miércoles, 18 de julio de 2012

LA MATANZA DE FRAILES

En mayo de 1936 un rumor corría por las calles de Madrid: “los frailes están repartiendo caramelos envenenados a los niños”, un siglo antes, en julio de 1834, Madrid padecía una terrible epidemia de cólera, otro rumor que señalaba a los religiosos como culpables de aquella epidemia: “los frailes están envenenando las aguas”, desembocaría en una tragedia. (Haga clic en cualquier imagen paraverla ampliada).

LA MATANZA DE FRAILES Y EL BULO DE LOS CARAMELOS ENVENENADOS.

Por Florentino Areneros.

A principios de Mayo de 1936 un rumor corre por las calles de Madrid: muchos niños están enfermando victimas de un envenenamiento producido por caramelos que están siendo repartidos por personas cercanas a la Iglesia. El rumor va tomando fuerza, y en algunas barriadas populares grupos incontrolados agreden a diversas personas resultando alguna de ellas heridas de consideración. Así mismo algunos edificios propiedad de la Iglesia son incendiados. Poco más de cien años antes, en julio de 1834, una epidemia de cólera causaba estragos entre la población de Madrid, en aquella ocasión otro rumor se desata por las calles de la ciudad: la causa de tanta mortalidad es debida a que los frailes están envenenando las aguas.

El año de 1834 no se presentaba muy esperanzador para Madrid. La capital del reino era una ciudad de algo más de doscientos mil habitantes que se hacinaban en el espacio delimitado por sus antiguas murallas, siendo en los barrios más pobres y populares donde la densidad de población alcanzaba límites insoportables, sin olvidar un elevado número de mendigos y población sin hogar que deambulaba por las calles sobreviviendo como podían. A todo ello había que sumar unas lamentables condiciones higiénicas y sanitarias.

Madrid era en esos años una ciudad donde convivían sus habitantes con todo tipo de animales domésticos, la suciedad era algo habitual en la mayoría de las calles, donde muchos de sus rincones eran utilizados como aseos al aire libre. Faltaban muchos años para que el agua de la sierra fuera canalizada hasta la ciudad, y el abastecimiento de la población dependía de los pozos y de las fuentes, algunas alimentadas por manantiales y otras a través de un sistema de canalizaciones conocidos como viajes. En muchas ocasiones, tanto pozos y fuentes como viajes, no eran aptos para el consumo, debido a las filtraciones de pozos negros o al descenso de los caudales. A todo ello habría que sumar una deficiente e insuficiente red de alcantarillado.

Los aguadores han ejercido su labor en Madrid hasta no hace muchos años, este colectivo protagonizó el inicio de los trágicos acontecimientos de 1834.

Por otro lado la situación política era también lamentable. La muerte de Fernando VII en el otoño de 1833 había desatado las disputas sucesorias y el país se encontraba inmerso en una guerra civil, la Primera Guerra Carlista, que enfrentaba por un lado a los partidarios de la reina regente, Maria Cristina, tercera yuna represión de la revuelta última esposa de Fernando VII, con los partidarios de Carlos, el hermano de Fernando (para conocer más detalles les recomendamos leer la crónica sobre los Borbones: clic aquí I PARTE y clic aquí II PARTE). La guerra, más allá de la cuestión sucesoria, enfrentaba a dos formas de ver España, por un lado los liberales constitucionalistas unidos por la causa de Isabel II (una niña de tres años) y su madre la Reina Regente, y frente a ellos los sectores más conservadores y reaccionarios, defensores de una monarquía absolutista que apoyaban al pretendiente Carlos, al que también apoyaban los territorios que temían perder sus beneficiosos fueros, como eran el País Vasco y Navarra. El temor a las consecuencias de la guerra haría que un elevado número de personas, principalmente menesterosos, buscaran refugio en la capital del reino. Sin embargo una amenaza más terrible que la guerra se cernía sobre la ciudad.

En 1833 se dieron en España los primeros casos de cólera, concretamente en la ciudad de Vigo, a donde habría llegado traída por un contingente de tropas que estaban participando en la Guerra de Sucesión portuguesa. También de este país pasaría la enfermedad hasta Andalucía, donde se extendería rápidamente afectando a un gran número de personas. La llegada del invierno mitigaría los efectos de la epidemia, que resurgiría con especial virulencia nuevamente con la llegada del buen tiempo. La epidemia había comenzado en Inglaterra unos años antes, y fue extendiéndose por diversos países de Europa. Las autoridades españolas tomarían diversas medidas para tratar de evitar la expansión de la enfermedad, y evitar que la epidemia llegara hasta Madrid, para lo cual se establecieron diversos cordones sanitarios por parte de la Junta de Sanidad de Madrid. Todos los esfuerzos fueron en vano y a principios de Julio de 1834 ya se registraban en la ciudad los primeros casos.

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Como siempre en momentos de crisis, son los más débiles los que más sufren y las primeras medidas fueron expulsar a todos los “sin techo” de la ciudad desatandose una verdadera persecución y represión. También se demolerían un gran número de infraviviendas, chabolas que eran conocidas como “tejares” y que para las autoridades eran “guaridas de viciosos y holgazanes y nidos de inmundicia” que albergaban mayoritariamente a familias llegadas de otros puntos, es decir eran forasteros, “debían ser restituidos a sus pueblos de origen, descargándose así la población de muchos «individuos inútiles y perniciosos»”. La “limpia” de pobres se realizó a conciencia, expulsandose a un buen número de ellos, mientras que otros serían recluidos en diferentes lugares acondicionados para tal fin, y que en la mayoría de los casos eran auténticas cárceles. De entre todos ellos destacaría el convento de San Bernardino, ubicado muy cerca de donde hoy se encuentra la Plaza de la Moncloa, convertido en asilo de caridad donde se hacinarían centenares de menesterosos.

En este cuadro de Berruete podemos ver el Asilo de San Bernardino, uno de los lugares seleccionados en Madrid para concentrar a todos los pobres y menesterosos de la ciudad.

Se tomarían otras muchas medidas, como la prohibición de criar animales en las viviendas, la limpieza de calles y plazas, recogida de basuras, diversas medidas higiénicas relacionadas con la venta de alimentos, alcantarillado, etc.. También se mejorarían los hospitales existentes y se acondicionarían nuevas instalaciones. Pero todo ello resultaría inútil, y en Madrid morirían a causa del cólera en 1834 más de cuatro mil personas, la gran mayoría de ellas entre las capas más modestas y humildes de la capital, centrándose la epidemia en los barrios de las parroquias de San Sebastián, San Martín, San José y San Luis.

Durante esta terrible epidemia tuvo lugar un trágico episodio que conmocionaría a la ciudad. El 17 de Julio de 1834 la enfermedad se había extendido por todos los barrios, los casos de contagio se multiplicaban, y el número de fallecidos comienza a ser alarmante, sin embargo las autoridades se niegan a declarar oficialmente la epidemia para evitar el pánico. Ese día un rumor se propagó por la ciudad: “Los frailes han envenenado las aguas”. A gran velocidad, como si de otra epidemia se tratara, el bulo se extiende por la ciudad, y como décadas después algunos propagandistas demostrarían, una mentira repetida muchas veces acaba convirtiéndose en verdad.

El comportamiento colectivo en algunos momentos es incompresible e incontrolable, y cuando la masa se pone en marcha alcanza en ocasiones una inercia imparable, ajena a toda racionalidad, algo que a lo largo de la historia de todo el mundo se ha repetido en innumerables ocasiones. Aquel 17 de Julio de 1834 se produjo uno de aquellos inesperados desenlaces. Los habitantes de la ciudad estaban padeciendo una epidemia desconocida hasta entonces, un mal inexplicable que se cebaba en las clases más populares que contemplaban como muchos de sus conocidos padecían una terrible agonía entre vómitos y diarreas. La necesidad de encontrar una explicación a lo que estaba ocurriendo, unido al desconocimiento y a otros ingredientes no menos importantes, formaban un cóctel explosivo que podía estallar en cualquier momento. Pero mucho mejor que este humilde escribidor ya lo plasmó en su momento el gran maestro Don Benito Pérez Galdós: “Quien no piensa nunca, acepta con júbilo el pensamiento extraño, mayormente si es un pensamiento grande por lo terrorífico, nuevo por lo absurdo. Aquel día habían ocurrido muchas defunciones. Varias familias tenían en su casa un muerto o agonizante. En presencia de una catástrofe o desventura enorme, al pueblo no le ocurren las razones naturales de lo que ve y padece. Su ignorancia no lo permite saber lo que es contagio, infección morbosa, desarrollo miasmático. ¿Y cómo lo ha de saber la ignorancia, si aún lo sabe apenas la ciencia? El pueblo se ve morir con síntomas y caracteres espantosos, y no puede pensar en causas patológicas. Cristiano de rutina, tampoco puede pensar en rigores de Dios. Bestial y grosero en todo, no sabe decir sino: ¡Cosas malas en el agua!

