miércoles, 12 de junio de 2013

SAN ISIDRO: JULIO DE 1936 (II)



SAN ISIDRO: JULIO DE 1936 (II PARTE)

Por Inés Tremis y Florentino Areneros.

En nuestra crónica anterior de Sol y Moscas(clic aquí para ir a la primera parte de la entrega) narrábamos como tras el golpe militar de julio de 1936 se desataba el caos en la ciudad de Madrid, y como en aquella vorágine varias iglesias acabarían siendo pasto de las llamas, entre ellas la Catedral de San Isidro en la calle de Toledo, que sufriría importantísimos daños, tanto en su estructura, como en el rico patrimonio artístico y religioso que albergaba el templo, el cual se perdería prácticamente en su totalidad. Sin embargo las llamas no acabaron con el tesoro más valioso y mejor guardado de esta Catedral: el cuerpo incorrupto de San Isidro, patrón de Madrid. Las singulares circunstancias que concurrieron en este episodio, hacen que muchos lo consideren como un auténtico milagro.

La catedral sería reconstruida y contemplándola hoy cuesta imaginar que hace menos de 75 años se encontraba totalmente en ruinas. Llama la atención una de las capillas reconstruidas, en la que podemos contemplar un escudo de la Casa Real Británica, una curiosidad con una interesante historia detrás, donde se mezclan religiosos, diplomáticos, banqueros, espías, militares y unos cuantos sobres para sobornar voluntades de algunos salvapatrias.


En el exterior de la iglesia de San Cayetano encontramos una placa donde nos habla de la destrucción del templo y su posterior reconstrucción. FOTO JAZ.

Han pasado más de 75 años de aquellos tristes hechos y cuando ahora entramos en la iglesia nada nos hace sospechar de lo que allí ocurrió aquellos días de julio de 1936. Ni en el exterior ni en el interior del templo hemos encontrado alguna inscripción, placa o similar que lo recuerde, ni siquiera en la placa que el Colegio de Arquitectos coloca en todos los edificios más representativos de Madrid, se recoge que el edificio fue restaurado una vez finalizada la guerra, algo que si que encontramos en otras iglesias de Madrid que corrieron la misma suerte. A poca distancia de San Isidro, encontramos en la calle de Embajadores la iglesia de San Cayetano, otra de las incendiadas el 19 de julio de 1936. A la derecha de la entrada encontramos una placa de azulejos con la siguiente inscripción: «Este templo fue inaugurado en el año MDCCLXI y destruido en el año MCMXXXVI, ha sido reconstruido y abierto nuevamente al culto en VI-VIII-MCMLXII, bendecido por el Exmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de Madrid-Alcalá y Patriarca de las Indias Occidentales, D. Leopoldo Eijo Garay, siendo párroco del mismo el Rvdo. Sr. D. Valeriano. Mateo Gómez, con la ayuda y colaboración del Exmo. Sr. Conde de Mayalde, Alcalde-Presidente del Exmo. Ayuntamiento de Madrid y el Teniente de Alcalde del distrito de Arganzuela-Villaverde, Ilmo. Sr. D. Justo Uslé Trueba». En la misma iglesia de San Cayetano, junto a la imagen del santo que da nombre al templo, encontramos un marco con el siguiente texto: «Esta imagen representa al auténtico San Cayetano que trajeron los Teatinos al construirse este templo en el año 1670, y se veneró hasta su destrucción en 1936. La imagen que se hizo después de la guerra se guarda en la parroquia para la procesión. Uniendo así, en nuestra devoción y afecto, ambas imágenes. Madrid, Octubre de 1986».

En el interior de la iglesia, junto a la imagen de San Cayetano una pequeña placa indica que la original desapareció en el incendio de julio de 1936. FOTO JAZ.

Como decimos no hemos encontrado ninguna reseña, ni en el exterior ni en el interior, de la iglesia de San Isidro que rememore aquellos hechos, aunque tal vez se nos haya pasado. Cuando se accede al templo es difícil pensar que la mayoría de lo que estamos contemplando (retablos, frescos, imágenes, pinturas,…) no tenga más de setenta años de antigüedad, tampoco se perciben a simple vista vestigios de aquel terrible incendio. Sin embargo una mirada atenta si que nos permite apreciar alguno de estos restos. Por ejemplo si accedemos por la puerta lateral de la calle Colegiata, en la base de granito del muro que encontramos a nuestra izquierda, todavía se aprecian las marcas negras que el fuego dejó en la piedra, marcas que podemos encontrar en otros rincones de la iglesia. Hay que fijarse con detenimiento para ver estos sutiles vestigios, y la penumbra en la que normalmente se encuentra la iglesia tampoco ayuda.

En algunos rincones de la Catedral de San Isidro todavía se aprecian las marcas de hollín que dejó el incendio de julio de 1936. FOTO JAZ.

Pero la iglesia guarda una gran sorpresa. Si accedemos por la puerta de Colegiata y giramos a la derecha al llegar al cuerpo central de la iglesia, la primera de las capillas laterales que nos encontramos es la de la Virgen del Carmen. Se trata de una capilla modesta, casi austera, presidida por una imagen de la Virgen del Carmen, flanqueada por dos imágenes de la Milagrosa y de Santa Gema Galgani. La imagen de la Virgen del Carmen se encuentra en el centro de un modesto retablo, pero que esconde una gran curiosidad. En su parte superior nos encontramos con un escudo de armas de gran tamaño, toda una gran sorpresa si tenemos en cuenta que se trata ni más ni menos que del escudo de la Familia Real Británica y del Reino Unido. Inmediatamente nos surgen la inevitable pregunta: ¿Qué pinta el escudo de Su Graciosa y Anglicana Majestad en un templo católico?.

La capilla de la Virgen del Carmen esconde algunas interesantes y curiosas sorpresas. FOTO JAZ.

lunes, 3 de junio de 2013


3 GRANDES FESTEJOS 3
Los aficionados a la guerracivilmaquia residentes en Madrid están de suerte en esta semana que comienza. En estos días va a tener el privilegio de poder asistir a tres sensacionales conferencias donde va a poder ver actuar a algunos de los diestros más destacados de este noble arte.

A SANGRE Y FUEGO


La primera cita es el lunes 3 de junio a las 19:30 horas en el Ateneo de Madrid. En este emblemático e histórico coso tendrá lugar la presentación de una nueva edición de un libro que con el paso de los años se ha convertido en un referente indispensable de la literaruta de la Guerra Civil, nos referimos al “a sangre y fuego” de Manuel Chaves Nogales. En esta nueva edición de la editorial Renacimiento, muy cuidada como todas las de esta editorial andaluza, se recoge la versión completa del manuscrito, acompañada de fotografías e ilustraciones.



En esta presentación, que se adivina apoteósica, intervienen dos de los primeros espadas que más saben y conocen de la figura del escritor y periodista andaluz: Isabel Cintas, Andrés Trapiello. Maria Isabel Cintas lleva años estudiando la vida y obra de Manuel Chaves Nogales y se podría considerar como su biógrafa oficial. Hace años publicó un extraordinario libro biográfico sobre Chaves, fruto del trabajo de muchos años de estudio: “CHAVES NOGALES. El oficio de contar”, por el que obtuvo el Premio Antonio Domínguez Ortiz de biografías en 2011.


Junto a ella interviene Andrés Trapiello, un escritor no necesita presentación, al que los buenos aficionados recuerdan por su obra “las armas y las letras”, seguramente el más completo y documentado trabajo escrito nunca sobre la literatura y la Guerra Civil, que encumbró al autor a uno de los puestos destacados del escalafón. Trapiello ha prologado esta edición, un valor añadido más a esta nueva edición.


