viernes, 4 de mayo de 2012

¿SE ESTÁ PERDIENDO LA RAZA?

Durante el Siglo XIX los Borbones protagonizaron innumerables escándalos: desfalcos, infidelidades, traiciones, pelotazos, homicidios y un largo etcétera sin que los españoles nos rasgáramos las vestiduras. Sin embargo en la actualidad, la muerte de un paquidermo, una supuesta canita al aire o un desfalquillo ya prescrito del yerno, nos causan tremenda indignación. Por alguna razón los españoles nos hemos vuelto más ñoños y tiquismiquis con el paso de los lustros, ¿qué nos está pasando?,¿se está perdiendo la raza?. (Haga clic en cualquiera de las imágenes para verlas ampliadas).

¿SE ESTÁ PERDIENDO LA RAZA?

Por nuestro corresponsal Abilio Ovejero.

Estimados lectores de Sol y Moscas, nuevamente Don Florentino me concede otra oportunidad de colaborar en esta prestigiosa publicación, todo un honor para mi persona. Espero estar a la altura de la confianza que en mi deposita este auténtico auriga de la guerracivilmaquia periodística, al que desde aquí quiero agradecer públicamente esta atención para conmigo.

Hace tiempo, escribí una crónica de título ”el gen del asedio”, que habría de servir de introducción a otra sublime crónica que Don Florentino, con su magistral pluma, dedicaría al 75 aniversario del episodio del Alcázar de Toledo. En aquella crónica, tras un riguroso y científico análisis histórico quedaba demostrada la existencia de un gen exclusivo de los españoles, o más concretamente de los ibéricos.

Diferentes autores manejan diversas teorías para explicar el origen de la Guerra Civil, la mayoría de ellos coinciden en señalar el fracaso del golpe militar de julio de 1936 como el desencadenante del conflicto, otros te hablan de la revolución de octubre del 34, otros del golpe de Sanjurjo del 32, incluso para algunos responde a una reacción causa-efecto al asesinato de Calvo Sotelo, entre otras muchas, porque hay cada hooligan de la historia que quitan el hipo, alguno de ellos con su carrera de historia terminada y todo, no se vayan ustedes a creer. Es muy complicado que finalmente se llegue a un consenso en este punto, sobre todo teniendo en cuenta que hay muchos interesados en defender su versión aun a sabiendas de que es falsa y manipulada. Pero en lo que hay una gran coincidencia es en la enorme influencia que en el devenir de los acontecimientos del Siglo XX, tuvo el nefasto Siglo XIX español, que desde la guerra de Independencia hasta el desastre del 98 tuvo una historia convulsa que acabaría pos sumir a la nación en un retraso respecto a otras potencias europeas y a crear unas enormes diferencias sociales, con unas altísimas tasas de analfabetismo y de pobreza.

Tras el desastroso Siglo XIX, España iniciaría la nueva centuria con gran parte de su población sumida en la más absoluta pobreza. En la imagen vemos un dibujo de Gutierrez Solana que muestra uno de los muchos comedores para pobres que se podían encontrar por todo el país.

En todo ese tiempo, desde la Guerra de Independencia hasta nuestros días, hay una presencia constante, que con mayor o menor protagonismo ha influido y condicionado la historia de España, nos referimos a la familia Borbón. Una familia que ha protagonizado innumerables errores, escándalos y “espantás” que diría Don Florentino, pero que sin embargo siguen ahí como quien no quiere la cosa. Esta permanencia pese a las continuas y sonoras meteduras de pata es algo de lo que no encontramos equivalencia en otros países, donde por mucho menos tiran de guillotinas u otros útiles abdicantes. Lo más parecido que hemos encontrado, es la permanencia de Victoriano Sánchez Arminio al frente del Comité Nacional de Árbitros tras casi 20 años, tiempo durante el cual la Liga Española se ha convertido en la mejor del mundo, donde juegan los más grandes y afamados jugadores, pero que paradójicamente tiene a los peores árbitros del planeta, y sin embargo este personaje, al igual que su amigo Villar (si, si, ese del famoso Villarato) siguen ahí imperturbables, y lo que te rondaré morena. Pues amigas y amigos lectores, con los Borbones pasa tres cuarto de lo mismo, por muy mal que lo hagan, como el turrón El Lobo, siempre vuelven a casa por Navidad a darnos la charla.

Todos los años por Navidad, como el turrón el Lobo, podemos asistir al discurso del monarca, donde nos da sabios consejos, aunque en ocasiones ni él mismo hace caso.

La dinastía de los Borbones protagonizaría una serie de acontecimientos y sucesos en España a lo largo del Siglo XIX, al lado de los cuales lo del elefante, lo de la tal Corinna y su supuesta relación con el monarca, o los chanchullos de Urdangarín se convierten en cosas de simples aficionados. A esta familia en España les hemos permitido de todo, e incluso después de echarlos les hemos pedido que vuelvan, y tampoco nos han preocupado mucho sus chanchullos y vida privada, entonces, ¿cuál es la razón de que ahora nos preocupemos por un simple paquidermo?, ¿Qué nos importa que eche una canita al aire, y más a su edad?, ¿Qué mal hay en que el yerno quiera hacer sus pinitos financieros, sobre todo si ya han prescrito los posibles delitos?. Está claro que los españoles nos estamos volviendo más tiquismiquis que nuestros abuelos, la razón no está clara, tal vez la dieta o la televisión, y habrá de ser objeto de estudio concienzudo por parte de genetistas y sociólogos, pero la pregunta está ahí: ¿se está perdiendo la raza?.

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Para que ustedes se hagan una idea de lo que les digo, vamos a comenzar a repasar la Historia a principios del Siglo XIX. En aquellos años era Rey de España Carlos IV, que había sucedido a su padre Carlos III (posiblemente uno de los pocos Borbones que se salven de la quema). Carlos IV era, según nos los describen los historiadores, un rey de carácter débil (que además se llevó un susto de muerte con el tema de la Revolución Francesa), y estaba muy influido por su mujer María Luisa de Parma, que era quien realmente llevaba las riendas del reino, o los pantalones, como prefieran.

La familia de Carlos IV retratada Goya. Podemos señalar este reinado como el punto de inicio de una serie de despropósito y escándalos que se prolongarían durante todo el siglo. Observen en la relación de la foto inferior como la esposa de Fernando VII la han puesto mirando a Cuenca, seguramente por que en el momento de posar, todavía no se había decidido por ninguna (posteriormente tendría cuatro esposas).

María Luisa era una mujer peculiar, además de prima hermana de Carlos por parte de padres. Tenía un difícil carácter, y era una persona muy caprichosa (algo comprensible si eres rey, faltaría más). Con Carlos IV tendría 14 hijos, además de 10 embarazos más que acabaron en abortos, ya ven ustedes que actividad, me gustaría saber que dieta hacían, o tal vez fuera porque no había televisión. Pero por si esto no fuera suficiente, se le atribuyen numerosos amantes, destacando entre todos ellos el de un sargento de su Guardia de Corps de nombre Manuel Godoy (aunque algunos autores desmienten tal relación), que gracias al favor de la reina acabaría subiendo como la espuma y llegaría a ocupar las más altas responsabilidades en la gobernación de la nación, y como era costumbre si tenías el favor real, se le concederían diferentes títulos nobiliarios: duque de Sueca, duque de Alcudia, Príncipe de la Paz, Príncipe de Bassano y además Grande de España, e incluso “Generalísimo”, ahí es nada. Para los seguidores de la prensa del corazón hay que decir que la reina tenía un pique importante con la Duquesa de Alba, amiga a su vez, o algo más, de Francisco de Goya, con la que tuvo una gran rivalidad.

La esposa de Carlos IV Maria Luisa de Parma, era en realidad quien manejaba los resortes del reino. Se la atribuyen diversos amantes, entre ellos un sargento de su Guardia de Corps, Manuel Godoy, que con el tiempo y gracias al favor de la reina, legaría a ser el principal gobernante de la nación.

