viernes, 10 de agosto de 2012

LA SANJURJADA I


De Izquierda a derecha vemos al Tte. Coronel Infante, el hijo de Sanjurjo, el general Sanjurjo y el general García de la Herran, en un momento del juicio al que fueron sometidos tras el fracaso de la sublevación del 10 de agosto de 1932. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

"LA SANJURJADA"
El primer golpe contra la Republica
(Primera parte)

Por Florentino Areneros.

El 10 de agosto de 1932, hace ahora 80 años, se perpetraba el primer golpe militar contra la Segunda República, que sería conocido como “la Sanjurjada”. La intentona resultó un rotundo fracaso, y a las pocas horas el movimiento había sido completamente neutralizado. Las causas de este fracaso son diversas, desde la heterogeneidad de los implicados, hasta una pésima planificación y coordinación, sin olvidar algunas voces que hablaron directamente de traición. El golpe, que debería haber tenido dimensión nacional, solo tuvo alguna repercusión en Madrid y principalmente en Sevilla, donde el general Sanjurjo consiguió hacerse con el poder local durante unas horas. Este protagonismo haría que Sanjurjo fuera señalado como el principal artífice de este golpe, cuando en realidad era solamente una pieza más en una acción que él ni planificó ni dirigió. Los nombres de muchos de los participantes e instigadores de este golpe fallido nunca saldrían a la luz, y muchos de los implicados en esta acción, incluido el propio Sanjurjo, volverían a probar suerte en el golpe de julio de 1936.

En la Historia siempre encontramos personajes que pese a su importancia (para bien o para mal) permanecen en un segundo plano. Entre estos podemos contar a José Sanjurjo Sacanell, el general Sanjurjo, un personaje cuya actuación tuvo una gran importancia en la Historia de España en el primer tercio del Siglo XX.

José Sanjurjo Sacanell nació en Pamplona en 1872 en el seno de una familia de militares carlistas. Tanto su abuelo, como su padre, participaron en las Guerras Carlistas y su padre fallecería en el transcurso de la última carlistada cuando Sanjurjo contaba solo dos años de edad. Tras su paso por la Academia Militar, comienza su actividad militar en la Guerra de Cuba de donde regresa ya como capitán. Posteriormente participaría en múltiples acciones en el Protectorado de Marruecos, obteniendo por ello la Laureada de San Fernando. Tras el desastre de Annual de 1921, Sanjurjo participaría en las acciones para recuperar parte del territorio perdido, gracias a los méritos acumulados en estas acciones alcanzaría el generalato.

Sanjurjo, siendo gobernador militar de Zaragoza, apoyaría el golpe de Primo de Rivera de 1923, quien en 1925 le designaría como jefe de operaciones del Desembarco de Alhucemas, considerado el primer desembarco aeronaval de la historia. La operación fue un rotundo éxito, lo que motivó que ya en 1927 con la zona pacificada el Rey Alfonso XIII le distinguiera con el título de Marques del Rif. En 1928 es nombrado Director de la Guardia Civil, cargo en el que continuará en abril de 1931 cuando se proclame la II República.

El general Sanjurjo era un militar de gran prestigio dentro del ejército y muy respetado, con una brillante trayectoria militar que culminaría con la dirección del desembarco de Alhucemas, el primer desembarco aeronaval de la historia militar. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

El papel desempañado por Sanjurjo en los días que van desde el 12 de abril en que se celebraron las elecciones municipales, hasta el 14, día en el que el rey Alfonso XIII abandona España, es fundamental en el desarrollo de los acontecimientos. Existen diferentes versiones y testimonios sobre la actuación del general en aquellas intensas jornadas, pero teniendo en cuenta que Sanjurjo era un militar de probada lealtad monárquica, lo más probable es que en consonancia con la posición del monarca decidiera contemporizar con los acontecimientos sin oponerse al desarrollo de los mismos, garantizando desde su puesto de Director de la Guardia Civil tanto la salida pacifica del Rey, como el mantenimiento del orden en todo el país. No cabe ninguna duda de que si Sanjurjo hubiera decidido tomar otra posición y la actuación de la Guardia Civil hubiera sido otra, el desarrollo de los acontecimientos hubiera sido muy diferente al que conocemos. Como reconocimiento a su actuación durante esos críticos momentos, las nuevas autoridades republicanas mantendrían al general al frente del cuerpo. Sin embargo este “noviazgo”, seguramente contra natura, entre Sanjurjo y la República pronto empezaría a hacer aguas.

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Como ya vimos en una crónica anterior, en mayo de 1931 diversos incidentes entre monárquicos y republicanos desembocan en graves disturbios que culminan con la quema de diversos conventos y edificios religiosos.
La situación social continuará deteriorándose a medida que pasen los meses, y Sanjurjo seguirá desempeñando lo mejor que puede su delicada función. Las tensiones entre los diversos sectores políticos que componen el bloque republicano también van en aumento, las prioridades son diferentes en cuanto a las reformas a acometer, y lo que para unos es lento, para otros es vertiginoso. Las primeras fisuras comienzan a aparecer. Por si todo esto no fuera poco, grupos contrarios a la Republica, recuperados del batacazo inesperado de Abril, no tiran la toalla y comienzan a organizarse. Sectores como la aristocracia, los terratenientes, la Iglesia y otros que ven peligrar su situación con el cambio de régimen, tratarán de evitar que las anunciadas reformas se consoliden.

Al proclamarse la II República, Sanjurjo como responsable de la Guardia Civil jugó un papel determinante en el desarrollo de los acontecimientos, lo que le valió la confianza de las autoridades republicanas que lo mantuvieron en el cargo. En la imagen le vemos junto a Manuel Azaña, el otro gran protagonista de esta crónica. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Con Manuel Azaña como presidente del gobierno se acometieron diversas reformas de trascendental importancia, que no serían aceptadas de buen agrado por diversos sectores como ya hemos mencionado. Entre estas reformas destacamos la autonomía para Cataluña, la no confesionalidad del Estado con la consiguiente perdida de poder e influencia de la Iglesia, o la Ley de Reforma Agraria, que trataría de favorecer a los campesinos sin tierra, así como potenciar el desarrollo en una España eminentemente agrícola. Pero la reforma que más inquietaría a los militares, sería el tema de las responsabilidades, y la revisión de ascensos, sin olvidar la profunda reforma en todo el ámbito militar con la reorganización de las regiones militares y el pase a la reserva de un elevado número militares

Mediante la ley de responsabilidades, se buscaba depurar las posibles responsabilidades derivadas del apoyo de ciertos militares a la Dictadura de Primo de Rivera y a la monarquía, entre los militares investigados estaban el general Berenguer y el general Mola. Por su parte la revisión de ascensos, pretendía anular parte de los ascensos obtenidos en las campañas africanas, que habían promocionado a muchos militares por méritos de guerra en vez de por escalafón, y así tenemos el ejemplo del general Franco, que ascendió al generalato con solamente 33 años. Sanjurjo, también podría ver afectada su graduación de llevarse a cabo la revisión. Tampoco hay que olvidar, que algunos militares se sintieron incómodos con la obligación de jurar lealtad a la República.

Fotografía del gobierno presidido por Manuel Azaña: sentados vemos al Presidente de la República Alcalá Zamora y al propio Azaña. Tras ellos, de izda. a dcha.: Marcelino Domingo, Francisco Largo Caballero, Santiago Casares Quiroga, Luis de Zulueta, Álvaro de Albornoz, Lluis Nicolau d'Olwer, Indalecio Prieto, Fernando de los Rios y José Giral. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Sanjurjo, como máximo responsable de la Guardia Civil, también pasaría por diversos episodios debieron de facilitarle la toma de su decisión. El primero de ellos tendría lugar en la localidad extremeña de Castilblanco, donde el 31 de diciembre de 1931 una manifestación de trabajadores del campo termina en un enfrentamiento con las fuerzas de la Guardia Civil, falleciendo cuatro agentes del cuerpo y un vecino del pueblo. Hay diferentes versiones sobre los hechos y se llega a decir que los cuerpos de los cuatro agentes han sido salvajemente mutilados, lo que lleva al propio Sanjurjo a manifestar: “En un rincón de la provincia de Badajoz hay un foco rifeño. Ni en el Monte Arruit, en la época del derrumbamiento de la comandancia de Melilla, los cadáveres de los cristianos fueron mutilados con un salvajismo semejante“. Los trágicos sucesos se Castilblanco hacen que la Guardia Civil extreme las precauciones para que un acontecimiento así no vuelva a suceder, y unos días más tarde otra manifestación, esta vez en la localidad riojana de Arnedo, termina nuevamente de manera trágica, la Guardia Civil abre fuego sobre los manifestantes, dejando como balance un número indeterminado, según las versiones, de muertos y heridos, entre ellos mujeres y niños. Pero no son dos hechos aislados, el descontento de amplios sectores de la población del campo va en aumento y los incidentes se suceden.