Esta idea de las cosas malas arrojadas infamemente en la riquísima agua de Madrid, con el objeto puro y simple de matar a la gente, cayó en el magín del populacho como la llama en la paja. No ha habido idea que más pronto se propagase ni que más velozmente corriese, ni que más presto fuera elevada a artículo de fe. ¿Cómo no, si era el absurdo mismo?”


A partir de aquí tomaremos como base de nuestra crónica el relato de los acontecimientos que publicó el semanario Mundo Gráfico en Mayo de 1936 (sin duda obtenidos a su vez del relato más extenso de Pérez Galdós aunque Mundo Grafico no lo reconozca), alguno de cuyos párrafos transcribimos literalmente. Poco más de un siglo después de aquellos acontecimientos y días después de otros sucesos similares que tuvieron lugar en Madrid, afortunadamente menos trágicos, en los que se acusaría a religiosos y religiosas de repartir caramelos envenenados entre los niños madrileños.

Portada del semanario Mundo Gráfico de mayo de 1936.

Según leemos en Mundo Gráfico, en la mañana del 17 de julio de 1834 una acusación prende rápidamente en el ánimo popular: “los frailes han envenenado las aguas”. Por las calles se van formando corrillos, algunos testigos dicen haber presenciado como los frailes llevaban a cabo esta acción. Una anciana afirma haber visto a un enviado de los frailes envenenar el agua de la fuente de la Mariblanca, en la Puerta del Sol. Otros cuentan como un fraile ha dejado caer unos polvos venenosos junto a unas cubas que estaban junto a la fuente del Ave María en la calle del mismo nombre. Alentados por estos rumores, comienzan a formarse grupos de personas armadas de palos, navajas, escopetas,… La crispación va en aumento, y los ánimos se caldean a la vez que sube la temperatura de ese caluroso día de julio.

Ya por la tarde, los aguadores descansan a la hora de la siesta junto a la fuente de la Mariblanca, donde han dejado sus cántaros de cobre. Un muchacho que pasaba por allí pone su mano sobre uno de los cántaros, y la acción llama la atención de alguno de los que allí se encuentran, que rápidamente interpreta que ha depositado algo en uno de los cántaros:

- “Lo mandan los frailes para que envenene las aguas.”

Rápidamente una furiosa multitud rodea al muchacho, que comienza a recibir una despiadada sucesión de golpes, hasta que cae muerto justo frente a lo que hoy es la sede de la Comunidad de Madrid. Alguien afirma haber visto que el joven tenía un cómplice, y que este ha huido a refugiarse en el colegio de los jesuitas de la calle Toledo, el colegio de San Isidro. Hacia allí se dirigen la mayoría de los que han participado en el linchamiento del joven, y a ellos se van uniendo nuevos grupos de personas. La pasión desatada, que se autoalimenta entre unos y otros, va en aumento.

La fuente de la Mariblanca en la Puerta del Sol, lugar donde se iniciaron los trágicos acontecimientos de 1834.

Un testigo que responde al apodo de “El Tablas” dice que el mismo ha llevado varios sacos de tierra desde una posada de la Cava Baja hasta el colegio de la calle Toledo para entregárselos a uno de los frailes. Rápidamente surge la asociación en las mentes de la enardecida multitud: aquellos sacos son los polvos con los que se están envenenando las aguas. Sin embargo el misterioso envió tenía explicación: los sacos de arena, que provenían de Cataluña, tenían como destinatario al padre Gracián, un jesuita de un apasionado misticismo que tenía el suelo de su cuarto cubierto con esta tierra (seguramente proveniente de algún lugar santificado), donde el religioso dormía desnudo para mortificar su cuerpo. Pero el cada vez más numeroso grupo de personas desconoce este origen y creen a pie juntillas la teoría de “El Tablas”, envalentonados y seguros de si mismos se dirigen hacia el colegio de la calle Toledo.

Comienza el asalto del edificio, las puertas ceden a los golpes. El religioso encargado de la portería, Padre Sauri, sale a su encuentro e inútilmente trata de convencerles de la equivocación que comenten, pero los asaltantes se abalanzan sobre el desgraciado sacerdote y lo matan allí mismo. Este primer asesinato parece desatar la furia de la multitud que ha invadido el edificio, y cegados por la sangre comienza una caza del hombre. Uno a uno van cayendo todos los frailes: Padre Fernández, el Padre Artigas, el Padre Carasa. Caen el hermano Elola, el hermano Barba, el hermano Ostolaza. El cadáver de éste es arrastrado a través de las calles por un grupo de arpías, entre risas, gritos y blasfemias. Son muy pocos los que logran escapar. Algunos son alcanzados cerca de la Plaza de la Cebada y asesinados allí mismo. Cuando todo parece haber terminado, alguien se da cuenta de que el Padre Gracián, el destinatario de los misteriosos sacos, se les ha escapado y rápidamente comienza una desesperada búsqueda por todas las habitaciones, la sangre cubre el suelo de todas las habitaciones. Finalmente Gracián es localizado mientras reza en el coro abstraído de lo que ocurre a su alrededor. Comienzan los golpes y cuchilladas, el Padre Gracián trata de defenderse, pero finalmente es el propio “Tablas” el que lo remata.

Los rumores acabarían precipitando la tragedia en la que un elevado número de frailes y algún seglar serían asesinados.

Pero no serán solamente los curas del colegio de la calle Toledo, una incontenible furia desatada se apodera de la ciudad y son asaltados otros establecimientos religiosos. Entre ellos el convento de la Merced, en la actual plaza de Tirso de Molina, el convento de Santo Tomás en la calle de Atocha, que se ubicaba donde hoy se encuentra la iglesia de Santa Cruz, y también la iglesia de San Francisco el Grande. Se calcula que más de un centenar de personas, en su mayor número religiosos pero también algún seglar, serían asesinados ese día por la muchedumbre, que también aprovecharía para realizar pillaje de todo tipo de objetos y pertenencias que encontraron a su paso.

La iglesia de San Francisco el Grande, uno de los templos en los que se desencadenaría la tragedia (Foto Urbanity).

Es difícil tratar de encontrar una explicación a tanta irracionalidad desatada, analizar las circunstancias y las posibles causas que acabaron provocando esta tragedia es una tarea prácticamente imposible, y más si lo contemplamos con una mentalidad de hoy. Sin embargo si que hay algo que nos llama poderosamente la atención en estos acontecimientos, y es la inhibición de las autoridades durante estos terribles acontecimientos, que según recoge Mundo Gráfico se desarrollaron tolerados por la fuerza pública, que “hasta casi protege el desmán”. También recoge Mundo Gráfico como una de las razones “la obscura labor masónica. (Algunos historiadores hablan de cómo en las logias y las torres se pagaba a los autores de la matanza).”