Junto a esta aquilatada pareja, que promete un apasionante mano a mano y un no menos apasionante debate, completan el cartel el incansable Juan Manuel Riesgo, uno de los mayores conocedores de todo lo relacionado con la Guerra Civil en sus diferentes aspectos, un auténtico Cossio andante de la guerracivilmaquia. Cierra este excepcional plantel el profesor Pedro García Bilbao, otro de los consagrados en este noble arte, en el que lleva bregando desde hace muchos años.

PRESENTACIÓN FRENTE DE MADRID


Otro De los acontecimientos que los buenos aficionados no deberían perderse bajo ningún concepto, es la presentación del número 23 de la prestigiosa revista Frente de Madrid editada por Gefrema, una publicación que con el paso del tiempo se ha convertido en un referente insustituible para los aficionados a la historia de la Guerra Civil en Madrid. En esta ocasión se presenta un número especial con el que se inicia una serie que bajo el título “los Barrios de Madrid en Guerra”  se centrará en la Historia y vicisitudes de la guerra en los diferentes barrios de Madrid, en esta ocasión estará dedicada al  Barrio del Lucero. En la revista podemos encontrar diversos artículos que nos hablan de la guerra en el barrio, tanto en sus aspectos militares como sociales, y en sus páginas podemos encontrar también el testimonio de algunos vecinos del barrio, testigos de aquellos convulsos días.


martes, 14 de mayo de 2013

SAN ISIDRO: JULIO DE 1936 (I)


Tras el golpe militar de julio de 1936 que desencadenaría la Guerra Civil, numerosas iglesias y edificios religiosos serían atacados por grupos de incontrolados. Algunos sería incendiados y destruidos, como fue el caso de la Catedral de San Isidro en la calle Toledo que vemos en esta imagen tomada el día 19 o 20 de julio de 1936. Fotografía: portal Pares del Ministerio de Cultura. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

SAN ISIDRO: JULIO DE 1936 (I)

Por Inés Tremis y Florentino Areneros

El domingo 19 de julio de 1936 el caos se apoderaba de Madrid. La ciudad es un hervidero de gente y la confusión es absoluta. Las noticias y los rumores se entremezclan y transforman constantemente, generando en ocasiones combinaciones explosivas. Son muy pocos, por no decir ninguno, quienes saben lo que realmente está sucediendo, nadie controla la situación. Lo único claro es que ha habido un golpe militar que ha tenido éxito en algunas zonas de España, en Madrid varios cuarteles con sus dotaciones se han unido a los golpistas, desde el norte fuerzas al mando del general Mola se dirigen hacia la capital. El gobierno (sería más acertado decir los gobiernos ya que se han sucedido varios en pocas horas) desbordado por los acontecimientos se ve incapaz de controlar la situación con los pocos medios de que dispone y decide finalmente repartir armas entre la población. Muchos civiles se preparan para la lucha y comienzan a organizarse. Las fuerzas del orden y militares que permanecen leales al gobierno son destinados en su mayoría a neutralizar y enfrentarse a los sublevados, mientras que grupos de civiles armados toman el control de las calles. En medio de tanta confusión, muchos comienzan a aplicar su “justicia”. La tensión, el odio y la rabia, acumulados durante tanto tiempo se desbordan, noticias y rumores que llegan de todos los lados avivan todavía más estos sentimientos. La Iglesia, a la que muchos sitúan al lado de los golpistas, será uno de los principales objetivos de estos grupos de incontrolados. Muchos templos y edificios propiedad de la Iglesia serán destruidos en ese día, entre ellos la catedral de San Isidro en la calle Toledo que será devorada por las llamas. Reconstruido tras la guerra, en el templo todavía podemos contemplar algunas curiosidades relacionadas con aquellos días que recordaremos en esta crónica, como la presencia de un escudo de la familia real británica que preside una de las capillas, o la milagrosa aparición del cuerpo incorrupto del Santo que no fue afectado por las llamas.

La Iglesia española no gozaba de muchas simpatías en amplios sectores sociales. Acusada de apoyar y promover la sublevación militar de 1936, tanto la institución como sus miembros serían perseguidos tras producirse el golpe. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Durante el Siglo XIX van a ser muchas las voces que señalen a la Iglesia española como uno de los estamentos responsables del inmovilismo y atraso secular que sufre España. Desde el regreso de Fernando VII hasta final del siglo, la Iglesia ejerce un gran protagonismo en los ámbitos político, económico y social. Durante este periodo muchos políticos, pensadores, artistas, etc... van a acusar al estamento eclesiástico de apoyar, cuando no dirigir desde la sombra, a las opciones políticas más conservadoras, oponiéndose a la vez a todo lo que pueda suponer cualquier cambio o evolución. Este posicionamiento al lado de una oligarquía en el poder, ajena a los cambios que se están produciendo en el resto de Europa, va a granjear a la Iglesia la animadversión de gran parte de la sociedad española, incluyendo a las clases más pobres y desfavorecidas, que ven como la Iglesia apuntala un sistema que les condena a la pobreza.

En esta situación tanto la Iglesia como los sacerdotes van a ser objetivo de las iras populares en diferentes momentos a lo largo del siglo. En una crónica de Sol y Moscas titulada “la matanza de frailes” ya narramos un trágico episodio ocurrido también en el mes de julio, concretamente el día 17 pero de 1834, y casualmente también en la catedral de San Isidro, donde varios frailes serían asesinados tras ser asaltado el templo por una enfurecida riada humana (haga clic sobre este texto para ir a la crónica).

Prácticamente un siglo antes, en julio de 1834, la iglesia de San Isidro también sería atacada violentamente por grupos de incontrolados que asesinarían a varios curas. Tras declararse una epidemia de cólera en la ciudad, los frailes serían acusados de haber envenenado las aguas, episodio que ya tratamos en una crónica de Sol Y Moscas (haga clic sobre este texto para ir a la crónica). (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

En el Siglo XX la situación permanece prácticamente igual, y la Iglesia continúa ejerciendo una enorme influencia a todos los niveles. Los nuevos movimientos sociales y los diferentes grupos que piden una regeneración del país, siguen señalando a la Iglesia como un estamento opuesto a los cambios que persiguen, la brecha entre ellos y el estamento religioso sigue creciendo. Así, a pocos días de proclamarse la II República en mayo de 1931, una serie de disturbios en Madrid desembocan en el incendio de varios edificios religiosos, episodio al que dedicamos una crónica de título “la quema de conventos” (haga clic sobre este texto para ir a la crónica). Desde ese momento la hostilidad hacia Iglesia por parte de diferentes colectivos será una constante hasta el golpe militar de julio de 1936 que provocaría la Guerra Civil. A partir de ese momento se va a desencadenar una violenta persecución religiosa. Muchos templos y edificios religiosos serían destruidos durante la contienda, incluyendo en la mayoría de los casos el rico patrimonio cultural y artístico que en ellos se atesoraba, pero sin ninguna duda la principal e injustificable pérdida fue la muerte violenta de miles de religiosos, un eslabón más en la cadena de brutalidades que se sucedieron en ambas retaguardias durante toda la guerra, que tendrían continuidad una vez finalizada la contienda con la no menos injustificable muerte de miles de personas del bando derrotado. Una trágica enseñanza, que después de tanto tiempo transcurrido debería invitar a una serena reflexión.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

Pero volvamos al 19 de Julio de 1936. Como comentábamos en la introducción de esta crónica la situación era caótica en las calles de la ciudad de Madrid, grupos de incontrolados comenzaban a hacerse dueños de las calles. Seguramente una de los mejores libros escritos sobre la Guerra Civil sea “La Llama” de Arturo Barea, tercera parte de la trilogía publicada bajo el título “La forja de un rebelde”. En esta obra indispensable, Barea nos relata sus propias vivencias durante aquellos momentos, un testimonio en primera persona de indudable interés. Veamos algo de lo que nos relata Barea sobre lo sucedido aquel domingo de julio.