A finales de 1931 y comienzos de 1932 los sucesos de Castilblanco y de Arnedo, donde la Guardía tuvo un destacado y dramático protagonismo, colocarían a Sanjurjo en una delicada situación. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Tras estos acontecimientos, y no sabemos si motivado por ello, el primer ministro, Manuel Azaña, decide relevar a Sanjurjo de su puesto en enero de 1932, sustituyéndole por el general Cabanellas. El general relevado pasaría a dirigir el cuerpo de Carabineros, lo que para Sanjurjo equivalía a rebajarle. Veamos como el propio Azaña cuenta en sus memorias la conversación que mantuvieron ambos cuando le comunicó el cambio de destino:

«-¿No le gusta a usted?
-No, señor Ministro, no me gusta.
-¿Qué le gusta a usted?
-Ya que usted me lo pregunta, le diré, con todo respeto, que solo me gusta la Dirección de la Guardia Civil.
-No me dijo usted eso hace un mes, cuando quisimos nombrarle para el Cuarto Militar.
-Si. Pero ahora es que usted me destituye.
-No es eso. Le cambio de destino. Si yo no tuviera confianza en usted, lo dejaría disponible, como están otros generales de quienes no me fío.
-Las circunstancias harán que, aunque usted no quiera, todo el mundo diga que usted me destituye.»


Todo este cóctel de ingredientes nos muestra a un Sanjurjo cada vez más alejado del gobierno de la República, y es en esta situación cuando comienza sus contactos con otros grupos y personas, que desde hace tiempo vienen elaborando diferentes planes para acabar con la legalidad republicana. Dentro de ese colectivo de conspiradores, encontramos una gran variedad tanto de personas como de ideas, desde monárquicos alfonsinos hasta carlistas, pasando por republicanos de derechas, militares, financieros, terratenientes, aristócratas o religiosos. En todo este entramado, Sanjurjo solo era una pieza más, ni si quiera él era el organizador, incluso posteriormente manifestaría: “Yo no era el director del Movimiento del 10 de agosto. Quizá ese fue mi error, el de no asumir la dirección principal“. El hecho de que aquel golpe sea conocido como “Sanjurjada” no es debido a que fuera el general el principal promotor, si no al hecho de que fue la personalidad de mayor relevancia que figuró entre los detenidos, y tal vez por lo “mediático” de su acción en Sevilla, pero hubo muchas más personas implicadas cuyos nombres nunca saldrían a la luz.

La nómina de los implicados en la intentona del 32 tuvo que ser mucho más amplia de lo que se conoce. El fracaso haría que muchos de ellos permanecieran en el anonimato. En esta página de Mundo Gráfico aparecen alguno de los implicados, muchos de los cuales repetirían en julio de 1936, como por ejemplo el propio Sanjurjo, generales Villegas, Jordana, Mola y Goded o el propio José Antonio Primo de Rivera. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Francisco Márquez Hidalgo en su libro "Las sublevaciones contra la Segunda República" (uno de los utilizados como base en la elaboración de esta crónica) señala con nombres y apellidos a algunos de los más que posibles implicados en el golpe del 10 de agosto: «En la Sanjurjada estuvieron implicados de un modo o de otro los tradicionalistas navarros Joaquín Baletzena y Eugenio Sanz de Larín; los monárquicos alfonsinos representados por los generales Orgaz y Ponte y por el alfonsino Pedro Sainz Rodríguez; los militares generales Barrera, Cavalcanti, Fernández Pérez, Goded, González Carrasco, Villegas, Coronel y el coronel varela –la mayoría acogidos a la ley de retiro-; miembros de la nobleza, como el conde de Vallellano y el marqués de Eliseda; miembros de la oligarquía financiera, como José María Urquijo y Zubiría; el dirigente de las Jons Onésimo Redondo, y varios funcionarios de la administración como Encinas, Aguado y Montero y Alejandro Arias Salgado. También es seguro que Alfonso XIII, José Calvo Sotelo -exiliado en Paris- y el republicano Lerroux estaban al tanto del golpe». Esta lista se podría aumentar mucho más, con nombres de menor importancia, seguramente hubo muchos más implicados pero el fracaso de la tentativa haría que sus nombre nunca salieran a la luz y que sus responsabilidades se diluyesen.

En el mismo trabajo de Francisco Márquez Hidalgo citado anteriormente (del cual recomiendo su lectura) encontramos una breve síntesis de cual sería el plan de actuación de los golpistas: «El director del golpe, el general Barrera, dirigiría las operaciones desde Madrid con la ayuda del general Fernández Pérez; ambos contarían con el apoyo de varios regimientos de Madrid y Alcalá de Henares; en Valladolid se alzaría el general Ponte apoyado por los grupos de Onésimo Redondo; en Granada, González Carrasco; en Cádiz, el coronel Varela; y en Sevilla, Sanjurjo. Además se contaba con seis mil requetés navarros mandados por Sanz de Larín. En Madrid, desde una casa de la calle Prim, se dirigirían las operaciones para la toma del Ministerio de la Guerra y del Palacio de Comunicaciones. Mientras, las guarniciones de las ciudades sublevadas, organizadas en columnas, marcharían hacia la capital del Estado. En una finca del duque del Infantado se ultimaron los preparativos. Estaban presentes, entre otros, Barrera, Fernández Pérez, Sanz de Larín y Sanjurjo. Este manifestó la necesidad de aplazar el día, pero ya era tarde porque las ordenes habían partido». La operación fue un rotundo fracaso, solamente Sanjurjo en Sevilla se hizo con el control de una de las plazas, y en Madrid se realizó un fallido intento de asalto al Ministerio de la Guerra y el Palacio de Comunicaciones, ambos en Cibeles. Las autoridades estaban al tanto del golpe y conocían de antemano los movimientos de los golpistas. La heterogeneidad de los participantes en el golpe y la improvisación, habían hecho que mediante diversas fuentes el gobierno estuviera al tanto de la operación, algunas tan curiosas como el testimonio de una mujer (que ejercía la prostitución según algunos autores), amante de uno de los militares implicados, la cual, temerosa de que a su pareja le pudiera ocurrir algo, transmitió parte del plan a las autoridades policiales.

Retrato de Manuel Azaña, que en aquel momento ostentaba la presidencia del Gobierno y la cartera de la Guerra. Azaña dejaría reflejado en sus diarios con gran cantidad de datalles el episodio de la intentona del 32. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Este episodio conocido como “Sanjurjada” merece de un estudio mucho más amplio y detallado, algo fuera del alcance de esta modesta publicación, por ello vamos a resumirlo tomando como base el testimonio de un testigo de excepción, alguien que vivió como protagonista principal aquellos acontecimientos y nos dejo constancia escrita de ello. Nos referimos a Manuel Azaña y a sus diarios, los cuales pese a su innegable carga de subjetividad, no dejan de tener el valor de un importantísimo documento histórico.A continuación transcribimos parte de estos diarios "robados" de manuel Azaña (que tienen tras de si una interesante historia a la que tal vez un día dediquemos una crónica), recogiendo los días y párrafos de interés relacionados con lo que se conoció como "la Sanjurjada".

5 DE AGOSTO

«La inquietud de alguno de estos personajes les sale a la cara. En los últimos días de julio estuve con el Presidente en la escuela de equitación (Carabanchel) en la ceremonia de inaugurar un busto que los oficiales de caballería dedican a un compañero, muerto en África. Allí estaban todas las autoridades militares, entre ellas el Director General de Carabineros, es decir, Sanjurjo. Todo el tiempo anduvo Sanjurjo como retraído, huido, lejos de nosotros, y cuando yo le miraba con el rabillo del ojo, sin que él se diese cuenta, advertía en su cara una expresión preocupada, y en toda su persona un no se que de abrumado. Le dije luego al Presidente: Sanjurjo debe de estar pensando alguna diablura.

Contra Sanjurjo no conviene hacer ahora nada, puesto que no tenemos ni asomo de pruebas contra él. Si mandase fuerzas del ejército le quitaría el mando, pero en la Dirección General de Carabineros no puede hacer más daño que el que haría desde su casa. No va a sublevar a los carabineros de las aduanas. La fuerza de Sanjurjo es personal, por sus amistades y por su prestigio; es lo que aquí se llama un “glorioso caudillo”. Meterlo en prisión cortaría por el momento la acción. Pero ¿cómo justifico su prisión? ¿Con la honrada convicción del Gobierno? No basta. Armaríamos un escándalo, surgiría una protesta, incluso de los republicanos, por los servicios que prestó el 14 de abril, se pondría la venda de perseguido, etcétera, y tendriamos que ponerlo en libertad como a Barrera (todavía no hay indicios contra Barrera), sin haber conseguido nada; como no consiguieramos hacerle más simpático en el ejército y provocar algún incidente enojoso. No hay sino estar vigilantes y vencerlo. La policía no da más de sí, ni averigua más, ni sabe introducirse entre los conspiradores, para poder convencerlos de culpa, antes de que den el golpe.»


Durante la inauguración de un monumento en Carabanchel a finales de julio, Azaña observó un comportamiento extraño por parte de Sanjurjo, lo que le llevó a comentar al presidente Alcalá Zamora: “Sanjurjo debe de estar pensando alguna diablura”. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

8 DE AGOSTO

«A última hora de la tarde ha venido el Director General de Seguridad, con noticias de los complots. Parece que está ya todo cuajado y a punto. Examino los recursos con que cuenta la Dirección General, y le digo a Menéndez que no hay que echar mano del ejército, sino en caso muy apurado. Mejor es arreglárselas con la policía, los de Asalto y la Guardia Civil. Después de cenar, salgo de paseo por el campo».

