viernes, 3 de mayo de 2013

LA PINTADA

En 1946 un grupo de estudiantes realizan unas pintadas en la Complutense, para borrarlas alguien decide picar la piedra donde se realizaron, inmortalizando de esa forma el texto. La pintada, ya en relieve, sobreviviría al franquismo, hasta que en 2006, tras darse a conocer su existencia en los medios de comunicación, alguien decidio que había llegado la hora de eliminar aquel vestigio de la lucha antifranquista en la universidad. En la imagen vemos a Pablo Pintado en diciembre de 2005 junto a la pintada que el mismo realizó. (Clic sobre la imagen para verla ampliada).


LA PINTADA QUE FRANCO NO PUDO BORRAR

En 1946 un pequeño grupo de estudiantes de la Universidad Complutense, liderados por Carmelo Soria Espinosa (quien con el paso de los años sería asesinado en Chile por la agentes de Pinochet), se unen para reorganizar la Federación Universitaria Escolar (F.U.E.), la organización estudiantil progresista más importante e influyente en el periodo anterior a la guerra. Su entusiasmo es notable, pese al gran peligro que corren. Son tiempos en los que la maquinaria represora franquista actúa sin piedad y cualquier oposición al régimen es castigada con gran dureza.

En los primeros meses de 1947 aparecen en diferentes lugares del campus pintadas con textos del tipo: “Abajo el fascismo”, “Libertad” o “viva la universidad libre”. Las pintadas tienen una particularidad, son visibles durante el día pero desaparecen por la noche. Las autoridades franquistas se encuentran desorientadas, los equipos de limpieza no consiguen hacerlas desaparecer de manera definitiva, y en su desesperación optan por picar la piedra donde han sido realizadas alguna de ellas. Con este método se consigue hacer desaparecer la pintada, pero tiene un serio inconveniente: el texto queda cincelado sobre el granito para la posteridad. Esta chapuza, digna de Pepe Gotera y Otilio, haría que las pintadas sobrevivieran largamente al franquismo, permaneciendo en este mismo lugar como poco hasta comienzos del año 2006. Sería entonces, ya con un sistema democrático consolidado y con el franquismo supuestamente en el olvido, cuando alguien de manera incomprensible se encargó de eliminar con verdadera saña estos símbolos de la lucha antifranquista para siempre.


Una imagen de la pared donde se encontraba la pintada en la actualidad. Las piedras son las mismas, pero se han pulido a conciencia hasta eliminar los relieves donde se adivinaba la pintada. (Clic sobre la imagen para verla ampliada).

El autor de aquella pintada realizada con brocha gorda, fue un estudiante de nombre Pablo Pintado y Riba, que cursaba estudios de arquitectura en la universidad. Pablo Pintado era hijo de dos maestros vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, su padre, que pertenecía a la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, había sido fusilado al finalizar la guerra, y a su madre se le impidió ejercer su profesión docente. Pintado sería ayudado por dos compañeras, la estudiante de Ciencias Químicas Mercedes Vega, y por Albina Pérez, que cursaba estudios de Letras. Sería Mercedes Vega la que encontró la fórmula para aquella pintura “mágica”, compuesta de nitrato de Plata, una sustancia fotosensible que se oscurece al recibir la luz solar. De esta forma, durante el día, los textos eran visibles, desapareciendo al caer la noche. La persistencia de aquellas pintadas y la incapacidad de las autoridades para hacerlas desaparecer sería motivo de bromas y burlas entre los estudiantes.

Aquella osadía y atrevimiento no podían quedar impunes y rápidamente se puso en marcha la poderosa maquinaría policial del régimen. De la investigación se encarga la temida Brigada Especial del Juzgado para la Represión de la Masonería y el Comunismo, al mando del coronel Enrique Eymar Fernández, un siniestro personaje cuya trayectoria merecería por si misma una crónica propia. Para no dejarles con la incógnita sobre la personalidad de este siniestro militar, recogemos aquí la breve reseña que pueden encontrar en la página de la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (SBHAC), una excelente página web, imprescindible y recomendable para todas aquellas personas interesadas en la Guerra Civil (haga clic aquí para ir a la página): «Fue comandante del ejército republicano (en realidad se le clasificó como leal geográfico), pasó toda la guerra en el Museo del Ejército como subdirector, pero además, por su condición de mutilado de la guerra de África, presidió la Asociación de Mutilados de Guerra de la República. Con la entrada de Franco en Madrid, y por motivos desconocidos para nosotros reingresó en el ejército franquista, donde fue nombrado juez de prisioneros. Tiempo después es nombrado juez instructor militar y lo fue hasta la creación del TOP, en marzo de 1964. Le está documentado la vejación de jóvenes encausadas, el chantaje a viudas en la misma categoría. Y la más despiadada de las inquinas contra todo lo que sonara a antifranquista. Fue además el responsable del proceso a Grimau, toda una joya de la impostura jurídico-militar franquista, pues como se sabe, el vocal-ponente militar capitán auditor Manuel Fernández Martín no era abogado, lo que era preceptivo en un consejo de guerra sumarísimo, (aquél tipo había engañado al propio ejército franquista, no solo como abogado, también ejerció como alférez médico sin tener título). Eymar actúo en aproximadamente 4000 causas de las que más de 1000 fueron condenas a muerte. Parece que le daban las causas que nadie quería, pues sabían que Eymar no se iba a arrugar.»

El coronel Enrique Eymar juez militar del ejército franquista, era conocido por su dureza tanto con los acusados como con los familiares de estos. Sería el encargado de juzgar a los universitarios que realizaron las pintadas. FOTO cortesía de la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (SBHAC). (Clic sobre la imagen para verla ampliada).

sábado, 13 de abril de 2013

LA GUERRA EN EL CLÍNICO

En noviembre de 1936 el Hospital Clínico se convertiría en campo de batalla. Los intentos por ocupar el edificio serían una constante hasta el fin de la guerra en 1939, lo que causaría la destrucción de gran parte del edificio como podemos ver en esta imagen de 1937. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

LA GUERRA EN EL CLÍNICO
(De los combates de 1936 a la lucha de hoy)

Hace unas semanas, tras una grave cogida, estuve ingresado en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Seguramente la mayoría de los pacientes que compartían hospitalización conmigo, así como los profesionales sanitarios que trabajan en ese centro desconocían que este mismo lugar, hace ahora poco más de setenta y cinco años, fue escenario destacado de uno de los episodios más épicos, y posiblemente más desconocido en todos sus detalles, así como más determinante, de toda la Guerra Civil Española: la Batalla de Madrid. Estas mismas dependencias, pasillos y habitaciones que hoy podemos visitar, en noviembre de 1936 fueron testigos de terribles enfrentamientos, en los que se luchaba cuerpo a cuerpo, planta a planta, habitación a habitación, donde la bayoneta y la bomba de mano eran las armas más utilizadas. Esta dramática lucha, donde se produjeron innumerables acciones heroicas, se cobraría un alto precio de sangre en ambos bandos, quedando a su vez el magnífico edificio prácticamente destruido. Finalizada la guerra el edificio sería reconstruido recuperando la función para la que fue creado, y los ecos de aquella tremenda batalla se irían apagando con el tiempo. Setenta y cinco años más tarde nuevamente el hospital Clínico es escenario de otra batalla, no menos trascendente que aquella, que enfrenta a los que defienden la Sanidad Pública, representados por la práctica totalidad del personal que trabaja en el hospital, con los que pretenden recortar este imprescindible servicio público. Una lucha desigual entre los profesionales y los usuarios de la sanidad, frente a los grupos que defienden oscuros y lucrativos intereses económicos, apoyados de manera incomprensible por determinados grupos políticos que dicen buscar el interés general.

En la actualidad, en los pasillos y dependencias del Clínico, al igual que en la mayoría de hospitales de España, se vive otra intensa lucha entre los defensores de la sanidad pública, con los trabajadores sanitarios al frente, y los que quieren privatizarla. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

UN POCO DE HISTORIA

El hospital Clínico es una antigua institución madrileña. Tenemos que buscar su origen en el reinado de Felipe II, quien el ocho de septiembre de 1596 tras una solemne procesión, pondría la primera piedra de lo que habría de ser conocido como el “Albergue de Mendigos” que se construiría al final de la calle de Atocha y que con el tiempo se convertiría en el Hospital General de Madrid. El hospital continuaría creciendo y en 1905 se convertiría en el Hospital Clínico de la Facultad de Medicina. Posteriormente se acordaría su traslado a un edificio de moderna construcción junto a la nueva Facultad de Medicina de la Universidad Complutense que habría de construirse dentro de proyecto de la Ciudad Universitaria que se estaba construyendo en terrenos de la Moncloa. En el verano de 1936 todo estaba prácticamente terminado y preparado para la inauguración que se debería realizar en octubre de ese año, coincidiendo con el centenario del traslado de la Universidad Complutense desde Alcalá de Henares a Madrid. El golpe de estado de julio de 1936, que desencadenaría la Guerra Civil, daría al traste con todos estos planes.

En los primeros días del mes de noviembre de 1936 las fuerzas del Ejército de África a las órdenes del general Franco se encuentran a las puertas de Madrid. Desde que cruzaron el Estrecho de Gibraltar en julio, su fulminante avance no ha podido ser contrarrestado por las unidades de que dispone el gobierno de la República. El Ejército de África está compuesto por tropas profesionales, mayoritariamente unidades indígenas marroquíes y de la Legión, bien adiestradas y pertrechadas. Por su parte las unidades republicanas están compuestas en su mayoría por milicianos, con escasa o nula formación militar, encuadrados en unidades desorganizadas y en muchas ocasiones deficientemente armadas. Ante este dramático panorama la caída de Madrid parece inminente, el gobierno presidido por el socialista Largo Caballero abandona la ciudad rumbo a Valencia, arrastrando consigo a muchos otros que deciden abandonar la ciudad. Madrid queda en manos de una Junta de Defensa dirigida por el general Miaja. La suerte de la ciudad está echada, todo parece indicar que solamente un milagro puede salvarla.