¿Existió una “mano negra” detrás de estos acontecimientos?, ¿Por qué no intervinieron las autoridades para evitar esta tragedia?. Seguramente sean preguntas que no tengan nunca respuesta, pero repasar la situación del momento tal vez permita adelantar alguna teoría. Como dijimos anteriormente el país se encontraba enfrascado en una guerra civil, por una parte los partidarios de la Reina Regente, liberales en su mayoría, y por otra los partidarios del pretendiente Carlos, conservadores en su gran mayoría. Muy posiblemente los sectores más reaccionarios de la Iglesia también estuvieran más cercanos a la idea de nación mantenida por el pretendiente que la que defendían los liberales, y por lo tanto la Iglesia en su conjunto fuera contemplada como un enemigo por parte de algún sector. La hostilidad hacia los jesuitas era manifiesta por parte de muchos liberales, y gran parte de la prensa acusaba a los religiosos de connivencia con el carlismo. La orden de los jesuitas sería suprimida “perpetuamente en todo el territorio de la monarquía” en Julio de 1835.

La iglesia de San Isidro en la calle Toledo, lugar donde se iniciaron las agresiones a los frailes. (Foto Urbanity).

Por otra parte la monarquía no gozaba de una gran simpatía entre amplias capas sociales desde el regreso de Fernando VII tras la Guerra de Independencia, sintiéndose muchos de ellos traicionados por la monarquía por la que habían luchado. La corona descansaba en una niña de 3 años y su legitimidad cuestionada había provocado una sangrienta guerra, las tareas de la regencia las asumía su madre, tercera esposa de Fernando VII, la cual despertaba serias dudas sobre su capacidad entre muchos de sus súbditos. En esta delicada situación, el riesgo de que la represión de la revuelta pudiera desembocar en disturbios más graves, también pudo inhibir de actuar a las autoridades ante los sangrientos disturbios. No olvidemos que desde el Dos de Mayo, en Madrid se han producido diversos motines populares muchos de ellos con gran violencia, por lo que la prudencia de las autoridades estaba justificada tratando de evitar un enfrentamiento generalizado que acabara produciendo una insurrección popular en medio de una situación tan delicada.

La solemne sesión de las Cortes que proclamarían a María Cristina como Reina Regente, hasta la mayoría de edad de Isabel II.

Había que tener otro factor de no menos importancia, la regente María Cristina para ganarse el apoyo de los liberales, tuvo que ceder parte de poder aceptando en Abril de 1834 una especie de constitución denominada Estatuto Real, por lo que España pasaba convertirse en una monarquía constitucional, con dos cámaras de representantes, una de ellas elegida por medio de un sufragio restringido entre personas que cumplieran ciertos requisitos, como el hecho de tener unas rentas mayores de 12.000 reales. Sería en la apertura de las Cortes elegidas en primavera, que tenía como fecha el 24 de Julio de ese año, cunado maría Cristina sería proclamada como regente, legitimando de esta forma su posición y la de su hija, frente a las aspiraciones de los carlistas. María Cristina se encontraba veraneando en Riofrío, y a pesar de la devastadora epidemia decidió asumir el riesgo de contagio y acudir a Madrid para el solemne acto. Su entrada en Madrid fue recibida con grandes muestras de afecto por los madrileños, que veían como la reina pese a la epidemia se decidía a estar en la ciudad. Este gesto le otorgó gran popularidad y el afecto de los madrileños, que la reina tardaría poco en dilapidar.

Hasta aquí esta crónica que nos ha de servir de introducción a otra sobre los acontecimientos que tendrían lugar 100 años después, donde nuevamente rumores infundados acabaron produciendo nuevos incidentes en la capital de España, aunque sin alcanzar la violencia y dramatismo de estos que aquí les hemos narrado.

Florentino Areneros.


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viernes, 6 de julio de 2012

LA LEGION CONDOR EN LA ALMUDENA

Hace ahora setenta años los cuerpos de siete aviadores alemanes de la Legión Cóndor eran enterrados en el madrileño cementerio de la Almudena en un solemne acto. Hace pocos días la Embajada Alemana quitaba la inscripción de la placa que presidía el mausoleo, tras una larga polémica entre los diferentes partidos del consistorio madrileño. FOTO JAZ. (Haga clic en cualquiera de las imágenes para verlas ampliadas).

LA LEGION CONDOR EN LA ALMUDENA

El pasado lunes 2 de Julio en el diario El País aparecía una noticia de título: “ ALEMANIA RETIRA EN MADRID UNA PLACA NAZI DEFENDIDA POR EL PP DE GALLARDÓN ” se hacía eco de la retirada de una placa que recordaba a los pilotos de la Legión Cóndor enterrados en el madrileño cementerio de la Almudena. En la misma noticia conocíamos como el grupo Socialista del Ayuntamiento de Madrid llevaba tiempo intentando que este símbolo desapareciera del cementerio madrileño, junto con otros de características similares en el mismo recinto, como los monumentos conmemorativos a los muertos de la División Azul y los fallecidos en el Cuartel de la Montaña.

En esta fotografía vemos el monumento cuya inscripción ha sido tapada recientemente. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Por su parte el grupo Popular, que gobierna el Ayuntamiento con mayoría absoluta desde hace varias legislaturas, siempre se ha opuesto a todas estas iniciativas siendo alcalde Alberto Ruiz Gallardón, actual Ministro de Justicia, alegando diversas razones que podemos conocer leyendo el artículo publicado en El País, entre ellas, refiriéndose a los fallecidos en el cuartel de la Montaña, el que se trata de “un hecho de armas ocurrido en esta ciudad y en los primeros momentos de la Guerra Civil”, y es un episodio histórico en el que “murieron también simples soldados que estaban haciendo el servicio militar”.

Frente al mausoleo de los aviadores de la Legión Condor, se encuentra otro dedicado a los fallecidos en el asalto al Cuartel de la Montaña del 20 de Julio de 1936 (clic aquí para ir a la crónica). FOTO JAZ. (Clic en la imagen para verla ampliada).

En lo relativo a la División Azul, los ediles populares sostienen que “se podría entrar a debatir sobre la conveniencia de su participación [en la II Guerra Mundial], pero no hay que olvidar que los 46.000 miembros que tuvo marcharon al peor frente posible, no a luchar contra la democracia sino contra la peor dictadura que ha conocido la humanidad”. Finalmente han sido las propias autoridades de la Embajada de Alemania en España las que han decidido retirar la inscripción de la discordia del lugar en el que reposan los cuerpos de siete pilotos alemanes fallecidos en España durante la Guerra Civil.

También en el cementerio de la Almudena, y a poca distancia de los dos anteriores, encontramos este mausoleo en memoria de los fallecidos de la División Azul. FOTO JAZ. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Pero hagamos un poco de Historia. El traslado de los cuerpos se produjo el 2 de julio de 1942, hace ahora justamente 70 años, y según anunciaba el periódico ABC asistirían al acto el Ministro del Aire, general Vigón y el Embajador de Alemania, Eberhard von Stohrer. Al día siguiente este mismo diario recogería la noticia del solemne acto que tuvo lugar en el cementerio de la Almudena, la cual les reproducimos a continuación:

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

LOS RESTOS DE LOS PILOTOS DE LA LEGION CONDOR CAIDOS EN NUESTRA CRUZADA.

Solemne traslado al panteón conmemorativo en el Cementerio de la Almudena.


Madrid 2. Con gran solemnidad se ha celebrado esta mañana en el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena el acto del traslado al panteón conmemorativo de los cuerpos de los heroicos pilotos de la Legión Cóndor, caídos en España durante nuestra gloriosa Cruzada. En la gran Avenida del Cementerio se encontraba una sección de soldados del cuerpo de Aviación con bandera y música. A las diez en punto llegó el embajador de Alemania, interpretando la bande de música el himno alemán, que los asistentes escucharon brazo en alto.

Von Stohrer fue recibido por el Ministro del Aire, General Vigón, y por el alcalde de Madrid, señor Alcocer. La comitiva se desplazó al depósito del cementerio, donde se encontraban los siete cuerpos de los gloriosos aviadores alemanes. Los ataúdes iban envueltos en la bandera española con la cruz gamada y sobre ellos el casco de campaña. Los llevaban a hombros oficiales de nuestra Aviación. Acto seguido se puso en marcha la comitiva, que iba precedida por cruz alzada y tres sacerdotes revestidos.


Una imagen del solemne acto de inhumación de los restos que tuvo lugar el 2 de julio de 1942. Según recogía la noticia que publicó el diario ABC: “Los ataúdes iban envueltos en la bandera española con la cruz gamada y sobre ellos el casco de campaña”. (Clic en la imagen para verla ampliada).