9 DE AGOSTO

«El día ha empezado sin novedad, y se acaba con preludios de drama. Toda parece dispuesto para esta misma noche.

He ido a las Cortes como de costumbre, y apenas llegué me sumergí en una de mis eternas comisiones. Esta vez era la agraria. Andábamos en conversaciones, entraba y salía mucha gente del antedespacho de ministros. Llegó Casares y me dijo que estaba allí el director de Seguridad y que necesitaba hablarme.

Nos reunimos los tres solos, serían las seis de la tarde. Menéndez, que es muy locuaz y acalorado, me refirió que, según las últimas confidencias, el golpe es para esta noche, en Madrid. Se proponen asaltar el ministerio de la Guerra y la Telefónica. La confidencia procede de una mujer, amante de uno de los oficiales comprometidos; no es la primera vez a lo que entiendo, que se relaciona con la Dirección General. La mujer ha delatado para que a su amigo no se le haga ningún daño. Creo haber entendido también, a traves de las profusas explicaciones de Menéndez, que el oficial amigo de la confidente, está aterrado de los compromisos que ha adquirido. Que esto es verosímil lo indica el hecho mismo de que se haya franqueado con la querida.


Arturo Menéndez, Director General de Seguridad al producirse el golpe, desarrollaría una intensa actividad, sobre todos en la neutralización de las acciones de Madrid. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Recibida hoy mismo la última confidencia, se han practicado algunas comprobaciones, que denotan ser ciertos los informes. Por ejemplo: dijo la mujer que esta tarde, a las cinco, tenían una reunión en un café varios conspiradores, algunos conocidos, cuyos nombres dio. La policía ha observado que, en efecto, se han reunido quienes y donde dijo. No es, pues, una embustera. También ha anunciado que esta noche, a las doce, se reúnen en un piso del n.º 9 de la calle Bárbara de Braganza , cuatro o cinco personas, que vienen para este asunto. Esto es fácil de comprobar. Sabemos también la hora del golpe: las cuatro de la madrugada. Los directores son Barrera, González Carrasco, Cavalcanti, Fernández Pérez, el coronel Benito, etcétera. La fuerza principal se compone de oficiales retirados, pero creen contar con algunas unidades de la guarnición de Madrid. Tienen, respecto de mi persona, las peores intenciones (Dios se lo pague). No suena el nombre de Sanjurjo.

El Palacio de Buenavista, junto a la plaza de la Cibeles, sede del Ministerio de la Guerra y residencia de Azaña. Fue uno de los objetivos de los sublevados que fracasaron en su intento de asalto. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Recapitulados todos los datos, que no añaden a lo que ya sabiamos más que la precisión del día y la hora (que no es poco, ciertamente), acordamos lo necesario para dominar el golpe. Les digo a Casares y a Méndez que nadie ha de enterarse de lo que ocurre, ni si quiera el Gobierno. No quiero decírselo a ningún ministro más; ningún auxilio pueden prestarme y en cambio, enterados, la alarma cundiría al instante, comenzarían als idas y venidas, los conciliabulos, y lo mejor que obtendríamos sería aventar a los conjurados hasta otro día, y no acabaríamos nunca. El mismo cuidado se ha de tener con las órdenes que se den por la Dirección de Seguridad; que nadie se percate de que estamos en un día extraordinario, y que todo lo que se haga se dé como las precauciones que habitualmente vienen tomándose».

En la noche del día 9 ya se han tomado todas las precauciones, se ha reforzado la guardia en el Palacio de Buenavista donde se encuentra Azaña, y por los jardines se encuentran parapetados Guardias de Asalto a la espera de acontecimientos. También se han mandado fuerzas para proteger la Telefónica y el Palacio de Comuicaciones, sin olvidar el control a las unidades militares. Tras la cena Azaña recibe la visita de Saravia, Menéndez y otros mandos, la información facilitada por la mujer sobre la reunión del piso de Barbara de Braganza ha resultado cierta: varias personas han llegado en varios automóviles, al ser detenidos en la vivienda, han manifestado que iban a echar una partida de poker. Se trataría del estudio de un pintor (del que no conocemos su identidad) ubicado en el último piso de la finca.

Por las confidencias de la amante de uno de los implicados, se pudo detener a un grupo de implicados que se hallaban reunidos en es estudio de un pintor (del que desconocemos su identidad) en la calle Bárbara de Braganza. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

En el Palacio de Buenavista cae la madrugada. Retomamos el relato de Azaña:

«He aquí el suceso, tal y como lo he percibido desde mi despacho. Estaba yo hablando con Saravia cuando oímos tiros por la puerta de la calle Prim. ¡Ya!, dije yo tendiendo el oído. Saravia, sin decir palabra, dio media vuelta y se marchó a su puesto. El tiroteo fue intenso, y con un breve intervalo se repitió. Después, profundo silencio. Subió Saravia y me dijo que unos militares habían ordenado al centinela de la puerta de la calle Prim más próxima a Recoletos que les abriese, y como no hizo caso, le hicieron fuego, al que contestó el centinela y los soldados apostados por allí. Han disparado mucho, quizá demasiado. Según le informaba el teniente Santiago, los asaltantes habían llegado en automóvil, y al ser rechazados, se volvieron hacia Recoletos.

Estando en esta conversación, entró Menéndez seguido de Tourné. Venía descompuesto y desesperado.
-¡Destituyame usted don Manuel! ¡No sirvo para defenderle a usted! ¡No he sabido acabar con ellos!
Estaba frenético contra sí mismo. Procuré calmarlo y me hizo relación de lo que había visto. Antes del tiroteo, dos individuos subieron de Recoletos por la calle de Prim, y pasaron despacio junto a la verja del ministerio, como reconociéndola. Al llegar cerca de la calle del Barquillo, los agentes los detuvieron, por orden de Menéndez. Seguidamente, dos automóviles vinieron por el mismo camino. Traían los faros encendidos y proyectaban la luz sobre la verja, como para deslumbrar a los que estuviesen por la parte de dentro. Se apearon unos militares y empezaron los tiros. Menéndez y Tourné hicieron fuego, y también alguno de los apostados en la calle de Xiquena; pero tuvieron que retirarse estos últimos, para esquivar los disparos de la tropa que estaba en el jardín. Los de los automóviles volvieron a montar rápidamente y retrocedieron, yéndose por Recoletos. Menéndez y los suyos consiguieron detener a tres.

Aún no había concluido Menéndez su relación cuando por teléfono nos dijeron que en la casa de Correos se habían presentado cuarenta o cincuenta oficiales, de uniforme, con propósito de apoderarse del edificio. Un pequeño retén de Guardia Civil que allí había los desarmó y detuvo a todos. Esta noticia puso muy contento a Menéndez. ¡Al fin les habían echado mano! Supusimos que eran los mismos rechazados del ministerio, que habían querido repetir el intento en Correos. Menéndez se marchó, a Correos, para hacerse cargo de los presos.


Un grupo de guardias de asalto posa en las escaleras del palacio de Comunicaciones en la Plaza de Cibeles, mientras unos compañeros sacan el cadáver de uno de los asaltantes. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Entretanto hemos seguido buscando a Sanjurjo. He hablado otra vez con Sevilla. No sabían nada. Después, desde Gobernación, me dijeron que habían averiguado que Sanjurjo tenía reservadas habitaciones en un hotel de Sevilla. Vuelta a llamar al general (se refiere Azaña al general González al mando en Sevilla que en una conversación anterior le informa de no tener datos de ningún movimiento extraño en la ciudad). Esta vez ya “sabía algo”. Dijo que había ido a verle un ayudante de Sanjurjo, que acababa de presentarse en Sevilla. El ayudante había tenido una conversación poco clara con el general de la división. “Le veo en una actitud extraña –me decía el general González- y me permito decir al señor ministro que temo que el general Sanjurjo se coloque en una actitud de rebeldía contra el Gobierno”. Así me ha dicho textualmente.

Dos de los asaltantes del Palacio de Comunicaciones, abandonan detenidos el lugar de los hechos. No estamos seguros pero pensamos que el de la izquierda es el capitán Cabanas. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Al general de la división de Sevilla se le notaba en el timbre de la voz el susto que tenía y en su manera de dar cuenta algo así como el propósito de inhibirse… Ninguna protesta de celo, ninguna noticia de las medidas que hubiese adoptado o que pensase adoptar. En fin, o un cobarde o un traidor. Pero como yo no tenía ningún rayo para fulminarlo desde Madrid, procuré reanimarlo o amedrentarlo, y después de decirle que en Madrid ni en ninguna parte teníamos nada que temer, le eché una chillería y le di instrucciones»

En esta imagen tomada en Sevilla tras hacerse con el poder el general Sanjurjo, vemos a este junto al general González, que se encontraba al mando de la División de Sevilla en el momento de producirse el golpe. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

¿Qué sucedía en Sevilla? ¿Cuáles eran los planes de Sanjurjo?, ¿Qué estaba ocurriendo en otras localidades españolas o en otros puntos de Madrid? Hasta aquí la primera parte de esta crónica sobre “la Sanjurjada” que tendrá continuidad en una próxima, donde seguiremos con el relato que en sus diarios nos dejó Manuel Azaña.