El Clínico sería el vértice de la cuña que las tropas franquistas consiguieron ocupar en la Ciudad Universitaria. En la imagen vemos lo que quedó de hospital una vez terminada la guerra, las trincheras que lo rodean son republicanas. También distinguimos algunos cráteres provocados por las explosiones subterráneas de minas. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Las tropas atacantes llegan a los suburbios del sur de la capital en los primeros días de noviembre y contra todo pronóstico su hasta entonces imparable avance comienza a encontrar resistencia. Se combate calle por calle, casa por casa. Los milicianos ya no retroceden, no están dispuestos a entregar su ciudad sin luchar, el milagro parece haber llegado. Pese a todo ello la potente maquinaria bélica que es el Ejército de África, con un gran esfuerzo y tras sufrir notables pérdidas, consigue asomarse hasta ese foso natural que es el río Manzanares. En la tarde del día 15 de noviembre tropas regulares marroquíes del II Tabor de Alhucemas abren varios huecos en la tapia de la Casa de Campo (donde ahora se sitúa el Club de Campo) y consiguen vadear el río aguas arriba del Puente de los Franceses. Tras ellos, cruzarán el Manzanares por el mismo punto, efectivos del III Tabor de Alhucemas. Los atacantes conseguirán llegar hasta el Estadio y la Escuela de Arquitectura donde se hacen fuertes. Al día siguiente y posteriores proseguirían los sangrientos combates, consiguiendo los atacantes ocupar diferentes edificios e instalaciones dentro de la Ciudad Universitaria: Residencia de Estudiantes, Fundación del Amo, Casa de Velázquez, Escuela de Agrónomos, Asilo de Santa Cristina… Un esfuerzo que culminaría el día 17 con la llegada de las vanguardias atacantes al Hospital Clínico. Sería en este punto donde quedaría detenido el avance de las fuerzas franquistas. El intento de ocupar Madrid había fracasado, se había producido el milagro.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

Las tropas de Franco habían conseguido ocupar una superficie con forma de cuña en el interior de la Ciudad Universitaria, con una base de menos de un kilómetro en las orillas del Manzanares y cuyo vértice era el Hospital Clínico. Una estrecha cuña expuesta continuamente al fuego de las fuerzas republicanas que la rodeaban por sus flancos, sin olvidar que la comunicación de esta zona con su retaguardia se tiene que realizar de noche por unas estrechas y rudimentarias pasarelas tendidas sobre el Manzanares, batidas continuamente desde la zona republicana. La lógica militar aconsejaba abandonar esta área y replegarse a una posición más fácil de defender, sin embargo en este caso primó el factor psicológico que suponía el hecho de tener un pie en la ciudad de Madrid. Algo que fue aprovechado también por la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini para reconocer al gobierno del general Franco, aunque de facto ambas naciones le hubieran estando apoyando con hombres y material desde el mismo momento del golpe en Julio. Por otra parte, todos los numerosos intentos republicanos para expulsar a estas fuerzas del terreno ocupado resultarían infructuosos, permaneciendo en estas posiciones, en muy duras condiciones, hasta finalizar la guerra.

En primer término vemos a soldados republicanos junto a sus “chabolos” excavados en un terraplen, tras ellos la silueta del Clínico. Esta fotografía nos da una idea de la proximidad que había entre los dos ejércitos combatientes. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

LOS COMBATES EN EL CLÍNICO

Tras esta breve introducción histórica vamos ahora a centrarnos en lo que fueron los combates en el interior del Hospital Clínico. El día 17 de noviembre de 1936 la columna del teniente coronel Asensio, formada por la VI bandera de la Legión y los tabores I y II de Tetuan, ocupan el Asilo de Santa Cristina (en su lugar hoy se encuentra el Museo de América) y desde allí saltan al Hospital Clínico, donde consiguen desalojar parcialmente a las fuerzas republicanas que lo defendían. En ese día y los dos siguientes en la inmensa mole del edificio se van a registrar intensos combates. Se lucha planta a planta, habitación a habitación, cada palmo de terreno se gana pagando un alto precio. Los soldados avanzan tirando tabiques para rodear al enemigo, las emboscadas eran continuas, se luchaba cuerpo a cuerpo, a la bayoneta, con bombas de mano.

La bibliografía sobre la Batalla de Madrid es muy extensa, en esta ocasión hemos seleccionado algunos textos referidos a los combates en el Clínico para que ustedes se hagan una idea a través de varios autores de cómo se vivieron aquellos días. Comenzamos con un texto del libro “La Batalla de Madrid” de Jorge Martínez Reverte (un libro muy adecuado para los que se quieran iniciar en lo que fue aquella batalla) referidos a los combates que tuvieron lugar el 18 de noviembre: «El Hospital Clínico es uno de los lugares más disputados en el salvaje combate que tiene lugar por el control de la Ciudad Universitaria. Dentro del edificio, se pelean por las habitaciones los legionarios de la 4 Bandera y los internacionales del Batallón Edgar André, de la XI Brigada.

Los hombres caen a racimos. Por la noche, los heridos salen del hospital por docenas. Los republicanos entierran a sus muertos a retaguardia. Los franquistas han de dar sepultura a los suyos en el terreno que circunda el edificio en ruinas; bastante es tener que transportar heridos por las pasarelas del Manzanares y hacerles llegar al hospital desangre de Griñon. Muchos se quedan por el camino, desangrados.

En el Clínico se improvisan nuevas formas de combate. Los soldados enemigos se escuchan unos a otros a través de los gruesos tabiques que separan las estancias. Con dos picos se abre un agujero en la pared; en cuanto hay hueco se mete por é el cañón del fusil ametrallador y se rocía de balas el espacio.

-Así nos hirieron a todos los que estamos aquí –le dice al periodista Jesús Izcaray un combatiente alemán de los que manda Hans Khale y que no quiere dar su nombre porque su familia sigue en Alemania-. Había un legionario que de dos golpes de picachón abría el agujero. Esperemos que se lo hayan cargado»
.

La intensidad de los combates produciría muchas bajas en ambos bandos, en la imagen vemos un cadáver junto a los quirófanos. Según el pie de foto original tomada desde el lado republicano se trata de un “dinamitero enemigo que trató de acercarse y cayó cerca del Clínico- 14-marzo-1937”. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Un testigo de excepción sería Carlos Iniesta Cano, en aquel entonces capitán de la IV Bandera de la Legión. Tomamos el siguiente texto del libro “La Guerra Civil en la Ciudad Universitaria” de Fernando Calvo González-Regueral, un excelente trabajo de documentación cuya lectura recomendamos a todos nuestros lectores: «El enemigo aún se encontraba dentro, ocupando galerías y las naves de los pisos más altos. Desde el día 19 al 30 de noviembre, la lucha fue constante y de emoción tremenda, pues cuando menos se pensaba, por cualquier parte aparecía un grupo enemigo con el que era preciso combatir. Luchábamos de pasillo en pasillo, de habitación en habitación, en escaleras, quirófanos, etc. [En unos pasillos se encuentra con un grupo contrario...] y la confusión es tremenda pues nosotros íbamos desastrados, con las barbas crecidas y pasamontañas, debieron confundirnos con algunos de ellos , pues se acercaron a nosotros tranquilamente [...fueron hechos prisioneros...] Conforme se ganaban habitaciones o trozos de pasillo, se establecían parapetos de sacos terreros para ir marcando el frente. Fueron los episodios más curiosos que recuerdo haber visto en la guerra». Finalizada la guerra Iniesta Cano llegaría a teniente General ocupando entre otros cargos el de Director General de la Guardia Civil, sería considerado como un miembro destacado de lo que se conoció como el “bunker” del franquismo.

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Otro testigo de aquellos enfrentamientos fue el sacerdote Juan Urra Lusarreta, capellán de requetes, quien recogería en su libro “en las trincheras del frente de Madrid” el siguiente episodio: «En la planta baja encontramos a unos cuantos legionarios, pocos, que, con el oído y la mirada atentos, y los dedos en el gatillo del fusil, oteaban el fondo de los huecos del edificio para impedir que los rojos cruzaran por allí. Protegían así, además, a sus camaradas de los pisos de arriba. De pronto resonó en los pisos altos el estampido de las bombas de mano y vimos, por entre los huecos, caer y estrellarse contra el suelo, uno tras otro, a dos o tres combatientes enemigos que, en la locura del combate, debieron de arrojarse desde las últimas ventanas».

Estos testimonios nos dan fe de lo que fue la lucha durante los días de la Batalla de Madrid, pero una vez finalizada esta, la lucha continuaría en el edificio. Los infructuosos intentos de recuperarlo y desalojar de su interior a las unidades franquistas por parte de las fuerzas republicanas continuarían durante toda la guerra, el edificio sería el objetivo de un intenso y continuo fuego de la artillería y también sufriría el efecto todavía más demoledor de otra devastadora técnica de guerra: la guerra de minas.

Espectacular instantánea de la explosión de una mina que destruiría completamente el edificio conocido como la “Casa Blanca” en el Alto de Extremadura en julio de 1937. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

El frente quedaría enquistado a finales de noviembre, ni unos conseguían continuar su avance hacia Madrid, ni los otros eran capaces de hacer abandonar al enemigo las posiciones ocupadas. En esta situación se recurriría a una antigua modalidad de guerra para atacar posiciones fortificadas conocida como la guerra de minas, consistente en acceder mediante un túnel o mina hasta la posición enemiga, aunque en este caso la mina se utilizaría para situar una gran carga explosiva y hacerla explotar bajo el objetivo elegido. Repasemos parte del texto del indispensable artículo “La Guerra de Minas” escrito por el historiador Antonio Morcillo, publicado en el número 19 de la prestigiosa revista Frente de Madrid:: «En principio, los republicanos tenían todo a su favor: documentación sobre la red de alcantarillado, que disponía de colectores transitables, elementos de trabajo adecuados, energía eléctrica, personal cualificado disponible y todos los medios que ofrecía una ciudad respaldando con sus recursos los trabajos necesarios. El día 11 de diciembre de 1936 se produjo la primera voladura en el Hospital Clínico, que de haber estado bien planificada, podría haber conseguido la destrucción y posterior toma del edificio, ya que contó con el efecto sorpresa, circunstancia que ya no volvería a producirse ulteriormente.


Una imagen de las ruinas del interior del Clínico tras la voladura de una mina, en primer término vemos una placa con los nombres de los legionarios que murieron a consecuencia de la explosión. Fotografía publicada por cortesía de Frente de Madrid. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).



La voladura provocó el derrumbamiento de parte del ala sur del edificio y dejó sepultados a 39 legionarios de la IV Bandera del Tercio, aunque no logró ninguna ganancia de posiciones y si prevenir a los nacionales contra este tipo de ataques»
. En las fotografías aéreas tomadas tras la guerra, se distinguen numerosos cráteres producidos por la explosión de estas minas, y en la actualidad todavía podemos contemplar uno de aquellos gigantescos embudos. Este auténtico vestigio arqueológico que esperamos se conserve durante muchos años, se encuentra entre el hospital y la facultad de Odontología, en la pendiente que separa ambas edificaciones. El colosal tamaño de este cráter (así a bote pronto yo le calculo un diámetro de más de 20 metros) nos permite hacernos una idea de la violencia y destrucción que provocaban estos ingenios bélicos.