En la fotografía superior vemos la calle Toledo esquina a la de Tintoreros (continuación de la calle Segovia) en la tarde del 19 o el 20 de julio de 1936. Distinguimos la zapatería “Calzados Lobo”, fundada en 1897, todavía se mantiene en el mismo lugar. En la imagen inferior vemos la misma esquina en la actualidad. Fotografía: portal Pares del Ministerio de Cultura y Foto JAZ. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

viernes, 3 de mayo de 2013

LA PINTADA

En 1946 un grupo de estudiantes realizan unas pintadas en la Complutense, para borrarlas alguien decide picar la piedra donde se realizaron, inmortalizando de esa forma el texto. La pintada, ya en relieve, sobreviviría al franquismo, hasta que en 2006, tras darse a conocer su existencia en los medios de comunicación, alguien decidio que había llegado la hora de eliminar aquel vestigio de la lucha antifranquista en la universidad. En la imagen vemos a Pablo Pintado en diciembre de 2005 junto a la pintada que el mismo realizó. (Clic sobre la imagen para verla ampliada).


LA PINTADA QUE FRANCO NO PUDO BORRAR

En 1946 un pequeño grupo de estudiantes de la Universidad Complutense, liderados por Carmelo Soria Espinosa (quien con el paso de los años sería asesinado en Chile por la agentes de Pinochet), se unen para reorganizar la Federación Universitaria Escolar (F.U.E.), la organización estudiantil progresista más importante e influyente en el periodo anterior a la guerra. Su entusiasmo es notable, pese al gran peligro que corren. Son tiempos en los que la maquinaria represora franquista actúa sin piedad y cualquier oposición al régimen es castigada con gran dureza.

En los primeros meses de 1947 aparecen en diferentes lugares del campus pintadas con textos del tipo: “Abajo el fascismo”, “Libertad” o “viva la universidad libre”. Las pintadas tienen una particularidad, son visibles durante el día pero desaparecen por la noche. Las autoridades franquistas se encuentran desorientadas, los equipos de limpieza no consiguen hacerlas desaparecer de manera definitiva, y en su desesperación optan por picar la piedra donde han sido realizadas alguna de ellas. Con este método se consigue hacer desaparecer la pintada, pero tiene un serio inconveniente: el texto queda cincelado sobre el granito para la posteridad. Esta chapuza, digna de Pepe Gotera y Otilio, haría que las pintadas sobrevivieran largamente al franquismo, permaneciendo en este mismo lugar como poco hasta comienzos del año 2006. Sería entonces, ya con un sistema democrático consolidado y con el franquismo supuestamente en el olvido, cuando alguien de manera incomprensible se encargó de eliminar con verdadera saña estos símbolos de la lucha antifranquista para siempre.


Una imagen de la pared donde se encontraba la pintada en la actualidad. Las piedras son las mismas, pero se han pulido a conciencia hasta eliminar los relieves donde se adivinaba la pintada. (Clic sobre la imagen para verla ampliada).

El autor de aquella pintada realizada con brocha gorda, fue un estudiante de nombre Pablo Pintado y Riba, que cursaba estudios de arquitectura en la universidad. Pablo Pintado era hijo de dos maestros vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, su padre, que pertenecía a la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, había sido fusilado al finalizar la guerra, y a su madre se le impidió ejercer su profesión docente. Pintado sería ayudado por dos compañeras, la estudiante de Ciencias Químicas Mercedes Vega, y por Albina Pérez, que cursaba estudios de Letras. Sería Mercedes Vega la que encontró la fórmula para aquella pintura “mágica”, compuesta de nitrato de Plata, una sustancia fotosensible que se oscurece al recibir la luz solar. De esta forma, durante el día, los textos eran visibles, desapareciendo al caer la noche. La persistencia de aquellas pintadas y la incapacidad de las autoridades para hacerlas desaparecer sería motivo de bromas y burlas entre los estudiantes.

Aquella osadía y atrevimiento no podían quedar impunes y rápidamente se puso en marcha la poderosa maquinaría policial del régimen. De la investigación se encarga la temida Brigada Especial del Juzgado para la Represión de la Masonería y el Comunismo, al mando del coronel Enrique Eymar Fernández, un siniestro personaje cuya trayectoria merecería por si misma una crónica propia. Para no dejarles con la incógnita sobre la personalidad de este siniestro militar, recogemos aquí la breve reseña que pueden encontrar en la página de la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (SBHAC), una excelente página web, imprescindible y recomendable para todas aquellas personas interesadas en la Guerra Civil (haga clic aquí para ir a la página): «Fue comandante del ejército republicano (en realidad se le clasificó como leal geográfico), pasó toda la guerra en el Museo del Ejército como subdirector, pero además, por su condición de mutilado de la guerra de África, presidió la Asociación de Mutilados de Guerra de la República. Con la entrada de Franco en Madrid, y por motivos desconocidos para nosotros reingresó en el ejército franquista, donde fue nombrado juez de prisioneros. Tiempo después es nombrado juez instructor militar y lo fue hasta la creación del TOP, en marzo de 1964. Le está documentado la vejación de jóvenes encausadas, el chantaje a viudas en la misma categoría. Y la más despiadada de las inquinas contra todo lo que sonara a antifranquista. Fue además el responsable del proceso a Grimau, toda una joya de la impostura jurídico-militar franquista, pues como se sabe, el vocal-ponente militar capitán auditor Manuel Fernández Martín no era abogado, lo que era preceptivo en un consejo de guerra sumarísimo, (aquél tipo había engañado al propio ejército franquista, no solo como abogado, también ejerció como alférez médico sin tener título). Eymar actúo en aproximadamente 4000 causas de las que más de 1000 fueron condenas a muerte. Parece que le daban las causas que nadie quería, pues sabían que Eymar no se iba a arrugar.»

El coronel Enrique Eymar juez militar del ejército franquista, era conocido por su dureza tanto con los acusados como con los familiares de estos. Sería el encargado de juzgar a los universitarios que realizaron las pintadas. FOTO cortesía de la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (SBHAC). (Clic sobre la imagen para verla ampliada).

sábado, 13 de abril de 2013

LA GUERRA EN EL CLÍNICO

En noviembre de 1936 el Hospital Clínico se convertiría en campo de batalla. Los intentos por ocupar el edificio serían una constante hasta el fin de la guerra en 1939, lo que causaría la destrucción de gran parte del edificio como podemos ver en esta imagen de 1937. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

LA GUERRA EN EL CLÍNICO
(De los combates de 1936 a la lucha de hoy)

Hace unas semanas, tras una grave cogida, estuve ingresado en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Seguramente la mayoría de los pacientes que compartían hospitalización conmigo, así como los profesionales sanitarios que trabajan en ese centro desconocían que este mismo lugar, hace ahora poco más de setenta y cinco años, fue escenario destacado de uno de los episodios más épicos, y posiblemente más desconocido en todos sus detalles, así como más determinante, de toda la Guerra Civil Española: la Batalla de Madrid. Estas mismas dependencias, pasillos y habitaciones que hoy podemos visitar, en noviembre de 1936 fueron testigos de terribles enfrentamientos, en los que se luchaba cuerpo a cuerpo, planta a planta, habitación a habitación, donde la bayoneta y la bomba de mano eran las armas más utilizadas. Esta dramática lucha, donde se produjeron innumerables acciones heroicas, se cobraría un alto precio de sangre en ambos bandos, quedando a su vez el magnífico edificio prácticamente destruido. Finalizada la guerra el edificio sería reconstruido recuperando la función para la que fue creado, y los ecos de aquella tremenda batalla se irían apagando con el tiempo. Setenta y cinco años más tarde nuevamente el hospital Clínico es escenario de otra batalla, no menos trascendente que aquella, que enfrenta a los que defienden la Sanidad Pública, representados por la práctica totalidad del personal que trabaja en el hospital, con los que pretenden recortar este imprescindible servicio público. Una lucha desigual entre los profesionales y los usuarios de la sanidad, frente a los grupos que defienden oscuros y lucrativos intereses económicos, apoyados de manera incomprensible por determinados grupos políticos que dicen buscar el interés general.