Florentino Areneros.


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jueves, 2 de agosto de 2012

EL MOMUMENTO AL GENERAL MOLA

El 3 de Junio de 1939, dos años después de ocurrido el mortal accidente, se inauguraría el monumento a la memoria del general Mola en una solemne ceremonia presidida por el general Franco. FOTO JAZ. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

EL MOMUMENTO AL GENERAL MOLA

En nuestra anterior crónica nos centrábamos en el accidente de aviación en el que fallecería el general Mola el 3 de Junio de 1937 el la localidad de burgalesa de Alcocero, renombrada en la actualidad como Alcocero de Mola. También conocíamos en aquella crónica como las relaciones entre Mola y Franco no fueron todo lo “idílicas” que la historiografía franquista posterior a la guerra nos ha querido mostrar. Franco al finalizar la guerra había logrado acaparar en su persona el poder y control absolutos del estado, un hecho al que sin duda contribuyó una serie de acontecimientos trágicos, pero que algunos autores no dejan de atribuir a la “baraka” del general gallego, como fueron las muertes del general Sanjurjo, la de José Antonio Primo de Rivera y la de Mola. Nunca podremos saber que habría sucedido de no haberse producido estas muertes, pero seguramente el guión habría sido bastante diferente.

La noticia de la inauguración del monumento sería recogida en primera página por los principales periódicos del país, en la imagen vemos la portada del ABC del día siguiente. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Desde antes de finalizar la guerra Franco y los ideólogos ya plantearon las bases sobre las que habría de asentarse el futuro régimen que vendría tras la victoria por las armas en la guerra, entre ellas la exaltación de la memoria de los “mártires” y de los “caídos por Dios y por España”. De todos ellos, seguramente la figura más reconocida dentro del ideario franquista sería la de José Antonio Primo de Rivera, el “Ausente”. El nuevo régimen de Franco adoptaría como principal sustrato ideológico el ideario e iconografía de la Falange haciéndolos suyos, y la figura de José Antonio, fusilado en la prisión de Alicante en noviembre de 1936, sería un referente constante a lo largo de toda la trayectoria del franquismo. Desde dentro de la propia Falange surgirían voces oponiéndose a esta “apropiación”, voces que serían rápidamente acalladas por la poderosa maquinaria de poder franquista.

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Tras José Antonio, que ocupa un indiscutible primer lugar en la simbología ideológica del franquismo, nos encontraríamos con la figura del general Mola dentro de ese particular escalafón. Rara era la localidad que no tuviera entre sus calles y plazas una dedicada al “Caudillo”, otra a José Antonio, así como una al general Mola. Si José Antonio era el “asesinado”, es decir el “mártir” por excelencia, el general Mola era el principal exponente del caído en acto de servicio, en combate.

El conjunto monumental culmina en un monolito en la cumbre del cerro donde se estrelló el avión, al que se accede por una larga escalinata que comienza en el mismo lugar donde impactó el aparato. FOTO JAZ. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Esta simbología tendría también su correspondencia monumental, con la construcción de diferentes estructuras que deberían servir no solo para recordar la figura y obra de los homenajeados, sino también para demostrar la grandeza y poder del régimen nacido tras ganar la guerra. Estos monumentos estarían en sintonía con construcciones similares realizadas por los fascistas italianos o los nazis alemanes. La arquitectura de estos monumentos debía simbolizar la grandeza del estado al que representaba, así como las ideas sobre las que ese estado se asentaba. Sin duda el más claro ejemplo de todo ello lo encontramos en el Valle de los Caídos, construido en la sierra madrileña, que habría de servir de mausoleo para Franco y José Antonio. En la misma línea, aunque con unas dimensiones y monumentalidad más modestas, nos encontramos con el monumento erigido a la memoria del general Mola, en Alcocero, en el mismo lugar donde se produciría el accidente que acabaría con su vida.

El accidente se produjo junto a la localidad de Alcocero, que desde aquel momento pasó a denominarse Alcocero de Mola. FOTO JAZ. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

No hemos podido encontrar detalles sobre los autores del proyecto, ni de las fechas de inicio de las obras. Según sostiene Isaias Lafuente, autor del libro “Esclavos por la patria”, el 3 de julio de 1937, un mes después del accidente, un destacamento de prisioneros republicanos comienza a construir el monumento de Alcocero.

Ya durante la guerra civil los presos republicanos comenzaron a ser utilizados como mano de obra, en algunos caso y según diversos autores en un régimen cercano a la esclavitud, aunque el franquismo tratara de enmascararlo desde sutiles matizaciones, así en el decreto 281 del 28 de mayo de 1936 este nuevo cometido de los presos era contemplado como un derecho que los propios presos tenían. Veamos una parte de ese decreto:

“El derecho al trabajo, que tienen todos los españoles como principio básico declarado en el punto quinto del programa de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, no ha de ser regateado por el nuevo Estado a los prisioneros y presos rojos, en tanto que no se oponga, en su desarrollo, a las previsiones que en orden a vigilancia merecen quienes olvidaron los más elementales deberes de patriotismo.”

Este sistema se iría perfeccionando, y ya en 1938 se crearía el Patronato para la Redención de Penas, que impondría criterios “empresariales” pasando a ser el organismo que gestionara los rendimientos económicos generados por el trabajo de estos presos. También se encargaría de crear un “Fichero Fisiotécnico” en el que se recogerían tanto las habilidades laborales como la capacidad física de cada uno de los presos, para poder obtener un mayor aprovechamiento de cada uno de ellos acorde con sus capacidades. En algo menos de un año, el fichero contenía los datos de más de 100.000 presas y presos republicanos. De alguna forma estos presos eran tratados como una mercancía capaz de generar ingresos.

Desde poco después de comenzar la guerra, un elevado número de prisioneros del bando republicano serían utilizados como mano de obra barata para la realización de innumerables tareas, poniéndose a disposición tanto de organismos oficiales como de empresas privadas, muchas de las cuales lograron grandes beneficios a su costa. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Para hacernos una idea del rendimiento que se podía obtener de cada preso, decir que recibían el salario de un obrero normal, pero de ese salario solo quedaba para el preso y la familia de este, aproximadamente el veinticinco por ciento, mientras que el resto pasaba a las arcas públicas como ‘beneficio del Estado’. Sin olvidar que en muchas ocasiones era el propio preso el que debía pagar el uniforme que llevaban con su parte del salario, o incluso llegar a pagar por recibir visitas. Este sistema de explotación, proveía de mano de obra cualificada y barata desde talleres especializados a canteras, pasando por todo el rosario de obras públicas que hubo que acometer una vez finalizada la guerra. Los presos no solamente eran utilizados para obras del Estado, también estaban a disposición de las empresas que estuvieran dispuestos a pagar por ellos. La demanda de presos era grande dado que ofrecían evidentes ventajas: condiciones laborales pésimas, estaban mal alimentados, se les podía hacinar en barracones que ellos mismos se encargaban de construir, las condiciones higiénicas eran lamentables, pero sobre todo había que tener en cuenta que a estos presos se les podía hacer trabajar en jornadas de 10 o 12 horas. De esta forma se lograban incrementos de producción que iban del 20 al 60%, lo que explica esa fuerte demanda de sus servicios.

Gracias a esta rentabilidad fueron muchas las empresas que se sirvieron de esta mano de obra durante muchos años, entre las más destacadas por su tamaño e importancia estarían Dragados y Construcciones, Duro Felguera o Pórtland Ibérica, sin olvidar al constructor José Banús, que se serviría del último destacamento penitenciario del que se tiene constancia para construir la colonia de lujo Mirasierra en Madrid ya en la década de los 70. Pero no serían solamente grandes empresas, también pequeñas y medianas, así como ayuntamientos, terratenientes, caciques locales, la Iglesia y un largo etcétera.

Muchas de las más importantes infraestructuras del periodo franquista se construyeron utilizando a presos republicanos en un régimen en muchos casos cercano a la esclavitud. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Tal vez la obra más emblemática construida por estos trabajadores fuera el Valle de los Caídos, pero la huella de estos trabajadores la podemos encontrar en pantanos, canales de riego, fábricas, minas, líneas férreas, fortificaciones, puentes, túneles o incluso en la construcción de algunas cárceles, como la de Carabanchel en Madrid. Estos presos casi esclavos, son otra de las páginas negras del régimen que siguió a la guerra, una página que como otras muchas tampoco es lo suficientemente conocida.

Pero volvamos a Alcocero y a los trabajos de construcción del monumento. Según el testimonio de Francisco Romera López, publicado en el blog “Monumento al general Mola”, que ya conocimos en nuestra anterior crónica, en el invierno del 38, las autoridades solicitaron ayuda a los vecinos del pueblo:

P: Del monumento ¿qué me puede decir? ¿Cómo se llevó a cabo la construcción de este?

Fco: “Pues al año y medio de esto en invierno del 38, yo ya era alcalde, nos mandaron ayudarles a construir el monumento y en esos años estaba la cosa como para decir que no queríamos ayudar (risas). Y con bueyes y percherones y mansos nuestros y de los labradores de los pueblos de alrededor, íbamos a la cantera de Villalómez a cargar piedra que picaban allí los presos y la íbamos subiendo poco a poco hasta monte, así un montón de días y días, ¡los kilómetros que me hice yo subiendo piedras allí y mira cómo está eso ahora, todo abandonado!”