En la actualidad se conserva perfectamente un cráter de gran tamaño en las cercanías del Clínico, concretamente entre el hospital y la facultad de Odontología. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Aparte de todo esto, en las proximidades del hospital tendrían lugar dos acontecimientos de un indiscutible valor histórico. El 19 de noviembre de 1936, en una calle cercana al Clínico sería herido mortalmente el líder anarquista Buenaventura Durruti, sobre este episodio podemos encontrar diferentes versiones de lo más dispar, desde la muerte a causa de un disparo enemigo, pasando por el asesinato a manos de sus propios hombres o por la muerte accidental. De todo lo escrito yo me quedo con el documentado trabajo de Raúl César Cancio que fue publicado como artículo central en el número 15 de la revista Frente de Madrid , un documentado trabajo donde Cancio aborda las diferentes hipótesis llegando tras un elaborado y meticuloso análisis a unas conclusiones, que yo me atrevería a calificar de definitivas para este enigma. No les voy a desvelar las conclusiones de este trabajo que merece una detenida lectura, pero no me puedo resistir a tomar prestados un par de párrafos de ese artículo: «Casi al alba del jueves 19 de noviembre Buenaventura Durruti y Cipriano Mera departen en el interior del cuartel de la Guardia Nacional de la calle Guzmán el Bueno con otros jefes anarquistas, preparando el asalto al Clínico con el que Durruti quiere resarcirse y demostrar ante Miaja la capacidad de sus milicias. Mera, albañil de profesión, aprovecha la ocasión para instruir al líder anarquista sobre la estructura del Hospital, habida cuenta de que él mismo trabajó en su construcción antes de la guerra.


Fotografía de Buenaventura Durruti junto al sargento Manzana. Esta imagen, sacada de un reportaje soviético tiene un valor excepcional, ya que fue grabado escasos momentos antes de que Durruti cayera herido mortalmente junto al Clínico. (Para ver el documental haga clic aquí).(Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Según el plan previsto los anarquistas consiguen penetrar en el destartalado edificio, combatiendo piso por piso y practicando voladuras de zonas y dependencias donde creen que se refugian los legionarios y regulares, mientras que los brigadistas lanzan bombas por los huecos de los ascensores dependiendo de la planta donde está el enemigo; los escombros generados por estas detonaciones generan nuevas fortificaciones que son aprovechadas por los rebeldes para atrincherarse y mantener la lucha que, en ocasiones, resulta de una violencia insoportable»
. A mediodía las noticias que llegan del Clínico no son buenas, y Durruti decide desplazarse en persona hasta allí. La comitiva de coches atraviesa la Colonia Metropolitana y se detiene en la calle de la Viña, al descender del auto, Durruti es alcanzado por un disparo en el costado. Se le traslada urgentemente al hotel Ritz, convertido en hospital de sangre, donde fallecerá en la madrugada del 20 de noviembre. Si ustedes están interesados en conocer todas las circunstancias que rodearon a este episodio, les recomiendo sin dudarlo el magistral artículo de Raúl César Cancio publicado en la revista Frente de Madrid.

Otro momento histórico tuvo lugar el martes 28 de Marzo de 1939, alrededor de la una de la tarde, el coronel Adolfo Prada Vaquero, en representación del Ejército Republicano, tras casi tres años de lucha, entregaba la ciudad de Madrid al Coronel Losas, jefe de la 16 División Nacional, a la que pertenecían las tropas situadas en la Universitaria y el Clínico. Este acto, cargado de simbolismo, es la imagen gráfica que representa el final de la guerra aunque se produjera unos días antes de que la contienda terminara oficialmente.

En las cercanías del Clínico se realizaría la entrega de Madrid por parte del coronel republicano Prada (con abrigo de cuero y gafas) al coronel Losas (con chilaba moruna), jefe de las fuerzas franquistas ubicadas en la Universitaria. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Nuevamente me veo obligado a remitirles a la revista Frente de Madrid (una publicación imprescindible para todos aquellos que estén interesados en lo que fue la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid) para recomendarles otro excepcional artículo, en este caso firmado por José María Sánchez. Un impecable trabajo de investigación que ha conseguido localizar a partir de diferente material gráfico, planos y filmaciones, el lugar exacto donde tuvo lugar el encuentro entre Losas y Prada que simbolizaría el final de la guerra. Este artículo lo pueden encontrar en el número 22 de esta prestigiosa revista. Un número monográfico dedicado a “La Ciudad Universitaria en Guerra 1936-1939”.

Confiamos en que esta crónica haya servido para dar a conocer un poco la historia de este singular espacio de Madrid. Tras leer este artículo, si algún día por cualquier circunstancia tienen que visitar este hospital, estamos seguros de que lo contemplaran con otra mirada.

LA LUCHA EN EL CLÍNICO HOY

Cuando en la actualidad entramos al Hospital Clínico inmediatamente nos percatamos de que al igual que hace setenta y cinco años hoy se lucha también en el Clínico, sin armas ni violencia, pero no con menos convicción y pasión que entonces. Los profesionales de la sanidad del Clínico (al igual que todo el personal sanitario de Madrid y del resto de España) se enfrentan, en desiguales condiciones, a los que quieren desmantelar la sanidad pública, la joya de la corona del estado del bienestar español, que ahora vemos peligrar al igual que otros tantos servicios públicos consolidados con gran esfuerzo durante las últimas décadas.

A muchos ciudadanos nos cuesta entender que se pretenda privatizar un servicio público que funciona de manera óptima, y que además de más eficiente, es menos costoso en porcentaje ( la OMS sitúa a España como el 7º mejor sistema sanitario del mundo, el 3º entre los países más poblados. Con solo un 9.5% del PIB) que el de otros países de nuestro entorno. Se nos quiere vender que privatizando servicios se mantendrá la calidad a un menor coste, algo no solo difícil de creer, si no que hay múltiples ejemplos de todo lo contrario: peor servicio y con un mayor coste. Entonces, ¿cuáles son las verdaderas razones de este vehemente interés de algunos de nuestros políticos por privatizar la sanidad?.


Nadie tiene claro quienes son los agraciados en esta pedrea privatizadora, sabemos que en muchos casos son conglomerados empresariales donde no faltan los especuladores del capital-riesgo y otras entidades de inversión, sin ninguna relación con el mundo sanitario, cuyo único objetivo es el lucro, el beneficio. Tampoco nadie tiene claro cuales son las verdaderas razones que impulsan a nuestros políticos para llevar a cabo este desmantelamiento. Nos hablan de que mejorará la gestión, si es así tal vez deberíamos comenzar cambiando los actuales gestores, designados por ellos mismos, o exigir responsabilidades a los anteriores gestores, también designados por estos mismos políticos. Se nos habla también de abaratar costes, algo muy difícil de asimilar, en Reino Unido tras privatizar la sanidad es ahora más cara que antes, pero con un 10% menos de intervenciones programadas. En España tenemos el ejemplo del buque insignia del modelo privatizador: el hospital de Alzira, que a los dos años de ser privatizado tenía un déficit de 5 millones de euros, la Generalitat Valenciana anuló la concesión pagando una indemnización de 25 millones (de euros) a la empresa. Para posteriormente volverla a sacar a concurso y adjudicarla nuevamente a la misma empresa, pero pagando ahora 369 euros por habitante, frente a los 225 que pagaba antes, es decir el gasto se encareció en cerca de un 70%, un negocio redondo. Los datos y ejemplos son abrumadores y no pretendo aburrirles, pero les recomiendo dar un repaso a las hemerotecas para que vean la dimensión del engaño del que estamos hablando.

Todo esto nos lleva a cuestionarnos sobre la capacidad o bien sobre las verdaderas intenciones de nuestros políticos. En la cima de la pirámide tenemos a la ministra Ana Mato, una señora que manifiesta no haberse enterado de que en su garaje se aparcaban coches de lujo (propiedad de su entonces marido ahora imputado en la trama Gurtel), así como tampoco se enteraba de quien pagaba la faraónicas fiestas de cumpleaños de sus hijos, entre otres ausencias; la pregunta es: con estas manifiestas carencias, ¿está esta persona en condiciones de enterarse de lo que ocurre en la sanidad española?. Luego tenemos los ejemplos no menos clamorosos de dos consejeros de sanidad de la Comunidad de Madrid. Por un lado tenemos al señor Güemes, esposo de la famosa Andreita Fabra (hija del aeroportuario Carlos Fabra), creadora del mítico “QUE SE JODAN” que con el tiempo se ha convertido en toda una declaración de intenciones para muchos políticos. Güemes fue consejero de sanidad entre 2007 y 2010, periodo durante el cual se privatizaron gran parte de los análisis clínicos de la Comunidad de Madrid, años más tarde nos encontraríamos a este caballero en el consejo de administración de la empresa agraciada con ese contrato, sorpresas te da la vida, que diría Pedro Navajas. Anteriormente a Güemes ocupó la consejería Manuel Lamela, quien privatizó en 2005 los servicios no sanitarios del hospital de Aranjuez por 270 millones de euros, y en la actualidad nos lo encontramos en el consejo de administración de la empresa adjudicataria de aquel contrato. Como les digo, tanta puerta giratoria nos hace dudar de la capacidad y verdaderas intenciones de nuestros dirigentes políticos con el tema de la privatización.

El Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, junto al Presidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, dos de los responsables de la política de privatización de la sanidad pública española. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).


Quiero terminar esta crónica manifestando mi total apoyo a estos profesionales, que no olvidemos que no están luchando por defender reivindicaciones gremiales o personales, sino que están luchando por defender la sanidad pública, la de todos nosotros. Pero sobre todo quiero agradecer sinceramente el excelente trato, tanto profesional como personal, que he recibo de todas y cada una de las personas que me han atendido en las dos semanas que estuve ingresado en el Clínico (alguna de ellas sé que ha sido despedida y ya no trabaja allí). Es asombroso comprobar como pese a la enorme presión a las que están sometidas estos trabajadores, ello no repercute en su actividad profesional, la cual desarrollan de manera excelente. Estoy convencido de que no vale cualquiera para trabajar en la sanidad, aparte de formación, hace falta una gran vocación y muchas ganas de servir y ayudar a los demás, algo que no ocurre en la política, donde cualquier tuercebotas partiendo de la nada puede alcanzar las más altas cotas del poder, tenemos innumerables ejemplos de ello, no solo en la actualidad, sino a lo largo de toda nuestra historia. Si muchos de nuestros políticos tuvieran la actitud, dignidad, profesionalidad y las ganas de prestar servicio a los demás (en vez de servirse ellos mismos) que tienen los profesionales de la sanidad, no cabe ninguna duda de que viviríamos en un país mucho mejor, un país tan bueno como la sanidad que ahora quieren privatizar.

Florentino Areneros.