Sería largo el narrar los acontecimientos durante el reinado de Carlos IV, o de Godoy, donde se produjeron acontecimientos tan señalados como la Batalla de Trafalgar o el Motín de Aranjuez, y para no aburrirles, nos vamos directamente a Bayona en 1808. Allí nos encontramos con Carlos IV, junto a napoleón Bonaparte y a Fernando, hijo del primero, el cual ya había intentado hacerse con el trono de su padre el año anterior en lo que se conoció como Conjura de El Escorial, haciendo bueno el refrán de “cría cuervos…”. Allí en Bayona, a finales de abril de 1808, Napoleón tuvo que asistir al lamentable espectáculo de padre e hijo tirándose los trastos a la cabeza, y ambos acabarían cediendo sus derechos al emperador francés (tras llegar a un generoso acuerdo económico previo, por supuesto), y este a su vez cedería estos derechos en la persona de su hermano José, que sería conocido en España como Pepe Botella, que contrariamente a lo que algunos pudieran pensar no tiene nada que ver con nuestra alcaldesa Ana Botella.

Retrato de Manuel Godoy, que de sargento de Guardia de Corps, llegaría a las más altas responsabilidades en el gobierno de la nación, al cual se le otorgarían diferentes títulos y distinciones.

Mientras tanto en España se había montado una buena. En Madrid el pueblo se había echado a la calle, pero a lo grande, sin reparar en gastos. Nada que ver con las algaradas actuales de romper escaparates y quemar contenedores que tanto enervan a nuestra presidenta Esperanza Aguirre, Condesa de Murillo. Así, mientras la familia Borbón hacía sus apaños en tierras francesas, en España la sangre corría por las calles y se iniciaba una cruenta y sangrienta guerra que habría de durar cinco terribles años, periodo durante el cual se redactaría la Constitución de Cádiz, de la que ahora se cumple su bicentenario. Una constitución moderna para su tiempo, que sentaba las bases para establecer un estado moderno, más acorde con los nuevos tiempos políticos que habrían de imperar en el mundo tras el cambio que supuso la Revolución Francesa.

Tras la derrota de Napoleón, Fernando VII, que ya era conocido como “El Deseado”, regresaría a España en 1814, no sin antes haber llegado a diferentes acuerdos con Napoleón. Sin embargo, se negaría a acatar la nueva constitución, y restableció la monarquía absoluta, con lo que el lío estaba nuevamente asegurado. Tras varios años de tira y afloja, y tras el pronunciamiento del general Riego (el de el himno) el rey se declararía un convencido constitucionalista, aunque en las sombra maniobraba para retomar el poder absoluto. El rey acató la constitución, comenzando así el trienio liberal, que vería terminar sus días con la llegada desde Francia de los Cien Mil Hijos de San Luís, que reinstaurarían la monarquía absoluta en 1823, dando inicio a lo que se conoció como Década Ominosa, y ya se pueden imaginar por el nombre como fueron aquellos diez años.

Fernando VII entraría en la historia intrigando para hacerse con el trono de su padre. Su reinado fue uno de los más nefastos de toda la historia de España, de ser conocido como “el Deseado” al principio de su reinado, acabaría siendo designado como “el Felón”.

Fernando moriría en 1833, ahora ya era conocido con el sobrenombre de “el Felón”, tras un reinado plagado de traiciones, engaños y mal gobierno, que dejarían a España el la “pole position” del desastre. Durante su azarosa vida había contraído matrimonio en 4 ocasiones, en primer lugar con su prima María Antonia de Nápoles con la que no tuvo descendencia. Posteriormente con su sobrina Isabel de Braganza y tras la dramática muerte de esta durante un parto, lo haría con María Josefa Amalia de Sajonia, con la que tampoco tendría descendencia. Tras la muerte de esta última en 1829 (estaba claro que casarse con este rey era un deporte de riesgo), se casaría con su sobrina María Cristina, con la que engendraría dos hijas: Isabel, que reinaría como Isabel II, y Luisa Fernanda.

La reina María Cristina, cuarta esposa de Fernando VII con quien tendría dos hijas. A la muerte de este ocuparía la regencia, tiempo en el que no sabemos si influida por las andanzas de su suegra, se emparejó con una sargento de la Guardia de Corps con el que tendría ni más ni menos que la friolera de ocho hijos.

Antes de morir Fernando firmaría la Pragmática Sanción, que permitiría reinar a su hija Isabel en detrimento de su hermano Carlos, al que le correspondería heredar el trono según las leyes anteriores. Como se pueden imaginar tratándose de esta familia, el lío volvía a estar asegurado y comenzó la Primera Guerra Carlista (1833-1840), que enfrentaría a los seguidores del infante Carlos, apoyado por los sectores más conservadores y por territorios interesados en mantener sus privilegios forales como el País Vasco y Navarra, o bien en recuperarlos como Aragón o Cataluña, que los habían perdido tras la llegada de los Borbones. En el otro bando se encontraban los partidarios de la Reina Regente, es decir María Cristina, principalmente liberales y constitucionalistas, muchos de los cuales habían sido represaliados anteriormente durante el reinado de Fernando VII. El carlismo, pese a perder esta guerra y dos posteriores, se mantendría prácticamente hasta nuestros días, desarrollando un papel de crucial importancia durante la Guerra Civil y el posterior régimen franquista, aunque serían muchos los carlistas que se sentirían engañados por le general Franco.

Ya en el Siglo XX y en plena Guerra Civil, el régimen franquista haría suyo parte de la simbología e ideario del carlismo tradicional, muchos de cuyos seguidores se sintieron traicionados por el régimen. En la foto vemos al general Franco presidiendo el Desfile de la Victoria de 1939 en Madrid, tocado con la tradicional boina de los carlistas.

Pero por lo poco que hemos visto por hasta ahora de esta familia, ya se pueden ustedes imaginar que en este periodo bélico no se iban a estar quietos, y la regente María Cristina (Isabel era una niña todavía), no sabemos si siguiendo el ejemplo de su suegra María Luisa, la mujer de Carlos IV, también se lió con una sargento de la Guardia de Corps, de nombre Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, con el que tendría ni más ni menos la cantidad de “ocho hijos, ocho” (sigo pensando en la dieta o en la televisión). Al igual que Godoy, este sargento venido a más, sería elevado a la categoría de Duque de Riansares con Grandeza de España, así como Marqués de San Agustín, además de Teniente General y senador vitalicio. Sin olvidar que a los ocho retoños también fue necesario crearles algún condado, ducado, marquesado y similares. El Duque de Riansares pronto se descubriría como un lince para los negocios, y junto con su mujer crearon diferentes empresas promotoras de ferrocarriles, un negocio en auge en aquellos años, y otras inversiones (incluyendo negocios con el tráfico de esclavos). El Duque tenía una fluida relación con promotores de la categoría de los Rothschild, los banqueros franceses Laffitte y el autóctono Marqués de Salamanca, otro angelito de la época cuya figura avergonzaría a algunos que hoy en día, con indisimulada vanidad y gran orgullo, se tildan como especuladores inmobiliarios y financieros, unos mindundis a su lado. Era tal la avidez de esta familia que se llegó a decir que «no había proyecto industrial en el que la Reina madre no tuviera intereses». Lo de la Reina y el sargento clamaba al cielo, y en 1840 se haría con el poder el general Espartero que mandaría a reina, marido, negocios y retoños al exilio francés. Ya fuera de España, María Cristina aprovecharía para darse una vuelta por Roma, donde el papa Gregorio XVI (o Gregorio "equis uve palito" que cantaban los jóvenes en las jornadas con el Papa del pasado verano madrileño) daría la bendición a su matrimonio morganático con el sargento.

El Duque de Riansares, que de sargento de la Guardia de Corps y tras contraer matrimonio morganático con la viuda de Fernando VII, se convertiría, además de en noble, en un acaudalado hombre de negocios que haría sonrojar de vergüenza a los supuestos amaños que se le atribuyen Iñaki Urdangarín.