En la actualidad, en los pasillos y dependencias del Clínico, al igual que en la mayoría de hospitales de España, se vive otra intensa lucha entre los defensores de la sanidad pública, con los trabajadores sanitarios al frente, y los que quieren privatizarla. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

UN POCO DE HISTORIA

El hospital Clínico es una antigua institución madrileña. Tenemos que buscar su origen en el reinado de Felipe II, quien el ocho de septiembre de 1596 tras una solemne procesión, pondría la primera piedra de lo que habría de ser conocido como el “Albergue de Mendigos” que se construiría al final de la calle de Atocha y que con el tiempo se convertiría en el Hospital General de Madrid. El hospital continuaría creciendo y en 1905 se convertiría en el Hospital Clínico de la Facultad de Medicina. Posteriormente se acordaría su traslado a un edificio de moderna construcción junto a la nueva Facultad de Medicina de la Universidad Complutense que habría de construirse dentro de proyecto de la Ciudad Universitaria que se estaba construyendo en terrenos de la Moncloa. En el verano de 1936 todo estaba prácticamente terminado y preparado para la inauguración que se debería realizar en octubre de ese año, coincidiendo con el centenario del traslado de la Universidad Complutense desde Alcalá de Henares a Madrid. El golpe de estado de julio de 1936, que desencadenaría la Guerra Civil, daría al traste con todos estos planes.

En los primeros días del mes de noviembre de 1936 las fuerzas del Ejército de África a las órdenes del general Franco se encuentran a las puertas de Madrid. Desde que cruzaron el Estrecho de Gibraltar en julio, su fulminante avance no ha podido ser contrarrestado por las unidades de que dispone el gobierno de la República. El Ejército de África está compuesto por tropas profesionales, mayoritariamente unidades indígenas marroquíes y de la Legión, bien adiestradas y pertrechadas. Por su parte las unidades republicanas están compuestas en su mayoría por milicianos, con escasa o nula formación militar, encuadrados en unidades desorganizadas y en muchas ocasiones deficientemente armadas. Ante este dramático panorama la caída de Madrid parece inminente, el gobierno presidido por el socialista Largo Caballero abandona la ciudad rumbo a Valencia, arrastrando consigo a muchos otros que deciden abandonar la ciudad. Madrid queda en manos de una Junta de Defensa dirigida por el general Miaja. La suerte de la ciudad está echada, todo parece indicar que solamente un milagro puede salvarla.

El Clínico sería el vértice de la cuña que las tropas franquistas consiguieron ocupar en la Ciudad Universitaria. En la imagen vemos lo que quedó de hospital una vez terminada la guerra, las trincheras que lo rodean son republicanas. También distinguimos algunos cráteres provocados por las explosiones subterráneas de minas. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Las tropas atacantes llegan a los suburbios del sur de la capital en los primeros días de noviembre y contra todo pronóstico su hasta entonces imparable avance comienza a encontrar resistencia. Se combate calle por calle, casa por casa. Los milicianos ya no retroceden, no están dispuestos a entregar su ciudad sin luchar, el milagro parece haber llegado. Pese a todo ello la potente maquinaria bélica que es el Ejército de África, con un gran esfuerzo y tras sufrir notables pérdidas, consigue asomarse hasta ese foso natural que es el río Manzanares. En la tarde del día 15 de noviembre tropas regulares marroquíes del II Tabor de Alhucemas abren varios huecos en la tapia de la Casa de Campo (donde ahora se sitúa el Club de Campo) y consiguen vadear el río aguas arriba del Puente de los Franceses. Tras ellos, cruzarán el Manzanares por el mismo punto, efectivos del III Tabor de Alhucemas. Los atacantes conseguirán llegar hasta el Estadio y la Escuela de Arquitectura donde se hacen fuertes. Al día siguiente y posteriores proseguirían los sangrientos combates, consiguiendo los atacantes ocupar diferentes edificios e instalaciones dentro de la Ciudad Universitaria: Residencia de Estudiantes, Fundación del Amo, Casa de Velázquez, Escuela de Agrónomos, Asilo de Santa Cristina… Un esfuerzo que culminaría el día 17 con la llegada de las vanguardias atacantes al Hospital Clínico. Sería en este punto donde quedaría detenido el avance de las fuerzas franquistas. El intento de ocupar Madrid había fracasado, se había producido el milagro.

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Las tropas de Franco habían conseguido ocupar una superficie con forma de cuña en el interior de la Ciudad Universitaria, con una base de menos de un kilómetro en las orillas del Manzanares y cuyo vértice era el Hospital Clínico. Una estrecha cuña expuesta continuamente al fuego de las fuerzas republicanas que la rodeaban por sus flancos, sin olvidar que la comunicación de esta zona con su retaguardia se tiene que realizar de noche por unas estrechas y rudimentarias pasarelas tendidas sobre el Manzanares, batidas continuamente desde la zona republicana. La lógica militar aconsejaba abandonar esta área y replegarse a una posición más fácil de defender, sin embargo en este caso primó el factor psicológico que suponía el hecho de tener un pie en la ciudad de Madrid. Algo que fue aprovechado también por la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini para reconocer al gobierno del general Franco, aunque de facto ambas naciones le hubieran estando apoyando con hombres y material desde el mismo momento del golpe en Julio. Por otra parte, todos los numerosos intentos republicanos para expulsar a estas fuerzas del terreno ocupado resultarían infructuosos, permaneciendo en estas posiciones, en muy duras condiciones, hasta finalizar la guerra.

En primer término vemos a soldados republicanos junto a sus “chabolos” excavados en un terraplen, tras ellos la silueta del Clínico. Esta fotografía nos da una idea de la proximidad que había entre los dos ejércitos combatientes. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

LOS COMBATES EN EL CLÍNICO

Tras esta breve introducción histórica vamos ahora a centrarnos en lo que fueron los combates en el interior del Hospital Clínico. El día 17 de noviembre de 1936 la columna del teniente coronel Asensio, formada por la VI bandera de la Legión y los tabores I y II de Tetuan, ocupan el Asilo de Santa Cristina (en su lugar hoy se encuentra el Museo de América) y desde allí saltan al Hospital Clínico, donde consiguen desalojar parcialmente a las fuerzas republicanas que lo defendían. En ese día y los dos siguientes en la inmensa mole del edificio se van a registrar intensos combates. Se lucha planta a planta, habitación a habitación, cada palmo de terreno se gana pagando un alto precio. Los soldados avanzan tirando tabiques para rodear al enemigo, las emboscadas eran continuas, se luchaba cuerpo a cuerpo, a la bayoneta, con bombas de mano.

La bibliografía sobre la Batalla de Madrid es muy extensa, en esta ocasión hemos seleccionado algunos textos referidos a los combates en el Clínico para que ustedes se hagan una idea a través de varios autores de cómo se vivieron aquellos días. Comenzamos con un texto del libro “La Batalla de Madrid” de Jorge Martínez Reverte (un libro muy adecuado para los que se quieran iniciar en lo que fue aquella batalla) referidos a los combates que tuvieron lugar el 18 de noviembre: «El Hospital Clínico es uno de los lugares más disputados en el salvaje combate que tiene lugar por el control de la Ciudad Universitaria. Dentro del edificio, se pelean por las habitaciones los legionarios de la 4 Bandera y los internacionales del Batallón Edgar André, de la XI Brigada.