La presidencia la constituían el Embajador de Alemania y el Ministro del Aire. Seguían detrás el alcalde de Madrid, el general García Pallasar, que ostentaba la representaciójn del Ministro del Ejército; el gobernador militar de Madrid, general Saenz de Buruaga, que llevaba la representación del general Saliquet; el contralmirante Vierna, que ostentaba la representación del Ministro de Marina, el marqués de Huetor de Santillán, en representación del almirante Moreu; subsecretario del ministerio del Aire, intendente del Aire, general Martínez Herrera; generales González gallarza y Millán Astral, gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, camarada Carlos Ruiz, y presidente de la Diputación, Don Luis Nieto. Del cuarpo diplomático asistieron el marqués de Frascassi, en representación del embajador de Italia; cónsul de este pais, ministros del Japón, Rumanía, Eslovaquia y Manchukuo y representante del embajador de Portugal. También asistieron el jefe del Partido Nacionalsocialista, el doctor Huber y el jefe de los Fascios en España.

En un rectangulo de unos cuarenta metros se encuentra el severo panteón, que aparecía rodeado de mastiles cons las banderas española, alemana, italiana y portuguesa. Cinco soldados de aviación daban guardia. En la parte central del monumento se lee la siguiente inscripción: “Legión Cóndor. Aviadores alemanes muertos por Dios y por España. ¡Presente!”. Y al pie de cada uno de los enterramientos, los nombres de los gloriosos aviadores.


Fotografía con la inscripción original en alemán y castellano. La traducción del texto en alemán aproximadamente diría: “Los aviadores alemanes aquí enterrados murieron luchando por una España libre”, pueden compararlo con el texto en castellano. FOTO JAZ. (Clic en la imagen para verla ampliada).

A la derecha del panteón se había instalado una tribuna, en la que se encontraban representantes de todos los cuerpos de la guarnición. Una vez llagada la comitiva al panteón, se depositaron los féretros en tierra, entonándose un solemne responso.

Seguidamente el ministro del Aire leyó unas cuartillas, en las que dijo que el recuerdo de aquellos héroes, que tan brillantemente tomaron parte en la Cruzada anticomunista de España, esparán siempre presentes entre nosotros, y terminó dando un viva a Alemania y un ¡Arriba España!.

A continuación el embajador de Alemania leyó también unas cuartillas, diciendo que agradecía emocionado el recuerdo que había dedicado el ministro del Aire a los aviadores alemanes. “Ello- añade- destaca el espíritu de hermandad que existe entre los ejércitos español y alemán. En la gloriosa guerra española, Alemania, con su Legión Cóndor, luchó unida al Ejército Español para combatir e enemigo común, y hoy, en los campos de Rusia, la gloriosa División Azul lucha brillantemente al lado de las tropas alemanas, para arrollar al comunismo, enemigo de Europa de la civilización”. A continuación dedicó un emocionado uerdo a todos los soldados españoles, alemanes, italianos y portugueses que cayeron luchando unidos en la gloriosa Cruzada española, y que su recuerdo vivirá siempre entre nosotros. “Con este póstumo honor -terminó diciendo- a nuestros aviadores el Ayuntamiento de Madrid y los organizadores de este acto han honrado al Ejercito del Reich y al pueblo alemán, y ello será siempre para nosotros un recuerdo inolvidable”.


Otra imagen del entierro de los siete aviadores alemanes. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Una vez terminado el discurso, el embajador depositó una corona sobre la tumba de los aviadores. A continuación depositaron también coronas el general González Gallarza, el representante del embajador de Italia, alcalde, Presidente de la Diputación y el representante del partido nacionalsocialista.

Al dar sepultura a los cuerpos de los aviadores, una batería de Artillería disparó las salvas de ordenanza.Sobre las tumbas echaron paletadas de tierra varios oficiales de Aviación.

Una vez recibida sepultura se interpretaron los himnos aleman y español, que fueron escuchados por todos los asistentes con religioso silencio, brazo en alto. Seguidamente desfiló ante las autoridades la sección del Cuerpo de Aviación, terminándose este solemne acto, que fue conmovedor en extremo”.


Si amplían la fotografía haciendo clic sobre ella podrán observar las lápidas con los datos de cada unote los aviadores enterrados en este lugar. FOTO JAZ. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Los siete aviadores que recibieron sepultura el dos de julio de 1942 en este mausoleo fueron:

HEINZ LIGNITZ de 25 años,
JOSEFF ULLMANN de 24 años,
JOHANN SEITZ de 20 años,
AUGUST HEYER de 26 años,
LEO FALCK de 23 años,
GEORG ÜBELHACK de 27 años,
WALTER BROTZMANN de 24 años.

Los tres primeros fallecerían el 8 de diciembre de1936 en ARENAS DE SAN PEDRO (Ávila). Mientras que los otro cuatro aviadores fallecerían el 26 de julio de 1937. Según vemos en las lápidas, el sargento (UFFZ. Unteroffizier?) August Heyer moriría en Quijorna y los otros tres en El Escorial. Sin embargo en la página de ADAR (Asociación de Aviadores de la República), podemos leer que los cuatro aviadores alemanes formaban la tripulación de un Junker-52, que fue abatido en la noche del 26 de julio de 1937 por un chato pilotado por el ruso Mijail N. Yakushin, de la 1ª Escuadrilla de Chatos.

Fotografía de un acto de homenaje realizado en el cementerio de la Almudena. Si observan encima de la inscripción se encontraba un águila esculpida que ha desaparecido en la actualidad. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Buscando más información sobre este derribo, hemos llegado al trabajo de Mihail Zhirohov sobre los voluntarios soviéticos en la Guerra Civil, recogido en la inigualable página MADRID 1936 (La Defensa de Madrid), una página imprescindible para cualquier aficionado que quiera conocer con detalle todo lo que fue la Guerra Civil en Madrid, y muy especialmente en el sector de la Ciudad Universitaria. En está página encontramos la reseña a Mijail Yakushin, en donde se relata el episodio del derribo del Junker en el que perecerían los aviadores enterrados en La Almudena. Reproducimos a continuación lo más destacado del relato (Para leer el relato completo haga clic aquí):

Voluntarios soviéticos en la Guerra Civil española: Mihail Yakushin
Escrito por Mihail Zhirohov

“La Guerra Civil española de 1936-1939 afectó indudablemente al destino de toda una generación de aviadores soviéticos. Ellos escribieron páginas muy notables en la historia de la guerra aérea más allá de los Pirineos, algunos de ellos en particular. No menos importante en la lista de ases de esta guerra es Mikhail Nesterowich Yakushin -que logró la primera victoria nocturna en la historia de la aviación soviética-.
Mikhail Yakushin nació el 20 de marzo de 1910, cerca de Moscú. Al igual que muchos jóvenes soviéticos en ese momento, decidió convertirse en aviador militar. Después de graduarse en la escuela de formación de pilotos militares, fue asignado al 70º Destacamento Independiente con sede en Bakú. Allí voló aviones Polikarpov I- I6 con motores M -22 y M-25. Como sus colegas recordaban, Yakushin era por naturaleza un hombre comedido que solía expresar sus pensamientos de manera sucinta y clara.


El aviador soviético Mijail Yakusín, que participó en el derribo de dos aviones de la Legión Cóndor tripulados por cuatro de los siete aviadores alemanes enterrados en la Almudena. (Clic en la imagen para verla ampliada).

En la primavera de 1937, el segundo grupo de voluntarios enviados a la guerra de España dejó Bakú. Además de Yakushin, el grupo estaba formado por I. Eremenko, L. Rybkin, I. Trophimov, M. Petrov, S. Shelyganov y I. Karpov; viajaron a través de Francia con pasaporte holandés (aunque no hablaban bien el idioma).