Nos encontramos en 1840, con el general Espartero de regente y una reina niña todavía menor de edad. En este momento, España ha perdido ya la mayoría de sus posesiones de ultramar, y la inestabilidad política es una constante. Las Cortes deciden que es necesario que la futura reina tenga una formación acorde con los principios constitucionales y designan a Agustín Argüelles, uno de los padres de la Constitución de Cádiz, como tutor de la princesa. Le ayudaran en esta tarea el poeta y escritor José Quintana y José Vicente Ventosa, que diseño un innovador sistema pedagógico hecho a propósito para las infantas (su hermana Luisa Fernanda también entraba en el lote formativo), que incluía incluso juegos para motivar el deseo de aprender. Sin embargo los resultados no fueron los esperados, la niña no daba señales de querer esforzarse y aprender. La situación en palacio no era favorable para el cometido de Argüelles, así, nada más iniciar su misión encomendada, tuvo que hacer frente a una rebelión de las damas de compañía de la reina, conocido como el “motín de las damas de Palacio”, que dimitieron en masa como protesta por la marcha de la Reina Cristina, así como por la presencia de liberales en Palacio, incluyendo a la nueva aya de la niñas, la condesa de Espoz y Mina, viuda del general liberal del mismo nombre, ya que esta no era si quiera “grande de España”.

La reina Isabel II a la edad de quine años pintada por Madrazo.

En 1843 terminó el periodo esparterista, tras el pronunciamiento militar de Narváez y Serrano (otro pronuciamineto más de los muchos del SXIX), y con el mismo terminaría también el programa de educación de la futura reina, que de todas formas había sido un rotundo fracaso. En ese momento Isabel contaba solamente con 13 años, lo que no impidió que fuera proclamada reina a esa edad tras promulgarse una ley por la que se la declaraba mayor de edad. De esta forma nos encontramos con una niña técnicamente huérfana en el Trono de España, con una mínima formación académica y cultural, convertida en un títere de los gobernantes de cada momento y rodeada de una camarilla de personajes singulares que habrían de ejercer una influencia determinante en el comportamiento y acciones de la Reina, y de rebote en la Historia de España.

En nuestra próxima crónica conoceremos un poco más de la vida en palacio de Isabel II, a la que se le atribuyen un buen número de amantes, así como episodios de gran laxitud moral que rozaban la orgía. En la imagen uno de los dibujos del folletín de título "LOS BORBONES EN PELOTA" creado por los hermanos Bécquer como crítica y caricatura de los desmanes palaciegos.

Y vamos a poner aquí, en el momento en que Isabel II es proclamada reina, el punto final a la primera parte de esta crónica. En una próxima entrega les contaremos como la joven reina es obligada a casarse con solamente 16 años, con su primo hermano Francisco de Borbón, Duque de Cádiz, conocido popular y maliciosamente como “la Paquita” a causa de su supuesta homosexualidad. También conoceremos historias de infidelidades varias, paternidades reconocidas a golpe de talonario, supuestas orgías sexuales en Palacio, e incluso tiroteos entre la familia, con muertes incluidas. Todo un auténtico folletín decimonónico que no deben dejar de leer.

CONTINUARÁ: HAGA CLIC AQUÍ PARA IR A LA SEGUNDA PARTE.

Abilio Ovejero.


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viernes, 27 de abril de 2012

DERRIBO Y MUERTE DEL PILOTO SERGEI TARJOV (II PARTE)

Durante la Batalla de Madrid la ciudad sufriría un buen número de bombardeos indiscriminados que provocarían innumerables victimas civiles. En la imagen vemos un bombardeo Savoia SM81 escoltado por un grupo de “chirris”. (Hacka clic en cualquiera de las imágenes de esta crónica para verlas ampliadas).

DERRIBO Y MUERTE DEL PILOTO SERGEI TARJOV (II PARTE)

Finalizaba nuestra anterior crónica en una habitación del hotel Palace de Madrid la noche del 13 de noviembre de 1936, donde el “periodista” Mijail Koltsov conversaba con Sergei Tarjov “Antonio”, capitán de una escuadrilla de Polikarpov I-15, los populares “chatos”, cuyo aparato había sido abatido esa misma mañana en un espectacular duelo aéreo en el cielo de Madrid, el más importante de toda la guerra hasta aquel momento por número de aparatos que intervinieron en el mismo. Tarjov ante la imposibilidad de controlar el aparato se vio forzado a saltar en paracaídas. Mientras descendía es confundido con un piloto alemán y los milicianos abren fuego sobre él causándole graves heridas, de las que es operado ese mismo día en el hotel Palace convertido en hospital de sangre.

Sergei Fedorovich Tarjov había nacido en Saratov, Rusia, el 8 de octubre de 1909. Desde 1929 era miembro del partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Por medio del Komsomol (Unión Comunista de la Juventud) sería enviado a estudiar en la Escuela Militar de Leningrado para ingresar en la fuerza aérea, la formación práctica la realizaría en la Escuela de Pilotos Militares de Orenburg. Se graduó en julio de 1929 como piloto militar, siendo destinado a los distritos militares de Kiev y Bielorrusia. En 1934 se graduó en la escuela de vuelo superior táctico. En Febrero de 1936, antes de de ir a España, pasó a comandar el Escuadrón 107 de la Aviación de Combate de la URSS.

El piloto ruso Sergei Tarjov “Antonio”.

En esta crónica, continuación de la anterior, seguiremos repasando los textos del “Diario de la guerra de España” de Mijail Koltsov referidos a la guerra en el aire, entre los días 13 y 23 de noviembre de 1936, que fueron los días de mayor intensidad de la Batalla de Madrid. Koltsov oficialmente era corresponsal del diario Pravda en España, sin embargo sus funciones iban mucho más allá, fue asesor político, asesor militar y llegó a intervenir directamente en algunos combates, como ya vimos en una crónica anterior sobre el asalto al Alcázar de Toledo. Mijail Koltsov llegaría incluso a ser considerado por algunos como “los ojos y los oidos de Stalin en España”, y no cabe ninguna duda de que en aquellos días ejercía un gran poder, y pocas cosas y decisiones escapaban a su control. El novelista Hemingway llegaría a decir de él que era “uno de los tres hombres más importantes de España”. Por ello la lectura de su diario, de una gran calidad literaria por otra parte, es un ejercicio imprescindible para todo aquel aficionado a la guerracivilmaquia que quiera conocer como fueron los primeros meses de la guerra, y más concretamente la Batalla de Madrid. Recomendamos a nuestros lectores, los que todavía no lo hayan hecho, la lectura del “Diario de la guerra de España” de Mijail Koltsov, reeditado por Planeta en 2009 con un interesante prólogo de Paul Preston.

Retomamos el relato de Koltsov (omitiendo lo que no tenga relación con la guerra en el aire o con Sergei Tarjov) en la mañana del 14 de noviembre de 1936, uno de los momentos álgidos de la Batalla de Madrid, cuando se luchaba, a veces cuerpo a cuerpo, en las trincheras de la ciudad, y la intensidad de los bombardeos indiscriminados de la aviación franquista, y la frecuencia de los combates aéreos aumentaban.

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14 de noviembre

Hoy, por la mañana, ha sido volado el puente de Segovia. Lo ha volado un Junker de una bomba, sin quererlo él mismo. Apuntaba a las unidades republicanas que estaban junto al puente. Cerca de la estación de Atocha, las bombas han estropeado la fachada del Ministerio de Fomento. Dos enormes columnas de mármol se han deshecho como si fueran de azúcar. Al lado del ministerio, una bomba ha abierto un embudo muy hondo, por el que se ven los raíles del metro. Bien es verdad que el metro, aquí, no está construido a gran profundidad. La potencia de las bombas es enorme. Son bombas de media tonelada.


…las bombas han estropeado la fachada del Ministerio de Fomento. Dos enormes columnas de mármol se han deshecho como si fueran de azúcar.

Lo ocurrido con Antonio ha causado una honda impresión en el Estado Mayor. Se ha dado una orden especial sobre la salvaguarda de la vida de todos los pilotos, aunque sean enemigos, que efectúen un aterrizaje forzoso o que salten en paracaídas sobre territorio republicano. Todos los aviadores ilesos serán dirigidos inmediatamente al Estado Mayor, sin hacerlos objeto de ofensas de palabra ni de hecho. Se ordena que a los heridos se los conduzca inmediatamente al hospital. Quienes infrinjan la orden serán entregados a un tribunal militar.

El general Miaja (sentado) junto a su ayudante el general Cardenal.