Vista del conjunto monumental contemplado desde lo alto del hito. Al final de la escalinata se observan los cinco arcos, uno por tripulante del aparato, que se alzan junto al lugar donde impactó el avión. FOTO JAZ. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Finalmente el monumento se inauguró el 3 de junio de 1939, coincidiendo con el segundo aniversario del accidente. El acto sería presidido por el general Franco, quien estaría acompañado por su esposa, la viuda e hijos de Mola, el Gobierno en pleno, embajadores de Japón, Alemania e Italia, una nutrida representación de mandos militares y por el Nuncio de la Santa Sede en España Federico Tedeschini, así como por el obispo José Yanguas Messía, representante de España ante la Santa Sede. El ejército estaría representado por una compañía de cada arma.

El conjunto monumental se extiende a lo largo de la ladera del cerro donde se estrelló el avión de Mola, comprendiendo desde el lugar del impacto, hasta la cumbre del mismo. La descripción del monumento que nos ofrece el periódico ABC en la noticia del día de la inauguración lo define de esta forma:

«El monumento ocupa una ancha extensión, y la longitud desde donde diera en tierra el aparato hasta el pié de la cruz es de unos 300 metros. Aquellos sitios donde fueron hallados los cuerpos de los héroes se señalan ahora con una cruz sencilla de piedra; y todo el lugar, aquel que recogió y empapó la sangre de las víctimas, ha quedado acotado como “recinto sagrado”, que no será jamás removido ni hollado.

LA QUÍNTUPLE ARQUERÍA

Inmediatamente, por encima del “recinto sagrado” se inicia la obra monumental, que arranca con la quíntuple arquería. Cada uno de los arcos está dedicado a uno de los Caídos. El del centro, que es al propio tiempo altar, al general Mola, cuyo nombre está inscrito en letras doradas. Además, y en la parte del muro, que mira al “recinto sagrado”, se puede leer esta inscripción:


Al pie de los arcos se encuentra el “recinto sagrado” donde fueron hallados los cinco cuerpos. En este lugar se alzaba una cruz en el lugar exacto donde fue encontrado cada uno de los cuerpos, en la actualidad solo se conserva la cruz principal en el lugar donde se halló el cuerpo mutilado de Mola. Según nos informa nuestro lector Santi, se conservan las cinco cruces, no solamente una, en los lugares donde se encontraron los cuerpos de los cinco fallecidos. FOTO JAZ. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

“El día 3 de junio de 1937, el invicto general D. Emilio Mola Vidal cayó en este lugar, víctima de un accidente derivado de su actividad en el mando y de su valor militante. Quien cien veces en su vida arrostró el peligro de la guerra con ánimo sereno y corazón levantado vino a morir con las alas rotas en día de niebla sobre estas tierras que su nombre han hecho sagradas. Como símbolo de lo que fue en vida, su muerte se preparó en el vuelo, entre las nubes, y en ellas quedó su espíritu abierto a las luces de la inmortalidad. ¡Honor a su recuerdo, que en el futuro marcará el pórtico de la nueva reconquista de España!. El corazón en alto, por su gloria. Y en los labios de quien quiera se detenga en este recinto sagrado una oración. 3 de junio de 1938. II Año Triunfal.”

EL GRADERÍO HASTA EL MONUMENTO

En la base de los arcos comienza una larga escalinata que culmina a los pies del hito en lo alto del cerro. FOTO JAZ. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

En rampa muy acentuada sigue ascendiendo un graderío muy ancho, que alcanza hasta la carretera construida desde el pueblo de Alcocero; y luego de cruzar esta carretera, se continua aún engrandecida la escalinata, de más de cincuenta metros de anchura, para llegar al mismo pié del monumento, cuya base forma una gran cruz. El monumento es una sencilla y áspera columna de piedra que tiene en la parte anterior el escudo de España y debajo de él, en gruesas letras doradas: un apellido: Mola.»


Tras esta vibrante y detallada descripción del monumento realizada por el periodista de ABC Alberto Martín Fernández, que utilizaba el pseudónimo de “Juan Deportista”, seguimos con los detalles de la ceremonia, en la que nuevamente tomaremos como base esta misma noticia de ABC.

Poco después del mediodía llegaba al lugar Francisco Franco que fue recibido por el general López Pinto, jefe de la sexta región militar. “Su aparición, recibida por la multitud con una ovación ensordecedora, fue un momento de inusitada emoción. En este instante, el sordo roncar de los motores se aproxima, anuncia la llegada de varias escuadrillas que evolucionan sobre el monumento y dejan caer flores sobre él”.
Durante el acto de homenaje el general Franco pronunciaría un discurso acorde con la escenografía del acto. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Posteriormente tomaría la palabra el general López Pinto, que pronunciaría un discurso, terminada la alocución el “Caudillo se dispone a pronunciar su discurso, prorrumpiendo el público en aclamaciones”. Por su indudable interés, reproducimos aquí el discurso íntegro tal y como los recogió ABC:

«Mi general, españoles todos presentes en este acto: habéis venido aquí en el segundo aniversario de la muerte de nuestro querido general Mola, no a inaugurar un monumento que respondiese a su grandeza; habeis venido aquí a colocar un hito en el lugar de su sufrimiento y de su muerte. Este no es el monumento que se merece la grandeza de nuestro héroe. Esta es la urbanización del solar en que plantamos la cruz a la grandeza de un hombre que en aquellos primeros días, en los momentos duros de España, rompió en Navarra la inercia del Movimiento Nacional. Y esto no hubiera sido posible sin esa vida de Mola. Esto no se llevaría a cabo sin esos caracteres, sin estos hombres que podemos llamar los hombres africanos, curtidos en aquellas tierras áridas y areniscas que dieron a España nuestros grandes valores. Y es que en la soledad de los campos, en la meditación y en el trabajo, se forman los caracteres de la raza, igualmente que ayer se forjaban los de nuestros caudillos castellanos en estas tierras pobres de altos horizontes, en donde los castillos, con sus muros pelados, cobijaban la grandeza de los hombres en la meditación y en el trabajo, como en los monasterios, perdidos en la soledad de los campos encerraban en sus muros la madera de nuestros grandes santos.

Este homenaje que hacemos hoy a Mola es homenaje que a él se debe como guión de esa juventud africana, de esos hombres que adquirían su temple en las montañas y que tenían su corazón como su brazo al servicio de España. Esta es la cruz en el camino que pide una oración, no el monumento a la victoria, porque la victoria de España, la victoria de Mola, la victoria de Sanjurjo, la que forjaron nuestros más grandes héroes, tiene una dimensión mayor, tiene una dimensión universal, y cuando tiene ese alcance una victoria, es pobre el cemento, son pobres las piedras, hay que levantar templos, hay que edificar lugares donde se adore a Dios y se eleve el corazón ante los héroes caídos y ante los mártires. Nuestro monumento de la victoria no será un mausoleo más de piedra ni un grupo escultórico, cosa de tiempos pasados; tendrá más grande dimensión, tendrá basílica, monasterio y cuartel. Tendrá la reciedumbre de España, y con la noble aspereza de la piedra, la soledad que invita a la oración.

Españoles todos, contestadme: ¡Emilio Mola Vidal! El público contesta: ¡Presente! ¡Arriba España! El público repite el grito pronunciado por el Caudillo.»


Tras el discurso, se oficiaría una misa sobre el pequeño altar que se encuentra bajo el arco central, el que tiene grabado el nombre de Mola. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Tras una larga ovación, se inició en el altar ubicado bajo la arquería, una solemne misa oficiada por el arzobispo de Burgos, durante la cual una escuadrilla sobrevoló el monumento formando una cruz. Terminada la misa, Franco se dirigió a saludar a la viuda y a los hijos de Mola, con «visible emoción». A continuación se dirigió hacia el “campo sagrado” donde se detuvo a orar delante de las cruces emplazadas en los lugares donde fallecieron los tripulantes del avión. «Todavía algunos densos nubarrones, como aquellos otros que hace exactamente dos años envolvieron el aeroplano del general Mola, enturbien el panorama y dejan caer la lluvia abundante. Los soldadeos, los invitados, las gentes que vinieron de Navarra y de toda España para asociarse a este homenaje al jefe del Ejército del Norte, soportan esta lluvia, que es en la fecha solemne del aniversario como la reproducción de aquella trágica jornada, con su niebla y su tristeza y su llanto celestial»
. Así terminaba la crónica periodística de aquel acto solemne.

En la actualidad el aspecto que presenta el monumento es muy otro, el recinto está abandonado y el deterioro es manifiesto. Por una parte el inexorable paso del tiempo va dejando su huella, la acción de la naturaleza también se deja notar y los árboles y la vegetación comienza a reclamar lo que un día fue suyo. Pero quizá lo más grave sean los actos vandálicos y de gamberrismo, que alguno puede interpretar como reivindicativo. El debate sobre lo que hacer con lo que se conserva del monumento está abierto, al igual que lo está con otros monumentos relacionados con el franquismo como ya vimos en la crónica del monumento a los pilotos de la Legión Cóndor en el cementerio de la Almudena. Mientras continúe este debate, el deterioro continúa, y quizá llegue un momento en que el deterioro de este monumento sea irreversible.