LECTURAS RECOMENDADAS

Si están interesados en profundizar en el conocimiento de lo que fue la Guerra Civil en Madrid les recomendamos acercarse a las páginas de la revista Frente de Madrid editada por la asociación Gefrema (Grupo de Estudios del Frente de Madrid), donde podrán encontrar detallada información sobre diferentes aspectos de aquella contienda: batallas, personajes, restos arqueológicos, cartuchería, literatura, investigaciones y un largo etcétera. (Para ir a la página de la revista haga clic sobre este texto).




lunes, 4 de marzo de 2013

RUTA DESCHAMPS




En la imagen podemos ver al reportero francés Albert Louis Deschamps (D) fotografiado en la Facultad de Arquitectura junto al Tte. Coronel Ríos Capapé (C) y al popular barman Perico Chicote (I). La imagen fue tomada escasas horas después de que las tropas del general Franco entraran en Madrid. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

RUTA DESCHAMPS:
UN ITINERARIO FOTOGRÁFICO POR MONCLOA

Desde hace unos días una noticia tiene revolucionados a los buenos aficionados a la guerracivilmaquia: Moncloveño vuelve a los ruedos. Desde la última aparición del indiscutible número uno del escalafón, en noviembre de 2010 cuando lidió la memorable ruta de las Brigadas Internacionales obteniendo un rotundo y apoteósico éxito (clic aquí para ir a la crónica), el diestro de la Cuesta de Areneros se retiró a su cortijo de la Moncloa donde ha permanecido dedicado al estudio de este noble arte.
Una panorámica de los abarrotados tendidos en la última y apoteósica faena de Moncloveño. Entre los asistentes podemos ver en la primera fila de los socios con gorra de plato, en el tercer lugar de izquierda a derecha, al Chato de Ventas. Dos posiciones más atrás podemos distinguir a un emocionado Sandoval dedicando un sonoro ¡OLÉ! al diestro. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

En esta ocasión vuelve por todo lo alto, con un festejo que discurrirá por unos terrenos que el diestro conoce a la perfección, como son los de la Moncloa y la Ciudad Universitaria, y lidiando un tema apasionante: la fotografía en la Guerra Civil, bregando sobre el mismo terreno donde fueron tomadas esas fotografías hace ahora más de 70 años. A partir de las fotografías del reportero francés Albert Louis Deschamps, se realizará un recorrido por los mismos escenarios que este fotógrafo visitó en los últimos días de marzo de 1939 por el barrio de Argüelles, la Plaza de la Moncloa y la Ciudad Universitaria, pocas horas después de que las tropas del general Franco entraran en la ciudad de Madrid tras casi dos años y medio de asedio.

La Casa de las Flores, junto a la calle Princesa. Una de las fotografías que tomó Deschamps en su recorrido por Moncloa y la Ciudad Universitaria en marzo de 1939. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Sin duda el plato fuerte de esta ruta sea la visita a la Casa Velázquez, que en esta ocasión y de manera excepcional abre sus puertas para que los asistente a la ruta puedan visitar el recinto, uno de los lugares clave de la Batalla de Madrid donde se vivieron momentos épicos, y que posteriormente se convertiría en un bastión destacado en el sistema defensivo de las fuerzas franquistas, que lo ocuparían en noviembre de 1936 y hasta el final de la guerra tendrían que sufrir el acoso del ejercito republicano. De todos aquellos combates todavía quedan huellas visibles en las parte del edificio original que todavía se conservan-. Esta ruta es una oportunidad única de poner conocer este emblemático lugar.

Dos de las fotografías que Albert Louis Deschamps sacó en la Casa Velázquez. Un lugar que podrá ser visitado de manera excepcional por los participantes en la ruta. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

La Casa Velázquez es uno de los lugares que se visitaran en esta ruta, que comenzará en la calle Princesa, junto a la emblemática Casa de las Flores, y en la que se visitarán otros escenarios de la ciudad que fueron primera línea de frente durante casi dos años y medio, como la Plaza de la Moncloa, el Parque del Oeste, Cantarranas, Agrónomos, Arquitectura, el antiguo y ya desaparecido Instituto de Higiene y un largo etcétera, todo ello acompañado por una cuidada selección de imágenes, que permitirán a los asistentes poder comparar las diferencias entre como se encontraban los lugares visitados en 1939 y en la actualidad.

Tres autobuses urbanos de dos plantas que permanecieron estacionados bajo el viaducto de Cantarranas en la Ciudad Universitaria desde noviembre de 1936 hasta marzo de 1939, cuando serían fotografiados por Deschamps. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Albert Louis Deschamps, un fotógrafo injustamente desconocido, trabajaba para el semanario francés L’Illustratión, y desde 1938, siempre acompañando a las vanguardias del ejército franquista, fotografiaría algunos de los escenarios y momentos más emblemáticos de toda la Guerra Civil Española, y por destacar alguno ellos podemos citar dos extensos reportajes donde fotografía la entrada de esas fuerzas en la dos principales ciudades de España: Barcelona y Madrid. Es a partir de un conjunto de estas fotografías tomadas en Madrid, de donde nace esta interesante ruta.

La Pasarela de la Muerte era el nombre por el que se conoció popularmente a las diversas estructuras utilizadas por las tropas franquistas para comunicar las posiciones avanzadas de la Ciudad Universitaria y del Clínico, con la retaguardia en la Casa de Campo. Uno de los lugares visitados por Deschamps en su itinerario por la Moncloa. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Desde la redacción de Sol y Moscas nos permitimos recomendar a los asistentes alguna de nuestras crónicas, donde podrán encontrar información detallada tanto de alguno de los lugares que se visitarán, así como de otros episodios ocurridos en ellos. Recomendamos a los asistentes que vuelvan a leer estas crónicas ya que sin duda les ayudaran y enriquecerán para completar la ruta de este próximo domingo. Recordamos que esta ruta es exclusivamente para socios de Gefrema, por lo que si usted no lo es, todavía está a tiempo de hacerse socio. Encontrará todos pasos necesarios para asociarse visitando la página web de esta asociación (clic aquí para ir a la web de Gefrema).

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

LECTURAS RECOMENDADAS

LOS VIADUCTOS DE LA UNIVERSITARIA

Cuando comienza la guerra civil el proyecto de la Ciudad Universitaria de Madrid comenzaba a ver la luz con la apertura de los primeros edificios y la inauguración de diversas infraestructuras, entre ellas un conjunto de viaductos diseñados todos ellos por una de las mayores promesa de la ingeniería española: Eduardo Torroja.

La Ciudad Universitaria se convertiría en campo de batalla en noviembre de 1936, continuando los combates y una dura guerra de trincheras hasta la finalización de la guerra en marzo de 1939. Los viaductos diseñados por Torroja sería mudos testigos de aquellos enfrentamientos, como queda constancia en el buen número de fotografías que acompañan a este reportaje.

LA CARCEL MODELO Y LA PZA. DE MONCLOA

La Plaza de la Moncloa se convertiría en uno de los puntos neurálgicos de la Batalla de Madrid en noviembre de 1936. Muy cerca de aquí se establecería la línea que separaba a ambos bandos, encontrándose prácticamente a tiro de piedra las trincheras de unos y otros. En la Plaza de la Moncloa se ubicaba un edificio que adquirió un enorme protagonismo durante aquellas fechas: la Cárcel Modelo.

Además de este edificio singular, en esta crónica les mostramos el resto de edificios que conformaban la plaza en aquel momento, para que ustedes se puedan hacer una idea de cómo era realmente dado todo lo que ha cambiado desde entonces. Aprovechamos para recuperar un emocionante relato del periodista Manuel Chaves Nogales, recientemente rescatado, en donde nos narra los épicos combates que tuvieron lugar en este lugar.

UN CADÁVER EN LA UNIVERSITARIA

En el año 2007 unos restos humanos eran encontrados mientras se realizaban unas obras en los campos de deportes de cantarranas, en la Universidad Complutense de Madrid. En esta universidad se produjeron violentos y continuos combates desde noviembre de 1936 hasta el final de la guerra. La Ciudad Universitaria quedaría dividida en dos zonas controladas por cada uno de los bandos, separadas por una estrecha franja de tierra de nadie, en donde quedarían algunos cadáveres que no pudieron ser recogidos hasta el final de la guerra, como podemos ver en las fotos de Albert Louis Deschamps tomadas al entrar el ejercito franquista en Madrid. En esta crónica, hacemos un pequeño estudio de la zona y planteamos diferentes hipótesis sobre el origen de estos restos.

EL CRIMEN DE LA CALLE GAZTAMBIDE

A mediados de septiembre de 2011 una noticia conmocionaba a los vecinos del madrileño barrio de Argüelles: el cadáver de una anciana era encontrado en su domicilio con evidentes signos de violencia. Posteriormente supimos que se trataba de una nieta de Richard Gans, un industrial austriaco que creo de la nada un pequeño imperio dentro del mundo de las artes gráficas en España. Investigando pudimos comprobar como no era esta la primera ocasión en que la tragedia se cebaba en esta familia, que como otras muchas tuvo que padecer la violencia indiscriminada e irracional de los primeros meses de la guerra. Una crónica que resultará de gran interés para nuestros lectores.

REVISTA FRENTE DE MADRID

Ejemplar monográfico de la revista Frente de Madrid dedicado a la fotografía durante la Guerra Civil, donde se pueden encontrar tres artículos dedicados a la figura y a la obra de Albert Louis Deschamps. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

La prestigiosa revista Frente de Madrid editada por Gefrema publicó hace tiempo un monográfico especial dedicado a la fotografía durante la Guerra Civil, donde se podían encontrar diferentes artículos relacionados con la fotografía y el periodismo durante ese periodo, entre los que se podían encontrar tres dedicados al fotógrafo francés Albert Louis Deschamps, incluyendo dos recorridos fotográficos por Madrid a partir de las fotografías que tomara el reportero galo. Pueden conseguir ustedes esta revista visitando la página web de Gefrema (clic aquí para ir a la página de Gefrema) o si residen en Madrid, la pueden adquirir en Ediciones La Librería, calle Mayor 80, o en la librería Tierra de Fuego, travesía del Conde Duque 3.

Florentino Areneros.

INFORMACIÓN SOBRE LA RUTA

RUTA DESCHAMPS:
UN ITINERARIO FOTOGRÁFICO POR MONCLOA.

(Incluye visita a la Casa Velázquez)

FECHA:
Domingo, 10 de marzo de 2013.

HORA DE INICIO DE LA RUTA:
10.00 horas.

LUGAR DE INICIO DE LA RUTA:

Casa de las Flores. En la confluencia de la calle Princesa con las de Altamirano, Rodríguez San Pedro e Hilarión Eslava.

Transporte público:

Se puede llegar en Metro, líneas 3, 4 y 6. La salida más cercana al lugar de inicio de la ruta es la de Altamirano, para llegar a ella hay que pasar por el andén de la línea 3.

Un buen número de líneas de autobuses tienen paradas en puntos cercanos al lugar de inicio de la ruta, incluidas todas las líneas que paran en el Intercambiador de Moncloa. Junto al punto de inicio, en la calle Princesa, tienen parada los autobuses 1, 44, 133 y Circular.