En la orden se dice:

«Comprendemos muy bien el sentimiento de ira y de furia que se apodera de los milicianos al ver a los fascistas destructores de nuestras casas. Pero principios de orden militar nos obligan a exigir de todas las unidades una actitud correcta respecto a los aviadores prisioneros. El piloto que salta en paracaídas, queda fuera de combate y, al mismo tiempo, es de gran valor la información que de él se puede obtener. El mando espera que no serán las medidas de castigo, sino la conciencia de los combatientes republicanos, lo que hará cumplir esta orden.»
La orden se ha publicado en todos los periódicos y ha sido transmitida por radio.


15 de noviembre

Como respuesta a la magnánima orden sobre el humano trato que se ha de tener con los aviadores, los fascistas han arrojado sobre el aeródromo madrileño de Barajas una carga monstruosa. Al paracaídas iba atada una caja de madera con la inscripción: «Valladolid.» Al abrir la caja, se ha encontrado dentro un cadáver cortado en pedazos, un montón espantoso de carne ensangrentada y trozos de ropa. Por algunos indicios se ha logrado reconocer el cuerpo del aviador de un caza republicano, José Galarza, quien ayer participó en un combate aéreo y efectuó un aterrizaje forzoso en territorio enemigo. Para llevar a cabo su acción, los fascistas necesitaron por lo menos varias horas. Tuvieron que cortar el cuerpo de José Galarza (¿muerto o vivo?) a lo matarife, en pedazos; luego tuvieron que colocar esos trozos en una sábana, atarla para hacer un lío, colocarlo en la caja, atarla al paracaídas, entregarla a un aviador, efectuar el vuelo con la caja y arrojarla.

Al paracaídas iba atada una caja de madera con la inscripción: «Valladolid.» Al abrir la caja, se ha encontrado dentro un cadáver cortado en pedazos, un montón espantoso de carne ensangrentada y trozos de ropa.

El capitán Antonio se consume en la cama. Le es muy difícil no moverse. Exige que le visiten sus «muchachos» de la escuadrilla de “chatos”, los llama por su nombre, cita entre ellos a José Galarza. Un obús ha estallado nuevamente junto al Palace. Las paredes han temblado. Los heridos han saltado de sus camas y han salido al corredor. Ha saltado y ha salido, también, Antonio. A duras penas lo han metido en la cama. Tiene vaga la mirada, habla mucho. El médico ha dicho que empieza la peritonitis.

Durante todo el día se han librado incesantes y encarnizados combates aéreos. Los «chatos» pelean intrépidamente contra la aviación fascista que casi es tres veces superior. A las dieciséis horas, durante su cuarto combate del día, un caza republicano, separándose de su eslabón, ha atacado audazmente a un grupo de Junkers. Tras él se ha lanzado una bandada entera de Heinkels y lo han derribado. El aviador ha saltado en paracaídas y ha caído indemne en el paseo de la Castellana. La muchedumbre, entusiasmada, ha llevado en brazos al valiente a un automóvil. A los quince minutos ya se encontraba en el edificio del Ministerio de la Guerra. Los miembros de la Junta de Defensa aplauden al héroe, le abrazan. El piloto, Pablo Palancar, se siente confuso ante semejante recibimiento. Tiene los cabellos enmarañados, de sus atrevidos ojos no ha desaparecido aún la excitación de la lucha y del peligro. Informa brevemente y pide permiso para volver en seguida a su unidad.


Pavel Rigachov “Pablo Palancar”.

17 de noviembre

Noche de pesadilla. Los Junkers han volado furiosos desde las once de la noche hasta las cinco de la madrugada. Han atacado con bombas de media tonelada toda la parte central de la ciudad. Los edificios más afectados por el bombardeo han sido los hospitales.

En el Palace vibraban sin cesar las paredes, tintineaban los cristales rotos, gritaban histéricamente los heridos. La enfermería se ha convertido en un manicomio ensangrentado. No he podido ir a ninguna parte, hasta el amanecer he permanecido sentado junto a la cama de Antonio, sosteniendo en mis manos las suyas, grandes, pero ya débiles y húmedas, procurando no estremecerme con él cuando retemblaban las bóvedas, cuando la oscuridad absoluta quedaba rasgada por el relámpago de las explosiones y el precipitado rumor de pasos en el corredor despertaba el gregario deseo de lanzarse hacia abajo y refugiarse en el sótano. ¡Antonio no puede correr, no debe ser llevado a ninguna otra parte!


Los Junkers han volado furiosos desde las once de la noche hasta las cinco de la madrugada. Han atacado con bombas de media tonelada toda la parte central de la ciudad”. En la imagen vemos la calle Costanilla de los Ángeles.

-¡¿No me abandonarán, aquí?! ¿,No me dejarán? Me parece que ya han salido todos. ¿Por qué nos quedamos, nosotros?
-No se ha ido nadie, quédate tranquilo en la cama. Sobre nosotros tenemos nada menos que cuatro pisos. Además, yo estoy contigo, a tu lado, esto significa que no pasa nada grave, ¿no es así?
-;No te vayas por nada del mundo! De otro modo, también yo me levantaré e iré detrás de ti.
Se durmió, mejor dicho, quedó adormilado, inconsciente, después de las cuatro de la madrugada. Yo salí a la calle -en torno, ruinas, cascotes, huellas de incendios-. El Palace ha sufrido poco; en cambio, a su lado ha sido reducido a cenizas un gran hotel de lujo, el Savoy, uno de los mejores de Madrid. Del bar instalado en la planta baja, por una verdadera casualidad, ha quedado el mostrador con licores. Estremecido por el frío matinal, he contemplado cómo dos mozos, riendo, probaban el contenido de las botellas.


El Palace ha sufrido poco; en cambio, a su lado ha sido reducido a cenizas un gran hotel de lujo, el Savoy, uno de los mejores de Madrid.”. En la fotografía vemos el Hotel Savoy, ubicado en la Plaza de Platerias Martínez, se conserva el edifico aunque ya no es un hotel.

En el hospital de San Carlos han quedado completamente destruidos los dos pisos superiores. Han sufrido mucho el hospital provincial de Madrid de la Federación Sanitaria y el hospital de la Facultad de Medicina de la Universidad. En San Carlos hay veintitrés muertos y noventa y tres heridos por efectos del bombardeo. Además, a consecuencia de la evacuación precipitada del hospital, por la noche, han muerto noventa heridos.
Se supone que las bombas no han caído en los hospitales por casualidad.
Los bombarderos arrojaban primero hacia abajo bengalas luminosas, veían cuáles eran los edificios y luego echaban las bombas.


19 de noviembre

Estas cuarenta y ocho horas han sido lo más terrible de cuanto hasta ahora ha experimentado la desgraciada ciudad.
Madrid arde. Las calles están llenas de luz, en las calles hace calor, pero no es de día ni es verano, sino una noche de noviembre. Camino por la ciudad; un enorme resplandor ilumina las calles por todas partes, a dondequiera que me dirija.
Madrid arde. Lo ha incendiado la aviación alemana.



Madrid arde. Las calles están llenas de luz, en las calles hace calor, pero no es de día ni es verano, sino una noche de noviembre”. En la imagen la Plaza del Carmen con los edificios adyacentes ardiendo por efecto de los bombardeos aéreos.

La resistencia de Madrid ha provocado en los fascistas una furia ciega. Han decidido borrar de la faz de la tierra la capital de España, aniquilar a sus habitantes o por lo menos obligar a los defensores de Madrid a ceder la capital para conservar un millón de vidas humanas. Lo que ahora ocurre puede hacer perder el equilibrio hasta al hombre más firme. Ni siquiera sé si cabe garantizar que los madrileños adultos conservan la psique en orden. En la ciudad han aparecido muchos alienados.