Los hombres caen a racimos. Por la noche, los heridos salen del hospital por docenas. Los republicanos entierran a sus muertos a retaguardia. Los franquistas han de dar sepultura a los suyos en el terreno que circunda el edificio en ruinas; bastante es tener que transportar heridos por las pasarelas del Manzanares y hacerles llegar al hospital desangre de Griñon. Muchos se quedan por el camino, desangrados.

En el Clínico se improvisan nuevas formas de combate. Los soldados enemigos se escuchan unos a otros a través de los gruesos tabiques que separan las estancias. Con dos picos se abre un agujero en la pared; en cuanto hay hueco se mete por é el cañón del fusil ametrallador y se rocía de balas el espacio.

-Así nos hirieron a todos los que estamos aquí –le dice al periodista Jesús Izcaray un combatiente alemán de los que manda Hans Khale y que no quiere dar su nombre porque su familia sigue en Alemania-. Había un legionario que de dos golpes de picachón abría el agujero. Esperemos que se lo hayan cargado»
.

La intensidad de los combates produciría muchas bajas en ambos bandos, en la imagen vemos un cadáver junto a los quirófanos. Según el pie de foto original tomada desde el lado republicano se trata de un “dinamitero enemigo que trató de acercarse y cayó cerca del Clínico- 14-marzo-1937”. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Un testigo de excepción sería Carlos Iniesta Cano, en aquel entonces capitán de la IV Bandera de la Legión. Tomamos el siguiente texto del libro “La Guerra Civil en la Ciudad Universitaria” de Fernando Calvo González-Regueral, un excelente trabajo de documentación cuya lectura recomendamos a todos nuestros lectores: «El enemigo aún se encontraba dentro, ocupando galerías y las naves de los pisos más altos. Desde el día 19 al 30 de noviembre, la lucha fue constante y de emoción tremenda, pues cuando menos se pensaba, por cualquier parte aparecía un grupo enemigo con el que era preciso combatir. Luchábamos de pasillo en pasillo, de habitación en habitación, en escaleras, quirófanos, etc. [En unos pasillos se encuentra con un grupo contrario...] y la confusión es tremenda pues nosotros íbamos desastrados, con las barbas crecidas y pasamontañas, debieron confundirnos con algunos de ellos , pues se acercaron a nosotros tranquilamente [...fueron hechos prisioneros...] Conforme se ganaban habitaciones o trozos de pasillo, se establecían parapetos de sacos terreros para ir marcando el frente. Fueron los episodios más curiosos que recuerdo haber visto en la guerra». Finalizada la guerra Iniesta Cano llegaría a teniente General ocupando entre otros cargos el de Director General de la Guardia Civil, sería considerado como un miembro destacado de lo que se conoció como el “bunker” del franquismo.

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Otro testigo de aquellos enfrentamientos fue el sacerdote Juan Urra Lusarreta, capellán de requetes, quien recogería en su libro “en las trincheras del frente de Madrid” el siguiente episodio: «En la planta baja encontramos a unos cuantos legionarios, pocos, que, con el oído y la mirada atentos, y los dedos en el gatillo del fusil, oteaban el fondo de los huecos del edificio para impedir que los rojos cruzaran por allí. Protegían así, además, a sus camaradas de los pisos de arriba. De pronto resonó en los pisos altos el estampido de las bombas de mano y vimos, por entre los huecos, caer y estrellarse contra el suelo, uno tras otro, a dos o tres combatientes enemigos que, en la locura del combate, debieron de arrojarse desde las últimas ventanas».

Estos testimonios nos dan fe de lo que fue la lucha durante los días de la Batalla de Madrid, pero una vez finalizada esta, la lucha continuaría en el edificio. Los infructuosos intentos de recuperarlo y desalojar de su interior a las unidades franquistas por parte de las fuerzas republicanas continuarían durante toda la guerra, el edificio sería el objetivo de un intenso y continuo fuego de la artillería y también sufriría el efecto todavía más demoledor de otra devastadora técnica de guerra: la guerra de minas.

Espectacular instantánea de la explosión de una mina que destruiría completamente el edificio conocido como la “Casa Blanca” en el Alto de Extremadura en julio de 1937. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

El frente quedaría enquistado a finales de noviembre, ni unos conseguían continuar su avance hacia Madrid, ni los otros eran capaces de hacer abandonar al enemigo las posiciones ocupadas. En esta situación se recurriría a una antigua modalidad de guerra para atacar posiciones fortificadas conocida como la guerra de minas, consistente en acceder mediante un túnel o mina hasta la posición enemiga, aunque en este caso la mina se utilizaría para situar una gran carga explosiva y hacerla explotar bajo el objetivo elegido. Repasemos parte del texto del indispensable artículo “La Guerra de Minas” escrito por el historiador Antonio Morcillo, publicado en el número 19 de la prestigiosa revista Frente de Madrid:: «En principio, los republicanos tenían todo a su favor: documentación sobre la red de alcantarillado, que disponía de colectores transitables, elementos de trabajo adecuados, energía eléctrica, personal cualificado disponible y todos los medios que ofrecía una ciudad respaldando con sus recursos los trabajos necesarios. El día 11 de diciembre de 1936 se produjo la primera voladura en el Hospital Clínico, que de haber estado bien planificada, podría haber conseguido la destrucción y posterior toma del edificio, ya que contó con el efecto sorpresa, circunstancia que ya no volvería a producirse ulteriormente.


Una imagen de las ruinas del interior del Clínico tras la voladura de una mina, en primer término vemos una placa con los nombres de los legionarios que murieron a consecuencia de la explosión. Fotografía publicada por cortesía de Frente de Madrid. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).



La voladura provocó el derrumbamiento de parte del ala sur del edificio y dejó sepultados a 39 legionarios de la IV Bandera del Tercio, aunque no logró ninguna ganancia de posiciones y si prevenir a los nacionales contra este tipo de ataques»
. En las fotografías aéreas tomadas tras la guerra, se distinguen numerosos cráteres producidos por la explosión de estas minas, y en la actualidad todavía podemos contemplar uno de aquellos gigantescos embudos. Este auténtico vestigio arqueológico que esperamos se conserve durante muchos años, se encuentra entre el hospital y la facultad de Odontología, en la pendiente que separa ambas edificaciones. El colosal tamaño de este cráter (así a bote pronto yo le calculo un diámetro de más de 20 metros) nos permite hacernos una idea de la violencia y destrucción que provocaban estos ingenios bélicos.

En la actualidad se conserva perfectamente un cráter de gran tamaño en las cercanías del Clínico, concretamente entre el hospital y la facultad de Odontología. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Aparte de todo esto, en las proximidades del hospital tendrían lugar dos acontecimientos de un indiscutible valor histórico. El 19 de noviembre de 1936, en una calle cercana al Clínico sería herido mortalmente el líder anarquista Buenaventura Durruti, sobre este episodio podemos encontrar diferentes versiones de lo más dispar, desde la muerte a causa de un disparo enemigo, pasando por el asesinato a manos de sus propios hombres o por la muerte accidental. De todo lo escrito yo me quedo con el documentado trabajo de Raúl César Cancio que fue publicado como artículo central en el número 15 de la revista Frente de Madrid , un documentado trabajo donde Cancio aborda las diferentes hipótesis llegando tras un elaborado y meticuloso análisis a unas conclusiones, que yo me atrevería a calificar de definitivas para este enigma. No les voy a desvelar las conclusiones de este trabajo que merece una detenida lectura, pero no me puedo resistir a tomar prestados un par de párrafos de ese artículo: «Casi al alba del jueves 19 de noviembre Buenaventura Durruti y Cipriano Mera departen en el interior del cuartel de la Guardia Nacional de la calle Guzmán el Bueno con otros jefes anarquistas, preparando el asalto al Clínico con el que Durruti quiere resarcirse y demostrar ante Miaja la capacidad de sus milicias. Mera, albañil de profesión, aprovecha la ocasión para instruir al líder anarquista sobre la estructura del Hospital, habida cuenta de que él mismo trabajó en su construcción antes de la guerra.