Transporte privado:

Los domingos no hay ORA y se puede estacionar libremente en toda la zona, a primera hora es posible encontrar plazas disponibles con cierta facilidad, aunque se trata de una zona con una gran densidad de tráfico. De cualquier modo se recomienda utilizar transporte público.

CÓMO LLEGAR:

DESCRIPCIÓN :

La ruta seguirá el recorrido que realizó el fotógrafo francés Albert Louis Deschamps por las zonas del frente de Moncloa y la Ciudad Universitaria en los últimos días de marzo de 1939, a las pocas horas de entrar en Madrid las tropas del general Franco. Visitaremos los lugares en que fueron tomadas las fotografías por Deschamps y la situación que presentan esos mismos lugares en la actualidad. Se acompañará el recorrido con las fotografías de Deschamps junto a otras fotografías de la misma época, para completar la información gráfica del recorrido.

Esta ruta incluye una visita a la Casa de Velázquez, que excepcionalmente en esta ocasión abre sus puertas a los socios de Gefrema. La Casa de Velázquez es una institución privada que rara vez abre sus puertas al público, por lo que esta es una oportunidad única para poder acceder a sus instalaciones y poder contemplar el lugar, una de las posiciones más significativas de las fuerzas franquistas que permanecieron en la Ciudad Universitaria desde la Batalla de Madrid en noviembre de 1936 hasta el final de la guerra. En el edificio todavía se pueden contemplar las huellas que los intensos combates dejaron durante todo ese periodo.

La ruta discurre por terreno urbano, llano en su mayoría y sin ninguna dificultad orográfica destacable, siendo la distancia a recorrer de aproximadamente unos cinco kilómetros. La duración está estimada en un máximo de cuatro horas, y por ello, aunque el recorrido se realiza por terrenos adecuados para caminar, se recomienda llevar calzado cómodo. Exceptuando el inicio y el final del recorrido. No encontraremos ningún lugar donde conseguir bebida o comida, incluida agua, por lo que se recomienda a los asistentes que lleven lo que crean pueda necesitar durante la ruta.

Ruta exclusivamente para socios de Gefrema al corriente de pago.


INDICES ANTERIORES

Pueden encontrar los índices de años anteriores haciendo clic en:

INDICE 2012

INDICE 2011

INDICE 2010

viernes, 8 de febrero de 2013

BARCENAS Y EL ESTRAPERLO

El “Caso Bárcenas” ha colocado contra las cuerdas al gobierno del PP. Hace casi 80 años otro escándalo en el que también se manejaron pagos a políticos acabaría con el periodo de gobiernos de derechas conocido como el “Bienio Negro”, sería conocido como el “Caso del Estraperlo”. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).


BÁRCENAS Y EL ESTRAPERLO
El otro caso de los sobres en la II República.

El denominado Caso Barcenas no es el primero ni será el último de los escándalos relacionados con la clase política española. Entre este caso y otro que tuvo lugar en 1935, hace ahora casi 80 años, podemos encontrar algunas curiosas, y tal vez inquietantes, similitudes. En aquel año España estaba dirigida por un gobierno de derechas presidido por Alejandro Lerroux, líder del Partido Republicano Radical, que tenía como principal apoyo a la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) de Gil Robles. Este gobierno, cogido casi con alfileres, tendría que abordar un buen número de problemas durante su mandato. A finales de 1935 se haría público un caso de corrupción que afectaba a varios políticos y que haría tambalearse al gabinete. A consecuencia del escándalo, Lerroux se vería obligado a abandonar el cargo y la coalición en la que se asentaba el gobierno comenzó a hacer aguas. Ante este panorama el Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, optaría por disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones que se celebrarían en febrero de 1936. Aquel escándalo político sería conocido como el Caso del Estraperlo.

En los primeros años 30 la situación económica y social de España presentaba ciertas similitudes con la situación actual. La crisis de 1929 había golpeado a las economías de los países de medio mundo, entre ellos España. A esta crisis global había que sumar el secular atraso del país, con una economía basada principalmente en una agricultura escasamente productiva, lo que hacía mucho más crítica la situación. El panorama no era mucho mejor en lo social, la pobreza castigaba a muchas familias, principalmente en el medio rural y en los barrios de las periferias de las grandes ciudades. La llegada de la República en 1931 había despertado grandes expectativas en amplias capas de la sociedad. Las anunciadas reformas y mejoras no acababan de llegar, o si lo hacían no acababan de colmar las aspiraciones de todos. La llegada al poder de una coalición de centro-derecha en diciembre de 1933, supondría un duro revés para las expectativas de muchos colectivos, como por ejemplo los campesinos, que veían como la Reforma Agraria aprobada en 1932, era reemplazada por otra norma que desandaba gran parte del camino recorrido. En otros ámbitos el descontento no era menor, y las huelgas y manifestaciones se sucedían de manera continua. Para amplios sectores, encabezados por los sindicatos, partidos obreros, republicanos de izquierda y nacionalistas, el gobierno de Lerroux apoyado por la CEDA, representaba un serio revés a sus aspiraciones e incluso una amenaza a la propia existencia de la República. En 1935 Joaquín Chapaprieta ocupaba la cartera de Hacienda, el equivalente a los actuales Montoro y de Guindos, un tecnócrata que centra sus prioridades en la contención del gasto para reducir el déficit y en la contención de la inflación, así como en aplicar otras medidas como la reducción de ministerios, la bajada de las pensiones y reducir el número de funcionarios, medidas que seguramente les suenen, sin embargo todas estas medidas no conseguirían resolver uno de los mayores problemas para gran parte de la población: el elevado paro. Este descontento acabaría culminando con los acontecimientos de octubre de 1934.

Tropas africanas desfilan por Gijón tras ser sofocada la revuelta de Asturias de octubre de 1934. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Pero centrémonos en el escándalo que acabaría dando la puntilla al gobierno de Lerroux. La historia comienza en Holanda en los primeros años treinta donde un nuevo tipo de ruleta causa furor en diversos casinos. Sus promotores son Daniel Strauss y su socio apellidado Perlowitz (según otras fuentes el nombre del socio era Jules Perel). Daniel Strauss es un personaje de biografía confusa, en algunos lugares aparece como un judío alemán que abandonaría Alemania para establecerse en Holanda ante el imparable auge que estaba alcanzando el nazismo. Otras fuentes afirman que se trataba de un jugador de ventaja de nacionalidad holandesa. También parece confirmado que Strauss pasó una temporada en México, sería allí donde aprendería el castellano antes de tener que abandonar el país al verse involucrado en un turbio asunto relacionado con un robo de joyas.

La nueva ruleta creada por Strauss y sus socios que recibiría el nombre de Straperlo. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Strauss y Perlowitz comercializaban un nuevo tipo de juego de mesa en los casinos. Se trataba de una variación de la tradicional ruleta, que combinaba el azar con distintos cálculos matemáticos, lo que le permitía presentarlo como un juego de diversión donde se utilizaba la destreza mental, lo que permitía bordear la prohibición que sobre los juegos de azar permanecía en vigor desde la dictadura de Primo de Rivera. Para que se hagan una idea de su funcionamiento, rescatamos parte de una noticia de la época: “Figúrense una ruleta con el disco fijo. En torno al plato, un canal metálico, por donde sale disparada la bola desde un pequeño cañón, con muelle, disparado eléctricamente. El canal imprime a la bola un movimiento de rotación; esta pasa al plato y sigue su carrera. Cuatro puentes interceptan su paso y detienen paulatinamente su impulso. Según el número de puentes salvados antes de caer la bola en el punto, hay que hacer el cálculo de la jugada siguiente”. La ruleta recibiría el nombre de Straperlo, un nombre que nace mezclar los apellidos de los dos socios, Strauss y Perlovitz, aunque otras fuentes incluyen el apellido de la esposa de Strauss, Frieda Lowmann.

El hotel Terramar de Sitges se convertiría en el centro neurálgico de las actividades de Strauss en Cataluña. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

miércoles, 9 de enero de 2013

NOS FUSILARON MAL

El humorista Miguel Gila sería fusilado en diciembre de 1938 tras haber sido hecho prisionero por un destacamento de tropas moras del ejército del general Franco. Milagrosamente conseguiría sobrevivir. (Haga clic sobre cualquiera de las imágenes de esta crónica para verlas ampliadas).

NOS FUSILARON MAL

Por Florentino Areneros.

Durante la Guerra Civil, y una vez finalizada esta, serían decenas de miles las personas que acabarían sus días frente a un pelotón de fusilamiento. La irracionalidad desatada tras el golpe militar de julio de 1936 se cobraría un elevado tributo de sangre en ambos lados, en la gran mayoría de los casos las víctimas serían personas anónimas, cuyo único delito era pensar de manera diferente, o simplemente ser acusados de ello por sus verdugos. Las cifras exactas de aquella tremenda tragedia no se conocerán nunca, y mucho menos los nombres de todos ellos, no olvidemos que pese al tiempo pasado, incomprensiblemente todavía quedan decenas de miles de personas enterradas en cunetas y en fosas comunes, algo muy difícil de justificar y que, pese a que son muchos los que prefieren mirar para otro lado, debería invitar a una reflexión colectiva. Sin embargo, pese a la dimensión de aquella tragedia, hubo casos excepcionales donde de manera casi milagrosa algunos de los condenados lograron salvar sus vidas tras ser fusilados. Hoy les traemos a estas páginas de Sol y Moscas la apasionante historia de dos de aquellas personas que tuvieron la fortuna de poder contarlo, una es el genial humorista Miguel Gila, y la otra responde al nombre de José Lorente Guerrero, un miliciano capturado en la sierra madrileña en los primeros días de la guerra.

MIGUEL GILA

Miguel Gila nació en el barrio madrileño de Chamberí en 1919, su juventud quizá no fuera muy diferente a la de tantos otros jóvenes de la época. Abandonó los estudios para ponerse a trabajar de aprendiz en un taller mecánico cuando solo contaba 13 años, y con el tiempo se convertiría en un mecánico especializado. Sería en los talleres y en las fábricas donde Miguel Gila adquiriría conciencia de clase y forjaría su compromiso ideológico. Miguel Gila estaba afiliado a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) y al producirse el golpe militar de julio al igual que muchos jóvenes madrileños se alistaría en el Quinto Regimiento, aunque tuvo que mentir con su edad ya que en aquel momento solamente tenía diecisiete años. Tras un corto periodo de instrucción Gila pasaría a formar parte del “Regimiento Pasionaria” y pasaría por diferentes frentes: Sigüenza, Navalcarnero, Talavera, Buitrago, Aravaca, Cuesta de las Perdices, Guadalajara, El Pardo... Así una larga lista de lugares por toda España y de intensas vivencias hasta llegar al mes de diciembre de 1938 en el frente de Extremadura, donde Miguel Gila sería capturado y “fusilado”. De toda su intensa trayectoria durante la guerra Gila nos dejó testimonio en su libro biográfico “Entonces nací yo”, un libro lleno de matices, irónico y humorístico a veces, y otras, de una intensidad y un dramatismo que ponen en el lector un nudo en la garganta. Nadie mejor que el propio Miguel Gila para narrarnos en primera persona como fue aquel episodio en el que acabaría siendo “fusilado”. A continuación reproducimos algunos párrafos del libro “Entonces nací yo” donde se recogen aquellos trágicos momentos.