No sin aventuras los aviadores soviéticos llegaron a su destino en mayo de 1937. Al igual que todos los voluntarios en el grupo, Mikhail adoptó un seudónimo bajo el cual fue conocido en España, Carlos Castejón. (Algunas fuentes a menudo declaran otro alias, Rodrigo Mateo. El problema es que los seudónimos son una complicación que hace perder mucho tiempo, sobre todo cuando se investigan las acciones de los voluntarios soviéticos. Los españoles asesores y sus amigos, entre ellos sus amigos españoles, lo llamaron Carlos Castejón y así lo recordaban. Rodrigo Mateo era el alias de Serov).


Un Polikarpov I-15, los populares “Chatos”, como el que pilotaba Yakushin, al que algunos han denominado como “el Halcón nocturno”. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Después de su llegada se organizó, bajo el mando del I. Eremenko, una escuadrilla de aviones I- I6, llamada 1/21. Primero esta unidad realizó tareas defensivas en Cartagena y Alicante, cubriendo los buques y transportes de los ataques aéreos de insurgentes. Durante un período de inactividad forzada en junio de 1937, la mitad del grupo fue enviado al aeródromo de Los Alcázares, donde fue re-equipado con biplanos I-I5. La escuadrilla tomó entonces la nueva denominación 1/26.

La escuadrilla fue operativa dos días después de iniciada la campaña de Brunete, donde la aviación jugó un papel importante. Los insurgentes aumentaron su presencia en las batallas de aire mediante el uso de unidades alemanas e italianas armadas con modernos aviones. Pero los aviadores soviéticos consiguieron un considerable éxito, reclamando numerosos aviones enemigos derribados. El 1 de julio, Yakushin abrió su puntuación reclamando un Fiat CR-32 italiano destruido. Ese día se encargó a la escuadrilla un vuelo de reconocimiento de todas las carreteras enemigas que llegaban a Madrid desde el oeste. Por la mañana, comenzaron los vuelos previstos, sin embargo, en principio no se consiguieron resultados.


Los dos aparatos protagonistas de esta historia, el Polikarpov I-15 y el Junker JU-52, continuaron prestando servicio durante muchos años en el Ejercito del Aire español una vez finalizada la guerra. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Un día cerca de anochecer, el mando decidió realizar el último vuelo del día por el conjunto de la escuadrilla. Doce aeronaves habían despegado desde la carretera que llevaba a Ávila. A unos 30-40 kilómetros de la línea del frente, sobre la región de Toledo, se encontraron con un número igual de CR-32 ¡y la batalla comenzó!
La escuadrilla obtuvo seis victorias sin ninguna pérdida, aunque ninguno de los pilotos soviéticos pudo reclamar dos de los Fiat derribados por la confusión de una pelea realizada a cara de perro. (Shingarev escribió que el comisario de pilotos voluntarios soviéticos, Felipe Agal'tsov, los visitó en la tarde del 30 de junio -su alias en España fue coronel Martín-. Shingarev menciona la fecha de aquel combate como el 1 de julio de 1937, y que era su primer combate sobre Toledo -fueron atacados por un grupo de CR-32 Fiat. Juntos, Eremenko y Kuznetsov derribaron tres Fiat y vieron a Yakushin derribar otro).

La tarea básica de la escuadrilla en esta etapa era proteger la capital, por lo que establecieron su base en el aeródromo de Campo Soto. Con esa asignación, Yakushin obtuvo las victorias siguientes: el 6 de julio de 1937, junto con Serov, derribaron un Fiat italiano CR-32 sobre la región de Brunete. Y durante los dos días siguientes de la operación los pilotos soviéticos derribaron otros dos aviones. Singarev hace la siguiente descripción de la batalla aérea que tuvo lugar al día siguiente (07 de julio de 1937) cuando obtuvo Yakushin su siguiente victoria. En la mañana temprano, Yeryomenko recibió la orden de volar hacia la ciudad de Madrid para unirse con la escuadrilla de Lakeyev en el aire. La escuadrilla de Aleksandr Minayev, mientras tanto, estaba volando sobre la línea del frente. La defensa antiaérea abrió fuego sobre los combatientes republicanos situados sobre la estación de ferrocarril de Delicias. Un Fiat CR-32 apareció del lado del puente de la Princesa. Empezó una pelea a cara de perro sobre la estación de Delicias, el puente de Andalucía, y la fabrica de Tabaco. Un grupo de Ju-52 y Do-17 apareció por el lado occidental. La escuadrilla de Minayev voló para interceptar a los bombarderos, pero los Fiat atacaron a los I-l5 y los dispersaron. José Redondo, el piloto español de uno de los I-15, fue herido; Rybkin lo protegía, pero ambos fueron forzados a pelear contra nueve Fiat. Un Fiat colisionó con otro y se prendió fuego. Rybkin y Redondo se juntaron con Petrov y Karpov, que habían acudido a ayudar. En ese momento, Yakushin, Eremenko y Serov atacaron al grupo principal de Fiat desde arriba. Un Fiat fue derribado y el piloto capturado. Los pilotos de I-15 e I-16 habían visto cuatro Bf-109, pero no atacaron a los combatientes republicanos. El I-15 del austriaco Korrows Walter fue atacado por un Fiat y fue derribado; inmediatamente el I-15 de Yakushin atacó ese Fiat y lo destruyó en el aire. Al comentar esta batalla, el investigador de la guerra civil española Víctor Turón, de Barcelona, afirma que la unidad Fiat involucrada en esta lucha fue el Gruppo 23, italiano, dirigido por el Mayor Zotti; ellos reclamaron tres I-15 y tres I-16 por la pérdida de dos Fiat: Gino Passeri (muerto) y Alfonso Mattel (lanzado en paracaídas).


Un grupo de curiosos observa un aparato de la aviación franquista derribado. (Clic en la imagen para verla ampliada).

La actividad de la aviación republicana obligó a los insurgentes a realizar acciones nocturnas. Empleando tácticas básicas, comenzaron a bombardear los aeródromos y las posiciones republicanas con aviones monoplazas. No se hizo nada como respuesta a estos ataques excepto tomar medidas de defensa pasiva, tales como el enmascaramiento y el oscurecimiento. Incluso la sugerencia de los aviadores soviéticos de utilizar a sus combatientes en la noche no fue apoyada al principio. Sólo después de una conferencia en el Cuartel General con el coronel español Vicente Rojo se autorizaron las actuaciones nocturnas. Tenía que ser a la vuelta y, al fin, ¡así fue! Un vuelo de patrulla de cazas nocturnos dirigido por Victor Kuznetsov (los pilotos eran Yakushin, Serov, Rybkin y Sorokin) que había sido formado por la escuadrilla Eremenko en el aeródromo de Alcalá de Henares para el inicio de la operación Brunete.

El aeródromo fue bombardeado por un Ju-52 en la noche del 14 de julio de 1937. El avión de Serov fue dañado mientras aterrizaba y el piloto resultó levemente herido en la cabeza. El 15 de julio, un Ju-52 de nuevo bombardeó el aeródromo; Rybkin trató de despegar e interceptarlo, pero no pudo arrancar el motor. Ningún avión sufrió daños.


Militares republicanos observan el motor de un avión alemán abatido, en el que podemos distinguir la marca BMW. Observen también el tamaño del pistolón que porta el soldado. (Clic en la imagen para verla ampliada).

En la noche del 18 de julio, un I-I5 (pilotado por Yakushin) se encontró con un bombardero Ju-52 y trató de interceptarlo. El Ju-52 abrió fuego y dañó ligeramente al I-I5, que aterrizó con éxito.

En la mañana del 18 de julio, Kuznetsov y Sorokin marcharon a la URSS.
Las operaciones nocturnas no fueron fáciles porque los aeropuertos no tenían la infraestructura necesaria, como faros, reflectores, etc. Se usaron los faros de los coches y hogueras encendidas en la pista, que el personal de tierra cubría a la primera señal de la presencia del enemigo. El entrenamiento comenzó en Alcalá de Henares, que era el campo de aviación más adecuado. Allí se convirtió el Chato de Yakushin en el líder de vuelo nocturno. (Algunas fuentes mencionan a Serov como líder).


De izquierda a Derecha: el piloto de Katiuska conocido como la “Bruja Pirulí”, Mijail Yakushin, el piloto de “chatos” Juan Larios y el mecánico de Yakushin, José Alares, posan ante un JU-52. Fotografía Revista Aeroplano. (Clic en la imagen para verla ampliada).