Sobre el muro que sirve de base a los arcos, en la parte colindante al recinto de las cruces, se encuentra una inscripción conmemorativa que ha sufrido diversos e importantes daños debido a actos vandálicos. FOTO JAZ. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Terminamos esta crónica con el texto final de un librito de la colección “Temas de Hoy” dedicado al general Mola. Si en nuestra anterior crónica recogíamos el testimonio de Serrano Suñer sobre la indeferencia y frialdad con la que Franco recibió la noticia de su muerte, en esta ocasión se plantea todo lo contrario, finalizada la guerra no debía quedar ninguna duda sobre los sentimientos del “Caudillo”: «El dolor los inmovilizó a todos. La desgracia que acababa de caer sobre el corazón de España los tuvo largo tiempo anonadados. Alguien, al fin, pudo hablar para decir: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿Quién le dice esto a Franco?...”

Ningún dolor mayor sufrió en la guerra el Generalísimo. Pero supo sobreponerse, sereno, a su aflicción. “España ha perdido a su mejor hijo; yo, al más leal e inteligente compañero y amigo. Descanse en paz de Dios y… ¡adelante! ¡Arriba España!”». Como ven, muy poco que ver con la versión de Serrano Suñer.

En una próxima crónica, visitaremos otros lugares relacionados con la Guerra Civil que ha visitado el equipo de redacción de SOL Y MOSCAS desplazado al norte de Burgos, así como el de otros lugares de gran interés que se pueden visitar en la zona.

Florentino Areneros.

GALERÍA FOTOGRÁFICA

A continuación pueden contemplar una cuidada selección de algunas fotografías sobre el estado del conjunto en la actualidad, realizadas el 20 de julio de 2012 por nuestro reporter gráfico FOTO JAZ.

La carretera que llega desde Alcocero al monumento deja aun lado los arcos con el “recinto sagrado” y al otro el hito en la cima del cerro.

Una imagen de la parte posterior del hito por donde se accede al interior.

En la parte frontal, sobre la inscripción MOLA encontramos el escudo del águila.

Dos imágenes del monumento erigido en el lugar donde se estrelló el avión. En la foto superior podemos apreciar el altar bajo el arco central, el dedicado al general Mola. En la foto inferior vemos como los árboles comienzan a crecer en lo que antes fueron unas escaleras.

En la mayoría de las superficies del monumento se han realizado pintadas, mientras que otras estructuras han sido vandalizadas y sufren notables daños.

La planta del hito que corona el conjunto es de cruz griega, uno de cuyos brazos ha sido acondicionado como escalera. En estas imágenes podemos observar unas vistas del interior tomadas desde abajo y desde arriba del monumento.

Las ventanas que encontramos a lo largo de la escalera, nos recuerdan a las troneras de los fortines. En la fotografía podemos apreciar el espesor de los muros de cemento.

Las vistas de la comarca y los alrededores desde lo alto del hito son espectaculares.

De vuelta a Alcocero en el T-26 de R. Capa, una corza salió a la carretera a despedirnos.


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jueves, 26 de julio de 2012

LA MUERTE DEL GENERAL MOLA

El general Emilio Mola Vidal, conocido como “el Director” por haber organizado y coordinado los preparativos del golpe militar de julio de 1936 que desencadenaría la Guerra Civil, fallecería el 3 de junio de 1937 en un accidente de aviación. Su muerte, además de dar pié a las más diversas conjeturas, dejaría el camino despejado para que Franco pudiera ejercer un poder absoluto durante décadas. (haga clic en cualquiera de la imágenes para verlas ampliadas).

LA MUERTE DEL GENERAL MOLA

El pasado 3 de Junio de 2012 se cumplían 75 años del accidente de aviación en el que perdería la vida el general Emilio Mola. El siniestro ocurrió en tierras del municipio burgalés de Alcocero, en el monte de la Brújula, en el lugar que se conoce como “Cerro Perejil”. Con motivo de esta efeméride, me desplacé al lugar de los hechos acompañado de parte del equipo de redacción. Allí nos esperaba nuestro colaborador R. Capa, un auténtico fuera de serie en todo lo relacionado con la Guerra Civil en la provincia de Burgos, como ya dejó de manifiesto en su inigualable artículo sobre el Padre Revilla. De aquella visita guiada al lugar nace esta crónica que tendrá continuidad en una posterior dedicada al monumento construido en el lugar del accidente.


Dos años después de la muerte de Mola, en el lugar del accidente se levantaría un grandioso monumento en su honor y en el de los otros cuatro militares que le acompañaban en aquel vuelo. En la actualidad, este monumento se encuentra abandonado y con un deterioro manifiesto. FOTO JAZ. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

En la muerte del general Mola confluyen todos los ingredientes necesarios para que surjan diferentes teorías que pongan en cuestión la versión oficial de aquel episodio. Como vimos en una crónica publicada hace ahora un año , Emilio Mola fue la persona encargada de organizar y coordinar el golpe militar de julio de 1936, operación que al fracasar desencadenaría la Guerra Civil, motivo por el que sería conocido como “el Director”. Sin embargo Mola iría perdiendo protagonismo según avanzaba la contienda a medida que el prestigio y el poder del general Franco aumentaban.

En los planes iniciales del golpe, una vez que los militares se hubieran hecho con el control de la situación en el país, la persona que habría de tomar las riendas sería el general Sanjurjo, que se encontraba exiliado en Portugal desde que encabezó otro golpe militar fallido contra la República en 1932. Sanjurjo fallecería también en otro accidente de aviación al dirigirse hacia España el 20 de julio de 1936. Tras la muerte de Sanjurjo, el poder en el bando golpista recaería finalmente en el general Franco, quien acapararía todos los resortes de poder asegurándose la continuidad de esta situación una vez finalizada la guerra, algo que no agradaría a muchos de los generales que apoyaron el golpe.

El general Sanjurjo era la persona que habría de tomar el mando de los sublevados una vez consumado el golpe, sin embargo fallecería en otro accidente de aviación cuando se dirigía a España desde Lisboa. En la fotografía vemos los restos del aparato en el que viajaba tras el accidente. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

La idea inicial de Mola era la de realizar un golpe militar contundente y de desenlace fulminante. Una vez culminado el levantamiento, el poder recaería en un directorio militar con el general Sanjurjo a la cabeza, que se encargaría de asegurar el orden en el país, para una vez controlada la situación regresar los militares a los cuarteles regresando el poder a manos de civiles. De la “contundencia” de la operación nos podemos hacer una idea leyendo la “Instrucción Reservada Nº1” redactada por el mismo: "Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas", de esta parte la Historia nos ha dejado ejemplos de cómo se desarrolló el golpe, sin embargo nos quedaremos sin saber como habría sido España de haberse desarrollado los acontecimientos tal y como lo diseño Mola, sobre todo teniendo en cuenta que: “La conquista del poder ha de efectuarse aprovechando el primer momento favorable y a ella han de contribuir las Fuerzas Armadas, conjuntamente con las aportaciones que en hombres y elementos de todas clases faciliten los grupos políticos, sociedades e individuos aislados que no pertenezcan a partidos, sectas y sindicatos que reciben inspiraciones del extranjero: socialistas, masones, anarquistas, comunistas, etc.”

Félix Maíz fue ayudante personal del general Mola desde la primavera de 1936 hasta su muerte, a la muerte del general Franco publicaría un libro de memorias en el que se recogían algunas polémicas opiniones de Mola respecto a la actuación de Franco durante el golpe y la guerra. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Sin embargo como todos sabemos el golpe fracasó, comenzó la Guerra Civil, y también las diferencias entre Mola y Franco, un terreno donde nuevamente las diferentes versiones según autores, nos aseguran la polémica. Tal vez una de las obras que desde la cercanía personal más nos puedan aportar sea el libro “Mola frente a Franco” de Félix Maíz, el ayudante civil del general Mola desde la primavera de 1936 hasta la muerte del general. Un testigo de excepción que vivió en primera persona muchos de los acontecimientos más destacados de toda esta historia. El libro de Maíz no fue publicado hasta la muerte del general Franco, lo que nos puede dar una orientación de cual es su contenido. En este trabajo, el secretario de Mola nos muestra los desencuentros entre ambos generales, que ya comenzarían durante el mismo desarrollo del golpe. Según recoge Maíz, Mola responsabiliza a Franco de alguna forma, debido a sus dudas y precauciones iniciales, del fracaso del golpe: "Esas treinta y ocho horas de retraso en la toma del mando del general Franco en Marruecos se van a convertir en muchos meses de guerra", según el autor Mola llegó a manifestar refiriéndose a la situación en Marruecos: "Si llego a estar en el otro lado, esto se había concluido".