El hecho es que la prueba aún no ha terminado. El mando fascista bombardea a Madrid con fuerza creciente. Aquí ha sido concentrada en lo fundamental toda la aviación de los facciosos. Hoy, durante el día, han bombardeado la ciudad veinte Junkers acompañados de treinta cazas -había de una vez cincuenta aparatos en el aire-. La aviación republicana, numéricamente, es en mucho más débil. Su audacia no siempre puede compensar la superioridad de fuerzas del enemigo. De todos modos, los chatos han abatido hoy dos Junkers y dos cazas. El bombardeo se reanuda cada tres o cuatro horas. Y después de cada incursión aérea, es mayor y mayor el número de ruinas humeantes, cada vez hay más y más carne humana ensangrentada. Resuenan por las calles los lamentos, los llantos, los gemidos de la enloquecida gente. Asesinos perspicaces, tranquilos, en naves grises, oscuras, de acero, una y otra vez vuelan sobre la ciudad, una y otra vez arrojan el estruendo de la muerte sobre las indefensas personas. Transcurren tres o cuatro horas. De la calle han tenido tiempo de retirar a las víctimas; soplan en las habitaciones frías corrientes de aire -son muy pocos los cristales de las ventanas enteros, no rotos-. Y todo vuelve a comenzar desde el principio. Lo que parecía una maligna utopía, prototipo libresco de la futura guerra, se ha convertido ahora en un hecho. En el umbral del año 1937, el militarismo fascista, a los ojos del mundo entero, destruye una enorme capital europea.


Ayer, la aviación fascista necesitaba aún bengalas luminosas. Hoy, la ciudad en llamas se ilumina a sí misma”. En esta fotografía vemos los restos de lo que fue el Mercado de la Plaza del Carmen.

Bien avanzada la noche, recorremos las calles de Madrid. Ayer, la aviación fascista necesitaba aún bengalas luminosas. Hoy, la ciudad en llamas se ilumina a sí misma. Embriagados por el espectáculo de los incendios, los asesinos vuelven una y otra vez, arrojando siempre nuevas bombas sobre nuevos blancos, sobre nuevos seres vivos.

23 de noviembre

Por la mañana ha muerto el capitán Antonio.

Ha estado delirando hasta las últimas horas de su vida: subía al caza, atacaba los aparatos de bombardeo fascistas, daba órdenes. Un cuarto de hora antes de la muerte, de súbito, ha recobrado el conocimiento. Ha preguntado qué hora era y cómo luchaba su escuadrilla. Recibida la contestación, ha sonreído.
-Que feliz soy de haber conducido, por lo menos antes de la muerte, a mis muchachos a1 combate... ¡Son mis discípulos, mi semilla, mi sangre!
Ahora ya no combate. Grande, tranquilo, yace sin movimiento, con una flor en la almohada. Primero lo han llevado abajo, al garaje convertido en depósito de cadáveres, donde también estuvo el tanquista Simón. Luego le hemos a un cementerio, en la parte oriental de la ciudad. Hermoso cementerio. Aquí traen gente sin cesar. Ahora es poco menos que el único. El cementerio donde enterrábamos antes a los aviadores de la escuadrilla internacional, en el extremo de Carabanchel, ya está en manos de los fascistas.


Uno de los muchos entierros de militares que se pudieron ver en Madrid durante los meses de la guerra.

Sólo cinco personas acompañan el ataúd de Antonio, entre ellas el médico y la hermana de la caridad que lo han estado cuidando. Los «chatos» no han podido acudir a despedirse de su jefe. El día es claro, combaten. Precisamente estando nosotros en el cementerio han volado por encima de él altos, muy altos; la audaz bandada se lanza una y otra vez a nuevos combates.
En este cementerio no entierran los ataúdes, los colocan en nichos de cemento, dispuestos en dos pisos.
Hemos mirado una vez más a Antonio.
El celador del camposanto ha comprobado el documento del hospital, ha colocado la tapa del féretro y lo ha cerrado. Extraña costumbre la de España: cierran el ataúd con llave.

-¿Quién es, aquí, el pariente más próximo? -pregunta el celador.
-Yo soy el pariente más próximo -contesto.
Me ha tendido una llavecita de hierro atada a una cinta negra. Hemos levantado el ataud hasta el nivel de los hombros y lo hemos colocado en la hilera superior de nichos. Nos hemos quedado mirando cómo un albañil, manejando hábilmente la llana, tapiaba el hueco.
-¿Qué inscripción se ha de poner? -pregunta el celador.
-Ninguna -he respondido-. Por de pronto, yacerá aquí sin inscripción. De él escribirán donde hace falta.(*)

Mijail Koltsov


Casi con toda seguridad Mijail Koltsov cuando habla de “un cementerio en la parte oriental de la ciudad”, se está refiriendo al madrileño cementerio de La Almudena, o tal vez al Cementerio Civil. La pregunta ahora sería saber si los restos del piloto continúan en este cementerio, o posteriormente fueron trasladados, quizá al cementerio de Fuencarral donde serían enterrados un buen número de los fallecidos den combate de las Brigadas Internacionales. Tampoco descartamos la posibilidad de que sus restos fueran repatriados, algo bastante improbable, así como tampoco descartamos que una vez finalizada la guerra los restos de Tarjov, al igual que los de otros muchos fallecidos del Ejercito Republicano, fueran traslados al mausoleo del Valle de los Caidos. Seguiremos investigando.

Florentino Areneros.

(*) El capitán Sergei Tarjov sería distinguido como “Héroe de la Unión Soviética” a título póstumo el 31 de diciembre de 1936.

Monumento a los voluntarios de la Unión Soviética que perdieron su vida en la Guerra de España. Este monumento está ubicado en el madrileño cementerio de Fuencarral donde también se encuentran otros dedicados a la memoria de los brigadistas internacionales.


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viernes, 20 de abril de 2012

DERRIBO Y MUERTE DEL PILOTO SERGEI TARJOV (I PARTE)

En este cuadro de Juan Abellán podemos ver dos aparatos Polikarpov I-15 “Chato”, los primeros aviones de caza soviéticos que actuaron en los cielos de Madrid en 1936 pilotados por pilotos de la unión soviética. (Haga clic en cualquiera de la imágenes para verla ampliada).

DERRIBO Y MUERTE DEL PILOTO SERGEI TARJOV

Por Florentino Areneros

En nuestra anterior crónica publicábamos una necrológica, redactada por Juan Manuel Riesgo, sobre la figura de Juan Abellán, un afamado pintor que dedicó gran parte de su obra a temas de la aeronáutica militar. Su vocación e interés por estos temas tal vez haya que buscarlos el día del 13 de noviembre de 1936, cuando siendo todavía un muchacho, presenció desde la terraza de la Residencia de Estudiantes, donde se encontraba cursando estudios, un espectacular combate aéreo en los cielos de Madrid, en el que pudo contemplar el derribo de uno de los aviones que en aquel duelo participaba. Aquel combate aéreo fue probablemente el primero que contemplaban muchos madrileños, acostumbrados hasta ese momento a ver a las escuadrillas de aviones de bombardeo alemanes e italianos, bombardear la ciudad con total tranquilidad e impunidad.

Fotografía tomada durante la Guerra Civil de la calle Pintor Rosales esquina a Marqués de Urquijo. En el edificio de la derecha está marcada la ventana del sótano donde permaneció refugiado Fernando Cardenal los primeros días de la Batalla de Madrid.(Pueden encontrar el relato integro en una entrevista que le fue realizada para el número 14 de la revista Frente de Madrid ).

Otra de las personas que presenciaron aquel combate fue nuestro buen amigo Fernando Cardenal “Niño de Rosales”, como nos confesó al leer el obituario de Abellán. Fernando había pasado los primeros días de la Batalla de Madrid escondido en el sótano de la finca que se encuentra en la esquina de Marqués de Urquijo con el Paseo Rosales, donde su familia poseía una academia dedicada a la formación de señoritas. En esa misma casa, en el ático, residía también la pareja formada por Teresa León y Rafael Alberti. La casa, por su situación frente al Parque del Oeste quedaría en primera línea de fuego y muy expuesta a los impactos, por lo que tuvieron que trasladarse más a la “retaguardia”, refugiándose en otro sótano en compañía de varios vecinos, esta vez en un edificio que hace esquina entre las calles de Marqués de Urquijo y Martín de los Heros, donde su familia tenía alquilada otra vivienda, cuyas ventanas interiores daban hacia el sureste, hacia el Cuartel de la Montaña, y fue desde esas ventanas desde donde Fernando contempló aquel enfrentamiento, que al igual que le ocurrió a Juan Abellán, quedaría grabado para siempre en su memoria.Jesús Salas Larrazabal, tiene referencias a otro derribo de un avión soviético que caería sobre el Cuartel de la Montaña, sería este combate el que pudo contemplar Fernando Cardenal desde la ventana de su domicilio orientada hacia el cuartel (Pueden encontrar el relato integro en una entrevista que le fue realizada para el número 14 de la revista Frente de Madrid ). Este combate aéreo tuvo lugar el 8 de noviembre según la versión de Salas: “Un residente en Madrid afirma que en la mañana del 8 de noviembre cayo un Chato en el Cuartel de la Montaña y que su piloto, lanzado en paracaídas, fue muerto por los milicianos, que lo tomaron por alemán. Mi informante recogió una libreta que se le cayó al piloto y recuerda perfectamente que estaba escrita en caracteres cirílicos, lo que demuestra que el piloto era ruso. Pensé yo inicialmente que este suceso habría ocurrido el día 9, pero el testigo llevaba su propio diario, que conserva. La discrepancia de horarios puede resolverse situando el combate a las dos de la tarde –lo que concuerda con los relatos de Seibane y del parte de Madrid- hora que los madrileños consideran aún de la mañana, dada la tardía hora a que acostumbran a comer”.
(1)