Nacido en Madrid y de profesión mecánico, Miguel Gila se alistaría voluntario en las filas del ejército republicano al poco de producirse el golpe militar de julio de 1936. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

FRENTE DE EXTREMADURA, DICIEMBRE DE 1938

«Las informaciones no eran muy claras, pero precisamente por ello, nuestra lucha en Extremadura era también confusa y desordenada. La lluvia y el barro obstaculizaban cualquier estrategia que organizara los combates. Acosados por la artillería y sin armamento que nos diera fuerza para resistir, iniciamos una retirada hacia Pozoblanco donde habíamos tenido nuestro cuartel general. No teníamos munición para los cañones antiaéreos. Los camiones pinchaban y no nos quedaban ruedas de recambio, por lo que se hacía necesario llevarlos cargados y con el único recurso de sustituir las ruedas pinchadas con las ruedas gemelas. Los camiones, con tan sólo dos ruedas traseras, eran incapaces de soportar todo el peso.

jueves, 13 de diciembre de 2012

CARNE DE FIERAS

En julio de 1936 la vedette francesa Marlene Grey triunfaba en Madrid con su espectáculo, en el que danzaba desnuda en el interior de una jaula junto a cuatro leones. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

CARNE DE FIERAS

En el caluroso mes de julio de 1936, en vísperas del golpe militar que desencadenaría la Guerra Civil, un espectáculo teatral revolucionaba las carteleras madrileñas. En el teatro Maravillas, tras haber triunfado anteriormente en el Price, una bella mujer danzaba desnuda en una jaula, donde junto a ella estaban encerrados cuatro fieros leones. Del éxito de aquel espectáculo da buena fe el hecho de que se realizaran “hasta catorce” representaciones diarias. Esta “mujer escultural”, según recogían las crónicas de la época, respondía al nombre de Marlene Grey, siendo también conocida como “La Venus Rubia”.

Aunque la francesa Marlene Grey era anunciada como “star del cine” en realidad su currículo era más modesto. Como todo bagaje artístico a sus espaldas, se sabe que Marlene había ganado en el verano de 1935 un concurso de belleza para señoritas en maillot, que tuvo lugar en la localidad de Trouville-sur-Mer, donde se impuso a otras 57 concursantes.

El éxito del espectáculo hizo que surgiera la idea de realizar una película a partir del mismo. En la imagen un fotograma de la película donde vemos a Marlene junto al domador “Monsieur Mark”. (Haga clic en la imagen para verla ampliada).

Marlene se casaría con Jack Sydney, un joven descendiente de una saga de artistas, que ejecutaba el número de “el hombre autómata”, donde representaba a un muñeco articulado, un número cómico que realizaba antes de saltar Marlene al escenario. Junto a la pareja, encontramos a Georges Mark, conocido como “Monsieur Mark”, un domador de leones que había heredado la profesión de su padre. En 1936 los tres decidieron probar suerte en España recorriendo ferias y circuitos de variedades, seguramente sin poder imaginar que acabarían protagonizando una película en medio de una guerra.

martes, 27 de noviembre de 2012

PUERTA DEL ÁNGEL


(Clic sobre cualquiera de las imágenes de esta crónica para verlas ampliadas)

PUERTA DEL ÁNGEL:
AQUELLOS DÍAS DE JULIO.

Por Inés Tremis.

Aunque la literatura en torno a los tres días de Julio más famosos en la historia de Madrid es muy abundante, la mayoría se centra en la toma del cuartel de la Montaña. Centro de la rebelión, se convirtió en el icono de la respuesta del pueblo de Madrid al golpe de estado, y su notoriedad eclipsó los sucesos transcurridos en otros puntos de la capital. Como diría un año después el comandante Vitali: … Ahora todos dicen que han tomado el cuartel de la Montaña. Parece como si hubieran sido un millón de hombres los asaltantes... (1). Sin embargo, muchos de los que se movilizaron, permanecieron en sus barrios, y siguiendo las directrices de sus partidos y sindicatos, realizaron servicios de enlace, vigilancia o participaron activamente en el asalto a los cantones. De lo que ocurrió dentro de estos últimos (Cuatro Vientos, Getafe, Campamento y Vicálvaro) también nos han llegado relatos más o menos detallados, pero de la actuación del resto, de la respuesta en las barriadas obreras de Madrid, no hubo casi reflejo en la literatura de la época(2). Por ello, es difícil construir una relación consistente de cómo se desarrollaron los hechos durante esos tres días en los barrios de Cuatro Caminos, Prosperidad, Tetuán de las Victorias, Vallecas, etc. y, en concreto en el del Puente de Segovia, que junto al de Toledo, constituía uno de los accesos naturales para la entrada de las tropas acantonadas en Campamento y Cuatro Vientos. Lo que ocurrió en éstos últimos, debió de ser determinante para el fracaso del golpe en Madrid.

La barriada del Puente de Segovia aparece mencionada en algún artículo periodístico de la época, y en memorias y biografías escritas posteriormente, pero como es natural suelen ser breves alusiones. Pocos le dedican más de unas líneas, entre ellos destacan los periodistas Eduardo Guzmán que cubría los sucesos como redactor jefe del periódico “La Tierra”, y Antonio Lezama, el viejo corresponsal de las guerras de Marruecos y subdirector del diario La Libertad(3). También hubo un testigo de excepción, Manuel Tagüeña, en aquél momento militante activo de las Juventudes Socialistas(4). Su testimonio nos permite imaginar los acontecimientos transcurridos esos días en la barriada. También hay que contar con las declaraciones contenidas en la imprescindible “Causa General”, pero por encima de todo están las fotos que, sin palabras, nos trasladan con la fuerza de la imagen al momento preciso.

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La barriada del Puente de Segovia

A lo largo de los “felices veinte” y los primeros años de 1930, el arrabal del Puente de Segovia experimenta un creciente desarrollo urbanístico y social, sin perder en este tiempo el adjetivo “popular” que siempre le acompaña en las escasas noticias de la época. Un arrabal popular pues, el barrio obrero al otro lado del puente de Segovia, como escribiría Arturo Barea(5), que había sido colonizado por sucesivas oleadas inmigrantes procedentes del mundo rural. Los bajos precios de las viviendas y las facilidades de comunicación que proporcionaba la estación del ferrocarril de Goya, fueron un gran atractivo para el asentamiento en este margen izquierdo del Manzanares que en estas fecha alcanzaba los casi 9.000 habitantes. El barrio limitado al norte por la Casa de Campo, y al este por el Manzanares, se extendió hacia el sur y oeste, hacia La Solana y Huerta Castañeda, donde se formaron bolsas de pobreza, sin infraestructuras y servicios(6). De sus carencias en 1930, daba cuenta el diario “El Imparcial":....Existe un sendero de lodo y charcos infectos, sin un solo árbol, conocido con el nombre de paseo de los Jesuitas. El cerro del Cuervo, altura que domina a la barriada, es un montículo de barro y basura. Huelga decir que no hay ni una luz siquiera... (7).Años antes había sido instalada la sucursal de la casa de socorro del distrito de Palacio (1922) en la plaza del Puente de Segovia, y más atrás, las escuelas de “María Cristina” (1916) en la calle Antillón n. º 6. Un edificio destacará por encima de todos: la iglesia Santa Cristina en la plaza de Puerta del Ángel, una elegante construcción neomudéjar erigida en 1906.

Sucursal de la casa de Socorro del distrito de Palacio, situada en la plaza del Puente de Segovia. Foto anterior a 1932. Memoria de Madrid http://www.memoriademadrid.es/

Puerta del Ángel. Al fondo la iglesia de Santa Cristina. Septiembre de 1934.

La misma puerta del Ángel que daba entrada a la Casa de Campo, estaba situada al norte de la plaza a la que daba su nombre.

Puerta del Ángel en los años 1930. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.Publicada en www.lacasadecampo.net.

Con la llegada de la República, la situación del barrio mejora. La población, muy joven y de escasa cualificación laboral, experimenta un gran crecimiento favorecido por la apertura de la Casa de Campo (1931), la prolongación de la línea del tranvía hasta el Término (1926) y la inauguración de un mercado (1932). También por la dotación de otros servicios como los centros de enseñanza de Tirso de Molina, Rosario Acuña y Joaquín Dicenta en 1933.

Vista actual de la portada del Mercado de Tirso de Molina. FOTO EG.

Al principio del Paseo de Extremadura se ubicaba el cine-salón Variedades, donde tendrían lugar muchos de los mítines que convocó en esos años el Círculo Socialista del Puente de Segovia, cuyo local distaba pocos metros, en el n. º 35 del Paseo y que tendría también su protagonismo en los acontecimientos que nos ocupan.

Vista áerea parcial de la zona de la Puerta del Ángel. 18-05-1946. Foto: José María Pérez Córdoba.

A pesar de su condición marginal en ese momento, la barriada estaba asentada en un punto estratégico de la ciudad. Al control sobre el acceso al Puente de Segovia, unía su proximidad al palacio presidencial, al cuartel de la Montaña y a la misma Puerta del Sol. Puerta de entrada a Madrid desde Extremadura, era el paso natural para la para las tropas acantonadas en Cuatro Vientos y Campamento.

Puente de Segovia. 1930. Foto Memoria de Madrid.

Precisamente, uno de los primeros planes de operaciones manejados por los sublevados fue iniciar el golpe con las fuerzas del Campamento de Carabanchel, que marcharían “sobre Madrid, provocarían un combate en posiciones favorables de la Casa de Campo, y, derrotadas las fuerzas gubernamentales, entrarían contra ellas de flanco en su huída, las tropas del Cuartel de la Montaña”(8). Y probablemente, para lograr el éxito de la empresa, estaría previsto dominar el Puente de Segovia así como sus aledaños. Para Guzmán, el barrio constituía un punto de valor decisivo en la contienda que habría de librarse.

Plano nuevo de Madrid. Vicente de Castro Les. 1940. Cartoteca de Catalunya.