Pese a sus diferencias, Mola siempre acató con respeto y obediencia las decisiones del que fuera proclamado “Caudillo” por el bando sublevado. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Pero seguramente el mayor fracaso de Mola respecto a Franco, fue el no impedir que Franco se hiciera con un poder absoluto dentro del bando sublevado. Franco sería nombrado Generalísimo el primero de octubre de 1936 en la finca del ganadero Pérez Tabernero, en Salamanca, una reunión en la que unos militares apoyaron a Franco y otros a Mola, produciéndose un empate en la primera votación, aunque Mola finalmente se retiró de la pugna y se mostró partidario de que fuera Franco el elegido para ocupar el cargo, con la decepción de algunos militares que le apoyaban o que no veían con buenos ojos que el poder se concentrara en una figura como la de Franco. Posteriormente tras la unificación de la Falange y los Carlistas en abril del 37, Franco acapararía tanto el poder militar como el político, constituyéndose en una figura similar a la de Hitler en Alemania o Mussolini en Italia. Según recoge el general Kindelán en sus memorias, el general Cabanellas tras aquella decisión manifestó: «Ustedes no saben lo que han hecho, porque no lo conocen como yo, que lo tuve a mis órdenes en el Ejército de África como jefe de una de las unidades de la columna a mi mando; y si, como quieren, va a dársele en estos momentos España, va a creerse que es suya y no dejará a nadie que lo sustituya en la guerra ni después de ella, hasta su muerte; sin que tenga que decir nada de sus prendas militares, morales ni de otro tipo, que soy el primero en reconocer.»

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

Pese a haber apoyado la elección de Franco, Mola comenzó a no ver con buenos ojos la concentración excesiva de poder en manos del “Caudillo” y tampoco la forma en la que se estaba llevando la guerra, Mola se opuso al bombardeo de Guernica. Las discrepancias fueron en aumento, Mola pronunciaría dos encendidos discursos en Radio Burgos, que no gustaron a Franco, y cuando tenía preparado un tercero, Franco le impidió leerlo según recoge Maíz con un rotundo “tú te callas”.

Emilio Mola ocuparía San Sebastián en las semanas posteriores al golpe (en la imagen), sin embargo el avance de sus columnas sería detenido en la sierra de Madrid. En el momento de su muerte se encontraba dirigiendo la Campaña del Norte y Bilbao sería ocupado dos semanas después del accidente. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Otro testigo de excepción de la relación entre Mola y Franco es Ramón Serrano Suñer, cuñado del general Franco y una de las personas con más influencia y poder político durante la guerra y los primeros años del franquismo. En el libro “Serrano Suñer, conciencia y poder” de su biógrafo Ignacio Merino , encontramos algunos párrafos muy interesantes que nos pueden dar una idea de cómo era la relación entre ambos generales. Refiriendose a las fechas previas a la muerte de Mola, Serrano Suñer sostiene:

Ramón Serrano Suñer, además de cuñado del general Franco, era una de las personas con más poder e influencia en el bando sublevado. En sus memorias ofrece testimonios de indudable interés sobre las relaciones entre Mola y Franco. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

«A esas alturas, el único desafió a su autoridad era el general Mola. Muerto Sanjurjo en los primeros días de la guerra, fusilado Goded y recluido Queipo de Llano en su feudo sevillano, solo quedaba la sombra amenazante del Director, que aunque acató con nobleza la entronización de Franco, no veía con buenos ojos la excesiva concentración de poderes.

-Me alegro de tu nombramiento como generalísimo, jefe del estado y de ese partido tuyo, pero las labores de gobierno y de retaguardia exigen mayor dedicación, mi general.

Franco callaba molesto, y luego se desquitaba con su cuñado.

-Este Mola es un majadero. Claro, como es socialista, ya se sabe.

Había también diferencias de opinión en cuanto a la conducción de la guerra. A Mola le disgustaba la guerra de desgaste y aniquilación emprendida por Franco y su obsesión por tomar Madrid. Era más partidario de tomar el Norte a base de masivos bombardeos aéreos, pensando que Madrid caería por su propio peso. También quiso, al principio de la guerra, que se respetase el régimen republicano y la bandera tricolor.

A finales de Mayo tuvieron un encuentro en Burgos en el que Mola insinuó cierto reparto de poderes. Franco le atajó hablando de la importancia del liderazgo único y de la misión que la Historia le encomendaba. Al salir del despacho, Emilio Mola se encontró con Serrano Suñer. El general iba hecho una furia.

-¿Qué tal mi general?
-Mal Serrano, mal. El Caudillo ya no escucha. Ese coro de aplaudidores lo tiene cegado, pero yo ya estoy determinado. El próximo día que venga pienso proponerle oficialmente que me deje asumir la jefatura del Gobierno y que se quede con la del Ejercito, el Estado y el Partido. ¿Qué le parece a usted?.
-Pues que no lo va a tener fácil.
-Bien, ya hablaremos, ahora tengo que irme. Hasta pronto.

No volvieron a verse. »


Pero es el día previo al accidente, y el motivo del viaje, lo que puede haber despertado más dudas, según Serrano Suñer, este viajaba a Burgos para solicitar al “Caudillo” la jefatura del gobierno como hemos visto. Por su parte Maíz recoge que la anoche anterior a su muerte, Mola sostuvo una conversación con Franco en la que le escuchó decir: "No lo comprendo. Repito. Yo no paso por eso", antes de colgar dando un sonoro golpe con el teléfono.

A la mañana siguiente, Mola embarcaría en el avión en el que se desplazaba habitualmente, un Airspeed AS-6 Envoy, un avión con una curiosa historia tras de sí. Este aparato había pertenecido al Ejército Republicano, pero el 26 de septiembre de 1936 el piloto Fernando Rein Loring deserta y consigue aterrizar en Pamplona , pasando el aparato al grupo 41 de la Aviación Nacional. Desde ese momento el avión sería utilizado por el general Mola para sus desplazamientos, siendo su piloto habitual el capitán Chamorro.

Fernando Rein Loring, era un consumado piloto antes de iniciarse la guerra. Entre sus hazañas figura un vuelo en solitario entre Madrid y Manila. Comenzó la guerra en el bando republicano, consiguiendo pasarse al enemigo con el aparato que posteriormente utilizaría el general Mola para sus desplazamientos y con el que encontraría la muerte. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

A las diez y cuarto de la mañana el genral Mola sube en Vitoria al avión. Con el viajan el capitán Chamorro, un mecanico: el sargento Barreda , el teniente coronel Pozas y el comandante de Estado Mayor Senac.

El avión despega y en su vuelo sigue la carretera hacia Burgos, algunos minutos más tarde sobrevuela Miranda de Ebro y Pancorbo, a las diez y treinta y cinco el avión sigue el curso del río Oca a la altura de Briviesca. Una espesa niebla cubre el monte de la Brújula, entre Castil de Peones y la aldea de Alcocero, y el avión, que volaba a baja altura, se acaba estrellando. Una gran explosión es escuchada por muchas personas que se encuentran trabajando en las labores agrícolas en los alrededores, cuando se dirigen al lugar donde se ha producido el accidente, encuentran los cinco cadáveres muy desfigurados y a gran distancia unos de otros, el impacto ha sido brutal.

Fotografía de un Airspeed Envoy de la LAPE (Líneas Aéreas Postales Españolas) idéntico al utilizado por Mola y con el que sufriría el mortal accidente. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

En el muy interesante y recomendable blog “Monumento al General Mola”, que aporta mucha e interesante información sobre el accidente y la construcción del monumento, se recoge una entrevista con un testigo de excepción, Francisco Romera López, que sería alcalde de Alcocero entre 1938 y 1962 además de testigo directo de aquel episodio, preguntado sobre lo ocurrido el día del accidente responde:

«De ese día lo recuerdo bastante bien. Estaba con mi padre segando la cebada y oímos un golpe muy fuerte en el monte ahí arriba (señala el monte de la Brújula) y desde aquí no se ve porque se estrelló en el otro lado, pero empezó a salir humo y nosotros estábamos en una tierra que tenemos en Cueva-Cardiel, y entonces subimos por el camino que hay en ese pueblo hasta arriba con un montón de gente de allí que subió con nosotros, según estamos llegando arriba empezó a llover y nos pusimos de agua… Entonces nos metimos debajo de unos pinos que había allí y cuando escampó fuimos un poco por el cerro al otro lado y vimos un avión que estaba quemado y un vecino de los de Alcocero bajó corriendo al pueblo a llamar a la Guardia Civil desde la cabina del pueblo, mientras tanto nosotros nos acercamos un poco dando voces haber si había alguien dentro y no contestaba nadie, me acuerdo que rodeé el avión con otros dos y un poco más abajo había más piezas, bajamos hasta allí y había dos personas quemadas al lado de las piezas, me acuerdo que nos echamos las manos a la cabeza (se echa las manos a la cabeza mientras lo iba contando) y les di una voz a los que estaban allí arriba con el resto del avión y bajó mi padre con más gente y nos pusimos a mover lo cachos del avión que había allí y resulta que debajo de una plancha de acero encontramos a otro.

P: ¿Pudisteis identificar a alguno?

Fco: “No, estaban quemados, sabíamos que eran militares porque llevaban el traje, pero no nos imaginábamos que iba a ser Mola el que estaba allí muerto, suponíamos que era alguien importante porque antes raro era el avión que no llevaba a algún comandante importante o algún alto cargo”.

P: ¿Según dicen varias fuentes, Mola apareció muerto con su cámara de fotos al cuello os encontrasteis a alguno de los que viajaban en el avión con una cámara?

