequiera que me dirija.
Madrid arde. Lo ha incendiado la aviación alemana.



Madrid arde. Las calles están llenas de luz, en las calles hace calor, pero no es de día ni es verano, sino una noche de noviembre”. En la imagen la Plaza del Carmen con los edificios adyacentes ardiendo por efecto de los bombardeos aéreos.

La resistencia de Madrid ha provocado en los fascistas una furia ciega. Han decidido borrar de la faz de la tierra la capital de España, aniquilar a sus habitantes o por lo menos obligar a los defensores de Madrid a ceder la capital para conservar un millón de vidas humanas. Lo que ahora ocurre puede hacer perder el equilibrio hasta al hombre más firme. Ni siquiera sé si cabe garantizar que los madrileños adultos conservan la psique en orden. En la ciudad han aparecido muchos alienados.

El hecho es que la prueba aún no ha terminado. El mando fascista bombardea a Madrid con fuerza creciente. Aquí ha sido concentrada en lo fundamental toda la aviación de los facciosos. Hoy, durante el día, han bombardeado la ciudad veinte Junkers acompañados de treinta cazas -había de una vez cincuenta aparatos en el aire-. La aviación republicana, numéricamente, es en mucho más débil. Su audacia no siempre puede compensar la superioridad de fuerzas del enemigo. De todos modos, los chatos han abatido hoy dos Junkers y dos cazas. El bombardeo se reanuda cada tres o cuatro horas. Y después de cada incursión aérea, es mayor y mayor el número de ruinas humeantes, cada vez hay más y más carne humana ensangrentada. Resuenan por las calles los lamentos, los llantos, los gemidos de la enloquecida gente. Asesinos perspicaces, tranquilos, en naves grises, oscuras, de acero, una y otra vez vuelan sobre la ciudad, una y otra vez arrojan el estruendo de la muerte sobre las indefensas personas. Transcurren tres o cuatro horas. De la calle han tenido tiempo de retirar a las víctimas; soplan en las habitaciones frías corrientes de aire -son muy pocos los cristales de las ventanas enteros, no rotos-. Y todo vuelve a comenzar desde el principio. Lo que parecía una maligna utopía, prototipo libresco de la futura guerra, se ha convertido ahora en un hecho. En el umbral del año 1937, el militarismo fascista, a los ojos del mundo entero, destruye una enorme capital europea.


Ayer, la aviación fascista necesitaba aún bengalas luminosas. Hoy, la ciudad en llamas se ilumina a sí misma”. En esta fotografía vemos los restos de lo que fue el Mercado de la Plaza del Carmen.

Bien avanzada la noche, recorremos las calles de Madrid. Ayer, la aviación fascista necesitaba aún bengalas luminosas. Hoy, la ciudad en llamas se ilumina a sí misma. Embriagados por el espectáculo de los incendios, los asesinos vuelven una y otra vez, arrojando siempre nuevas bombas sobre nuevos blancos, sobre nuevos seres vivos.

23 de noviembre

Por la mañana ha muerto el capitán Antonio.

Ha estado delirando hasta las últimas horas de su vida: subía al caza, atacaba los aparatos de bombardeo fascistas, daba órdenes. Un cuarto de hora antes de la muerte, de súbito, ha recobrado el conocimiento. Ha preguntado qué hora era y cómo luchaba su escuadrilla. Recibida la contestación, ha sonreído.
-Que feliz soy de haber conducido, por lo menos antes de la muerte, a mis muchachos a1 combate... ¡Son mis discípulos, mi semilla, mi sangre!
Ahora ya no combate. Grande, tranquilo, yace sin movimiento, con una flor en la almohada. Primero lo han llevado abajo, al garaje convertido en depósito de cadáveres, donde también estuvo el tanquista Simón. Luego le hemos a un cementerio, en la parte oriental de la ciudad. Hermoso cementerio. Aquí traen gente sin cesar. Ahora es poco menos que el único. El cementerio donde enterrábamos antes a los aviadores de la escuadrilla internacional, en el extremo de Carabanchel, ya está en manos de los fascistas.


Uno de los muchos entierros de militares que se pudieron ver en Madrid durante los meses de la guerra.

Sólo cinco personas acompañan el ataúd de Antonio, entre ellas el médico y la hermana de la caridad que lo han estado cuidando. Los «chatos» no han podido acudir a despedirse de su jefe. El día es claro, combaten. Precisamente estando nosotros en el cementerio han volado por encima de él altos, muy altos; la audaz bandada se lanza una y otra vez a nuevos combates.
En este cementerio no entierran los ataúdes, los colocan en nichos de cemento, dispuestos en dos pisos.
Hemos mirado una vez más a Antonio.
El celador del camposanto ha comprobado el documento del hospital, ha colocado la tapa del féretro y lo ha cerrado. Extraña costumbre la de España: cierran el ataúd con llave.

-¿Quién es, aquí, el pariente más próximo? -pregunta el celador.
-Yo soy el pariente más próximo -contesto.
Me ha tendido una llavecita de hierro atada a una cinta negra. Hemos levantado el ataud hasta el nivel de los hombros y lo hemos colocado en la hilera superior de nichos. Nos hemos quedado mirando cómo un albañil, manejando hábilmente la llana, tapiaba el hueco.
-¿Qué inscripción se ha de poner? -pregunta el celador.
-Ninguna -he respondido-. Por de pronto, yacerá aquí sin inscripción. De él escribirán donde hace falta.(*)

Mijail Koltsov


Casi con toda seguridad Mijail Koltsov cuando habla de “un cementerio en la parte oriental de la ciudad”, se está refiriendo al madrileño cementerio de La Almudena, o tal vez al Cementerio Civil. La pregunta ahora sería saber si los restos del piloto continúan en este cementerio, o posteriormente fueron trasladados, quizá al cementerio de Fuencarral donde serían enterrados un buen número de los fallecidos den combate de las Brigadas Internacionales. Tampoco descartamos la posibilidad de que sus restos fueran repatriados, algo bastante improbable, así como tampoco descartamos que una vez finalizada la guerra los restos de Tarjov, al igual que los de otros muchos fallecidos del Ejercito Republicano, fueran traslados al mausoleo del Valle de los Caidos. Seguiremos investigando.

Florentino Areneros.

(*) El capitán Sergei Tarjov sería distinguido como “Héroe de la Unión Soviética” a título póstumo el 31 de diciembre de 1936.

Monumento a los voluntarios de la Unión Soviética que perdieron su vida en la Guerra de España. Este monumento está ubicado en el madrileño cementerio de Fuencarral donde también se encuentran otros dedicados a la memoria de los brigadistas internacionales.


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