El experimento se puso en práctica el 25 de julio. Yakushin empezó su patrulla a 3.000 metros de altitud, seguido de Serov a 2.600m. Yakushin avistó un avión de tres motores rumbo a Madrid. Acercándose desde el este, le atacó con sus cuatro ametralladoras casi a quemarropa, a unos 40 metros y agotando su munición. Las balas dieron en el blanco, pero el avión no cayó –tan solo alteró el curso y disminuyó la velocidad-. De vuelta en tierra, un decepcionado Yakushin discutió el resultado negativo con Serov. Decidieron que si querían incendiar el Junkers tendrían que concentrar su fuego sobre el tanque de combustible ubicado en el cruce del ala derecha con el fuselaje.

En la noche del 25-26 de julio de 1937, cuando se informó desde las líneas republicanas de bombardeos enemigos sobre el área de El Escorial, partieron hacía el frente y lo sobrevolaron de noche por primera vez. Ayudados por el resplandor de los fuegos encontraron la zona de patrulla. Esta vez la suerte acompañó a Yakushin y pronto vio un bombardero enemigo. Girando 180 grados se acercó desde el este y a su misma altura, hacia el estribor del enemigo. Acercándose lo más que pudo abrió fuego y al instante apareció la llama a lo largo de fuselaje del Junker, (era la 1:42AM). El artillero enemigo trató de impedir el ataque, pero Yakushin continuó disparando, siguiendo a la nave hacia abajo hasta que aterrizó junto al Escorial en la carretera de Robledo de Chavela. Cuatro hombres de la tripulación del Ju-52 murieron en el aire, el quinto herido fue tomado prisionero. La tripulación (todos de 3K/88 y volando Ju-52 22+ 76) era la siguiente: Teniente Leo Falk, Fieldwebel (sargento) George Ubelhack, Unteroffizier (oficiales no comisionados) Friz Berndt, Walter Brotzmann y Heinz Bottcher, que fue capturado.

Smirnov establece la fecha de esa acción el 27 de julio; quizás el vuelo comenzó antes de la medianoche. Chingarev fija la fecha antes de la medianoche. Esta confusión aparece a menudo con las fechas de los vuelos nocturnos, ya que la fecha del calendario que se notifica no es consistente. Esta fue la primera victoria nocturna republicana durante la guerra civil española.


Mijail Yakushin (I) y su mecánico José Alares, posan ante la estela en recuerdo de los aviadores fallecidos que estaba ubicada en el lugar donde cayó el JU-52 abatido por el piloto soviético. Fotografía Revista Aeroplano. (Clic en la imagen para verla ampliada).

A la noche siguiente, Serov destruyó un Ju-52 desde IK/88, con un muerto (August Heyer) y cuatro prisioneros (Johannes Remling, Rolf Pirner, Walter Schellhorn and Bruno Thielebein).

En cuanto al derribo de esos dos bombarderos alemanes por Yakushin y Serov, un libro reciente publicado por Patrick Laureau y Juan Arraez Cerda aporta alguna información nueva. Han tenido acceso a las listas de tripulantes alemanes enviados a España en 1936-1939 y han confirmado que dos bombarderos fueron destruidos: hubo un superviviente del primero y cuatro del segundo, con un total de 5 muertos y 5 capturados. Esto confundió a los historiadores durante muchos años porque las listas de Alemania publicó anteriormente contenía sólo los nombres de los muertos, y muchos autores creían que sólo un bombardero alemán había sido derribado. Ahora está claro que Yakushin y Serov derribaron dos Ju-52 en dos noches consecutivas y casi sobre la misma área.

En la madrugada del 27 de julio, Ptukhin y el personal de tierra encontraron los restos del Ju-52 tiroteado por Yakushin. Recogieron los mapas y los registros de vuelo de sus pilotos muertos, y se pudo establecer que el Ju-52 había formado parte de un escuadrón de bombardeo con base en el aeródromo de Avila que tenía el "Dragón Negro" como emblema en el fuselaje y en la aleta. Por estas patrullas nocturnas, el gobierno republicano premió a Mikhail Yakushin y Anatoli Serov con relojes de oro y coches personales, también fueron galardonados con la orden de Red Bunner por el gobierno soviético.


Mapas y documentación encontrada en los restos de un avión alemán derribado. (Clic en la imagen para verla ampliada).

Estas primeras victorias elevaron el espíritu de todos los pilotos, y no sólo en el frente central, otras áreas comenzaron a organizar grupos de I-15 para caza nocturna. El negocio continuó.” (Para leer el relato completo haga clic aquí).

Como hemos podido comprobar en el relato anterior, realmente se trató de dos aviones los derribados, y no uno como sostiene la versión de ADAR citada anteriormente. Esta versión también coincide en que hubo dos derribos, uno en El Escorial, mientras que el otro si nos hacemos caso de las lápidas, se produciría sobre Quijorna. Sin embargo lo que no nos coinciden son las fechas, ya que el relato sostiene que los derribos se produjeron en noches consecutivas, mientras que en las lápidas las fechas si que coinciden, tal vez el primer derribo se produjo en la madrugada del 27, es decir en una hora sin luz a.m o “ante merídiem”, mientras que el segundo lo sería en horario p.m. o “post merídiem”, con lo cual las fechas coincidirían como reflejan las lápidas y encajaría también en lo que sostiene el relato de Zhirohov.

Como casi siempre en temas relacionados de la Guerra Civil, un tema enlaza con otro, y este con otro nuevo, y seguramente si continuáramos profundizando llegaríamos a otros nuevos temas enlazados con estos, e inevitablemente surgirían nuevas interrogantes. En nuestro caso partiendo de la noticia de la retirada de la placa del cementerio de La Almudena, hemos conocido un poco más tanto de la historia de este mausoleo y de su inauguración, como de las personas que fueron sepultadas en este lugar. También sabemos ahora quien fue el piloto que derribo los aviones en los que volaban algunos de ellos y las circunstancias del combate, conociendo así mismo el hecho de que el derribo de uno de estos aparatos de la Legión Cóndor constituyó la primera victoria nocturna de la aviación republicana.

Se nos quedan preguntas en el aire, como cuales fueron las circunstancias en las que fallecieron los otros tres aviadores en Arenas de San Pedro, o la razón que llevó a las autoridades alemanas a enterrar a estos aviadores en España, en vez de repatriarlos a su país, o bien saber quien era la otra persona que pidió ser enterrada junto a estos aviadores ya en 1967. Y podríamos seguir planteando muchas más interrogantes que esperamos poder responder en una próxima crónica.

Florentino Areneros.


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viernes, 29 de junio de 2012

PALAMÓS, MADRID Y LONDRES


Al igual que Madrid durante la Guerra Civil, Londres sufriría intensos bombardeos durante la II Guerra Mundial. En ambas ciudades podemos encontrar señales de aquellos acontecimientos, como en esta fachada del Victoria & Albert Mueum londinense. FOTO JAZ. (Haga clic en cualquiera de la imágenes para verlas ampliadas, al final de la crónica pueden encontrar un especial fotográfico de la presencia de la tauromaquia y de España en la capital británica).

PALAMÓS, MADRID Y LONDRES

Nuestra anterior crónica de título “EL MISTERIO DEL CLAUSTRO DE PALAMÓS” estaba dedicada al “redescubrimiento” de un claustro románico en una exclusiva finca de Palamós (Gerona). En aquel artículo conocíamos un poco de la larga y misteriosa historia de aquel claustro, del que a día de hoy todavía no se conoce su origen. También veíamos en aquella crónica como parte del conjunto había desaparecido, así como que bastantes de los elementos que componen el conjunto presentaban un notable y preocupante deterioro, en muchos casos irreversible, causado seguramente por una combinación de diversos factores como el agua del riego, lo salobre del ambiente, la humedad, el intenso viento, etc. Tras escribir aquella crónica no conocemos todavía ningún medio que se haya hecho eco de estas desapariciones y este notable deterioro, confiemos en que esta advertencia no caiga en saco roto.