Fco: “Pues ahora no me acuerdo si iba con cámara o no” sólo recuerdo que todos los trajes de los que estaban allí a pesar de que alguno estaba quemado, conservaban las medallas que se ponían en el pecho”.

P: ¿Cómo fueron los momentos posteriores al accidente?

Fco: “Nos quedamos esperando a que viniese la Guardia y una vez que llegaron nos dispersaron y nos mandaron a cada uno a su casa menos a mi padre y al alcalde de Cueva-Cardiel cuando bajamos era ya tarde. A media noche bajó mi padre de monte y al día siguiente reunió a todos los hombres del pueblo y les estuvo diciendo que por orden de la guardia había que subir a monte a recoger los trozos del avión y dejarlos en el pueblo porque al día siguiente iba a venir un camión a por ellos. Los vecinos de Cueva-Cardiel vinieron también con nosotros y subimos pronto por la mañana, yo y mi padre llevamos un percherón que teníamos en el establo con un carro que utilizábamos para todo y poco a poco al cabo del día fuimos recogiendo el avión del monte y poniendo los trozos amontonados en la plaza, al día siguiente vino un camión y estuvimos cargando los trozos del avión y se lo llevaron, arriba (señala al monte) había bastante más gente, todos ellos militares y guardias”. »


Vecinos de la localidad burgalesa de Alcocero (denominada Alcocero de Mola desde el accidente hasta nuestros días) junto a los restos del aparato siniestrado que ellos mismos tuvieron que bajar desde el monte. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

La mayoría de las teorías apuntan a un accidente como consecuencia de la niebla, y seguramente esta sea la teoría acertada, pero como decimos hay diferentes versiones sobre las causas que hicieron que el aparato acabara estrellándose. Una de estas teorías sostiene que el avión, que como ya hemos dicho había pertenecido inicialmente a la aviación republicana, mantenía su matriculación original, es decir la misma que el aparato tenía en el Reino Unido donde fue adquirido. Esto pudo hacer que alguna batería antiaérea o bien aviones del ejército franquista abrieran fuego contra el avión de Mola. Según recoge el magistrado y juez de instrucción Olegario Somoza Castro en su libro ““La muerte violenta: inspección ocular y cuerpo del delito. Las decisivas primeras 24 horas””, el aparato que todavía volaba con matrícula inglesa, sería atacado al ser confundido con un avión republicano, “inmediatamente el piloto, tal vez con un motor averiado por los disparos, realizó la única maniobra evasiva que podía efectuar para salir con suerte del trance: picar hacia el suelo y volar semienvuelto en la niebla para escapar, pero un cerro se interpuso casi tras haberlo logrado”. Esto explicaría la gran violencia del impacto que se intuye por la localización de los restos y los cuerpos sobre el terreno, que estaría motivada por la gran velocidad que llevaba el aparato para efectuar la maniobra de evasión.

Otras de las posibles teorías sería la del sabotaje, que sería realizado para deshacerse de un personaje que empezaba a resultar incómodo como era el general Mola, aunque esta teoría es bastante improbable dado tal y como se produjeron los hechos. También en el blog “Monumento al General Mola” encontramos una nueva teoría, sostenida por Dionisio Chamorro Miranda, primo del piloto del avión de Mola. Según se recoge en el blog este familiar sostiene:

« “Mi cabeza ofrecería como garantía de que la muerte de Mola se debe a mi primo. Tantas veces se jugó la vida, que jugársela una más y perderla a cambio de aniquilar a un tirano no ha sido cosa que haya tenido que pensar durante mucho tiempo. Él por encima de todo, era anarquista.” El primo del capitán también facilitó que Francisco Chamorro cumplió el servicio militar en el regimiento de la caballería de Villaviciosa en Sevilla en el año 1909. Luego ese regimiento se traslado a África donde más tarde Chamorro pasó a ser asistente del teniente coronel del regimiento; y además futuro marido de su hija por obligación de este. Más tarde Chamorro contra las indicaciones de su suegro, se alejó del ejército y quedo de empleado en los muelles de Melilla. Sobrevino una huelga y participó de manera destacada por lo que el Gobierno lo trajo de nuevo a la península.

Una vez aquí empezó a trabajar en las minas de Ríotinto jugándose la vida como un minero más, pero se celebró otra huelga y volvió a manifestarse de manera superior a los demás y estuvo preso. Al salir de la cárcel la vida del capitán volvió a empezar y retornó a Melilla con su mujer y sus hijos, y dejando atrás su actuación obrera y social se incorporó al Tercio. Una vez allí empezó a escalar posiciones, hasta que llegó al servicio de la aviación y consiguió hacerse piloto, llegando así a ser el más fiable para Mola y dejando en cada vuelo su vida en las manos del capitán. »



Hasta aquí algunas de las teorías, aunque personalmente nos inclinamos a pensar que se trató de un accidente provocado por la niebla. Sea como fuere, la realidad es que la muerte de Mola, dejó el camino totalmente despejado a Franco para ejercer un poder absoluto durante las próximas décadas sin nadie que le hiciera la más mínima sombra. Mola había muerto, ahora quedaba por saber como encajaría la noticia el “Caudillo”.

Recogemos nuevamente el testimonio de Ramón Serrano Suñer, recogido por su biógrafo Ignacio Merino en el libro “Serrano Suñer, conciencia y poder” ya citado en esta crónica. Retomamos el relato del libro sobre Serrano Suñer donde lo dejamos anteriormente:

«El 3 de junio, volando de Vitoria a Burgos, cuando con toda la cuestión iba a plantearle la cuestión a Franco, su aparato se estrelló contra el cerro del Alcocero. Las lenguas desatadas hablaron de sabotaje, el parte oficial lo atribuyó a la niebla y puede que hasta fuera alcanzado por algún caza nacional, pues el general viajaba en un Airspeed Envoy que había pertenecido al ejército republicano y que él confiscó a un desertor que se había pasado al bando nacional.

Serrano guardó las últimas palabras que le escuchó (a Mola) en un cofre sin fondo de lo que pudo ser y no fue, comprendiendo que el último escollo había desaparecido, que ya nada se interpondría a su cuñado. Su baraka no lo abandonaba.

En el cuartel general recibieron la noticia con consternación. Nadie se atrevía a dar la noticia al Caudillo, y tuvo que ser el militar de más edad quien le comunicara la trágica pérdida. El almirante Cervera entró nervioso y emocionado en el despacho de Franco, y ante la mirada de este, empezó a perderse entre circunloquios y lamentos. El Generalísimo, impaciente, corto en seco su agonía.

-Vamos, dígamelo de una vez!
-El… general… Mola ha… perecido en accidente de aviación cuando venía hacia el Cuartel General. Estamos anonadados. No… no sabe cuanto lo lamento, mi general.

Franco hizo un gesto mecánico de recoger un papel. No quería contemplar los ojos húmedos del anciano.

-¡Ah, es eso! Creí que iba usted a decirme que habían hundido el Canarias.


Según Serrano Suñer, cuando el almirante Cervera, visiblemente emocionado y desencajado, comunicó a Franco en su despacho, la noticia de la muerte del general Mola, este con total frialdad le respondió: “¡Ah, es eso! Creí que iba usted a decirme que habían hundido el Canarias.” (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Era demasiado evidente que para él no era una pérdida sino un alivio. Su frialdad ante la noticia traspasó los muros de su despacho y llegó hasta los informes de los embajadores de Inglaterra y Francia. A Vegas Latapié le confió más tarde:

-Mola era un cabezota… Al fin y al cabo no es para tanto, un general que muere en el frente… bueno, pues es casi normal.

Pero quien se había muerto no era solo “un general”, sino la cabeza rectora de aquel Alzamiento, el Director, el hombre que, en definitiva debería haber compartido de alguna forma el poder y la gloria con él.

La memoria de Mola quedó diluida entre la multitud de mártires y caídos. Franco le otorgó el título de duque en 1947, con la tranquilidad de quien corona una cabeza que no puede levantarse y en un gesto inaudito de monarca hacia un vasallo leal. La presidencia del Gobierno, que Mola deseaba en persona distinta a Franco, se unió a los demás cargos que ostentaba el Caudillo y continuó así durante 36 años, hasta que Carrero Blanco -el monago oferente- consiguió, aunque por poco tiempo, el nombramiento. »


Sin duda un impresionante testimonio este de Serrano Suñer, que nos acerca a otra visión de la personalidad, muchas veces intencionadamente maquillada, del general Franco. En línea con este testimonio tenemos la del embajador alemán Von Faupel, quien anotaría en su diario "El Generalísimo, sin duda, se siente aliviado por la muerte de Mola". Franco, sin embargo, ofrecería otra imagen, la del militar y hombre dolido por la muerte de un querido compañero y amigo, y desde el momento de su muerte se encargaría de que la memoria de Mola fuera perpetuada y su figura honrada, muchas calles tomaron el nombre del malogrado general, se realizaron innumerables actos de homenaje. Pero quizá el más simbólico de todos fue la construcción de un grandioso monumento en su honor, erigido en el mismo lugar donde se produjo el accidente. Nuestra próxima crónica estará dedicada a este monumento y parte de su historia.

Florentino Areneros.


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