Fotografía de la finca de Marques de Urquijo esquina a Martín de los Heros donde residía Fernando Cardenal, desde una de las ventanas de su casa contemplaría como un avión derribado caía en la zona del Cuartel de la Montaña. ).


Con toda esta ingente cantidad de jugosa información, no podíamos dejar sin torear este morlaco que nos han colocado en suerte, o por lo menos intentarlo. Y fue así como llegamos hasta la figura del piloto que fue derribado y tuvo que saltar en paracaídas, un capitán ruso de nombre Sergei Tarjov, también conocido como “Antonio”, que moriría a los pocos días a consecuencia de la heridas que sufrió aquel día.

Tras el golpe militar de julio, los sublevados comenzaron a recibir una importante ayuda por parte de las potencias fascistas europeas, Alemania e Italia. Una ayuda de vital importancia en los primeros momentos del conflicto, que permitiría a los sublevados desarrollar diferentes operaciones estratégicas, destacando entre todas ellas el “Paso del Estrecho”, que sería el primer puente aerotransportado de la historia militar, y que permitiría a los rebeldes trasladar un importante número de efectivos del Ejercito de África, a la península, una operación que acabaría por inclinar radicalmente la situación inicial (a esta operación militar dedicamos una crónica que ustedes pueden leer haciendo clic aquí). Por su parte las potencias llamadas democráticas, Francia y el Reino Unido, acabarían inclinándose por la elaboración de un Pacto de No Intervención, en el que también participarían Alemania, Italia y la Unión Soviética. Con este pacto se pretendía evitar que el conflicto español pudiera generalizarse y provocar su extensión al resto del continente. Aunque inicialmente los cinco estados firmarían este pacto, tanto Alemania como Italia continuarían con el envío de material y personal militar a los rebeldes, posteriormente la Unión Soviética comenzaría a enviar material militar, así como asesores y técnicos al gobierno de la República. La ayuda soviética supondría un fuerte espaldarazo a las opciones republicanas, cuyas fuerzas en los primeros meses de la guerra se habían visto incapaces de detener el arrollador avance del Ejército de África, que tras cruzar el estrecho, se dirigía imparable hacia la capital de España.

Fotografia coloreada a un grupo de soldados marroquies de Regulares esperando para ser transportados a la península. Al fondo otro grupo de soldados nativos sube a uno de los Junker 52 facilitados por Hitler a los sublevados.

En Octubre de 1936 comenzaron a llegar cargueros con la ayuda soviética a los puertos españoles de la zona republicana, principalmente al de Cartagena. En estos envíos se contemplaba todo tipo de armamento, destacando por el protagonismo que habrían de tener posteriormente los tanques T-26, así como los aviones, principalmente los bombarderos Tupolev SB-2 “Katiuska” y los cazas Polikarpov I-15 “Chatos” y los I-16 “Moscas”. Estas unidades aéreas se embarcaban desmontadas, teniendo que proceder a su ensamblaje una vez en tierra, lo que suponía tener que esperar un tiempo desde su desembarco hasta su entrada en acción. El avión conocido como Chato había sido diseñado en 1933 por el proyectista de aviones soviético Nikolai Nikolaiev Polikarpov, que en ese momento era jefe de la Oficina de Proyectos del Instituto Central de Aerodinámica de Moscú. El avión debería sustituir a los obsoletos modelos Polikarpov I-5 de los años 20. El avión comenzó a fabricarse en 1934, con la denominación de Polikarpov I-15 “Chatka”, que en ruso significa “gaviota”.(2)

El avión de bombardeo SB-2 “Katiuska”, que comenzaría a operar en los cielos de España en los últimos días de octubre de 1936. ).

El 13 de octubre el carguero soviético “Bolshevik” desembarcaba en Cartagena 13 aviones I-15, y el 16 el buque “Lavamendi” trasbordaba en alta mar 12 aparatos I-15 a buques de menor tamaño que los desembarcarían posteriormente también en Cartagena. A continuación serían trasladados al cercano aeródromo de Los Alcázares, que contaba ya con amplios medios trasladados de los talleres antes ubicados en la zona periférica de Madrid, donde serían montados bajo la supervisión de técnicos rusos. Con estos 25 aparatos a principio de noviembre se organizarían las dos primeras escuadrillas de “Chatos”, que serían conocidas en aquellos momentos por el nombre de sus jefes, los soviéticos Pavel Vassillievic Richagov “Pablo Palancar” y Sergei Tarkhov “Antonio” (2).

El Polikarpov I-16 “Mosca”, un monoplano de grandes prestaciones que junto con los “Chatos” provocarían un giro radical en la guerra en el aire. Según algunas versiones, es posible que Sergei Tarjov fuera derribado a los mandos de uno de estos aparatos en vez de un I-15 como sostienen las mayoría de versiones. ). En la imagen vemos el aparato que ha restaurado la Fundación Infante de Orleáns.

El 4 de noviembre entrarían por primera vez en combate estas dos escuadrillas, terminando con la impunidad con la que hasta ese momento habían actuado las escuadras de bombardeo de la aviación franquista. Del impacto que causo la aparición de estos modernos y manejables aparatos en el cielo de Madrid da fe el hecho de que el siete de ese mismo mes el jefe de la Fuerzas Aéreas de Talavera (el principal grupo que operaba sobre Madrid), el coronel italiano Ruggero Bonomi “Federico Federici” ordenaba: “Por número de cazas enemigos, coronel dispone no se preste ningún servicio”. Sin duda esta orden influyó en los combates posteriores, y así el domingo 8 “las columnas del ala izquierda de Varela, irrumpieron en la Casa de Campo, pero, carentes de apoyo aéreo, fueron frenados en su arboleda”(1). Tendría que ser el propio Franco el que ordenara a las 15:15 de ese mismo día que tres Romeo 37 y nueve Fiat acudieran a proteger el avance por la Casa de Campo. El coronel Bonomi según recoge en sus memorias acataría la orden al haberse reparado diferentes aviones y contar ya con un número suficiente de aparatos para realizar alguna acción con garantías.(1)

Un tanque T-26 con un Polikarpov I-15 volando al fondo. Estos tanques y aviones, junto con las piezas de artillería, permitirían al Ejercito Popular de la Republica encarar el conflicto en una situación de mayor equilibrio.