Algunos de los elementos del claustro románico de Palamós han desaparecido y otros han sufrido un notable deterioro, en algunos casos irreversible, durante los últimos 50 años. La poca importancia o la dejación respecto a los elementos patrimoniales comunes en determinados momentos, puede provocar pérdidas irrecuperables en el futuro. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

En aquella crónica, también conocíamos de la existencia de varios personajes que desempeñaban un papel principal en toda la historia: el norteamericano Arthur Byne, un arquitecto que ejercía de marchante de arte en España, y el anticuario zamorano Ignacio Martinez, que hacía labores de testaferro del primero. Byne tenía una excelente relación comercial con el magnate norteamericano Randolph Hearst al que había vendido un buen número de obras de arte y elementos patrimoniales españoles, incluyendo algún monasterio que serían trasladados a los Estados Unidos piedra a piedra.

La iglesia románica de Fuentidueña (Segovia) seria desmontada piedra a piedra, previamente numeradas, y trasladada a los Estados Unidos donde se puede contemplar en la actualidad. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Pero el caso de Byne y Hearst no es un ejemplo suelto, durante el comienzo del pasado siglo, pero sobre todo durante el siglo XIX, lo que podríamos denominar expolio artístico y patrimonial amparado en un nebuloso entramado legal (las leyes las hacían las potencias coloniales), era política común tanto a nivel de estados, como de particulares. Si visitamos los principales museos de las antiguas potencias coloniales o económicas de ese periodo (Reino Unido, Francia, Alemania o Estados Unidos, entre otras) podemos contemplar innumerables objetos, e incluso edificios completos o elementos arquitectónicos de gran tamaño, que han sido sacados de su lugar de origen para ser mostrados en algún museo de un lejano país, o como ornamento de alguna plaza o conjunto. En una visita al Louvre de París podemos encontrar objetos de incalculable valor procedentes de los más diversos lugares, épocas y culturas, o incluso contemplar en sus calles algún obelisco egipcio. Nos pasaría lo mismo en otras capitales y en sus museos, o incluso en las residencias de personajes acaudalados como las del propio Hearst. Pero de entre todas las naciones seguramente la palma se la lleve el Reino Unido, la mayor potencia militar y económica de ese periodo, y su capital Londres.

Durante el siglo XIX era política común de las potencias coloniales europeas el acaparar elementos patrimoniales de sus posesiones en la metrópoli. Un ejemplo lo tenemos en este obelisco egipcio de Luxor, que podemos contemplar en la Plaza de la Concordia de Paris. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Durante décadas los súbditos de su Graciosa Majestad pusieron un gran empeño en recolectar las más variadas piezas de los más diversos lugares, de tal manera que en la actualidad podemos encontrar en la ciudad del Támesis objetos de prácticamente la mayoría de culturas que en el mundo han existido a lo largo de todas las épocas. Si visItamos los diferentes museos de la capital británica, en muchos de ellos podremos contemplar esos objetos de todas las partes del planeta, desde muy pequeños hasta gigantescas partes de edificios, pasando por joyas, pinturas, esculturas, libros, etc,etc,… Y si hay un museo entre todos que destaque por este concepto ese el British Museum, en donde podemos encontrar un auténtico catalogo de piezas excepcionales, por su valor tanto artístico o histórico, así como sentimental, destacando quizá entre todos ellos los frisos del Partenón de Atenas, largamente reclamados por las autoridades griegas pero sin obtener ningún resultado. Durante mucho tiempo los británicos han sido considerados como auténticos piratas, los más aplicados de todos, y seguramente no le falte parte de razón a esa afirmación, pero como decíamos anteriormente, la potencia que esté libre de pecado de expolio que tire la primera piedra.

El Museo Británico de Londres atesora un buen número de elementos patrimoniales trasladados desde los lugares más diversos del mundo. Seguramente los más simbólicos de todos ellos sean los frisos del Partenón de Atenas, que se exhiben en una sala de este museo. FOTO JAZ. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Pero si el British Museum es un museo con objetos procedentes de un expolio institucional, es decir, realizado con la garantía del estado, en Londres encontramos otro museo pero este hecho poquito a poco, tacita a tacita, con objetos por lo general de menor entidad que los del British, pero con un enorme valor también. Este museo responde más a lo que pudiéramos considerar como la obra de un coleccionista, a la que se fueron uniendo otras colecciones y objetos, hasta llegar a reunir un impresionante conjunto de piezas de los más diversos orígenes y procedencias. Paseando por sus salas y viendo sus colecciones se intuye detrás la mano de muchos marchantes como nuestro Arthur Byne, el principal proveedor de Hearst, personajes anónimos que se movían en la sombra, prácticamente en un ambiente de semiclandestinidad apoyados por otros personajes que les hacían de testaferros y colaboradores, como el enigmático Ignacio Martínez. Seguramente debieron existir centenares de personas como Byne y Martínez por todo el mundo, que aprovechándose de la ignorancia, así como de la avaricia de algunas personas, sin olvidar en muchos casos la connivencia de las autoridades seguramente a cambio de alguna jugosa recompensa, conseguirían hacerse con innumerables piezas, que como el claustro de Palamós acabarían en manos de particulares.

Otro de los museos londinenses donde podemos contemplar piezas de las más diversas procedencias, es el Victoria & Albert Museum. En sus colecciones encontramos objetos de todas las épocas y localizaciones a lo largo de todo el mundo. FOTO JAZ. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Nos estamos refiriendo al Victoria & Albert Museum(The Victoria and Albert Museum, National Museum of Art and Design), denominado así en honor a la reina Victoria y su esposo Alberto, una institución creada en 1852 y que es en la actualidad el mayor museo del mundo relacionado con las artes decorativas. Posee este museo un conjunto excepcional de colecciones que atesoran un total más de cuatro millones de piezas procedentes de todo el mundo, entre ellas muchas que tienen su origen en España. El museo se ubica en un edificio de enormes dimensiones (algo común en Londres, donde parece que la arquitectura de la ciudad está pensada para reflejar la grandeza del Imperio de la que era capital) de estilo victoriano. Y es en una de las fachadas de este impresionante edificio donde visitando el lugar hace unos meses nos fijamos en una serie de impactos causados por alguno de los intensos bombardeos de la aviación alemana que sufrió la ciudad durante la II Guerra Mundial. Como no podía ser de otra forma, inmediatamente nos vino a la cabeza la cantidad de lugares similares que podemos encontrar en Madrid, y otra serie de similitudes que podemos establecer entre ambas ciudades en cuanto a las consecuencias de la guerra que las dos tuvieron que padecer con unos pocos meses de distancia.

Uno de los lugares de Londres donde se pueden contemplar los efectos de los bombardeos sobre la ciudad durante la IIGM es el Victoria & Albert Museum, estas señales no solo no se han restaurado, si no que se mantienen y se explican, como elementos que forman parte de la Historia de la ciudad. FOTO JAZ. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Madrid sería la primera gran ciudad en todo el mundo que sufriría los efectos de los bombardeos aéreos indiscriminados, una nueva táctica que tiene la finalidad principal de quebrantar la moral de la población en la retaguardia y debilitando de esa forma la voluntad de resistencia. A finales de octubre de 1936 comenzarán los bombardeos sobre Madrid, una ciudad indefensa ante este tipo de ataques hasta la llegada de los primeros cazas soviéticos en noviembre. Los efectos de los bombardeos, que no buscan ningún objetivo militar, van a ser demoledores sobre la ciudad, provocando a su vez un elevado número de victimas entre la población civil.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

La tragedia y la destrucción van a hermanar a estas dos ciudades, y las escenas vividas en Madrid se repetirían de nuevo en la capital británica. De la vida bajo las bombas en ambas ciudades se conservan numerosas fotografías, por las que podemos comprobar que la destrucción y la barbarie no entienden de fronteras. Sin embargo como podemos apreciar en las fotografías de la fachada del Victoria & Albert Museum, en el Reino Unido las huellas que quedaron de aquel conflicto no solamente se conservan, si no que se muestran y explican como parte de la Historia del país, en España y concretamente en Madrid, por el contrario de entre los numerosos ejemplos que podemos encontrar a lo largo de la ciudad, ninguno de ellos está señalado como tal, incluso muchos de ellos han sido borrados o disimulados.