Fotografía de Buenaventura Durruti junto al sargento Manzana. Esta imagen, sacada de un reportaje soviético tiene un valor excepcional, ya que fue grabado escasos momentos antes de que Durruti cayera herido mortalmente junto al Clínico. (Para ver el documental haga clic aquí).(Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Según el plan previsto los anarquistas consiguen penetrar en el destartalado edificio, combatiendo piso por piso y practicando voladuras de zonas y dependencias donde creen que se refugian los legionarios y regulares, mientras que los brigadistas lanzan bombas por los huecos de los ascensores dependiendo de la planta donde está el enemigo; los escombros generados por estas detonaciones generan nuevas fortificaciones que son aprovechadas por los rebeldes para atrincherarse y mantener la lucha que, en ocasiones, resulta de una violencia insoportable»
. A mediodía las noticias que llegan del Clínico no son buenas, y Durruti decide desplazarse en persona hasta allí. La comitiva de coches atraviesa la Colonia Metropolitana y se detiene en la calle de la Viña, al descender del auto, Durruti es alcanzado por un disparo en el costado. Se le traslada urgentemente al hotel Ritz, convertido en hospital de sangre, donde fallecerá en la madrugada del 20 de noviembre. Si ustedes están interesados en conocer todas las circunstancias que rodearon a este episodio, les recomiendo sin dudarlo el magistral artículo de Raúl César Cancio publicado en la revista Frente de Madrid.

Otro momento histórico tuvo lugar el martes 28 de Marzo de 1939, alrededor de la una de la tarde, el coronel Adolfo Prada Vaquero, en representación del Ejército Republicano, tras casi tres años de lucha, entregaba la ciudad de Madrid al Coronel Losas, jefe de la 16 División Nacional, a la que pertenecían las tropas situadas en la Universitaria y el Clínico. Este acto, cargado de simbolismo, es la imagen gráfica que representa el final de la guerra aunque se produjera unos días antes de que la contienda terminara oficialmente.

En las cercanías del Clínico se realizaría la entrega de Madrid por parte del coronel republicano Prada (con abrigo de cuero y gafas) al coronel Losas (con chilaba moruna), jefe de las fuerzas franquistas ubicadas en la Universitaria. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Nuevamente me veo obligado a remitirles a la revista Frente de Madrid (una publicación imprescindible para todos aquellos que estén interesados en lo que fue la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid) para recomendarles otro excepcional artículo, en este caso firmado por José María Sánchez. Un impecable trabajo de investigación que ha conseguido localizar a partir de diferente material gráfico, planos y filmaciones, el lugar exacto donde tuvo lugar el encuentro entre Losas y Prada que simbolizaría el final de la guerra. Este artículo lo pueden encontrar en el número 22 de esta prestigiosa revista. Un número monográfico dedicado a “La Ciudad Universitaria en Guerra 1936-1939”.

Confiamos en que esta crónica haya servido para dar a conocer un poco la historia de este singular espacio de Madrid. Tras leer este artículo, si algún día por cualquier circunstancia tienen que visitar este hospital, estamos seguros de que lo contemplaran con otra mirada.

LA LUCHA EN EL CLÍNICO HOY

Cuando en la actualidad entramos al Hospital Clínico inmediatamente nos percatamos de que al igual que hace setenta y cinco años hoy se lucha también en el Clínico, sin armas ni violencia, pero no con menos convicción y pasión que entonces. Los profesionales de la sanidad del Clínico (al igual que todo el personal sanitario de Madrid y del resto de España) se enfrentan, en desiguales condiciones, a los que quieren desmantelar la sanidad pública, la joya de la corona del estado del bienestar español, que ahora vemos peligrar al igual que otros tantos servicios públicos consolidados con gran esfuerzo durante las últimas décadas.

A muchos ciudadanos nos cuesta entender que se pretenda privatizar un servicio público que funciona de manera óptima, y que además de más eficiente, es menos costoso en porcentaje ( la OMS sitúa a España como el 7º mejor sistema sanitario del mundo, el 3º entre los países más poblados. Con solo un 9.5% del PIB) que el de otros países de nuestro entorno. Se nos quiere vender que privatizando servicios se mantendrá la calidad a un menor coste, algo no solo difícil de creer, si no que hay múltiples ejemplos de todo lo contrario: peor servicio y con un mayor coste. Entonces, ¿cuáles son las verdaderas razones de este vehemente interés de algunos de nuestros políticos por privatizar la sanidad?.


Nadie tiene claro quienes son los agraciados en esta pedrea privatizadora, sabemos que en muchos casos son conglomerados empresariales donde no faltan los especuladores del capital-riesgo y otras entidades de inversión, sin ninguna relación con el mundo sanitario, cuyo único objetivo es el lucro, el beneficio. Tampoco nadie tiene claro cuales son las verdaderas razones que impulsan a nuestros políticos para llevar a cabo este desmantelamiento. Nos hablan de que mejorará la gestión, si es así tal vez deberíamos comenzar cambiando los actuales gestores, designados por ellos mismos, o exigir responsabilidades a los anteriores gestores, también designados por estos mismos políticos. Se nos habla también de abaratar costes, algo muy difícil de asimilar, en Reino Unido tras privatizar la sanidad es ahora más cara que antes, pero con un 10% menos de intervenciones programadas. En España tenemos el ejemplo del buque insignia del modelo privatizador: el hospital de Alzira, que a los dos años de ser privatizado tenía un déficit de 5 millones de euros, la Generalitat Valenciana anuló la concesión pagando una indemnización de 25 millones (de euros) a la empresa. Para posteriormente volverla a sacar a concurso y adjudicarla nuevamente a la misma empresa, pero pagando ahora 369 euros por habitante, frente a los 225 que pagaba antes, es decir el gasto se encareció en cerca de un 70%, un negocio redondo. Los datos y ejemplos son abrumadores y no pretendo aburrirles, pero les recomiendo dar un repaso a las hemerotecas para que vean la dimensión del engaño del que estamos hablando.

Todo esto nos lleva a cuestionarnos sobre la capacidad o bien sobre las verdaderas intenciones de nuestros políticos. En la cima de la pirámide tenemos a la ministra Ana Mato, una señora que manifiesta no haberse enterado de que en su garaje se aparcaban coches de lujo (propiedad de su entonces marido ahora imputado en la trama Gurtel), así como tampoco se enteraba de quien pagaba la faraónicas fiestas de cumpleaños de sus hijos, entre otres ausencias; la pregunta es: con estas manifiestas carencias, ¿está esta persona en condiciones de enterarse de lo que ocurre en la sanidad española?. Luego tenemos los ejemplos no menos clamorosos de dos consejeros de sanidad de la Comunidad de Madrid. Por un lado tenemos al señor Güemes, esposo de la famosa Andreita Fabra (hija del aeroportuario Carlos Fabra), creadora del mítico “QUE SE JODAN” que con el tiempo se ha convertido en toda una declaración de intenciones para muchos políticos. Güemes fue consejero de sanidad entre 2007 y 2010, periodo durante el cual se privatizaron gran parte de los análisis clínicos de la Comunidad de Madrid, años más tarde nos encontraríamos a este caballero en el consejo de administración de la empresa agraciada con ese contrato, sorpresas te da la vida, que diría Pedro Navajas. Anteriormente a Güemes ocupó la consejería Manuel Lamela, quien privatizó en 2005 los servicios no sanitarios del hospital de Aranjuez por 270 millones de euros, y en la actualidad nos lo encontramos en el consejo de administración de la empresa adjudicataria de aquel contrato. Como les digo, tanta puerta giratoria nos hace dudar de la capacidad y verdaderas intenciones de nuestros dirigentes políticos con el tema de la privatización.

El Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, junto al Presidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, dos de los responsables de la política de privatización de la sanidad pública española. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).


Quiero terminar esta crónica manifestando mi total apoyo a estos profesionales, que no olvidemos que no están luchando por defender reivindicaciones gremiales o personales, sino que están luchando por defender la sanidad pública, la de todos nosotros. Pero sobre todo quiero agradecer sinceramente el excelente trato, tanto profesional como personal, que he recibo de todas y cada una de las personas que me han atendido en las dos semanas que estuve ingresado en el Clínico (alguna de ellas sé que ha sido despedida y ya no trabaja allí). Es asombroso comprobar como pese a la enorme presión a las que están sometidas estos trabajadores, ello no repercute en su actividad profesional, la cual desarrollan de manera excelente. Estoy convencido de que no vale cualquiera para trabajar en la sanidad, aparte de formación, hace falta una gran vocación y muchas ganas de servir y ayudar a los demás, algo que no ocurre en la política, donde cualquier tuercebotas partiendo de la nada puede alcanzar las más altas cotas del poder, tenemos innumerables ejemplos de ello, no solo en la actualidad, sino a lo largo de toda nuestra historia. Si muchos de nuestros políticos tuvieran la actitud, dignidad, profesionalidad y las ganas de prestar servicio a los demás (en vez de servirse ellos mismos) que tienen los profesionales de la sanidad, no cabe ninguna duda de que viviríamos en un país mucho mejor, un país tan bueno como la sanidad que ahora quieren privatizar.

Florentino Areneros.


LECTURAS RECOMENDADAS

Si están interesados en profundizar en el conocimiento de lo que fue la Guerra Civil en Madrid les recomendamos acercarse a las páginas de la revista Frente de Madrid editada por la asociación Gefrema (Grupo de Estudios del Frente de Madrid), donde podrán encontrar detallada información sobre diferentes aspectos de aquella contienda: batallas, personajes, restos arqueológicos, cartuchería, literatura, investigaciones y un largo etcétera. (Para ir a la página de la revista haga clic sobre este texto).




lunes, 4 de marzo de 2013

RUTA DESCHAMPS




En la imagen podemos ver al reportero francés Albert Louis Deschamps (D) fotografiado en la Facultad de Arquitectura junto al Tte. Coronel Ríos Capapé (C) y al popular barman Perico Chicote (I). La imagen fue tomada escasas horas después de que las tropas del general Franco entraran en Madrid. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

RUTA DESCHAMPS:
UN ITINERARIO FOTOGRÁFICO POR MONCLOA

Desde hace unos días una noticia tiene revolucionados a los buenos aficionados a la guerracivilmaquia: Moncloveño vuelve a los ruedos. Desde la última aparición del indiscutible número uno del escalafón, en noviembre de 2010 cuando lidió la memorable ruta de las Brigadas Internacionales obteniendo un rotundo y apoteósico éxito (clic aquí para ir a la crónica), el diestro de la Cuesta de Areneros se retiró a su cortijo de la Moncloa donde ha permanecido dedicado al estudio de este noble arte.
Una panorámica de los abarrotados tendidos en la última y apoteósica faena de Moncloveño. Entre los asistentes podemos ver en la primera fila de los socios con gorra de plato, en el tercer lugar de izquierda a derecha, al Chato de Ventas. Dos posiciones más atrás podemos distinguir a un emocionado Sandoval dedicando un sonoro ¡OLÉ! al diestro. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

En esta ocasión vuelve por todo lo alto, con un festejo que discurrirá por unos terrenos que el diestro conoce a la perfección, como son los de la Moncloa y la Ciudad Universitaria, y lidiando un tema apasionante: la fotografía en la Guerra Civil, bregando sobre el mismo terreno donde fueron tomadas esas fotografías hace ahora más de 70 años. A partir de las fotografías del reportero francés Albert Louis Deschamps, se realizará un recorrido por los mismos escenarios que este fotógrafo visitó en los últimos días de marzo de 1939 por el barrio de Argüelles, la Plaza de la Moncloa y la Ciudad Universitaria, pocas horas después de que las tropas del general Franco entraran en la ciudad de Madrid tras casi dos años y medio de asedio.

La Casa de las Flores, junto a la calle Princesa. Una de las fotografías que tomó Deschamps en su recorrido por Moncloa y la Ciudad Universitaria en marzo de 1939. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Sin duda el plato fuerte de esta ruta sea la visita a la Casa Velázquez, que en esta ocasión y de manera excepcional abre sus puertas para que los asistente a la ruta puedan visitar el recinto, uno de los lugares clave de la Batalla de Madrid donde se vivieron momentos épicos, y que posteriormente se convertiría en un bastión destacado en el sistema defensivo de las fuerzas franquistas, que lo ocuparían en noviembre de 1936 y hasta el final de la guerra tendrían que sufrir el acoso del ejercito republicano. De todos aquellos combates todavía quedan huellas visibles en las parte del edificio original que todavía se conservan-. Esta ruta es una oportunidad única de poner conocer este emblemático lugar.

Dos de las fotografías que Albert Louis Deschamps sacó en la Casa Velázquez. Un lugar que podrá ser visitado de manera excepcional por los participantes en la ruta. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

La Casa Velázquez es uno de los lugares que se visitaran en esta ruta, que comenzará en la calle Princesa, junto a la emblemática Casa de las Flores, y en la que se visitarán otros escenarios de la ciudad que fueron primera línea de frente durante casi dos años y medio, como la Plaza de la Moncloa, el Parque del Oeste, Cantarranas, Agrónomos, Arquitectura, el antiguo y ya desaparecido Instituto de Higiene y un largo etcétera, todo ello acompañado por una cuidada selección de imágenes, que permitirán a los asistentes poder comparar las diferencias entre como se encontraban los lugares visitados en 1939 y en la actualidad.

Tres autobuses urbanos de dos plantas que permanecieron estacionados bajo el viaducto de Cantarranas en la Ciudad Universitaria desde noviembre de 1936 hasta marzo de 1939, cuando serían fotografiados por Deschamps. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Albert Louis Deschamps, un fotógrafo injustamente desconocido, trabajaba para el semanario francés L’Illustratión, y desde 1938, siempre acompañando a las vanguardias del ejército franquista, fotografiaría algunos de los escenarios y momentos más emblemáticos de toda la Guerra Civil Española, y por destacar alguno ellos podemos citar dos extensos reportajes donde fotografía la entrada de esas fuerzas en la dos principales ciudades de España: Barcelona y Madrid. Es a partir de un conjunto de estas fotografías tomadas en Madrid, de donde nace esta interesante ruta.

La Pasarela de la Muerte era el nombre por el que se conoció popularmente a las diversas estructuras utilizadas por las tropas franquistas para comunicar las posiciones avanzadas de la Ciudad Universitaria y del Clínico, con la retaguardia en la Casa de Campo. Uno de los lugares visitados por Deschamps en su itinerario por la Moncloa. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Desde la redacción de Sol y Moscas nos permitimos recomendar a los asistentes alguna de nuestras crónicas, donde podrán encontrar información detallada tanto de alguno de los lugares que se visitarán, así como de otros episodios ocurridos en ellos. Recomendamos a los asistentes que vuelvan a leer estas crónicas ya que sin duda les ayudaran y enriquecerán para completar la ruta de este próximo domingo. Recordamos que esta ruta es exclusivamente para socios de Gefrema, por lo que si usted no lo es, todavía está a tiempo de hacerse socio. Encontrará todos pasos necesarios para asociarse visitando la página web de esta asociación (clic aquí para ir a la web de Gefrema).