Los enfrentamientos continuarían en los días posteriores, culminando el día 13 con un espectacular combate aéreo en el cielo de Madrid en el que intervendrían un elevado número de unidades por ambos bandos. Por parte de la aviación del bando franquista participarían 14 Fiat y 9 He 51, que daban escolta a 3 bombarderos Heinkel 46 y 10 Junker 52(1), por parte de la aviación republicana intervendrían las dos escuadrillas de Chatos citadas anteriormente. Aunque Salas no menciona el número de aparatos por parte gubernamental que intervinieron en el combate, teniendo en cuenta el número inicial de 25 unidades desembarcadas en Cartagena y restando las bajas por derribo y por averías, el número de Chatos probablemente no alcanzara la veintena. Según testimonio del mítico piloto republicano Andrés García de la Calle “Lacalle”: “…el recuerdo que tengo de la actuación de estas dos escuadrillas rusas, a una de las cuales me incorporé casi desde su formación, es que nunca conseguimos actuar completas…”(3). Más adelante continúa: “La prueba mas contundente de la gran superioridad moral que tenía la aviación gubernamenteal en el frente de Madrid, y el absoluto dominio que ejercía sobre su cielo, es que, precisamente en esas fechas, esto es, entre el 4 y 15 de noviembre, disponíamos de menor número de aviones de caza que la aviación fascista, ya que a duras penas conseguíamos reunir dieciocho o veinte aviones en total”(3). Según el trabajo de investigación de Salas, aquel 13 de noviembre “Cayeron tres jefes de escuadrilla: el capitán ruso “Antonio” –maltratado por la muchedumbre, al confundir otra vez la nacionalidad -, el veterano alemán Eberhard y el debutante italiano “Mosca”, quien, más afortunado que los otros dos, solo resultó herido por el momento; murió asimismo, otro destacado piloto alemán, el teniente Henrici. El capitán “Antonio” no era sino Sergei Tarjov, cuya defunción consta en los papeles de Hospital Gómez Ulla, con fecha 22-11-36”(1). También “Lacalle” se hace cargo de la muerte de “Antonio” : “Fui a verlo con los pilotos rusos de mi escuadrilla al hotel convertido en hospital. La visita fue patética. Me tradujeron sus palabras: “Gracias, camaradas, por haber venido. Estoy muy contento de verme otra vez junto a vosotros”. Esto lo dijo hablando muy despacio y en muy baja voz. “Con cuanto gusto me tomaría ahora un vaso de cerveza”. Me dijeron que no tenía salvación. Salimos del hospital bastante deprimidos y nos dirigimos al bar Miami donde solíamos ir las pocas veces que nos autorizaban a ir a Madrid, para regresar al aeródromo antes de las once de la noche. Los pilotos rusos se lamentaban mucho conmigo de que su compañero hubiese sido herido precisamente por nuestros propios soldados.”(3). La muerte de Tarjov hizo que el general Miaja promulgara pocos días después una orden prohibiendo hacer fuego sobre los pilotos que descendieran en paracaídas.

Fotografía de los miembros de la escuadrilla “Lacalle”. Esta escuadrilla sería la “heredera” de la escuadrilla “Palancar”, que junto con la de “Antonio” serían las primeras en actuar en Madrid. (En la foto aparece Lacalle de pié, segundo por la derecha).

Tratándose de un piloto soviético, actuando en España de incógnito, no podíamos dejar de consultar el libro de Mijail Koltsov, ese enigmático periodista de Pravda de múltiples identidades, cuyas misiones en España iban mucho más allá de las de un simple periodista. El protagonismo de Koltsov durante los días de la Batalla de Madrid es indiscutible, y podríamos asegurar que muy pocas cosas de lo que ocurrió en Madrid durante aquellas intensas jornadas escaparon de su control. Recogemos a continuación en esta crónica todo lo que Koltsov dejó reflejado en su diario relacionado con la actuación y muerte de su amigo Sergei Tarjov “Antonio” durante aquellos trágicos e intensos días de noviembre de 1936.

Mijail Koltsov, el enigmático corresponsal del diario Pravda en España, que escribiría un libro indispensable para conocer la Historia de la Guerra Civil: “Diario de la Guerra de España”.

13 de noviembre de 1936

Lo mismo que en los días anteriores, a las dos de la tarde han aparecido sobre la ciudad los Junkers acompañados de sus cazas. Miaja se puso rojo de ira y con su mullido puño dio un golpe a la mesa del comedor.
-Pero ¿cuándo comen éstos? Ni ellos comen ni dejan comer a los otros. Les ruego que no se levanten de la mesa.
De todos modos, él mismo se dejó llevar por la tentación y con la servilleta al cuello, se precipitó hacia el balcón cuando le dijeron que el combate aéreo tenía lugar sobre el mismísimo edificio del ministerio. Los Junkers ya huían, los “chatos” atacaban a los Heinkels. Con ceñidos virajes y bajando en picado hacían centellear sus alas de color, como las mariposas, provocando el entusiasmo del público que, ávido, observaba desde la tierra.


Dos niñas se refugian mientras parecen contemplar algo en el cielo, posiblemente un combate aéreo.

Luego el combate se desplazó más allá del ángulo de la casa y no se vio nada más. Todos nos sentamos a la mesa para proseguir la comida. Cinco minutos después, comunicaron por teléfono que se habían abatido varios aparatos y que uno de los pilotos se había tirado en paracaídas y había sido hecho prisionero. Miaja ordenó que lo trajeran aquí, al Estado Mayor. Unos diez minutos más tarde se oyó un extraordinario ruido y griterío de la muchedumbre. Desde el balcón se veía cómo se iba acercando a la verja del ministerio, lentamente, un automóvil rodeado de gente por todas partes, hasta por encima. Se abrió la portezuela, hicieron salir a alguien y lo arrastraron a través del jardín del ministerio. Un grupo de acompañantes y mirones se precipitó hacia el interior del edificio. Salí a la escalera; por sus amplios peldaños mitad conducían, mitad llevaban hacia arriba a un joven de constitución atlética, en cuya cara se dibujaba una mueca de dolor; se agarraba con las manos el vientre, como si se le hubiera roto la correa y le cayeran los pantalones. No era, ni mucho menos, un aviador fascista. Era -le reconocí a la primera mirada- el capitán Antonio, jefe de un destacamento de los “chatos”.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

¿Por qué le arrastran de este modo? Está muy pálido, da trompicones, casi no ve. En la gran estancia en que Rojo trabaja con sus ayudantes, se desploma sobre un diván, poco menos que destrozándolo
con su poderoso cuerpo.
-Antonio, ¿has sido tú quien ha saltado en paracaídas? ¿Te han atacado a ti?
Respiraba pesadamente.
-Dame agua. Tengo el vientre acribillado.
-¡Antonio!
-¡Qué casa de locos es ésta! ¿Por qué disparan contra los suyos?
¡Dame agua en seguida! Tengo fuego en el vientre. Muchas balas en el vientre. Dame agua y luego te explicaré lo que ha sucedido.
-Antonio, no cuentes nada. No has de beber, si estás herido en el vientre. Ahora mismo te hospitalizarán, te llevaran al Palace.
-Cuanto antes al hospital, y ¡un poco de agua! He de apagar el fuego de las balas. ¡No te apartes de mi vista, por favor! Seis víboras me han atacado a la vez. Iba por debajo de las nubes y de pronto seis Heinkels, de todas partes, ¡todos contra mí! Te lo suplico, ¡no te apartes de mi vista!
-No me apartaré de tu vista. Iré contigo al Palace. Es el hospital. Yo vivo allí mismo, a tu lado. Antonio, querido, no hables, ¡te lo prohíbo!


Junto a los pilotos soviéticos, también llegarían conductores de los tanques de la misma nacionalidad, que tendrían un destacado papel. En total se calcula que no más de 2500 soviéticos vinieron a España para ayudar a la República durante toda la guerra, además de militares y asesores en ese número se incluye también personal civil, traductores, personal sanitario, etc…

Todos lo s presentes escuchan horrorizados. ¿Por qué habían arrastrado aquí a un aviador republicano herido, por qué no lo habían llevado a la enfermería? Empieza el vocerío, todos se acusan unos a otros. Coinciden todos en que la culpa recae por entero en la orden de Miaja. Se les había mandado traer al aviador aquí, y lo habían traído. Pero la orden estaba basada en una información falsa, en el hecho de que en paracaídas se había arrojado un aviador fascista. ¿Había que cometer la idiotez de cumplir una orden, basada en una información falsa? ¿O se había cumplido en un acto de provocación? Todos coinciden en que no se debía haber cumplido la orden. Nadie
llama a los sanitarios ni manda traer una camilla. Todos coinciden en que es necesario llamar a los sanitarios y mandar que traigan una camilla. Antonio empieza a deslizarse del diván, se le cierran los párpados. Por fin llegan los sanitarios con la camilla. Cogen a Antonio, muy torpemente, del diván y lo colocan en la camilla, de través. Pero dan un empujón a un sanitario, éste suelta una mano y Antonio cae estrepitosamente al suelo. Todos gritan de horror y dolor, únicamente Antonio no grita. Le cogen otra vez, vuelven a ponerlo en la camilla, bajamos hacia la ambulancia, vamos al Palace, sólo a tres minutos. Le llevan a la sala de operaciones. Aquí hay un tropel de gente, se fuma, hay montones de guata sucia; unos dedos sin recoger, unos pies y aún otra incomprensible parte de un cuerpo, semejante a una rodilla, en una gran jofaina, esperan a la enfermera; de la pared cuelga un cartel con una pareja bailando: “Pasad el verano en Santander.”. A Antonio le colocan en la mesa de operaciones; de pronto, este hombre, tan grande, parece un niño ...