Un ejemplo palpable de esto que les decimos es el caso del Cabinet War Rooms, un museo en pleno centro de Londres frente a St. James Park. Este museo, que forma parte del Imperial War Museum, se encuentra ubicado en las mismas estancias desde las que Winston Churchill y sus colaboradores dirigían los destinos de la nación y el desarrollo de la guerra mientras Londres era bombardeado. Se trata de un refugio subterráneo habilitado como puesto de mando, que en la actualidad está acondicionado como lo estuvo durante la guerra, recibiendo centenares de visitas al día de personas deseosas de conocer parte de la historia de la ciudad.

En pleno centro de Londres, en Horse Guard Road, muy cercano al parlamento, se conserva lo que fue el refugio subterráneo desde donde el gobierno británico dirigía a la nación durante los bombardeos, “The Churchill War Rooms”. En la actualidad se conservan estas instalaciones perfectamente acondicionadas y que pueden ser visitadas formando parte del Imperial War Museum. FOTO JAZ. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

En Madrid tenemos una instalación equivalente en el incomparable marco del parque de El Capricho, donde se encontraba el puesto de mando, o cuartel general, del Ejercito del Centro, lo que se conoce popularmente como el Bunker del general Miaja. El palacio del Capricho fue el lugar elegido para ubicar este puesto de mando, y en los jardines se construyó un espectacular bunker subterráneo desde donde poder dirigir las operaciones en el caso de que fueran atacados. Este refugio se construyo con las mayores medidas de seguridad de la época, incluyendo defensas para la guerra química (duchas, puertas de submarino herméticas, aireadores,...), y estuvo prestando servicio desde su construcción hasta el final de la contienda, siendo uno de los lugares clave en los sucesos que tuvieron lugar en Madrid tras el golpe del coronel Casado.

El general Miaja, máximo responsable de la Defensa de Madrid durante un periodo de la Guerra Civil, posa en las escaleras del palacio de El Capricho, donde estaba ubicado su cuartel general, que contaba con un bunker de grandes dimensiones especialmente preparado para evitar los bombardeos aéreos enemigos. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Pero contrariamente a lo que ocurre en la capital británica, esta instalación esta prácticamente abandonada, cerrada a cal y canto y sin poder ser visitada, salvo en ocasiones excepcionales. El inexorable paso del tiempo, las humedades y otros agentes, unido todo ello a la falta de mantenimiento, van degradando poco a poco este espacio histórico, llevando a algunos de sus elementos a un deterioro en algunos casos irreversible. En un espacio como El Capricho, que recibe centenares de visitas, el refugio podría ser una atracción más de este lugar privilegiado, seguramente serían muchas las personas que estarían encantadas de poder visitarlo, acondicionar el lugar para convertirlo en un espacio divulgativo, al igual que se ha hecho en Londres, sería un gran acierto por parte de las autoridades que gestionan este parque y el éxito estaría asegurado.

Fotografía en la que vemos la fachada principal del palacio de El Capricho y junto a el mismo la entrada al bunker que se construyo para albergar al estado mayor del ejercito del centro republicano. FOTO JAZ. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).
En la actualidad el bunker subterraneo de El Capricho se encuentra en un estado de semiabandono y presenta un lamentable deterioro que puede acabar siendo irreversible si no se adopta ninguna medida. Este refugio se podría acondicionar constituyendo un atractivo turístico más de este emblemático rincón madrileño. FOTO JAZ. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Aunque en la actualidad el tratamiento que se da al recuerdo de la guerra es diferente en ambos países, las similitudes durante las guerras que asolaron a las dos ciudades son evidentes, la destrucción, los bombardeos, el dolor, la muerte, la lucha por la supervivencia fueron similares en ambas, como podemos comprobar observando fotografías de las dos ciudades en esos periodos:

MADRID
LONDRES

MADRID

LONDRES

MADRID

LONDRES

Tanto en el Reino Unido como en Francia, por citar algunos ejemplos, los restos arquitectónicos y patrimoniales asociados a la II Guerra Mundial, son conservados y protegidos, asegurando su preservación para las futuras generaciones. Sin embargo en España no existe una voluntad firme de conservarlos, y son muchos los casos que conocemos en los que partes importantes de ese patrimonio de todos han desaparecido para siempre, y en otros casos se encuentran abandonados a su suerte, sin ningún tipo de protección o ni si quiera catalogación, y si no se pone remedio acabarán desapareciendo de manera irremediable.

Fotografía en la que observamos dos fortines de la Guerra Civil que se conservan en la madrileña Casa de Campo, junto a la Puerta del Dante. Cercano a ellos se encontraba otro fortín ya desaparecido, al igual que otros muchos a lo largo de la geografía madrileña o española. Sería necesario algún tipo de actuación que evitara más pérdidas irreversibles de este patrimonio común. FOTO JAZ. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

El misterioso claustro de Palamós, o los numerosos ejemplos del patrimonio español repartido por todo el mundo, como hemos visto en el caso de Hearst o el Victoria Albert Museum, nos hacen ver la importancia de la conservación del patrimonio histórico de todos. En su momento alguien no dio valor a aquellas piedras, o aquellas ruinas, o a aquella talla antigua y estropeada, y hoy, cuando nos damos cuenta de su verdadero valor ya es demasiado tarde para recuperarlo. Confiemos en que no ocurra lo mismo con los restos de la Guerra Civil que todavía se conservan, y que como mínimo se promulgue una figura legal a nivel nacional, que aglutine y proteja a todo este legado.

Florentino Areneros.

ESPECIAL TAUROMAQUIA Y
PRESENCIA ESPAÑOLA EN LONDRES.


TODAS LAS FOTOGRAFÍAS DE ESTE ESPECIAL FUERON TOMADAS EN LONDRES EN JUNIO DEL PASADO AÑO POR NUESTRO REPORTERO DE CABECERA FOTO JAZ. HAGA CLIC EN CUALQUIERA DE LAS MISMAS PARA VERLA AMPLIADA.

En el londinense Hyde Park encontramos el Albert Memorial, un monumento erigido en memoria del esposo de su graciosa majestad la Reina Victoria, en el mismo diferentes grupos escultóricos representan a los diferentes continentes, y en el de Europa se ha elegido como figura central a este imponente morlaco, algún día hablaremos de ello. ¡¡¡Que arte tienen estos británicos!!!.

Dos imágenes la mítica tienda de libros de viajes y mapa Stanfords, fundada en 1853, en Long Acre en el barrio de Covent Garden londinense. En el escaparate distinguimos al inconfundible toro del Guernica de Picasso y junto al mismo la inconfundible silueta del Toro de Osborne.

En la mismísima Regent Street, a dos pasos de Piccadilly Circus, nos encontramos con este bar (bueno un híbrido entre un burger y una tasca) presidido por una imponente foto de morlacos en la dehesa.

En el centro comercial de Westfield encontramos otro auténtico monumento gastronómico que hace saltar las lagrimas a cualquier nativo hispano ante la visión de ese muestrario de jamones, después de padecer una semana a base de fish and chips, o purrusaldas similares. El nombre lo dice todo “TAPAS REVOLUTION”.

En Great Newport Street vemos ondear banderas españolas, lo que no consiguió la Armada Invencible lo han conseguido las tapas.

Aunque los yayoflautas comienzan a actuar en España, en Londres ya llevan más de un año de acción, como podemos ver en estas instantáneas tomadas frente al parlamento de Westminster hace ahora un año.

Terminamos con una imagen de la sede de las denostadas cajas de ahorros españolas, que pese a todo tienen sede en Londres, ni más ni menos que en la misma Plaza de Waterloo. En esta impresionante instantánea, vemos un automóvil con una carpetovetónica y retadora matrícula “QUE 1”, al que un guardia urbano le esta poniendo una receta por su atrevimiento al estacionar. No sé si en Londres funcionará el copago con las recetas, pero me temo que esta aumentaría el ya de por sí abultado déficit de las cajas españolas.

Florentino Areneros.


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