Por diversas circunstancias, este plan no llegó a llevarse a cabo: la parálisis y descoordinación de los conjurados en los primeros momentos, y los enfrentamientos entre militares leales y sublevados en el interior de los cantones, permitió que, a pesar de la pasividad y las vacilaciones iniciales del gobierno, la reacción popular y de las fuerzas gubernamentales tomara ventaja(9). Así lo percibió Tagueña “la angustia se cernía sobre la ciudad. Desde luego, la sublevación en África no ofrecía dudas. Pero algo había fallado en la simultaneidad de la acción de los conjurados. En Madrid, los cuarteles permanecían callados, las tropas acuarteladas y los alrededores solitarios...”(10).

Desde el 14 de julio, el ambiente en Madrid se había vuelto irrespirable. En los locales de los partidos y agrupaciones, en la Casa del Pueblo, “eran miles y miles de afiliados los que se aglomeraban..., como si la inminencia del combate, los despertara para luchar."(11). Y eso mismo sucedía en todos los partidos y organizaciones del Frente Popular, tanto en la capital como en el resto del país. Arrarás también destaca la anormalidad de las calles, ocupadas por grupos de transeúntes inusuales, y en algunos casos armados, “ya no cabe duda de que en Madrid ocurre o se prepara algo excepcional. Los carritos ambulantes de helados y bebidas huyen de todas las esquinas. Los taxis públicos y los coches particulares llevan más velocidad que de costumbre. De pronto en una bocacalle, un grupo surge de las tinieblas se atraviesa en mitad de la calzada, cerrándola con un cordón humano, y lanza la voz de alto!. Los que la dan sacan a relucir pistolas automáticas y exigen documentos de identidad…. Y lo más raro es que muchas de esas patrullas van acompañadas por guardias de asalto de uniforme y con tercerola. Son las milicias socialistas”(12).

Glorieta de Atocha. Foto Díaz Casariego. Julio de 1936.

El sábado por la tarde, la noticia de la rebelión militar se había extendido por todo Madrid y la gente acudía a la Puerta del Sol en busca de noticias. Guzmán, testigo de primera mano, relata cómo “de Ventas, del Pacífico, de Chamberí, de los barrios de Extremadura y Toledo, llegan los tranvías abarrotados de trabajadores excitados y vociferantes.... millares y millares de personas acuden desde todas las barriadas a pedir armas en tono cada vez más imperioso y amenazante”(13). Mientras el gobierno duda y se ofusca intentando digerir un pronunciamiento largamente anunciando, en las calles comienzan los saqueos a las armerías y la gente en las barriadas toma la iniciativa. Una obsesión “domina y agita a todos: armas!”(14).

Hay varios testimonios de lo que ocurrió esa noche en la barriada. Al atardecer, Manuel Tagüeña recibe la orden de acudir “al Círculo Socialista del Puente de Segovia a recibir fusiles”. En la Casa de Campo, en la entrada de la Puerta del Ángel, se instruye militarmente a las Juventudes Socialistas bajo la dirección del teniente coronel de infantería Julio Mangada Rosenhorn.

Casa de Campo. Campamento del Cuartel de Milicias de Mangada. Al fondo se ve la tapia de la casa de Campo. Foto Enderiz. AHN, Causa General.

Cuando llega, Tagüeña se sorprende, no localiza a sus milicianos, “todos eran gente extraña. Pronto apareció un camión cargado con fusiles y comenzaron a repartirlos. Estaban engrasados, los limpiamos con periódicos e improvisamos cuerdas para colgarlos del hombro pues venían sin correas. En cuanto a municiones, no nos daban más que un cargador con cinco cartuchos por persona. Se entregaban las armas a todo el que alzaba la mano para agarrar una: parecía una escena tomada de las películas de la revolución rusa” . Y continúa, “pronto el Círculo Socialista estuvo repleto, los fusiles comenzaron a repartirse en la calle, los hombres armados atravesaban la carretera de Segovia y se metían en la Casa de Campo. Entre los paisanos, comenzaron a verse algunos uniformes, la mayor parte de sargentos y suboficiales y algún oficial, entre los cuales estaba el teniente coronel Mangada. Llegó por allí Fernando de Rosa y comenzamos a buscar entre la muchedumbre a nuestros milicianos para agrupar a nuestras compañías”. Entre la muchedumbre “están también -no importa a qué partido o sindicato pertenezcan- todos los jóvenes del puente de Segovia”(15).

El italiano Fernando de Rosa, en una entrevista publicada por Mundo Gráfico del 2 de septiembre de 1936, donde comentaba: “Al estallar la rebelión militar, los primeros quinientos fusiles que recibieron paisanos por orden del Ministerio de la Guerra fueron los nuestros. Nos los dieron en el Parque de Artillería, y los llevamos al Círculo Socialista del Sur, en la calle de Valencia”. Foto Videa .

Apoyado por su experiencia militar, se dedica toda la noche a formar en el manejo a centenares de personas que no tenían ninguna instrucción militar(16) en lo que ya es de facto el cuartel general de milicias de Mangada.

Milicias hacen instrucción militar delante de la tapia de la Casa de Campo, junto a la la Puerta del Ángel. 19 de julio de 1936.

Un periodista de Crónica, también relata sus impresiones de aquélla noche: “llegamos al Puente de Segovia y a la puerta de la Casa de Campo, dentro de la cual millares de jóvenes de las Milicias, al mando del teniente coronel Mangada, esperan órdenes... Diversos grupos comentan los acontecimientos y escuchan la radio. El señor Mangada pasa rápido ante nosotros para internarse en la Casa de Campo y aleccionar allí, en previsión de un posible ataque a estos jóvenes de veinte años, la mayor parte de los cuales se ven por primera vez en su vida con un fusil en la mano. Llegan noticias concretas. Las traen varios emisarios destacados hasta más allá del lugar de la concentración. Las personas que estaban en la calle corren a refugiarse en sus casas, mientras Mangada organiza el bloque para cortar la entrada en Madrid. Labor inútil. Por lo menos, esta noche no han venido los sublevados en Carabanchel”(17).

Milicias en Madrid, la noche del sábado al domingo. Foto Videa. Crónica, 26 de Julio de 1936.

Mientras, Eduardo Guzmán, junto a Isabelo Romero y otros confederales, atraviesa Madrid de noche y durante más de una hora recorre los barrios que se extienden entre la Casa de Campo y la carretera de Toledo y hasta Campamento y Carabanchel. En este viaje constata cómo: “... grupos armado que vigilan en puntos estratégicos al amparo de barricadas improvisadas; centenares de obreros en los alrededores de todos los círculos socialistas, los ateneos libertarios o los radios comunistas esperando órdenes y reclamando armas... En el Alto de Extremadura, los dos Carabancheles, Mataderos y los puentes de Segovia y Toledo la preocupación fundamental son los cuarteles de Campamento... se teme que en cualquier momento inicien la marcha sobre el centro de Madrid y el aeródromo militar de Cuatro Vientos. ... algunos llevan uniforme de las milicias socialistas; ¿ y los guardias? ni los civiles ni los de asalto muestran la menor hostilidad contra los obreros armados”(18).

Milicias vigilan la entrada a la Casa de Campo en la Puerta de la República. 19 de julio de 1936. Foto Alfonso. Publicada en La Voz (Madrid), 20 de julio de 1936 y cedida por el Rufián Meláncolico (clic aquí para ir a la primera entrega , de un total de doce, de la ya mítica serie: Desmemoria de García Atadell, Paracuellos y Amor Nuño)..

Las milicias de Mangada en la glorieta de la Puerta del Ángel la noche del sábado al domingo 19. Foto Videa. Crónica, 26 de Julio de 1936.

La mañana del 19 de julio Madrid amaneció totalmente cambiada. Después de un día completo de tensa espera, la ciudad estaba vacía y paralizada. Se había producido esa “rara inversión vital característica de las grandes convulsiones urbanas. Los órganos capitales dejan de funcionar o quedan relegados a un último plano,... el centro de Madrid se desplaza; ya no está en sus barrios mejores y más ellos, sino en los más pobres y amontonados...”(19). Si la presencia de la guardia de asalto y guardia civil era patente en el centro, disminuía progresivamente al alejarse del mismo. En los arrabales y barrios extremos, las labores de vigilancia y control recayeron, casi en exclusiva, en las milicias obreras movilizadas. La Casa del Pueblo de Madrid había dispuesto que ningún obrero abandonara la capital(20) y todos los leales habían obedecido la orden.

En la Puerta del Ángel, las milicias habían ocupado la plaza y los alrededores. Hombres, y también mujeres, habían tomado todas las bocacalles y lugares estratégicos como terrazas y azoteas. En la de la iglesia de Santa Cristina, vigilaban la entrada del Paseo de Extremadura.

Jóvenes de la barriada del Puente de Segovia, en la azotea de la Iglesia de Santa Cristina de la Puerta del Ángel, vigilando la entrada a Madrid. 19 de Julio de 1936. Foto Díaz Casariego. El Heraldo 20 de julio de 1936.

Otra vista de la azotea de la Iglesia de Santa Cristina de la Puerta del Ángel con hombres y mujeres armados. Al fondo el Paseo de Extremadura. 19 de Julio de 1936. Foto Contreras y Vilaseca. Archivo CNT.

Jóvenes del Puente de Segovia, en la azotea de la Iglesia de Santa Cristina de la Puerta del Ángel, perteneciente a la misma secuencia fotográfica. A la izquierda la Casa de Campo, donde Mangada tenía instalado su cuartel general. 19 de Julio de 1936. [Foto Contreras y Vilaseca]. Archivo CNT.

Vista actual de la azotea de la parroquia de Santa Cristina donde se instalaron los jóvenes el 19 de julio. FOTO EG.

Se había instalado una ametralladora en mitad de la plaza, así como barricadas para evitar el paso de vehículos.

Milicias instalan una ametralladora Hotchkiss en medio de la plaza de la Puerta del Ángel. Al fondo el Círculo Socialista del Paseo de Extremadura.

El control sobre éstos y sobre los viandantes era muy riguroso. Hay algunos testimonios recogidos en Causa General de cómo las milicias impidieron el paso de los militares al Aeródromo y Campamento.

El tranvía 35 de la línea Plaza Mayor-Puerta del Angel, detenido por un control. Dos empleados del tranvía hablan con un militar delante de una barricada en la Puerta del Ángel. 19 de julio de 1936. AHN, Causa General.

Milicias en la puerta de la Iglesia de Santa Cristina. Uno de ellos parece examinar unos papeles. Al fondo la tapia de la Casa de Campo y a la izquierda la Iglesia Santa Cristina. AHN. Causa General.

Es el caso del capitán José Guevara Lizaur, que esa mañana “intentaba subir al aeródromo en coche oficial del mismo y al llegar a la Puerta del Ángel dieron orden las Milicias al parecer transmitida por el teniente Coronel Mangada de la imposibilidad de continuar el viaje”(21). En esa tensa espera, hombres armados entraban y salían del cuartel de milicias de Mangada por la Puerta del Ángel.