Muchos edificios de Madrid serían utilizados durante la guerra como hospitales de sangre, en la fotografía podemos ver uno de ellos. Los hoteles Palace y Ritz también serían convertidos en hospitale, y en el primero sería operado Sergei Tarjov.

Dos horas más tarde el doctor Gomecilla vino a decirme que Antonio ya estaba operado, que se hallaba en la habitación inmediata, que me llamaba, nervioso. De los intestinos le han sacado cuatro balas; otras dos le han quedado en los órganos internos, sacarlas es muy peligroso. La cuestión está en que el herido permanezca inmóvil; si no, se le producirá una peritonitis y todo se habrá terminado. Por lo visto el aviador tiene una constitución de hierro, hay posibilidades de que se salve, si se logra que permanezca completamente inmóvil en la cama. Pero esta muy intranquilo. Está nervioso y le llama. Quiere explicarle alguna cosa.

Fui a ver a Antonio. En efecto, estaba muy nervioso. Ante todo tuve que coger una hoja de papel y escribir su informe.
-¿Comprendes? No hay ningún documento. Hay que levantar acta ...
-¿Qué documento quieres? Te has batido valientemente, como un héroe, estás herido, has de curarte; de los documentos ya se encargarán los otros.
-El documento es necesario. En el diario del aeródromo se anotó a qué hora emprendimos el vuelo, a la señal de alarma. Por favor, toma esa fecha y anótala en el informe. Lo recuerdo muy bien; quince
horas cuarenta y ocho minutos, pero compruébalo con el diario, ¡esto es un documento!
-¿No querrás decir trece horas cuarenta y ocho minutos? A las quince horas cuarenta y ocho minutos ya te estaban operando ...
-¡Un momento! iUn momento! Lo recuerdo con exactitud; ayer, a las quince horas cuarenta y ocho, a las quince ...
-Ayer no, hoy; ¡el combate se ha librado hoy, hace tres horas!
Antonio se inquietó:
-¿Hoy? ¡¿Es posible que haya sido hoy?! ¿Cómo puede engañarme la memoria? ¡Tú bromeas! ¿.Acaso el combate ha sido hoy? ¿A qué día estamos?
-Ha sido hoy. Te han puesto narcótico. Todo esto carece de importancia. Lo principal es que no te muevas, te curarás.
Está muy deprimido por haber confundido los días.
-¿Es que no tengo nada en el cerebro? Dime la verdad.
-¡No tienes nada en el cerebro, cabeza loca! Estáte quieto.
-¿Y los muchachos, qué? ¿Todos bien?
-Más que bien. Tus muchachos han derribado cinco aparatos, y tú, además, uno; en total, seis.
-¡Son unos águilas! iAh, mis buenos muchachos! Son jóvenes, a seis los mandé a perseguir a los Junkers y yo, con otros dos, de los más experimentados, me puse a combatir con los cazas ... Combatimos bien contra seis. Cada uno de nosotros derribó a una víbora ... De pronto veo que el camarada de mi derecha ha desaparecido y que también han desaparecido todos los fascistas. Estaba claro que habían descendido por debajo de las nubes. Me inquieto por los jóvenes. Los muchachos son jóvenes y aún poco experimentados. Bajo en picado ... ¿No confundo nada? En todo caso, dímelo.
-No confundes nada. Calla, haz el favor. No has de hablar.
-Me siento inquieto por los jóvenes. Bajo en picado ... Y entonces, de pronto, otra vez seis Heinkels, otros, viniendo de todas partes, como perros de presa, ¡todos contra mí! No tuve tiempo de orientarme -enseguida una ráfaga de ametralladora me cortó el ala izquierda y los alerones-. Entré en barrena. De tiempo en tiempo procuro nivelar el aparato por medio del motor -todo inútil . ¿Comprendes? Todo es inútil. ¡¿Comprendes?!
-Comprendo. Calla, querido, luego me lo contarás.
-¿Comprendes? Me dolía perder el aparato. Pero era inútil. Aparatos, tenemos pocos, ¿comprendes? Entonces me desabroché el cinturón, empujé el aparato con los pies y salté. Salté y me dije: el viento sopla hacia el sur, en dirección a los fascistas, por esto hay que caer con rapidez, retardando el paracaídas ... A unos cuatrocientos metros lo abro, bajo sobre una calle, no sé en manos de quién está ... Unos veinte metros deciden de mi suerte. ¿Comprendes? ¿Comprendes? ¿Puedes comprender lo que pensaba en estos momentos? ... Y encima, comienzan a disparar desde la tierra -no sé si contra los aviones o contra mí-. De nuevo tampoco sé quién dispara. Y de pronto algo me arde en el vientre. Es posible que por estupidez alguien hasta de nuestra parte haya disparado ... Pero no lo digas a nadie. Mis muchachos no deben saberlo en ningún caso. Para su temple político-moral es inútil saberlo. Estos errores pueden darse, pero no son característicos. No hay que educar a los aviadores a base de tales equivocaciones. ¿Comprendes? Esto, cállalo.


Paracaídas y diversos objetos de un piloto alemán derribado en Madrid.

-No soy yo quien ha de callar, sino tú, ¿comprendes? Si sigues hablando me iré en seguida. Para ti sólo hay una salvación: no moverte, estar acostado, callar.
-¿Sólo una salvación? ... ¿Esto quiere decir que la cosa va mal?
Enmudeció y pronto se puso a hablar otra vez:
-Estando herido en el vientre, según las reglas, ya no podía saltar.
Me di un golpe muy fuerte contra el suelo. Recuerdo muy claramente que se precipitaron hacia mí unos rostros desconocidos. Quiénes eran, tampoco lo sabía ...
-No me haces caso. Me voy ...
-Bueno, callaré. Es una gran pena que me hayan acribillado. Habría bajado a tierra sin contratiempos y hoy habría peleado otra vez... Contra los fascistas. ¡Contra los fascistas! ¡Contra los fascistas!
-Te pido y te propongo que dejes de hablar. Así sanarás más pronto y volverás al frente.
-¿Crees que volveré?
Me miró a los ojos con una mirada de pronto tan omnividente y penetrante que me asusté pensando que iba a leer en mi rostro la palabra peritonitis.. Pero no la leyó. Se debilitó y en seguida se quedó adormilado.

Restos de un aparato de la aviación franquista derribado en las afueras de Madrid.

El destacamento del capitán Antonio ha volado hoy otra vez en combate a las dieciséis horas y unos minutos. Ha derribado otros cuatro cazas, tres Heinkels y un Fiat. En total, sobre Madrid han sido derribados hoy diez aviones fascistas, ocho alemanes y dos italianos. Las pérdidas han sido un aparato de bombardeo Breguet, de tipo antiguo, y el de Antonio.

Titulares de hoy por la noche en Mundo Obrero:
«Combate aéreo sobre los tejados de Madrid.», «¡Gloria a los héroes del aire! Los aviones fascistas, derribados por los aviadores de la libertad, son una prueba ante el mundo de que el fascismo será vencido en las puertas de Madrid.» .«¡Vivan los pilotos de la República!» (4)


CONTINUARÁ…

(1) Jesús Salas Larrazabal. “La Batalla aérea de Madrid”. Revista Aeroplano nº5.
(2) Estanislao Abellán Agius. “Los Chatos en España”. Revista Aeroplano nº7.
(3) Andrés García de la Calle en: Jesús Salas Larrazabal. “La Batalla aérea de Madrid”. Revista Aeroplano nº5.
(4) Mijail Koltsov. "Diario de la Guerra de España".


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