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

LECTURAS RECOMENDADAS

LOS VIADUCTOS DE LA UNIVERSITARIA

Cuando comienza la guerra civil el proyecto de la Ciudad Universitaria de Madrid comenzaba a ver la luz con la apertura de los primeros edificios y la inauguración de diversas infraestructuras, entre ellas un conjunto de viaductos diseñados todos ellos por una de las mayores promesa de la ingeniería española: Eduardo Torroja.

La Ciudad Universitaria se convertiría en campo de batalla en noviembre de 1936, continuando los combates y una dura guerra de trincheras hasta la finalización de la guerra en marzo de 1939. Los viaductos diseñados por Torroja sería mudos testigos de aquellos enfrentamientos, como queda constancia en el buen número de fotografías que acompañan a este reportaje.

LA CARCEL MODELO Y LA PZA. DE MONCLOA

La Plaza de la Moncloa se convertiría en uno de los puntos neurálgicos de la Batalla de Madrid en noviembre de 1936. Muy cerca de aquí se establecería la línea que separaba a ambos bandos, encontrándose prácticamente a tiro de piedra las trincheras de unos y otros. En la Plaza de la Moncloa se ubicaba un edificio que adquirió un enorme protagonismo durante aquellas fechas: la Cárcel Modelo.

Además de este edificio singular, en esta crónica les mostramos el resto de edificios que conformaban la plaza en aquel momento, para que ustedes se puedan hacer una idea de cómo era realmente dado todo lo que ha cambiado desde entonces. Aprovechamos para recuperar un emocionante relato del periodista Manuel Chaves Nogales, recientemente rescatado, en donde nos narra los épicos combates que tuvieron lugar en este lugar.

UN CADÁVER EN LA UNIVERSITARIA

En el año 2007 unos restos humanos eran encontrados mientras se realizaban unas obras en los campos de deportes de cantarranas, en la Universidad Complutense de Madrid. En esta universidad se produjeron violentos y continuos combates desde noviembre de 1936 hasta el final de la guerra. La Ciudad Universitaria quedaría dividida en dos zonas controladas por cada uno de los bandos, separadas por una estrecha franja de tierra de nadie, en donde quedarían algunos cadáveres que no pudieron ser recogidos hasta el final de la guerra, como podemos ver en las fotos de Albert Louis Deschamps tomadas al entrar el ejercito franquista en Madrid. En esta crónica, hacemos un pequeño estudio de la zona y planteamos diferentes hipótesis sobre el origen de estos restos.

EL CRIMEN DE LA CALLE GAZTAMBIDE

A mediados de septiembre de 2011 una noticia conmocionaba a los vecinos del madrileño barrio de Argüelles: el cadáver de una anciana era encontrado en su domicilio con evidentes signos de violencia. Posteriormente supimos que se trataba de una nieta de Richard Gans, un industrial austriaco que creo de la nada un pequeño imperio dentro del mundo de las artes gráficas en España. Investigando pudimos comprobar como no era esta la primera ocasión en que la tragedia se cebaba en esta familia, que como otras muchas tuvo que padecer la violencia indiscriminada e irracional de los primeros meses de la guerra. Una crónica que resultará de gran interés para nuestros lectores.

REVISTA FRENTE DE MADRID

Ejemplar monográfico de la revista Frente de Madrid dedicado a la fotografía durante la Guerra Civil, donde se pueden encontrar tres artículos dedicados a la figura y a la obra de Albert Louis Deschamps. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

La prestigiosa revista Frente de Madrid editada por Gefrema publicó hace tiempo un monográfico especial dedicado a la fotografía durante la Guerra Civil, donde se podían encontrar diferentes artículos relacionados con la fotografía y el periodismo durante ese periodo, entre los que se podían encontrar tres dedicados al fotógrafo francés Albert Louis Deschamps, incluyendo dos recorridos fotográficos por Madrid a partir de las fotografías que tomara el reportero galo. Pueden conseguir ustedes esta revista visitando la página web de Gefrema (clic aquí para ir a la página de Gefrema) o si residen en Madrid, la pueden adquirir en Ediciones La Librería, calle Mayor 80, o en la librería Tierra de Fuego, travesía del Conde Duque 3.

Florentino Areneros.

INFORMACIÓN SOBRE LA RUTA

RUTA DESCHAMPS:
UN ITINERARIO FOTOGRÁFICO POR MONCLOA.

(Incluye visita a la Casa Velázquez)

FECHA:
Domingo, 10 de marzo de 2013.

HORA DE INICIO DE LA RUTA:
10.00 horas.

LUGAR DE INICIO DE LA RUTA:

Casa de las Flores. En la confluencia de la calle Princesa con las de Altamirano, Rodríguez San Pedro e Hilarión Eslava.

Transporte público:

Se puede llegar en Metro, líneas 3, 4 y 6. La salida más cercana al lugar de inicio de la ruta es la de Altamirano, para llegar a ella hay que pasar por el andén de la línea 3.

Un buen número de líneas de autobuses tienen paradas en puntos cercanos al lugar de inicio de la ruta, incluidas todas las líneas que paran en el Intercambiador de Moncloa. Junto al punto de inicio, en la calle Princesa, tienen parada los autobuses 1, 44, 133 y Circular.

Transporte privado:

Los domingos no hay ORA y se puede estacionar libremente en toda la zona, a primera hora es posible encontrar plazas disponibles con cierta facilidad, aunque se trata de una zona con una gran densidad de tráfico. De cualquier modo se recomienda utilizar transporte público.

CÓMO LLEGAR:

DESCRIPCIÓN :

La ruta seguirá el recorrido que realizó el fotógrafo francés Albert Louis Deschamps por las zonas del frente de Moncloa y la Ciudad Universitaria en los últimos días de marzo de 1939, a las pocas horas de entrar en Madrid las tropas del general Franco. Visitaremos los lugares en que fueron tomadas las fotografías por Deschamps y la situación que presentan esos mismos lugares en la actualidad. Se acompañará el recorrido con las fotografías de Deschamps junto a otras fotografías de la misma época, para completar la información gráfica del recorrido.

Esta ruta incluye una visita a la Casa de Velázquez, que excepcionalmente en esta ocasión abre sus puertas a los socios de Gefrema. La Casa de Velázquez es una institución privada que rara vez abre sus puertas al público, por lo que esta es una oportunidad única para poder acceder a sus instalaciones y poder contemplar el lugar, una de las posiciones más significativas de las fuerzas franquistas que permanecieron en la Ciudad Universitaria desde la Batalla de Madrid en noviembre de 1936 hasta el final de la guerra. En el edificio todavía se pueden contemplar las huellas que los intensos combates dejaron durante todo ese periodo.

La ruta discurre por terreno urbano, llano en su mayoría y sin ninguna dificultad orográfica destacable, siendo la distancia a recorrer de aproximadamente unos cinco kilómetros. La duración está estimada en un máximo de cuatro horas, y por ello, aunque el recorrido se realiza por terrenos adecuados para caminar, se recomienda llevar calzado cómodo. Exceptuando el inicio y el final del recorrido. No encontraremos ningún lugar donde conseguir bebida o comida, incluida agua, por lo que se recomienda a los asistentes que lleven lo que crean pueda necesitar durante la ruta.

Ruta exclusivamente para socios de Gefrema al corriente de pago.


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