Milicias armadas acompañadas de un militar (Mangada?) entran a la Plaza de la Puerta del Ángel desde la Casa de Campo por la Puerta del Ángel, procedentes del cuartel de Mangada. 19 de Julio de 1936.

El cuartel estaba situado junto a la tapia de la Casa de Campo, en la explanada inmediata a la Puerta del Ángel, en la actual Avenida de Portugal.

Casa de Campo. Milicianos en el Cuartel de Milicias de Mangada situados al otro lado de la Puerta del Ángel en la actual Avenida de Portugal. Al fondo las casas del Paseo de Extremadura y la tapia de la Casa de Campo. Foto Enderiz. AHN, Causa General.

También algún camión abarrotado de milicianos atraviesa la Puerta, ampliada años antes para permitir el paso de vehículos(22).

Un camión lleno de milicianos atraviesa la Puerta del Ángel procedente del cuartel de milicias de Mangada, situado al otro lado, en la Casa de Campo. AHN, Causa General.

José García Pradas, militante confederal comentaba a Eduardo Guzmán como en el Puente de Segovia “somos más de dos mil, pero entre todos no tenemos ni cincuenta fusiles” . Allí se encuentra también Ángel, hermano del periodista, criado en ese barrio, donde preside un club de atletismo. Ángel, es amigo de Mangada, por ello no era extraño que se encontrara en la Casa de Campo donde el teniente coronel estaba organizando los batallones. Con ellos se encontraba también, según Guzmán, Cipriano Mera recién liberado.

Manuel Tagüeña, que había pasado la noche en el Círculo Socialista del Puente de Segovia, intentaba reunir parte de las tres compañías de jóvenes socialistas, y junto a él se encuentra Fernando Claudín.

Fernando Claudín y Santiago Carrillo delante de la tumba de Pablo Iglesias. Julio de 1936. Publicada en el blog “La biblioteca fantasma”. (clic aquí para ir a la página).

El baile de gobiernos finalizaba con la noticia de un nuevo ejecutivo presidido por Giral. “No había sonado todavía un tiro, los cuarteles seguían cerrados, silenciosos y aislados, con una tierra de nadie a su alrededor, rodeada por patrullas de paisanos armados. Era una incógnita lo que Iba a suceder, pero se sabía con certeza que los aeródromos de Cuatro Vientos y Getafe estaban con el Gobierno, que los guardias de asalto eran leales a la República y que la Guardia Civil seguía neutralizada”(23). Aún se pensaba que la inactividad en los cantones era sinónimo de su lealtad a la República

A estas alturas del día, según Arrarás, “no se reconoce ya más poder que el de los sindicatos obreros. La glorieta de cuatro caminos, al comenzar la tarde está también como cuajada de milicianos y fusiles. En la plaza de Lavapiés a la misma hora, desfilan centenares de mosqueteros rojos con bandera y corneta. Junto a la puerta de Toledo se hacen ejercicios militares: unos sargentos instructores enseñan a marcar el paso a pelotones de novatos, cuyas alpargatas levantan nubes de polvo”(24).

En Campamento se espera la llegada de Alvarez Rementería,y mientras toma el mando de los Zapadores el capitán Álvarez Paz. “Pero hacen falta oficiales, media docena por lo menos, para ocupar los puentes sobre el manzanares. Hay que desistir de esa operación urgente hasta que lleguen los refuerzos de mando solicitados a Madrid por teléfono. ... En un abrir y cerrar de ojos, un vasto y misterioso rumor circula por el ámbito entero de la capital: “las tropas del campamento de Carabanchel están sublevadas contra el gobierno” (25).

Esa tarde se presentaron unos camiones custodiados por guardias de asalto en las puertas del Parque de Artillería de Pacífico, que desde primeras horas del día había sido rodeado por la multitud. Tres tenientes coroneles, Lacalle, Mangada y Marina, y dos comandantes Sánchez Aparicio y Fernández Navarro, venían a hacerse cargo del armamento y municiones(26). La espera había terminado.

Entrega de armas a las milicias en un lugar indeterminado de Madrid. Foto Marina. AHN, Causa General.

El diario “la Libertad” nos transporta con su vibrante crónica al desenlace: “El teniente coronel de Infantería D. Julio Mangada, contando con un efectivo de unos seis mil hombres, al conocer la equivoca actitud que frente al Poder constituido mantenían los regimientos establecidos en el campamento de Carabanchel, organizó, en combinación con el Gobierno, una acción militar”. Militares y milicias leales movían ficha.

Un vehículo blindado sube el Paseo de Extremadura, a la altura de la plaza de la Puerta del Ángel, en dirección a Campamento. 19 de julio de 1936.

Un carro de guardias de asalto sube el Paseo de Extremadura en dirección a Campamento, a la altura de la plaza de la Puerta del Ángel, entre las aclamaciones de los allí congregados. 19 de julio de 1936. Foto Díaz Casariego. Publicado en El Heraldo de Madrid, 20 de julio de 1936, p. 6

“...con una táctica militar admirable se organizó la marcha sobre el Campamento. La mitad del efectivo de las milicias iba por el interior de la Casa de Campo camino de Retamares para, en un movimiento envolvente, rodear completamente a los sediciosos, en colaboración con la otra mitad, que avanzaba en guerrillas por la carretera de Extremadura, y en cuya ayuda habían acudido fuerzas de la Guardia civil y de Asalto. En las primeras horas de la mañana se produjo el primer choque... que hizo comprender al teniente coronel Mangada y a los otros jefes y oficiales que con él mandaban las fuerzas republicanas que, era precisa la colaboración de la artillería y de la aviación para que el asalto a los cuarteles pudiera efectuarse con todas las garantías de éxito y con el menor número posible de bajas. Cuando se estudiaban estas posibilidades, llegó la noticia de la rendición del cuartel de Getafe, y con la noticia varios de los milicianos que habían contribuido a ella... Con este refuerzo, y en comunicación con el Gobierno, se determinó que la aviación y varios de los cañones cogidos a los sediciosos de Getafe se lanzaran como un alud sobre los que se resistían a rendirse. La batalla duró alrededor de cinco horas... Cuando de los pabellones, comprendiendo quienes les defendían que toda resistencia era inútil, sacaron banderas blancas, cosa que no ocurrió desgraciadamente en todos, los milicianos, llevando a su lado fuerzas de guardias civiles y de asalto, y todos ellos dirigidos por Mangada, Lezama, Pradas y otros paisanos y jefes y oficiales, se lanzaron valientemente.. a la toma de los edificios. Vimos a nuestro subdirector, D. Antonio de Lezama, y a varios destacados militantes de la C. N. T., amén de las ya sabidas milicias socialistas y comunistas. Sobre las dos y pico de la tarde quedó totalmente dominada la situación”(27).

Casi al mismo tiempo, caía el Cuartel de la Montaña. Los carros de la guardia de asalto recorrieron el camino inverso, y atravesaban el Paseo de Extremadura ante el entusiasmo de la multitud.

Como escribió Guzmán, en esos momentos ¿quién podía suponer cuál sería el final de todo? ¡La Guerra había comenzado!.

Inés.

Un carro de Guardias de Asalto procedente de los cantones, desciende el Paseo de Extremadura. 20 de julio de 1936. Archivo CNT.



AGRADECIMIENTOS

Quería aprovechar para agradecer a Florentino Areneros la oportunidad que me brinda para participar en su prestigioso blog, y a Moncloveño sus valiosos consejos y ayuda . También a los compañeros del foro Gefrema (www.gefrema.org/foro/) y del foro Viejo Madrid (http://viejomadrid.foro-activo.es/), y en especial a José María Pérez Córdoba.

Inés.

NOTA DE LA REDACCIÓN

Desde la Redeacción de Sol y Moscas queremos agradecerá Inés Tremis la deferencia que ha tenido al publicar esta sublime crónica en Sol y Moscas. Es todo un honor para esta modesta publicación el contar con la colaboración de una maestra consagrada de la guerracivilmaquia (que tantas puertas grandes ha abierto) como es ella. Esperamos que este acontecimiento se vuelva a repetir en el futuro y podamos ver nuevamente a Inés saltar al albero de esta su plaza donde tanto se la quiere y admira.

Florentino Areneros.

NOTAS


1-Romero Cuesta, J. El comandante Carlos de aquel 5.º regimiento... Mundo Gráfico. n. 1334, 26-05-1937, p.3
2-La bibliografía sobre el golpe de estado en Madrid es extensísima, pero este tipo de estudios “locales” han sido mucho menos frecuentes. Un ejemplo: Ciudadanos por el cambio (2011). [en línea]. El 18 de julio de 1936 en Leganés. Disponible en:

http://www.ciudadanosporelcambio.com/mantenimiento/ficheros/18julio1936%28II%29.pdf

3-Lezama recorrió esta barriada junto a las milicias para cubrir los acontecimientos en los cantones de Getafe y Campamento, mientras la mayor parte de los reporteros se mantenían en los alrededores del Cuartel de la Montaña.
4-Tagueña, M. (1973). Testimonio de dos guerras. Ediciones Oasis, México.
5-Barea, A. (1944). La forja de un rebelde (II): La llama. Editorial Losada, p. 170
6-Pozo Rivera, E. (1983). El crecimiento urbano en el inicio de la carretera de Extremadura: El barrio de la Puerta del Ángel, Anales de Geografía de la Universidad Complutense. Nº 3, p. 203
7-El abandono de una barriada. El Imparcial. 16-01-1930, p. 2
8- Arrarás, J. (1941). Historia de la Cruzada Española. Ediciones Españolas S. A. Vol. IV, tomo 17, p. 402
9-Ciudadanos por el cambio (2011). op. cit.
10-Tagüeña, M. op. cit. p. 104
11-Ibidem. p. 102
12-Arrarás, J. op. cit. p. 394
13-Guzmán, E. (2006). La muerte de la esperanza. Ediciones VOSA, p. 79
14-Ibidem, p. 84
15-Guzmán, E. (1939). Rojo y negro. Milicias confederales. Ediciones del C. de A. y D. pro C.N.T.-F.A.I., p. 50
16-Tagüeña,M op. cit. p. 104
17-Jornadas históricas. La noche del sábado 18 al domingo 19 de Julio en Madrid. Crónica. 26-07-1936
18-Guzmán. op. cit. p. 103
19-Arrarás, J. (1941). op. cit. p. 439
20-El socialista. 19-07-1936
21-Archivo Histórico Nacional, Causa General, 1517, Exp. 4
22-Madrid turístico y monumental, n. 9, 1936, p. 58
23-Tagüeña,M. op. cit.p. 107
24-Arrarás,J. op. cit. p. 439
25-Ibidem p. 419
26-Ibidem p. 422
27-Cómo se rindió el Campamento sublevado. La Libertad, 21-07-1936



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